
Muy
diversos analistas de la contemporaneidad, sociólogos, filósofos,
psicólogos, educadores,1 coinciden en advertir
los profundos cambios operados en la subjetividad a partir del
conjunto de transformaciones que afectan a las sociedades contemporáneas
y su interacción con lo que se ha denominado cultura de la posmodernidad,
caracterizada por múltiples transformaciones de paradigmas, en
la ciencia, en la ética, en los roles familiares y de género,
en la economía, en los sistemas de producción, en un mundo globalizado,
hegemonizado por los medios de comunicación y el consumismo, cuya
amenaza permanentemente es la exclusión, la inseguridad y la inestabilidad.
La
pérdida de la seguridad en la condición salarial (Castel, R.,
1997), en el contexto del estado neoliberal debilitado en su función
reguladora, arrastra al conjunto de sus instituciones, y muy particularmente
a la familia y a la escuela, cediendo al mercado de consumo y
a los medios masivos de comunicación parte de su función estructurante,
proponiendo una cultura de la inmediatez, de consumismo, hedonismo,
individualismo, narcisismo y facilismo que tiene profundas consecuencias
en la subjetividad de los jóvenes, afectando especialmente la
construcción y concreción de sus proyectos de futuro.
Estos
cambios de la subjetividad en un contexto social en constante
crisis sociopolítica, económica, y de valores, atravesado por
la desocupación, donde los requerimientos de formación y capacitación
para incluirse dentro del sistema son cada vez mayores y donde
los recursos que provee la educación sistemática recibida son
altamente insuficientes para acceder a ellos, han afectado profundamente
el campo de la Orientación Vocacional, dando lugar a la aparición
de nuevas sintomatologías vocacionales-emocionales que constituyen
en su conjunto un verdadero síndrome vocacional, el cual requiere
la construcción de abordajes múltiples e interdisciplinarios que,
desde los planos político-económico, sociocultural, educativo
y clínico, permitan dar cuenta de estas nuevas complejidades.
Nos referimos a:
•
La desmotivación, insatisfacción y apatía de los jóvenes ante
el mundo del afuera.
• La carencia, fragilidad e inconsistencia de sus intereses vocacionales.
• La dificultad para interesarse, entusiasmarse y sostener sus
objetivos.
• La desconexión emocional de sí mismos y por ende del mundo exterior.
• Las conductas fóbicas y evitativas en el estudio y ante el compromiso
con una carrera.
• La hiperexigencia y el temor al fracaso.
• Las fuertes dificultades de aprendizaje.
• La marginalidad y el abandono de los estudios.
Presentamos
en este libro los fundamentos de un nuevo abordaje clínico-operativo
y vincular-familiar en Orientación Vocacional con la expectativa
de contribuir, desde el campo de la clínica, a la construcción
de una respuesta más abarcativa y profunda al tratamiento y prevención
de estas nuevas sintomatologías vocacionales-emocionales que provocan
finalmente el abandono y/o el fracaso en los estudios y contribuyen
a engrosar las filas de los jóvenes que no estudian ni trabajan
y quedan marginados de los principales ámbitos de contención social.
Este
abordaje a través de los vínculos familiares fue elaborado en
1992 como necesidad de hacer frente a estas nuevas sintomatologías
vocacionales, semejantes a las que Rodolfo Bohoslavsky (1976),
creador de la modalidad clínica en la Argentina, había definido
como predilemáticas, y que por sus características de inmadurez
no podrían ser atendidas, sino derivadas inmediatamente a una
consulta psicoterapéutica.2 Hoy, por su
masividad y profundidad como fenómeno, nos exige un nuevo abordaje
terapéutico que pueda ser instrumentado directamente desde el
propio campo de la Orientación Vocacional y Ocupacional.
