Poner
en tela de juicio la normalidad, no la anormalidad. Argumentos y falta
de argumentos con relación a las diferencias en educación.
Carlos Skliar
La cuestión de la integración debería plantearse
en otros términos y no, simplemente, como respuesta única
a la exclusión más obvia, más directa. Está
claro que el mismo sistema político, cultural, educativo, que
produce la exclusión no puede tener la pretensión de instalar
impunemente el argumento de un sistema radicalmente diferente -llámese
integración, inclusión, o como bien se llame-.
Si entendiésemos la alteridad deficiente como algo incompleto,
como algo que aún no es, como algo que no es en sí misma
(sino por medio de una burda y obstinada comparación con aquello
que se piensa como normal); si mirásemos a los niños y
niñas de clases populares, o a los jóvenes, o a los indios,
o a las mujeres, o al extranjero, entre muchas otras figuras de alteridad,
todas ellas como incompletudes, entonces el argumento de la completud
es aquello que sirve para argumentar para qué sirve la escuela:
sirve para completar al otro.
Adversus
tolerancia. Ricardo Forster
Cuanto más se extiende el individualismo como práctica
cotidiana, más se proclama la necesidad de la tolerancia. Será
que se vuelve más evidente que en el plano de las prácticas
reales de los individuos, y no en el territorio vago de las discursividades
formales, lo propio no sea la preocupación por el destino del
otro, por sus necesidades y sus padecimientos, sino por su condición
de amenaza o, más oscuro y preocupante, por su condición
de vacío, de figura fantasmal que desaparece de nuestro mundo.
La (in)tolerancia sólo surge cuando nos salimos del reino de
las ideas e intentamos internarnos en territorios que no nos corresponden;
allí se acaba la liviandad, la proliferación democrática
de ofertas, el flotar graciosamente en el éter del deseo realizado,
y lo que emerge es la tachadura, la discriminación o, más
grave y difícil de combatir, la fagocitación de un mercado
cultural que hace de la tolerancia su verdadera arma para desactivar
la presencia otra de lo que se opone a esa lógica del flotamiento
insustancial. En la muerte de la polémica podemos observar el
síntoma del reinado exclusivo y triunfal del principio universal
de tolerancia.
Parecerse
a nosotros. Debates acerca de las representaciones sociales de los docentes
de educación básica acerca de la discapacidad. Indiana
Vallejos
Es importante, recordar-nos que la representación de la discapacidad
no es la discapacidad, ni su duplicado. No se trata de descubrir la
verdad de la discapacidad inmanente en ella, sino de realizar una lectura
de lo que representan los maestros acerca de la discapacidad. Si bien,
cuando refieren a la discapacidad, los docentes se remiten a un sujeto
particular: sordo, ciego, rengo, con síndrome de Down, al momento
de conceptualizar la categoría el término se torna ambiguo
y polisémico. Esta aparición repentina y forzada del otro
discapacitado en las aulas, que abruptamente se hace visible (al menos
en sus rasgos diferentes), provoca rupturas, angustia, atemoriza. Opera
como un fantasma amenazador y genera resistencias.
La pluralidad se torna leve, apenas un pequeño cambio que no
tiene el significado de una diferencia profunda. Consecuentemente, es
imperativo suavizar las denominaciones, que tienen una impronta de liviandad
que alivia (al que nombra) y de máscara que enmascara (al que
es nombrado).
Antropología
y construcción de alteridades. Ana Rosato
Esos modelos tienen la fuerza de las “clasificaciones”,
no son ideas o representaciones que están sólo en la cabeza
de la gente, sino que sirvieron como elementos para (y de) la interacción
y las prácticas, marcando anticipadamente dos categorías:
“nosotros”, “otros”. Y, si esto es así,
nos lleva a una segunda cuestión: ¿cuáles han sido
los procesos por los cuales esos modelos pudieron bajar al sentido común?
Nuestra hipótesis al respecto es que un tipo de procesos que
puede haber servido de vehículo para que los modelos de construcción
del otro en antropología pudieran “bajar” al sentido
común ha sido de tipo político, más concretamente,
las políticas implementadas por los estados nacionales.
La desigualdad se fundamenta en una relación de dominación
de algunos hombres, de algunos grupos y de algunas sociedades sobre
otros hombres, grupos y sociedades. Esa relación tiene una estructura
común, pero no hay idea de gradación sino de transformación:
cada forma distinta es una transformación de esa estructura común.
Ésta se funda en una apropiación desigual de bienes materiales
y simbólicos, una parte se apropia de algo a expensas de otra.
Esta apropiación genera relaciones sociales asimétricas
que toman formas diversas (entre sexos, entre parientes, entre clases
sociales, entre sociedades, entre grupos) y que se expresan en formas
culturales, económicas, políticas y sociales distintas.
Educación
y diversidad. Espejismos y realidades... Pablo Daniel Vain
El discurso de la igualdad educativa, entendido como modo de garantizar
la educación entre los derechos del hombre, posibilitar un acceso
democrático al conocimiento, y asegurar la igualdad de oportunidades
en el sistema social, resultó un espejismo que oculta una realidad
diferente. La educación pública nunca resolvió
el problema de la igualdad de oportunidades, porque se gestó
como parte de un sistema social cuyo sustento es precisamente la desigualdad.
