Es una alegría compartir este espacio con ustedes. Sobre todo, en el marco de la presentación de la obra de Alejandro Villa. Siempre es bienvenido un libro nuevo en un campo en continua construcción, lo cual merece un brindis. Soy licenciada en Ciencias de la Educación y me desempeño desde el ámbito académico tratando de comprender el controvertido vínculo entre salud y educación. Históricamente controvertido, pero más evidentemente en este momento, cuando la aprobación de las leyes de educación sexual integral de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y del Congreso de la Nación ha puesto sobre la mesa la necesidad del diálogo intersectorial.
Voy a relatar dos experiencias que desde educación me ayudan a conceptualizar cómo se percibe la relación de la escuela y los agentes de salud en materia de educación sexual. La primera se relaciona con un trabajo de investigación realizado en la ciudad de Buenos Aires y la segunda es el resultado de un relevamiento bibliográfico realizado en el ámbito nacional. Deseo compartir algunas reflexiones que surgen del análisis del trabajo de campo realizado para un proyecto de investigación “UBACyT”, llevado a cabo en el marco de la Facultad de Filosofía y Letras. La investigación se encuentra en su segunda etapa y se denomina “Presencia y ausencia de las sexualidades femeninas y masculinas de los/as jóvenes estudiantes en la escuela media” y está a cargo de la magister Graciela Morgade. Se propone relevar las condiciones institucionales de posibilidad para una educación sexual con enfoque de género en la ciudad de Buenos Aires.
Hemos tomado entrevistas en profundidad a equipos directivos de las escuelas, encuestas autoadministradas a docentes y entrevistas grupales con alumnos/as. En su primera etapa, tomamos como muestra las escuelas con el mayor índice de repitencia y sobreedad para ver cuáles eran las condiciones de posibilidad para la implementación de la educación sexual en la escuela. Esta muestra estuvo localizada, mayoritariamente, en escuelas vespertinas y nocturnas, muchas de modalidad bachiller y algunas técnicas. En esta segunda etapa estamos terminando de analizar los resultados que arrojaron las escuelas con menor índice de repitencia y sobreedad. En general, se encuentran distribuidas en el turno mañana de algunas escuelas técnicas y de las históricas escuelas normales.
Otro propósito inicial de nuestra investigación consistía en desarrollar un “mapa curricular” de los contenidos, enfoques y responsables del tratamiento de temas de sexualidad en la escuela media. Desde esta experiencia quiero compartir algunas conclusiones preliminares para poder abrir el debate.
Se desprende de la investigación que, cuando hablamos de educación sexual en la escuela, los/as entrevistados/as consideran que la función de la escuela es prevenir. Cuando en la escuela hablamos de prevención, este concepto es aplicado tanto a las adicciones como a la sexualidad, mostrando una visión patologizante de la sexualidad, sexualidad casi como enfermedad o situación de riesgo.
Descubrimos que hay consenso en abordar la educación sexual en la escuela fundamentalmente en su versión médico-biologista (con énfasis en la prevención). El significado más extendido de la prevención implica en la escuela una ajenidad absoluta de la experiencia profesional y personal docente, del compromiso afectivo que implica el acto mismo de enseñar y de involucrarse con aspectos que hacen fuertemente a la constitución subjetiva del enseñante y del aprendiente.
Muchas veces, de manera aislada coexisten diferentes iniciativas que apuntan a proponer otra forma de tratamiento de las sexualidades juveniles. Estas iniciativas suelen ser dispersas o individuales, generalmente a cargo de docentes motivados/as y con formación específica. Muchas veces se trata de invitados/as especiales, conocidos del/la docente, en general médicos/as y también integrantes del Área Programática del hospital de la zona, diferentes ONGs, OSPLAD, todos equipos interdisciplinarios que cuentan con la presencia de una psicóloga, una abogada y una medica obstétrica o ginecóloga. Otro recurso con que cuentan las escuelas son los talleres del Programa “Nuestros Derechos, Nuestras Vidas” que ofrece el Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes del GCBA, en las escuelas medias de Buenos Aires, realizado a través de ONGs especializadas en el tema.
La segunda experiencia se enmarca en la sanción de la ley 26.150 o Ley de Educación Sexual Integral Nacional, que desde octubre del 2006 garantiza, en su artículo 1º: “Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal”. Define que entiende por educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos y crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral en el ámbito del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.
Por otra parte, presento una síntesis de un relevamiento realizado por integrantes de la Cátedra de Investigación y Estadística Educacional II de la Carrera de Ciencias de la Educación (UBA), dirigido a identificar investigaciones en el campo de educación y sexualidad realizadas en la Argentina entre 1990 y 2007 y sistematizar las principales temáticas abordadas y áreas de vacancia más destacables.
Aun cuando existe consenso en que la noción de “sexualidad” incluye aspectos biológicos, emocionales, culturales y éticos, la investigación muestra la hegemonía de los enfoques biomédicos, que la ligan a la prevención de embarazos no deseados o la transmisión de infecciones y la escasa indagación académica en los casos en que predomina la visión según la cual la educación sexual debe consistir en la transmisión de valores y pautas de comportamiento.
Cuando comienza a complejizarse el concepto de sexualidad, desplegándose el concepto de “integralidad”, abarcando sus dimensiones culturales e históricas e interpretando sus expresiones escolares en el currículo explícito y oculto, es posible identificar otras investigaciones en el campo que son herederas del aporte de los estudios de la mujer y de género.
A través de estos dos ejemplos vemos claramente la relación que existe entre sexualidad-adolescencia y prevención, que conduce a pensar la educación sexual específicamente destinada a adolescentes y enfocada a la prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos adolescentes. Y, sobre todo, a cargo de especialistas que pueden ser médicos y/o profesores de biología si pertenecen al personal de la escuela.
En síntesis, es evidente que la investigación educativa de corte pedagógico tiene importantes vacancias en este campo. Pensando, por un lado, la fuerte asociación de la sexualidad con la genitalidad. Por el otro, el gran desarrollo de la perspectiva biologicista en el tratamiento del tema y, más aún, el escaso desarrollo de trabajos relacionados con la perspectiva educativa, ya que nos encontramos con un campo en construcción; todo esto, sumado a la fuerte presencia y autoridad del discurso médico hegemónico, junto a la falta de capacitación real e imaginaria que sienten los/as docentes, da como resultado que las relaciones intersectoriales se complejicen en extremo.
La escuela siente que la temática de la sexualidad es, en muchos casos, responsabilidad familiar, porque la sexualidad y el cuerpo son temas del ámbito de lo privado. Si bien la ley impone trabajar estas cuestiones, entonces esto será un tema de expertos sobre el que las y los docentes dicen no poseer ABSOLUTAMENTE ningún conocimiento.
Pues bien…, ¿no será que lo que nos está quedando por fuera del tratamiento de las cuestiones de la sexualidad es lo que M. Fine denomina el discurso del deseo? Y de estas cuestiones, ¿quién habla en la escuela? Si pensamos la sexualidad como un entrecruzamiento entre el deseo, el género y las prácticas, seguramente todos y todas estaremos autorizándonos a decir nuestra palabra. En cuestiones de sexualidad, todos y todas tenemos algún saber, el gran desafío es poder ponerlo en palabras, compartirlo, teorizarlo y sentir que es suficientemente valioso como para ser transmitido a las nuevas generaciones.
Gabriela A. Ramos es docente e investigadora UBA-UNSAM, capacitadora CePA-GCBA y Ministerio de Educación de la Nación en el tema “Género, sexualidades adolescencias”.