Notas


La capacitación entre educación y salud: la educación para la salud acerca de sexualidades, géneros y generaciones

Presentación del título "Cuerpo, sexualidad y socialización". Viernes 26 de octubre de 2007. Buenos Aires, Argentina

Ana Lía Cabral

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Cuerpo, sexualidad y socialización
Intervenciones e investigaciones en salud y educación
Alejandro Villa

 

En primer lugar, celebro formar parte de un encuentro que nos contiene como protagonistas de diferentes momentos y densidades. Hemos asistido a la preparación y desarrollo de múltiples experiencias, motorizadas por cada uno/a de los presentes a lo largo de varios años. Por eso, celebro el encuentro en el que uno de nosotros presenta el fruto de un trabajo que, siendo singular –la obra de Alejandro-, se convierte a la vez en síntesis y entrecruzamiento de diversas propuestas colectivas en las que se implican personas que co-producen.
Antes de seguir, permítanme expresar un par palabras para que ustedes conozcan desde qué posición desarrollo estas ideas. Coordino la Residencia de Educación para la Salud (EpS) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, un posgrado de capacitación en servicio para profesionales de diez disciplinas: antropología, sociología, trabajo social, enfermería, comunicación social, pedagogía, medicina, psicología, psicopedagogía y odontología. Diez profesiones que tienen como objeto de trabajo y estudio las condiciones de vida y de salud de grupos sociales, personas y familias desde la perspectiva de la promoción, la protección y la educación para la salud. Algunos de los presentes nos acompañan en el proceso formativo de los nuevos profesionales que se integran en proyectos preventivos y de promoción de centros de salud y áreas programáticas de la ciudad de Buenos Aires. Esta residencia se sostiene desde hace veinte años y fue pionera, por su importancia, en la formación interdisciplinaria centrada en la atención de la salud con un enfoque poblacional y no sólo en la atención de la enfermedad.
Quisiera abordar tres cuestiones que recuperaré de algunas de las muchas que fueron tratadas por ustedes en los talleres previos y en el libro de Alejandro Villa, “Cuerpo, sexualidad y socialización”.

1) El valor de centrarnos en los y las adolescentes -con sus singulares modos de transcurrir por la vida- para indagarlos, descubrirlos y ponerlos en un primer plano. Un objeto-sujeto particular.
En la última década ha significado un avance decidido “poner en la agenda” los problemas que los jóvenes presentan en salud y educación, áreas que representan instituciones públicas con dos cajas de resonancia particulares. Esta problematización social las ha transformado en una “cuestión social” que, al decir de Ozslak, se expresa en la producción de políticas públicas. Ya no se trata sólo de voluntades individuales o de un sector interesado en abordarlas. Estas problemáticas se han impuesto -y siguen imponiéndose- por la fuerza de los hechos sociales y “exigen -por eso mismo- respuestas sociales”. Los medios de comunicación vociferan estos hechos, los “expertos” los interpretan y en esa construcción cotidiana y múltiple se van generando intervenciones, búsquedas y nuevas cuestiones. En la ciudad y en el país se han ido modelando posicionamientos teóricos, ideológicos, institucionales, modos de gestionar y cogestionar en intervenciones con los y las adolescentes y se comenzó a estar en condiciones de analizar y evaluar colectivamente. La “cuestión social” de la adolescencia está en pleno proceso de maduración.

2) La gestión de los conocimientos y de las prácticas coloca a todos los actores en una posición diferente a la de décadas atrás.
Todos, desde un lugar u otro, tenemos una condición que nos liga: la de estar posicionados en la función de formadores, transmisores, en vínculos mutuos de aprendizajes. Docentes, investigadores, profesionales de la salud, estamos interactuando con sentidos explícitos -y a veces no tanto- que van construyendo con y para los adolescentes alguna direccionalidad común: la búsqueda de una cotidianidad que logre ser más productiva, de mayor bienestar, mayores posibilidades de elección y de autonomía en los y las adolescentes y jóvenes.
Imágenes-objetivos que son cada vez más compartidos y que dan sentido y visibilidad colectiva a las dimensiones de esas problemáticas en las instituciones, en las familias, en las vidas personales; tanto la sexualidad como las relaciones de género y los aspectos intergeneracionales están en cuestión y en múltiples procesos de re-significación.
Esta reflexión apunta a no suponer la obviedad de los procesos de los que somos testigos cotidianos. A partir de ciertos puntos de crecimiento, no existe marcha atrás. Los procesos de apropiación colectiva, social, de los hechos significativos de la vida se configuran y fortalecen por el “valor de uso” que adquieren estas producciones.
La tracción, o sea la fuerza de estos hechos, que aparece en las biografías de las personas y también en las escenas escolares, en las instituciones judiciales, en los ámbitos de salud, en las comunidades barriales, pone también al rojo vivo el valor de las “implicaciones subjetivas” de los actores, que implican también -valga la redundancia- la “responsabilidad singular, profesional, institucional, que es social”, por lo que se dice y se hace y también por lo que no se dice y no se hace.

3) El valor de la práctica cogestionada entre distintos actores de salud, en lo inter-sectorial e inter-institucional y en sus distintos niveles.
El último punto que me interesa transmitirles se vincula con el valor de programar, gestionar y evaluar en términos de la planificación local participativa. No se trata de ponerle un nombre más a las mismas cosas, sí de legitimar el trabajo en el contexto local, en este caso con los y las adolescentes. Ellos, sus instituciones, su hábitat se convierten en el punto obligado de construcción. Promover las interconexiones locales, “in situ”, permite evitar las superposiciones, no deja espacios vacíos que nadie ocupa, en los que no se interviene; se entraman capacidades, momentos de intervención acordes con las necesidades. Aunque todavía nos “estamos iniciando” -todos los inicios son difíciles-, hemos ganado por haber acumulado en cada espacio y tema particular -derechos, justicia, promoción social, escuelas, centros de salud, salud escolar, etc.- conocimientos, formas de hacer, “capacidad relativa” de autocrítica y de crítica acerca del desarrollo de proyectos cogestionados.

Actualmente, los mayores desafíos son:
El ejercicio real, efectivo, de la coordinación –en acción- con los protagonistas principales: adolescentes, familias, grupos de pares, instituciones.
El ejercicio interdisciplinario, intersectorial e intercultural en lo que sigue siendo la mayor referencia de pertenencia para las familias de una ciudad: el barrio, los barrios, representados en la organización política como las futuras comunas.

Alejandro Villa ha recuperado, como también lo mencionó Alejandra Pantelides, reflexiones y prácticas con reconocimiento hacia los especialistas e investigadores que abrieron caminos. Ha producido con-otros y nos lega un trabajo para continuar que prevé solidario e integrador.
En ese compromiso, digo ante ustedes aquellas palabras dichas por un gran maestro: “El ser que se sabe inacabado entra en un permanente proceso de búsqueda, ahora bien, no hay búsqueda sin esperanza y no la hay porque la condición del buscar humano es hacerlo con esperanza.
Por esta razón, la presencia de ustedes en el mundo, la mía, es una presencia de quienes andan y no de quienes simplemente están. Y no es posible andar sin esperanza de llegar…
” (Paulo Freire, El grito manso).



Ana Lía Cabral es maestra y licenciada en Psicología. Egresada de la Residencia de Educación para la Salud (GCBA) y maestranda en Salud Pública (UBA).

 

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