Desmotivación, insatisfacción y abandono de proyectos en los jóvenes
Orientación vocacional y vínculos familiares

Claudia Messing

 

Muy diversos analistas de la contemporaneidad, sociólogos, filósofos, psicólogos, educadores,1 coinciden en advertir los profundos cambios operados en la subjetividad a partir del conjunto de transformaciones que afectan a las sociedades contemporáneas y su interacción con lo que se ha denominado cultura de la posmodernidad, caracterizada por múltiples transformaciones de paradigmas, en la ciencia, en la ética, en los roles familiares y de género, en la economía, en los sistemas de producción, en un mundo globalizado, hegemonizado por los medios de comunicación y el consumismo, cuya amenaza permanentemente es la exclusión, la inseguridad y la inestabilidad.

La pérdida de la seguridad en la condición salarial (Castel, R., 1997), en el contexto del estado neoliberal debilitado en su función reguladora, arrastra al conjunto de sus instituciones, y muy particularmente a la familia y a la escuela, cediendo al mercado de consumo y a los medios masivos de comunicación parte de su función estructurante, proponiendo una cultura de la inmediatez, de consumismo, hedonismo, individualismo, narcisismo y facilismo que tiene profundas consecuencias en la subjetividad de los jóvenes, afectando especialmente la construcción y concreción de sus proyectos de futuro.

Estos cambios de la subjetividad en un contexto social en constante crisis sociopolítica, económica, y de valores, atravesado por la desocupación, donde los requerimientos de formación y capacitación para incluirse dentro del sistema son cada vez mayores y donde los recursos que provee la educación sistemática recibida son altamente insuficientes para acceder a ellos, han afectado profundamente el campo de la Orientación Vocacional, dando lugar a la aparición de nuevas sintomatologías vocacionales-emocionales que constituyen en su conjunto un verdadero síndrome vocacional, el cual requiere la construcción de abordajes múltiples e interdisciplinarios que, desde los planos político-económico, sociocultural, educativo y clínico, permitan dar cuenta de estas nuevas complejidades. Nos referimos a:

• La desmotivación, insatisfacción y apatía de los jóvenes ante el mundo del afuera.
• La carencia, fragilidad e inconsistencia de sus intereses vocacionales.
• La dificultad para interesarse, entusiasmarse y sostener sus objetivos.
• La desconexión emocional de sí mismos y por ende del mundo exterior.
• Las conductas fóbicas y evitativas en el estudio y ante el compromiso con una carrera.
• La hiperexigencia y el temor al fracaso.
• Las fuertes dificultades de aprendizaje.
• La marginalidad y el abandono de los estudios.

Presentamos en este libro los fundamentos de un nuevo abordaje clínico-operativo y vincular-familiar en Orientación Vocacional con la expectativa de contribuir, desde el campo de la clínica, a la construcción de una respuesta más abarcativa y profunda al tratamiento y prevención de estas nuevas sintomatologías vocacionales-emocionales que provocan finalmente el abandono y/o el fracaso en los estudios y contribuyen a engrosar las filas de los jóvenes que no estudian ni trabajan y quedan marginados de los principales ámbitos de contención social.

Este abordaje a través de los vínculos familiares fue elaborado en 1992 como necesidad de hacer frente a estas nuevas sintomatologías vocacionales, semejantes a las que Rodolfo Bohoslavsky (1976), creador de la modalidad clínica en la Argentina, había definido como predilemáticas, y que por sus características de inmadurez no podrían ser atendidas, sino derivadas inmediatamente a una consulta psicoterapéutica.2 Hoy, por su masividad y profundidad como fenómeno, nos exige un nuevo abordaje terapéutico que pueda ser instrumentado directamente desde el propio campo de la Orientación Vocacional y Ocupacional.