Así
es cómo, apoyada en la experiencia clínica desarrollada como Orientadora
Vocacional desde 1978 y como terapeuta vincular-familiar3
desde 1989, en conjunto con la profesora Nora Mares y el doctor
Benjamín Zarankin, codirectores de la Organización Vincular,4
hemos desarrollado este nuevo abordaje en O.V. a través de los
vínculos familiares, que incluye la presencia efectiva de los
padres en el tratamiento, a partir de detectar en el trabajo clínico
cotidiano con jóvenes y familias de clase media (alta, mediana
y baja), de medios urbanos y suburbanos, y luego verificar, a
través de tres investigaciones cualitativas, importantes fallas
en los procesos de individuación, separación y discriminación
de las figuras parentales, producidas a partir de los vínculos
simétricos e indiscriminados que se establecen en el interior
de las familias, con fuertes procesos de desconexión emocional,
mimetización, contagio emocional e identificación inconsciente
con historias traumáticas de padres y abuelos.
El
abordaje vincular-familiar en O.V propone la reconexión emocional
y la reubicación de los jóvenes en el lugar de hijos con respecto
a sus figuras parentales, para poder salir de la simetría e indiferenciación
que los sumerge en un estado de apatía, desmotivación y desconexión
emocional, que les impide conectarse con sus propios intereses,
interesarse por el estudio y por el mundo del afuera y les provoca
intensas ansiedades fóbicas, hiperexigencia, temor al fracaso,
y fuertes dificultades de aprendizaje.
Coincidiendo
con las dificultades de abordaje terapéutico y cambios en las
nuevas subjetividades mencionados por diversos autores, como el
predominio de rasgos narcisistas, escasas mediaciones simbólicas,
dificultades para la reflexión, para sublimar (Muller, 1997),
desafectivización, imposibilidad de sentir, vacío, indiferencia
afectiva, retroceso de los afectos significativos (Lipovetzky,
citando a C. Lasch, 1986), dificultades para constituir transferencia
como si sufrieran un impedimento de todos sus investimentos libidinales,
una tendencia del pasaje al acto, empobrecimiento de su capacidad
asociativa, etc. (Galende, 1997), planteamos la necesidad de realizar
un abordaje vincular transgeneracional como camino de tratamiento
para estas nuevas sintomatologías.
Consideramos que los vínculos simétricos y autoritarios donde
los hijos mandan, tan señalados por distintos autores especialmente
en el campo de la educación,5 todavía no
han sido suficientemente identificados, conceptualizados y jerarquizados
en el plano de la clínica psicoterapéutica actual y en particular
en el campo de la Orientación Vocacional, ya que se desconocen
sus aspectos inconscientes y su influencia en las profundas fallas
en los procesos de individuación, separación y discriminación
de los jóvenes de sus figuras parentales. Sin embargo, son los
que dan por resultado el predominio de estos rasgos narcisistas,
apáticos y desafectivizados y producen, en la interacción con
las profundas transformaciones del contexto, la mayoría de las
nuevas sintomatologías psicosociales, entre ellas las vocacionales
y ocupacionales.
La
simetría (ya que el autoritarismo es solamente una agravación
del mismo fenómeno) es un posicionamiento interno imaginario en
un plano de igualdad y sobre todo de autoabastecimiento emocional,
de mimetización e indiscriminación con el lugar del adulto. Es
transmitida inconscientemente por los padres a partir de su propia
orfandad y falta de apoyos internos y luego confirmada y reafirmada,
muchas veces sin tener conciencia de ello, a través de múltiples
gestos y actitudes cotidianas de los adultos, como, por ejemplo,
el exceso de protagonismo y de explicaciones, la falta de límites,
el enfrentamiento con ellos de igual a igual, la búsqueda de apoyo
emocional y confirmación permanente de sus decisiones, etcétera.
Es
alarmante percibir cómo estos rasgos de simetría y autoritarismo,
transmitidos inconscientemente y reafirmados cotidianamente, se
manifiestan cada vez más tempranamente en los jóvenes actuales,
produciendo daños importantes en su subjetividad. Hoy los niños,
posicionados internamente como adultos, pueden dar órdenes a sus
padres, intentar resolver situaciones familiares problemáticas,
decidir acerca de los profesionales con los que desean ser atendidos,
mientras padecen paralela y consecuentemente fuertes problemas
de aprendizaje y terrores fóbicos paralizantes. Sabemos que hoy
los niños de 12 años se alcoholizan, se sexualizan,6
se inician en el tabaquismo y la drogadicción7
y padecen síntomas de anorexia, aun antes, desde los nueve años,
entre otras graves sintomatologías actuales.
