Discuto
conmigo. Es un histórico deporte emocional e intelectual
que la profesión y la especialidad han exacerbado. En este
caso, discuto la elección de lo escrito en este libro.
Podía haber escrito sobre los avatares de los grupos humanos,
o acerca del fenómeno de las organizaciones sociales, dos
temas que también me atrapan. Pero no elegí estas
temáticas, si bien se deslizan a lo largo de la obra.
Probablemente este libro sea la expresión resultante de
una combinación que conjuga mi interés profesional,
aspectos de mi propia historia personal y lo que se desconoce,
lo que se busca y busca respuestas. De esto resulta la elección
de la familia, la discapacidad, y otros temas conexos.
Sé que estas temáticas son sensibles, polémicas
e inevitables porque constituyen aspectos fundamentales de la
vida humana, de la condición humana.
Sé que introducirme en lo familiar hace a lo sensible de
cada ser porque circula por el desfiladero que bordea y suscribe
el origen de cada uno de nosotros. El origen psíquico,
el origen cultural. Aquello que nos familiariza, que nos brinda
la inauguración de la subjetividad y alberga la simiente
de nuestras inscripciones como persona.
Me introduzco en aquello que nos implica en nuestra construcción
como personas vulnerables. Un mal signo para los tiempos de la
fortaleza corporativa y de las deidades siliconadas, probablemente
una elección descuidada y reminiscente: hablar de temas
tristes.
Sé que plasmar en hojas mi quehacer y experiencia en discapacidad
va a re-familiarizarme en tanto historia, con mis futuros eventos
esperanzados y mis desencantos históricos. Que poner en
este papel años de trabajo y cotidianidad vuelve a exigirme
un compromiso vigoroso con una manera de pensar las diferencias,
las desigualdades, las igualdades y lo común desde mi lugar
profesional. Difícil se me hace concebir la puesta en palabra
técnica, científica de estas temáticas sin
ideología. Probablemente, los compañeros de recorrido
profesional, los amigos, los alumnos, testigos históricos
de mis pareceres, podrán dar cuenta de esto.
También sé que ambas cuestiones son y hacen a la
polémica, a la exposición de las ideas que para
muchos no son sólo ideas, no sólo trabajan en la
abstracción sino que conforman historias de vida. Historias
que todos los días insisten con su obsecada y testimonial
presencia. Historias de vida gracias a las cuales intento mantener
bajo un equilibrio ilusorio mis costados sensibles con la rigurosidad
científica.
No pretendo que este trabajo se constituya a manera de manual.
No por descartar su valor didáctico y ordenador, tal vez
porque, más que dar respuestas taxativas o reivindicativas,
intenta abrir interrogantes.
Espero que pueda alimentar el patrimonio cultural de quienes hacen
ligazón en el quehacer cotidiano con familias y personas
con discapacidad. Que convoque a referentes diversos en estos
campos bajo un signo que es matriz de convocatoria: el respeto
de y a las diferencias, distinguiendo en forma valorativa -y valga
la continuidad semántica- el respeto de la tolerancia,
considerando a esta última como un disfraz habitual de
la soberbia.
Que pueda nutrir el vasto campo del intercambio entre las ideas
y las prácticas.
Que pueda transmitir la experiencia que se ha nutrido del conjunto
de las experiencias desarrolladas con muchas personas que aportan
cotidianamente al mejoramiento de la calidad de vida de nuestras
sociedades.
Que pueda ser útil para la formación de personas
profesionales. Que les sea útil como personas y como profesionales.
Este distingo no es arbitrario. Procura unir porciones de saber
con pinceladas de pasión a sabiendas de que en mi propia
experiencia ambos son indisociables y que de esta mezcla se desprende
lo que intento transmitir.
Que pueda aportar algún significado nuevo. Que éste
pueda circular, resonar y convocar aportes para la continuidad
en la construcción de conocimientos y quehaceres que sean
patrimonialmente comunitarios. Considero que para intentar y -aún
más esforzadamente- lograr esto se requiere un mayor esfuerzo
de quienes son sujetos de la diferencia excluyente que de aquellos
de quien se espera, en gran parte ilusoriamente, una aceptación
inclusiva. A mi gusto esto no es pesimismo ni escepticismo. Es
otro intento de no apiadarme ni conmiserar dado que ambos atributos
me resultan, a los fines de este trabajo, “poco científicos”.
Por último, en este prólogo me permito expresar
algunas consideraciones acerca de las cuales tendré que
dar cuenta y ordenar para la comprensión del lector.
Este material contiene una gran dosis de anarquía. Este
material es el producto anárquico que intenta ayudar a
resolver la histórica compulsión a decir lo que
se debe decir. Dice lo que puede, lo que se puede saber hasta
hoy y lo que se puede saber abrir para seguir pensando.