Diario La Nueca Provincia, Bahia Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Publicado el Domingo 5 de Octubre de 2003
Al
encuentro de los hijos adolescentes
Títulos
relacionados |
Adultos
en crisis, jóvenes a la deriva
Silvia
Di Segni Obiols
|
Una
especialista describe a los adolescentes y los adultos de nuestro
tiempo y propone una solución para fortalecer los vínculos
entre ambos.
"Los adultos debemos revalorizar nuestro lugar de tales y
ponernos de acuerdo entre nosotros para, de ese modo, lograr la
homogeneidad necesaria para brindar la contención que los
adolescentes necesitan".
Estas y otras interesantes apreciaciones fueron realizadas por
la doctora Silvia Di Segni de Obiols, quien brindó una
charla a los docentes de las Escuelas Medias de la Universidad,
invitada por el departamento de Orientación Escolar.
La profesional es médica psiquiatra, jefa del departamento
de Filosofía y Psicología del Colegio Nacional de
Buenos Aires, y docente del departamento de Humanidades Médicas
de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.
Escribió, con Guillermo Obiols, el libro "Adolescencia,
posmodernidad y escuela secundaria", y es autora de las
obras Psicología. Uno y los otros y "Adultos
en crisis, jóvenes a la deriva", publicada el
año pasado.
Este fue el diálogo que mantuvimos:
-
Doctora Obiols, ¿cómo calificaría a los adultos
y a los adolescentes actuales?
- A ambos, como personas que transitan una crisis: los jóvenes,
la propia de su etapa de la vida, y los adultos, la que deriva
de los cambios ocurridos en la segunda mitad del siglo XX y que
han alterado un modelo adulto muy estructurado que se quebró,
dejando un espacio social que fueron ocupando los jóvenes.
La diferencia estriba en que los jóvenes esperan que sus
padres no estén en crisis sino que sepan qué hacer
porque, de otro modo, su propia angustia se vuelve mucho menos
tolerable. De todos modos, es necesario dejar en claro que aun
dentro de esa crisis, hay una gran cantidad de adultos que, a
pesar de todas sus dudas, hacen un gran esfuerzo y logran que
la mayoría de los jóvenes tenga una vida saludable.
Debido a que algunos temas que nos preocupan, como la violencia,
las drogas y los trastornos alimentarios, afectan a jóvenes,
a veces olvidamos a la gran mayoría de ellos, que no son
preocupación y, menos, noticia, pero que viven sanamente,
estudiando y/o trabajando.
- ¿Qué parte de su función específica
están dejando de cumplir los adultos debido a sus actuales
características?
- Algunos intentan
reflotar un modelo tradicional de ejercer ese rol imitando a sus
padres y se encuentran con que la realidad ya no es la misma por
lo que, a veces, dan respuestas muy rígidas a las demandas
de sus hijos. Por ese camino pueden dejar de cumplir una función
adulta que es la de ponerse en el lugar del otro para comprender
lo que está pasando. Otros, a quienes podemos llamar "adultos
adolescentes", se mimetizan con sus hijos evitando -y, en
algunos casos, renunciando- al rol adulto. Cuando se vuelven compinches
y no se diferencian para poner límites y hacerse responsables
del otro, dejan huérfanos a sus hijos. Finalmente, hay
un tercer grupo, el compuesto por los adultos inseguros, quienes,
a veces, llegan a estar tan dominados por la duda que no pueden
contener la angustia propia de la etapa que viven sus hijos y
son ellos los que requieren contención. Estos tres modelos
tienen defectos cuando son llevados al extremo, no cuando tienen
características tradicionales, adolescentes o inseguras
pero no dejan de ocupar adecuadamente su rol, es decir, cuando
los tradicionales no pierden cierta elasticidad, los adultos adolescentes
son capaces de asumir su responsabilidad y, los inseguros, pueden
tomar decisiones a pesar de las dudas. Cada uno de ellos tiene
también sus virtudes: los tradicionales aportan un marco
claro de pautas y límites contra los cuales los jóvenes,
incluso, pueden rebelarse y dentro de las cuales se sienten contenidos;
los adultos adolescentes logran la mejor comunicación con
ellos y, los inseguros, cuando implementan bien sus dudas, buscan
información y piensan alternativas novedosas.
- ¿En qué perjudica esto a los chicos, como
personas y futuros adultos, y a los mismos padres? Dicho de otro
modo ¿Qué se están "perdiendo"
de vivir estos papás?
- Los hijos de padres tradicionales muy rígidos viven
una suerte de doble vida; responden a las demandas familiares
por un lado y se escapan a la cultura adolescente que los rodea,
por otro. Son dos mundos con muy poco contacto, uno mucho más
atractivo que el otro. Ya que esto lo transitan casi solos, porque
los padres no conocen o no quieren conocer esa otra realidad,
a veces, se exponen a riesgos por falta de contención y
comunicación. Los hijos de adultos adolescentes, cuando
sus padres renuncian totalmente al rol, pueden perder parte de
su juventud, haciéndose precozmente adultos y ocupándose
de ellos mismos o de sus hermanitos, dado que no hay quién
lo haga. Los hijos de padres muy inseguros, pueden ser tan inseguros
como ellos, sentir que la maternidad-paternidad es tan difícil,
que es mejor no transitar por ella. Creo que cuando nosotros,
los adultos, nos dejamos llevar por la rigidez, por buscar la
juventud eterna o bien por la inseguridad excesiva, lo que perdemos
es la invalorable experiencia de desarrollar un muy buen vínculo
con una generación que no sólo puede recibir mucho
de nosotros sino que nos da, permanentemente, ayudándonos
a comprender cómo cambia la realidad que nos rodea.
- ¿Puede proponer un camino para revertir las situaciones
poco convenientes?
- Creo que los cambios a los que hice referencia y que ocurrieron
a partir de los años 50 y 60 del siglo XX (la emergencia
de la cultura adolescente, la revolución sexual, la crisis
de la educación burguesa del siglo XIX) llevaron a una
fuerte descalificación del rol adulto que no sólo
está presente en la cultura adolescente que llama "viejo"
a quien ya no es más muy joven, sino de la cual también
nosotros, los adultos, nos hacemos cargo de diferentes maneras:
al creer que ser adulto es convertirse en un estereotipo poco
actualizado, en una caricatura de un adolescente o en algo tan
difuso que los chicos no pueden entender. Por otra parte, justamente
por la variedad de modelos adultos posibles, hoy en día
el mundo adulto es heterogéneo, no estamos de acuerdo entre
nosotros y esto es malo para nuestros hijos. Por estos motivos
es imprescindible, por un lado, revalorizar nuestro lugar como
adultos, más allá de que lo asumamos de diferentes
modos y, por otro, dado que hay variantes, es indispensable que
acordemos en todas aquellas instancias en las cuales tenemos que
interactuar con jóvenes y niños ya que sólo
a través de cierta homogeneidad entre nosotros podremos
darles la necesaria contención. Esto no sólo es
imprescindible sino también posible, aunque demande esfuerzo.
Pero ese esfuerzo bien merece la pena.