Prólogo
de Norma Rubín
Se trata de un texto que desde la introducción misma ya
nos sitúa y atrapa, dado que transmite la experiencia viva
de las autoras. Escrito en un estilo directo, llano, a la vez
que vincula al lector con la realidad de los niños y niñas
con necesidades educativas especiales intenta producir una teorización
en torno a este tema. En efecto, su aporte no consiste en la reproducción
de ideas extraídas de textos de otros autores sino en la
publicación de sucesos en los que María Cristina
y María José fueron protagonistas en su rol de terapeutas,
sucesos que, al reiterarse, las fueron conduciendo a una labor
de interrogación y reflexión.
En toda la presentación hay un hilo invisible que hilvana
una experiencia con otra, un relato con otro, se trata de un trabajo
de rememoración-elaboración. Trabajo en el que hay
una intención de interponer un obstáculo a la repetición
en varios aspectos: tanto en lo que hace a la reiteración
de lugares comunes en el plano de la teorización -como
suele observarse cuando falta suficiente profundidad en el tratamiento
de un tema-, como a la que se realiza para aparecer “aggiornado”,
respondiendo a los imperativos del momento, en lo que puede verse
frecuentemente una preocupación atada a intereses políticos.
Tampoco se trata aquí de la insistencia de realizar maniobras
o procedimientos que arrojan siempre los mismos pobres resultados
para el proceso del aprender.
Declaran las autoras en un párrafo: “lo que referimos
es una especie de collage”. Esta afirmación es congruente
con los postulados a los que nos atenemos los que operamos en
la clínica psicoanalítica, porque contiene la incompletud
de lo “no sabido” de antemano y a la vez la consistencia
de lo fragmentario, en tanto valorizado por una tarea de construcción
de una organización más compleja.
Al exponer para el análisis las dificultades que deben
afrontar niñas y niños que presentando necesidades
educativas especiales se incorporan a la escuela común,
han hecho surgir en mí la opinión de que esto contiene,
de alguna manera, una vinculación con la situación
en la que se encuentran amplios sectores de población.
En efecto, con la implementación de las políticas
llamadas de “globalización”, la dupla integración-exclusión
se presenta en nuestros días, tanto en lo social como en
lo económico, lo sanitario, lo educativo, de forma equivalente.
Lo que aparece como una oferta “democrática”,
en realidad contiene una trampa: pretender que porque se “globalizan”
las reglas de juego se brinda a todos las mismas oportunidades.
Se deja de lado la cuestión de qué hacer con los
que se encuentran en una situación de diferencia respecto
de otros que gozan de todos los beneficios.
Una sociedad que consagra como ideales: la eficiencia, el éxito,
la belleza entendida como estereotipo, la velocidad, la uniformidad,
la riqueza, la rivalidad aniquilante, el individualismo, es una
sociedad con poca capacidad para sostener la diferencia, la singularidad,
la lentitud, el error, la desorganización y también
la solidaridad basada en la identificación humanizante.
El libro propone el siguiente interrogante: ¿qué
es lo que hace que una escuela “común” pueda
llegar a comportarse como una escuela “especial”?
Y trata de brindar una respuesta: el dar valor a lo que el niño
o la niña vaya logrando y no sólo a lo que le faltaría
alcanzar (en relación con un grupo o a un currículo).
Esto sería según las autoras una “escuela
inclusiva”, una escuela capaz de soportar la diversidad.
Cabe entonces preguntarse: ¿cómo podría existir
una escuela con estas características en una sociedad que
tolera poco la heterogeneidad y el contraste?
La lectura de los historiales, en los que se comunican vivencias,
experiencias, tanto de niños y niñas, como de docentes,
padres y terapeutas resulta conmovedora. En particular, arroja
luz acerca del injusto destino de tantos chicos y chicas que deben
pasar por el doble sufrimiento que les imponen sus condiciones
personales por las que no pueden aprovechar el aprendizaje sistemático
escolar y a la par sobrellevar la incomprensión, indiferencia
o rechazo que suelen encontrar.
Su lectura puede llegar a ser muy útil para las maestras
y maestros en tanto se verán representados, pudiendo hallar
también elementos de carácter conceptual relativos
al aprendizaje que les serán de gran valor en el momento
de encontrarse con sus alumnos, ya sea que presenten dificultades
en su aprender o no.
Como suele suceder cuando se investiga un problema en particular,
a medida que se avanza en su comprensión van surgiendo
elementos de conocimiento que trascienden en mucho dicho tema.
Partiendo del análisis de las condiciones en las que se
verifica la integración de alumnos a la escuela común,
necesariamente y como corolario se va pasando al estudio del grado
de integración que se encuentra habitualmente entre los
agentes de la institución educativa: personal directivo
y personal docente; docente de grado y docente de nivelación;
docente de grado y docente de materias especiales.
Otro tema que destacan las autoras es acerca de “las evidentes
dificultades en los procesos de aprendizaje pedagógico,
que se podrían pensar secundarias o como secuelas de un
supuesto compromiso lingüístico infantil no diagnosticado
ni tratado como tal en la infancia…”
Esta relación entre trastornos del lenguaje y dificultades
en los procesos de aprendizaje frecuentemente permanece en un
cono de sombra hasta el momento del ingreso escolar o aun ya iniciado
el mismo, lo que indica que los agentes que intervienen en el
control de la salud no toman suficientemente en cuenta sus manifestaciones
en el transcurso de los primeros años.
Por ello estimo que para todos los profesionales a los que habitualmente
consultan los padres para el seguimiento y evaluación del
desarrollo de sus hijos, también este libro les resultará
interesante y útil.
Algo que como un resto se desprende del texto, es una denuncia
sobre la existencia de un “adultocentrismo”. Esta
idea se contrapone con lo que frecuentemente se escucha como una
queja, tanto en padres como en educadores, en el sentido de que
“el mundo adolescente” abarcaría espacios cada
vez mayores o que en la niñez ya habría una precocidad
de presentación de intereses, estilos, modas, de lo que
integraría “el mundo adolescente”. También
a menudo se puede escuchar que esta supuesta ubicación
en estos otros “mundos” llevaría a los niños
y a las niñas a desinteresarse por la palabra u orientación
de los adultos.
Recorriendo estas páginas, luego de cavilar acerca de las
alternativas frustrantes que sobrellevan tantos chicos, surgen
algunos interrogantes: ¿cuánto de este “apartarse”
o de esta introversión que podemos observar como característica
en muchos niños se corresponde con el “encasillamiento”
o cerrarse sobre las propias certezas por parte de muchos adultos?
¿No estarán estas actitudes de los mayores provocando
o estimulando las complementarias en los más jóvenes?
En esta línea es como leo párrafos como éste:
“…Las más de las veces la cuestión a
resolver no es sólo si los niños -con algún
handicap- son competentes para aprender (en una escuela ‘común’),
sino si el enseñante es competente para ‘enseñar
a aprender’”.
Finalmente deseo manifestar mi beneplácito por la aparición
de esta obra que, con el tratamiento y el enfoque que le ha conferido
al tema, constituye un aporte decisivo a su estudio crítico,
en un momento más que oportuno atendiendo a las reformas
en la actividad educativa que están sucediendo en nuestro
país.
En lo personal, encontrarme en la función de prologuista
constituye una gran satisfacción porque me ha dado la oportunidad
de acercarme al procesamiento del material, renovando el compromiso
de mucho tiempo compartido estudiando, discutiendo y proyectando.
Norma
Rubín
Rosario, 30 de Junio de 1998