Así es cómo, apoyada en la experiencia clínica desarrollada como Orientadora Vocacional desde 1978 y como terapeuta vincular-familiar3 desde 1989, en conjunto con la profesora Nora Mares y el doctor Benjamín Zarankin, codirectores de la Organización Vincular,4 hemos desarrollado este nuevo abordaje en O.V. a través de los vínculos familiares, que incluye la presencia efectiva de los padres en el tratamiento, a partir de detectar en el trabajo clínico cotidiano con jóvenes y familias de clase media (alta, mediana y baja), de medios urbanos y suburbanos, y luego verificar, a través de tres investigaciones cualitativas, importantes fallas en los procesos de individuación, separación y discriminación de las figuras parentales, producidas a partir de los vínculos simétricos e indiscriminados que se establecen en el interior de las familias, con fuertes procesos de desconexión emocional, mimetización, contagio emocional e identificación inconsciente con historias traumáticas de padres y abuelos.

El abordaje vincular-familiar en O.V propone la reconexión emocional y la reubicación de los jóvenes en el lugar de hijos con respecto a sus figuras parentales, para poder salir de la simetría e indiferenciación que los sumerge en un estado de apatía, desmotivación y desconexión emocional, que les impide conectarse con sus propios intereses, interesarse por el estudio y por el mundo del afuera y les provoca intensas ansiedades fóbicas, hiperexigencia, temor al fracaso, y fuertes dificultades de aprendizaje.

Coincidiendo con las dificultades de abordaje terapéutico y cambios en las nuevas subjetividades mencionados por diversos autores, como el predominio de rasgos narcisistas, escasas mediaciones simbólicas, dificultades para la reflexión, para sublimar (Muller, 1997), desafectivización, imposibilidad de sentir, vacío, indiferencia afectiva, retroceso de los afectos significativos (Lipovetzky, citando a C. Lasch, 1986), dificultades para constituir transferencia como si sufrieran un impedimento de todos sus investimentos libidinales, una tendencia del pasaje al acto, empobrecimiento de su capacidad asociativa, etc. (Galende, 1997), planteamos la necesidad de realizar un abordaje vincular transgeneracional como camino de tratamiento para estas nuevas sintomatologías.

Consideramos que los vínculos simétricos y autoritarios donde los hijos mandan, tan señalados por distintos autores especialmente en el campo de la educación,5 todavía no han sido suficientemente identificados, conceptualizados y jerarquizados en el plano de la clínica psicoterapéutica actual y en particular en el campo de la Orientación Vocacional, ya que se desconocen sus aspectos inconscientes y su influencia en las profundas fallas en los procesos de individuación, separación y discriminación de los jóvenes de sus figuras parentales. Sin embargo, son los que dan por resultado el predominio de estos rasgos narcisistas, apáticos y desafectivizados y producen, en la interacción con las profundas transformaciones del contexto, la mayoría de las nuevas sintomatologías psicosociales, entre ellas las vocacionales y ocupacionales.

La simetría (ya que el autoritarismo es solamente una agravación del mismo fenómeno) es un posicionamiento interno imaginario en un plano de igualdad y sobre todo de autoabastecimiento emocional, de mimetización e indiscriminación con el lugar del adulto. Es transmitida inconscientemente por los padres a partir de su propia orfandad y falta de apoyos internos y luego confirmada y reafirmada, muchas veces sin tener conciencia de ello, a través de múltiples gestos y actitudes cotidianas de los adultos, como, por ejemplo, el exceso de protagonismo y de explicaciones, la falta de límites, el enfrentamiento con ellos de igual a igual, la búsqueda de apoyo emocional y confirmación permanente de sus decisiones, etcétera.

Es alarmante percibir cómo estos rasgos de simetría y autoritarismo, transmitidos inconscientemente y reafirmados cotidianamente, se manifiestan cada vez más tempranamente en los jóvenes actuales, produciendo daños importantes en su subjetividad. Hoy los niños, posicionados internamente como adultos, pueden dar órdenes a sus padres, intentar resolver situaciones familiares problemáticas, decidir acerca de los profesionales con los que desean ser atendidos, mientras padecen paralela y consecuentemente fuertes problemas de aprendizaje y terrores fóbicos paralizantes. Sabemos que hoy los niños de 12 años se alcoholizan, se sexualizan,6 se inician en el tabaquismo y la drogadicción7 y padecen síntomas de anorexia, aun antes, desde los nueve años, entre otras graves sintomatologías actuales.

