“La
educación se ve obligada a
proporcionar
las CARTAS NÁUTICAS de
un mundo complejo y en perpetua
agitación y, al mismo tiempo, la
brújula para poder caminar en él.”
F.
Gonzales Lucini 1
Ya
nadie discute que la sociedad está cambiando aceleradamente,
que estamos inmersos en una verdadera revolución cuyas
notas más significativas son la velocidad e intensidad
de las transformaciones que ocasionan un gran impacto, no sólo
en lo económico, sino también en lo político,
cultural y social. Es innegable que asistimos a un proceso de
globalización, de planetarización y de mundialización
que parece irreversible.
Frente a esta situación, la educación se cuestiona
seriamente sobre sus logros y analiza nuevas estrategias para
superar los desajustes existentes. Específicamente durante
la década del '90, la educación en América
Latina y el Caribe se vio afectada por reformas de orden institucional
y curricular. Si bien ello en términos generales se produjo
en el mismo sentido en que se encaminaron la mayoría de
las transformaciones educativas, ciertas particularidades registradas
en las formas y en el ritmo de aplicación generaron consecuencias
no deseadas, que se sumaron a los problemas aún no resueltos.
A pesar de todas esas dificultades, la conciencia de que la educación
es un elemento clave para el desarrollo y la justicia social es
una constante en la historia del pensamiento humano, ya que el
sentido de la educación ha ocupado y ocupa un lugar privilegiado
en el debate sobre las estrategias y los instrumentos para mejorar
la vida de las personas.
Esta situación, comprendida y atendida como problema económico,
político, cultural y ético, es la que reclama lo
que hemos dado en llamar “una educación auténtica”,
que pretende, a través de una buena enseñanza, promover
el aprender a aprender, el aprender a convivir y el aprender a
emprender, transformando el contexto en beneficio de todos.
En este marco de dilemas, conflictos, oportunidades y utopías,
nos propusimos reflexionar, centrando el foco de nuestro análisis
en los aprendizajes y sus tendencias en el nuevo orden mundial,
asumiendo el pasado como predisposición, el futuro como
construcción de posibilidades y el hoy como realización
de acciones innovadoras.
Nuestro interés por analizar el aprender de manera integral
se sustenta en la convicción de que es en ese proceso,
y en el presente, donde debemos actuar para brindar elementos
que nos permitan re-centrar la función de la escuela, para
que, trabajando en red con otras instituciones, pueda hacer realidad
la esperanza de que la educación es el derecho que nos
permite realizarnos como personas, transformando el contexto en
beneficio de todos. Diseñar cómo mejorar nuestro
mundo sólo es posible a partir de la gestión de
una educación auténtica que, ante los procesos de
banalización y vaciamiento culturales, actúe para
que todos puedan concluir su trayecto escolar y acceder a lo social
en sentido amplio y plural; una educación que, ante alternativas
regresivas y autoritarias, se abra a nuevas perspectivas que posibiliten
una evolución hacia una sociedad más humana, formando
personas más conscientes de sus potencialidades y de la
realidad que las rodea, libres, solidarias y protagonistas de
su desarrollo.
El libro se organiza en cuatro capítulos, una conclusión
y una bibliografía ampliada, con el propósito de
que el lector pueda continuar profundizando esta perspectiva en
sus respectivos territorios a partir de una praxis emancipadora.
Partimos de los cambios sociopolíticos, culturales y económicos
en los que estamos inmersos, para intentar comprender el verdadero
significado de las propuestas educativas, ya que lo que acontece
en el sistema educativo tiene sentido cuando lo analizamos en
sus interrelaciones con otras esferas de la sociedad (la económica,
política, cultural, religiosa). Por ello, en el Primer
capítulo se describen el contexto y las tendencias educativas
actuales y se propone como alternativa una “educación
auténtica”, situada, contextualizada, construida
a partir de una buena enseñanza.
En el capítulo Segundo, se presentan las competencias prioritarias
necesarias en la sociedad del conocimiento en el marco de “una
educación auténtica”. La preocupación
por una educación auténtica exige a la escuela promover
el logro de competencias educativas que requieren mayor nivel
de abstracción, originalidad, creatividad y el desarrollo
de estrategias metacognitivas y de habilidades para co-operar
y participar en proyectos colectivos. Se propone, entonces, priorizar
lo estratégico sobre lo algorítmico, las acciones
reflexivas antes que las respuestas mecánicas, la generación
colectiva de alternativas ante problemas reales y la participación
creciente de los alumnos en la toma de decisiones.
En el capítulo Tercero, se describen los elementos necesarios
para avanzar hacia una “buena escuela situada”. Desde
esta perspectiva, la educación auténtica se constituye
en un desafío que reposiciona la función pedagógica
de la escuela. Por su magnitud y complejidad, la transformación
requiere propuestas variadas, pero, si se pretenden procesos y
resultados duraderos, esas propuestas deben estar vinculadas fundamentalmente
con la práctica docente cotidiana y con las tareas de gestión.
En el capítulo Cuarto, se presentan veinte experiencias
de instituciones, educadores y estudiantes de la Argentina y Latinoamérica,
que en el día tras día de sus proyectos están
haciendo posible la construcción de una buena escuela en
situación.
La Conclusión plantea un cierre del trabajo que es, a la
vez, apertura hacia la construcción de nuevas miradas respecto
de la educación en general, asumiendo un compromiso activo
con el cambio que como docentes y educadores nos compete.
En este siglo, el desafío radica en la necesidad de que
el sistema de educación responda -con su plan o proyecto
educativo, con calidad y equidad- a los requerimientos de una
sociedad marcada por la heterogeneidad, partiendo de la concepción
de lo diverso de la realidad, y de la premisa de que no hay un
único modelo para el cambio, sino oportunidades para la
innovación en contexto.
Nota
1. Gonzales Lucini, F., La educación como tarea humanizadora,
42º Curso de Rectores del Consudec, Buenos Aires, Gram, 2005.