Hay
chicos que, a la inversa de lo que sostienen sus padres, creen
que la llegada de un hijo les mejoraría la vida. Expertos consultados
por Clarín no avalan totalmente esta idea: creen que con la maternidad
buscan sólo solucionar carencias afectivas.
Un sondeo exploratorio realizado por el Ministerio
de Salud porteño puso de nuevo en debate un tema siempre polémico:
la paternidad adolescente. Muchos chicos, a la
inversa de lo que en general sostienen sus padres —que opinan
que la llegada de un bebé interrumpiría su proyecto de vida educativo
y profesional—, creen que la llegada de un hijo les mejoraría
la vida, los induciría a trabajar y los haría más responsables.
Sin
embargo, especialistas consultados por Clarín
no avalan totalmente estas expectativas. Ante la falta de contención
afectiva —sostienen—, al proyectar una nueva vida depositan la
búsqueda de amor en un hijo: creen e imaginan que con
un hijo van a solucionar sus carencias afectivas. Muchos
adolescentes depositan en la paternidad una realización personal
que, después, en la vida cotidiana, no se da.
No
obstante, pese a estas opiniones y las de muchos padres, varones
y mujeres adolescentes consideran que un hijo sería una fuente
de mejoras para su vida, y no un manantial de inconvenientes económicos,
sociales y culturales. De hecho, según estadísticas del Ministerio
de Salud de la Nación, de todos los nacidos durante 2005, el
14,65% fueron hijos de madres de entre 15 a 19 años.
Aunque
tiene sólo un valor exploratorio, el estudio realizado entre 300
jóvenes de sectores medios y bajos de tres escuelas de la Ciudad
de Buenos Aires (una técnica, otra comercial y un bachillerato)
dispara la polémica.
El
estudio forma parte del libro "Cuerpo, Sexualidad y Socialización"
(en proceso de edición), del investigador social del Ministerio
de Salud del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires Alejandro Villa.
Según el trabajo, a siete de cada diez varones
alguna vez se le cruzó por la cabeza tener un hijo y formar en
un futuro una familia. Ocho de cada diez mujeres
imaginaron alguna vez lo mismo. Y pudieron hacerlo porque en su
mayoría, el 85 por ciento de los jóvenes de entre 14 y 19 años
—mujeres y hombres— perciben que un hijo les daría mayor autonomía,
los transformaría en personas más responsables, los obligaría
a salir a trabajar y a estudiar.
Algunos
de ellos, también, otro 42 por ciento, conciben a la paternidad
y a la maternidad como un rito de pasaje de la adolescencia:
"Abandonaríamos la joda", sostienen. Sólo un 19 por
ciento percibe lo que los adultos piensan en ge neral: que un
hijo impediría sus proyectos, que los obligaría a quemar etapas
y que no tendrían nada que ofrecerle.
"Aun
cuando los adultos tienen representaciones diferentes a estas
inquietudes de los jóvenes, ellos apoyan en la práctica la continuidad
de estos embarazos. Lo mismo ocurre con los semejantes hacia la
chica embarazada. No así con padres varones a quienes, hasta sus
pares, lo ven como un "sujeto sexual irresponsable",
como hijo y no como un sujeto reproductivo", puntualizó Villa.
La
opinión de los pares es decisiva en la opinión de los jóvenes.
Es que pese a que los adultos —aun de los sectores más pobres
de la sociedad— suelen opinar que la maternidad o la paternidad
joven interrumpe la adolescencia y no la compensa con
nuevos beneficios, el 74 por ciento de los jóvenes estudiados
conoce a otro u otra adolescente que ya es padre o madre. Y lo
que esos padres jóvenes les transmiten acerca de la paternidad
o maternidad juvenil es mucho más positivo que lo que los adultos
suelen decir. De tal modo que ese intercambio de ideas entre pares
les sirve a los chicos para soñar con un hijo
con menos temor que el que sus padres les transmiten. En particular
entre los jóvenes más pobres, para quienes la falta de oportunidades
para obtener un trabajo que los satisfaga les permite imaginar
el proyecto de familia como vector de felicidad.
"En
la adolescencia se asientan los deberes, derechos, los valores
ético-morales que la persona después pondrá en práctica. Si el
joven se enfrenta a mensajes poco claros, si no encuentra
interlocutores que le respondan coherentemente, si no tiene continencia
afectiva, recurre a los agentes socializadores como Internet
y la TV. Y en la medida en que no tienen la formación valorativa
sobre lo que es proyectarse y proyectar una nueva vida, depositan
la búsqueda de amor en un hijo. Creen e imaginan que con un hijo
van a solucionar sus carencias afectivas", explicó la sexóloga
y educadora sexual Silvia Salomone.
La
presidenta del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y los Adolescentes
de la Ciudad de Buenos Aires, María Elena Naddeo, confirmó los
resultados del estudio de Villa. "La valoración positiva
de la maternidad y la paternidad adolescente es algo frecuente
que venimos observando hace un largo período." Aunque Naddeo,
también docente de escuelas medias desde 1982, tiene una
visión crítica acerca de esta realidad. "En el Consejo
atendemos a muchos hijos de madres y padres adolescentes que se
sienten desvalorizados y puestos en segundo plano. Las
mamás adolescentes se dan cuenta tardíamente cómo afectó
a sus vidas la crianza temprana de un hijo", enfatizó.