El desconocimiento de los aspectos inconscientes de la simetría instalada en los vínculos familiares actuales es un factor que dificulta enormemente la construcción de nuevos modelos de contención y autoridad dentro de las familias. Consideramos que son insuficientes las múltiples apelaciones a la puesta de límites y recuperación del lugar de autoridad del adulto si no se logra trabajar paralelamente con padres e hijos los mandatos y posicionamientos internos de simetría y autoabastecimiento que son transmitidos inconscientemente, a pesar de la voluntad e intención consciente de sus padres.

Extracto de la Introducción de Claudia Messing

 

Notas
1. Lipovetzky (1986, 1994); Bauman (2002, 2005); Gergen (1992); Bleichmar (2005); Galende (1997); Obiols (1996, 2002); Doltó (1990); Müller (1997); Castel, (1997); Fernández, A. M. (1999); Lasch (1991); Lewkowicz (2004); Giddens, Beck (1996), entre muchos otros.
2. Bohovslavsky, Rodolfo, Orientación Vocacional. La estrategia clínica, págs. 98 y 105.
3. Los conceptos centrales de la Terapia Vincular-Familiar se desarrollan al final de esta introducción.
4. La Organización Vincular es una institución creada en 1989 por un equipo terapéutico interdisciplinario de intervención en crisis y conflictos de familias, parejas y empresas familiares, que desarrollaron, a partir del trabajo en conjunto, una nueva terapia de los vínculos familiares denominada Terapia Vincular-Familiar. El equipo directivo y fundador de la Organización Vincular está constituido por Nora Mares, especialista en Comunicación, Lenguaje Corporal y Emocional, co-fundadora del Instituto Greyg, en 1970, co-autora de libro “Este cuerpo es suyo” en 1983, directora de teatro, música y mediadora; Benjamín Zarankin, médico, psicoterapeuta, con formación de posgrado en la APA entre 1986 y 1990, especialista en clínica de niños y adolescentes desde 1980, docente en Psicología Medica de la UBA entre 1974 y 1975, psicólogo social, coordinador de grupos terapéuticos, laborales y redes sociales, miembro de SATF; y la autora de este libro.
5. Han trabajado sobre este tema, entre otros: Jaim Echeverry (La tragedia educativa); Obiols, G y Di Segni de Obiols, S. (Adolescencia y escuela secundaria); Di Segni Obiols, S. (Adultos en crisis, jóvenes a la deriva).
6. Una de las modas, durante 2005, entre chicos de 12 años que concurren a colegios suburbanos de clase alta, era que los varones se bajaran los pantalones y las mujeres les practicaran sexo-oral, por un peso.
7. El alcoholismo ya es considerado una enfermedad pediátrica. El informe del Servicio de Toxicología del Hospital de Niños Sor María Ludovica, de La Plata, de mayo de 2005, reveló que 860 menores de 12 años habían consumido sustancias adictivas, 22 casos de niños de entre cinco y nueve años presentaron cuadros de intoxicación alcohólica, 66 casos de chicos entre los 10 y 14 años estaban afectados por el consumo de alcohol y en menor medida sustancias adictivas (La Nación, 23-5-05). El informe de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), de enero de 2005, revela que el 40,7% de los niños y adolescentes argentinos entre 12 y 15 años consume tabaco o alcohol. Los niños se inician en el consumo del tabaco, la cerveza y el vino entre los 11 y los 14 años, mientras que entre los 12 y los 15 prueban el whisky y otros destilados. (http://www.ripred.org/dpna/ newsletter/2005_2.htm).

 

 



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