El
desconocimiento de los aspectos inconscientes de la simetría instalada
en los vínculos familiares actuales es un factor que dificulta
enormemente la construcción de nuevos modelos de contención y
autoridad dentro de las familias. Consideramos que son insuficientes
las múltiples apelaciones a la puesta de límites y recuperación
del lugar de autoridad del adulto si no se logra trabajar paralelamente
con padres e hijos los mandatos y posicionamientos internos de
simetría y autoabastecimiento que son transmitidos inconscientemente,
a pesar de la voluntad e intención consciente de sus padres.
Extracto
de la Introducción de Claudia Messing
Notas
1. Lipovetzky (1986, 1994); Bauman (2002, 2005); Gergen (1992);
Bleichmar (2005); Galende (1997); Obiols (1996, 2002); Doltó (1990);
Müller (1997); Castel, (1997); Fernández, A. M. (1999); Lasch
(1991); Lewkowicz (2004); Giddens, Beck (1996), entre muchos otros.
2. Bohovslavsky, Rodolfo, Orientación Vocacional. La estrategia
clínica, págs. 98 y 105.
3. Los conceptos centrales de la Terapia Vincular-Familiar se
desarrollan al final de esta introducción.
4. La Organización Vincular es una institución creada en 1989
por un equipo terapéutico interdisciplinario de intervención en
crisis y conflictos de familias, parejas y empresas familiares,
que desarrollaron, a partir del trabajo en conjunto, una nueva
terapia de los vínculos familiares denominada Terapia Vincular-Familiar.
El equipo directivo y fundador de la Organización Vincular está
constituido por Nora Mares, especialista en Comunicación, Lenguaje
Corporal y Emocional, co-fundadora del Instituto Greyg, en 1970,
co-autora de libro “Este cuerpo es suyo” en 1983, directora de
teatro, música y mediadora; Benjamín Zarankin, médico, psicoterapeuta,
con formación de posgrado en la APA entre 1986 y 1990, especialista
en clínica de niños y adolescentes desde 1980, docente en Psicología
Medica de la UBA entre 1974 y 1975, psicólogo social, coordinador
de grupos terapéuticos, laborales y redes sociales, miembro de
SATF; y la autora de este libro.
5. Han trabajado sobre este tema, entre otros: Jaim Echeverry
(La tragedia educativa); Obiols, G y Di Segni de Obiols, S. (Adolescencia
y escuela secundaria); Di Segni Obiols, S. (Adultos en crisis,
jóvenes a la deriva).
6. Una de las modas, durante 2005, entre chicos de 12 años que
concurren a colegios suburbanos de clase alta, era que los varones
se bajaran los pantalones y las mujeres les practicaran sexo-oral,
por un peso.
7. El alcoholismo ya es considerado una enfermedad pediátrica.
El informe del Servicio de Toxicología del Hospital de Niños Sor
María Ludovica, de La Plata, de mayo de 2005, reveló que 860 menores
de 12 años habían consumido sustancias adictivas, 22 casos de
niños de entre cinco y nueve años presentaron cuadros de intoxicación
alcohólica, 66 casos de chicos entre los 10 y 14 años estaban
afectados por el consumo de alcohol y en menor medida sustancias
adictivas (La Nación, 23-5-05). El informe de la Secretaría de
Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha
contra el Narcotráfico (Sedronar), de enero de 2005, revela que
el 40,7% de los niños y adolescentes argentinos entre 12 y 15
años consume tabaco o alcohol. Los niños se inician en el consumo
del tabaco, la cerveza y el vino entre los 11 y los 14 años, mientras
que entre los 12 y los 15 prueban el whisky y otros destilados.
(http://www.ripred.org/dpna/ newsletter/2005_2.htm).