¿Nuevos Diagnósticos? En busca de la subjetividad
perdida. Gisela Untoiglich
Uno de los principales riesgos de la sobresimplificación consistiría
en ubicar en una realidad aquello que fuimos a buscar, para después
terminar sorprendiéndonos con los altos porcentajes de aquel
trastorno que finalmente hallamos. Se naturalizan las funciones, por
lo tanto sería natural que un niño atienda a lo que los
adultos esperan de él, si no lo hace es porque tendría
una falla en sus neurotrasmisores. Esta simplificación de la
problemática desresponsabiliza a los adultos de tener que cuestionarse
acerca del por qué del padecimiento del niño.
Diagnóstico en la infancia. Síntoma y signo.
Clemencia Baraldi
Si para nosotros el campo del aprendizaje se encuentra en un espacio
virtual entre el cuerpo y la palabra de quien aprende, el primer diagnóstico
que tenemos que realizar es si tenemos que optar por la vía de
intentar armar un cuerpo allí donde no lo hay, o de suplir un
cuerpo allí donde no lo hay, o si contando con ese cuerpo puedo
trabajar en relación al pasaje del “yo soy” al “yo
pienso”.
Para ingresar a la escritura es fundamental alguna constitución
yoica, alguna consolidación del cuerpo, que pueda primero en
la escena lúdica jugar a desaparecer; aparecer y desaparecer
en la realidad para luego ser representado en el plano gráfico
y recién finalmente soportar lo que significa una nueva pérdida
que tiene que ver con la abstracción de la letra.
Diagnóstico
psicopedagógico. Una caracterización de la inteligencia.
Norma Filidoro
Orientados por los problemas y preguntas que la clínica nos plantea
podemos postular que la inteligencia emerge del encuentro entre los
mecanismos biológicos y el proceso de subjetivación en
donde ni la biología ni la subjetividad son datos previos sino
que se definen mutuamente en el transcurrir del desarrollo.
Tratando de caracterizar a la inteligencia como un sistema complejo
del que biología, subjetividad y contexto participan no como
eventos separados que convergen en un punto, no como eventos independientes
que mantienen entre sí interacciones mutuas sino como subsistemas
que se definen mutuamente.
¿La
constitución de la inteligencia?: un debate desde la complejidad.
Denise Najmanovich
El adjetivo “inteligente” puede aplicarse a una diversidad
inmensa de situaciones, procesos, acciones realizadas por diversos sujetos
(individuales o colectivos). Cuando una cualidad (inteligente) deviene
sustantivo (inteligencia) se abstrae, unifica y homogeiniza la experiencia,
independizándola del sujeto, en esto consiste la operación
de reificación
Los límites entre lo que se considera una conducta inteligente
y lo que no, son difusos. Ciertas conductas no parecen pertenecer de
manera "clara y distinta" a la categoría, pero tampoco
podemos afirmar con certeza que no están incluidas en ella. Por
otra parte, cada grupo pueblo o incluso cada grupo social o “tribu
urbana” categoriza las actividades, aptitudes y producciones inteligentes
de maneras totalmente distintas a la nuestra. Además, la pertenencia
de un término a una categoría se va transformando con
el tiempo.
Qué nos enseñan los niños en los diagnósticos
actuales? Esteban Levin
¿Qué posición ocupa en la actualidad lo escolar
como representante de la infancia y sus problemas? ¿Cuál
es la función de los docentes frente a esta acuciante realidad?
¿Cómo trabajar en un marco interdisciplinario los síntomas
infantiles? ¿Cómo generar una demanda en un niño
que no demanda? Al colocar la discapacidad o el problema como causa
determinante de todo, se desliga del lazo con el niño y es el
síndrome o el síntoma el determinante y la causa de lo
que le ocurre. ¿Se ha perdido otra oportunidad de armar un lazo?
En esta creación de saberes que es el diagnóstico, hay
saberes que consideramos esenciales: el saber escolar -el cual implica
una interconsulta con la institución escolar- es el saber acerca
de lo que le ocurre al niño frente a los otros, en relación
al aprendizaje, los objetos de conocimiento, la curiosidad y la experiencia
infantil.
Acerca
del diagnostico diferencial del Trastorno por Déficit de Atención.
Jaime Tallis
La incidencia del Trastorno por Déficit Atencional no es más
que entre el 3 al 5%, esto, comparándolo con escuelas donde la
mitad de los niños están tomando "Metilfenidato",
nos da idea de la magnitud del sobre-diagnóstico. El síntoma
de inatención e hiperactividad, se presenta en toda una serie
de patologías sin ser el cuadro de déficit de atención
como enfermedad.
Gotitas
y comprimidos para niños sin historia. Una psicopatología
post-moderna para la infancia. Alfredo Jerusalinsky
Bajo la forma de una consecuencia social, la difusión de tal
tipo de medicamento, asociado a una colección de signos diagnósticos
inespecíficos, al ahorro de cualquier responsabilidad sobre los
síntomas por parte de aquellos que rodean al niño, y a
una propaganda que colma la demanda de soluciones rápidas, provoca
el inusitado crecimiento epidémico de la supuesta enfermedad.
Los nombres de las categorías no son inocentes y esta transformación
responde a que el orden del discurso ha tomado al hombre en esta posición
de objeto sacrificial, objeto descartable y por eso no hay nada para
preguntarle: es un número o un dato a registrar, un elemento
en la cuenta que puede estar de más o de menos
¿Se
puede encuadrar el sufrimiento? Beatriz Janin
¿Dónde quedaron los niños y sus vaivenes, como
sujetos en permanente devenir? ¿Dónde podemos ubicar sus
deseos, sus temores y sus sufrimientos? ¿Por qué suponerlos
"patológicos", en lugar de pensarlos como sujetos con
diferentes posibilidades, que están atravesando momentos difíciles?
¿Estamos patologizando y medicalizando la infancia?
Lo que aparece como patológico en un niño en una época
sería quizás considerado como normal en otra y no solamente
porque la normalidad no puede ser más que estadística
sino, fundamentalmente, porque la tolerancia de una sociedad al funcionamiento
de los niños se funda sobre criterios educativos variables y
sobre una representación de la infancia que depende de ese momento
histórico.
Consenso
de expertos del área de la salud sobre el llamado "trastorno
por déficit de atención con o sin hiperactividad"
Asistimos en nuestra época a una multiplicidad de "diagnósticos"
psicopatológicos y de terapéuticas que simplifican las
determinaciones de los trastornos infantiles y regresan a una concepción
reduccionista de las problemáticas psicopatológicas y
de su tratamiento. Esta concepción utiliza de modo singularmente
inadecuado los notables avances en el terreno de las neurociencias para
derivar de allí, ilegítimamente, un biologismo extremo
que no da valor alguno a la complejidad de los procesos subjetivos del
ser humano. Procediendo de manera sumaria, esquemática y carente
de verdadero rigor científico se hacen diagnósticos y
hasta se postulan nuevos cuadros a partir de observaciones y de agrupaciones
arbitrarias de rasgos, a menudo basadas en nociones antiguas y confusas.
Es el caso del llamado síndrome de “Déficit de atención
con y sin hiperactividad” (ADD/ADHD).