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La integración
escolar como problemática profesional
Silvia Dubrovsky
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En
El último año, 555 alumnos discapacitados participaron en proyectos
de integración en escuelas comunes públicas del Gobierno porteño.
Esta tendencia, cada vez más creciente, provoca que en las aulas
se vivan nuevas experiencias educativas. La
directora de Educación Especial del Ministerio de Educación porteño,
Silvia Dubrovsky, lo celebra: "Nuestra escuela tiene una larga
historia de homogeneización. Así, por décadas, al distinto se lo
marginó a escuelas especiales. Por lo que la educación especial
estuvo siempre desconectada de la llamada común. Eso cambió en los
últimos años, cuando se empezó a entender, de una vez por todas,
que todos los chicos están incluidos en el mismo sistema educativo.
Hoy la integración existe como una política pública y nadie imagina
que un chico con discapacidad motriz asista a una escuela especial.
Incluso, cada vez resulta más frecuente la experiencia de jóvenes
sordos que asisten al secundario común. Es un gran avance".—¿En
todas las discapacidades se puede aplicar la integración?—Más
que determinar qué tipo de discapacidad puede integrarse, prefiero
hablar de las particularidades. Cada chico tiene una historia y
trayectoria que avala o no llevar adelante un proyecto de integración.
El Estado debe garantizar distintos recorridos académicos según
las características de los alumnos. Son las familias y los especialistas
los que deben decidir qué tipo de educación conviene en cada caso.—No
hay recetas, entonces.—Claro.
Existen tantos proyectos como cantidad de alumnos participantes.
Además, también tenemos los llamados casos de "autointegrados".
Estos son los papás que inscriben a sus hijos en escuelas comunes
y las autoridades advierten la necesidad de un apoyo específico.—¿Con
qué grado de éxito se integran a la escuela común?—Antes
que nada hay que ser sinceros y decir que muchos chicos necesitan
adecuaciones curriculares, de acuerdo a las demandas de la educación
común. En algunos casos se necesita trabajar específicamente la
autonomía del alumno, algo que la escuela común da por sentado en
muchos aspectos. Es decir, la escuela común enseña a contar, pero
no a manejar el dinero. O enseña los números, pero no la numeración
de las calles. Entonces es ahí cuando se recomienda que los chicos
vayan a escuelas especiales, para que puedan desenvolverse por sí
mismos.—¿Cuál
es la primera reacción del maestro cuando llega al aula y nota que
algún alumno requiere educación especial?—Lo
primero que se le escapa es: "Yo no estoy preparado para trabajar
con ellos". Hay una resistencia inicial bastante frecuente.
Existe una sensación de angustia que desde la formación docente
debe trabajarse, para que los maestros se sientan capacitados a
afrontar proyectos de integración. Que sepan que tienen en el maestro
integrador un aliado para aliviar esa angustia. Hay que sensibilizar
al docente para que sepa que todos son sus alumnos. Y no que tiene
25 chicos y uno "especial".—En
ese aspecto resulta clave la capacitación docente.—Claro.
Hace un par de años se cambiaron los planes de estudios e incluimos
contenidos didácticos, prácticas y trabajos que apuntalan los proyectos
de integración. Algo que vale tanto para los docentes de escuela
común como para los de especial. Sin ir más lejos, así como los
docentes de educación común no tenían experiencias con la educación
especial, los de especial tampoco a la inversa. Esas barreras hoy
se están superando y el intercambio de experiencias ayuda a la conformación
de más y mejores proyectos de integración.—Ante
el avance de los proyectos de integración, ¿la escuela especial
tenderá a desaparecer?—Aspiramos
a generar un sistema lo más inclusivo posible, pero si el contrato
maestro-alumno de enseñanza y aprendizaje no se cumple, no sirve.
Entonces, podemos decirnos integradores en lo discursivo, pero fallaríamos
en nuestros objetivos. Así, es necesario ofrecer otra trayectoria
académica, porque para ciertos casos es indispensable una educación
especial. En Italia, por ejemplo, se realizó una "integración
salvaje". Un buen día, por ley, se decretó el fin de las escuelas
especiales. Italia revisó su ley porque notó un retroceso y los
casos especiales se derivaban a clínicas o centros de salud. Era
retroceder a épocas remotas.
Esta
nota ha sido publicada en el Diario Clarín, Sección Sociedad,
el día Domingo 6 de mayo de 2007. Buenos Aires, Argentina.
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