La escuela pública escondió, detrás de su pretensión
de productora de ciudadanía y de contribuyente al incremento
de la igualdad social, una acción sistemática de negación
de las diferencias. Esta negación de las diferencias, se expresa
en la imposibilidad de reconocer a un otro diferente con iguales derechos.
¿Por qué muchas de estas prácticas, consideradas
obsoletas, perduran? ¿Cuáles son sus finalidades? ¿No
colisionan, acaso, con los pregonados supuestos acerca de una escuela
democrática, abierta, participativa? ¿No están
contradiciendo una educación que postula la formación
de alumnos críticos y reflexivos? ¿Qué relaciones
sociales se esconden detrás de estas prácticas?
¿La escuela actual respeta las diferencias de modos de aprendizaje,
estilos de ingreso, tiempos personales de elaboración? ¿Promueve
las relaciones de interioridad y la significación en los aprendizajes?
Tampoco en este terreno la diferencia es aceptada.
La
producción social de la discapacidad. Aportes para la transformación
de los significados socialmente construidos. I. Vallejos,
E. Kipen, M. E. Almeida, A. Spadillero, M. E. Fernández, A. Angelino,
A. Lipschitz, C. Sánchez, B. Zuttión
La subteorización del tema por parte de las ciencias sociales
nos pone de frente a un problema que es preciso abordar, ya que creemos
que seguir analizando la discapacidad desde la perspectiva médica
y pedagógica obtura la oportunidad de una mirada más compleja,
reafirma prácticas correctivas y legitima discursos normalizadores
de los sujetos discapacitados.
Cuando se alude a los discapacitados, ese “origen” matemático
se expresa como la falta de un miembro, de buen funcionamiento de algún
órgano, de algún “punto” de cociente intelectual.
Esta falta lo convierte en un ser incompleto con respecto a la completud
de la mismidad y puede entendérsela como una de las razones de
la preferencia de nombrar como “diferente” (al nosotros)
más que como “discapacitado”. Estas dificultades
pueden presentarse como falta de oportunidades, pero siempre atribuibles
al déficit del sujeto. No son las relaciones de asimetría
entre los no discapacitados -normales- y los discapacitados -anormales-,
ni la desigualdad que esa relación encubre, las que originan
la carencia de oportunidades, sino que se sitúa su origen en
lo que el sujeto no puede hacer/pensar/comunicar como los demás.
¿Rehabilitar?
¿Alojar al sujeto? Aarón Lipschitz y Esteban
Hipen
Se trata de una reflexión ampliada sobre la práctica de
la rehabilitación física. También es un cruce sobre
interrogantes con relación al camino de la clínica psicoanalítica
referente a esta problemática, la de la persona con discapacidad.
Pretendemos pensar los términos insistentes de marginalización
-de los otros y de sí mismo- que se juegan muy frecuentemente.
Pareciera que se juega -más bien- el criterio de normalidad,
el de la línea que separaría habilitados de no habilitados.
Y es que para la rehabilitación en tanto dispositivo -la empresa
de rehabilitación-, el caminar es la normalidad. Lo que falla
es la discusión sobre la ideología de la normalidad, que
opera desde su naturalización.
Comunidad,
discapacidad y exclusión social: algunas notas para la reconstrucción
de una experiencia de trabajo. M. A. Angelino, M. E. Fernández,
E. Kipen, B. Zuttión, C. Sánchez
Es una puerta que abrimos y sostenemos como apuesta, como desafío
de pensar y resignificar el trabajo cotidiano y los marcos desde los
cuales construimos nuestro horizonte de sentido en este recorte problemático
singular: la discapacidad y su producción social en los ámbitos
comunitarios.
Es preciso que, para superar estas perspectivas clásicas y unilineales,
comprendamos a la discapacidad como una forma particular de “construir”
al otro distinto al nosotros en términos de desigualdad. Esta
perspectiva de la desigualdad implica centrar el análisis en
las relaciones entre normales y anormales, sin que importe la “medida”
de la anormalidad.
Los procesos de inclusión-exclusión en relación
con las personas discapacitadas se han analizado desde diferentes perspectivas:
desde la cuestión de la producción como categoría
central del sistema capitalista, desde los valores culturales, pero
no conocemos investigaciones que tensionen teóricamente las categorías
que se plantean en este trabajo y aborden la exclusión como productora
de “discapacidad”.
Ciudades
accesibles. Intervenciones en la espacialidad de lo público.
María Eugenia Fernández, Agustina Spadillero
y Betina Zuttión
Aventurarse a imaginar este tipo de espacialidad puso en escena la heterogeneidad
en la producción del espacio público, ya que instaló
de manera concreta la necesidad de debatir, en diferentes ámbitos
y con diferentes actores sociales e institucionales de áreas
gubernamentales municipales y no gubernamentales, cuestiones en relación
con la accesibilidad.
Se hacen visibles aquí aquellas representaciones acerca de la
discapacidad, en donde el problema es del sujeto y sobre él hay
que intervenir para “normalizarlo”, “restituirle aquello
que le falta”. La discusión sobre el lugar del entorno
social como productor de la discapacidad está ausente, la accesibilidad
como la llave para abrir algunas puertas en los procesos de exclusión
- inclusión, no aparece, se diluye, se esfuma.