“¿Para
quién canto yo entonces…?”
Charly García. Sui Generis
Este libro es una invitación a hacer un viaje.
Y digo viaje pues visualizo un panorama y un camino posibles.
El libro, así, extiende el mapa, estudia su topografía,
delinea el sendero y lo recorre.
Es importante aclarar que este libro es un viaje posible al seno
del acto pedagógico.
No es el viaje.
En este sentido, asumo su condición de exploración
personal, y como tal, es una invitación a compartir con
el lector algo de la experiencia de ese viaje. Y digo algo pues
mucho ha quedado afuera: borradores, apuntes y también
pensamientos en curso que aún no han llegado a adquirir
palabra.
Me he apoyado para este viaje en grandes pensadores y también
en varios maestros, con los que tuve la suerte y el placer de
aprender de sus enseñanzas.
Pero no hago responsable a ninguno de ellos de lo que diga aquí.
Pues no sería justo decir que he “aplicado”
su filosofía y sus enseñanzas a mis elaboraciones.
Más bien he tomado elementos de su pensamiento de manera
infiel y libre.
He tomado, sí, la que es para mí la enseñanza
que se desprende del subtexto de sus textos, palabras y acciones:
forjar mi propio pensamiento y mi propia acción.
He incluido pensamientos e ideas provenientes de la filosofía,
de la estética, de la crítica literaria y aun de
la literatura. He viajado más allá de las fronteras
de la comúnmente llamada “pedagogía”,
para volver a reencontrarme más acabadamente como pedagogo.
Esos campos diversos me han ayudado a pensar lo ínfimo
de la cotidianidad, eso que sucede día tras día
en el acto de educar.
En este sentido, mi formación como psicodramatista y como
coordinador de juegos expresivos y creativos también me
ha ayudado a forjar una mirada del cuerpo, de las escenas pedagógicas
y de todo aquello que está más allá de la
razón.
Pero quizá lo más importante sea que todas estas
líneas de formación me han ayudado a desarrollar
una mirada independiente, más integrada y abarcadora, de
los problemas pedagógicos.
Así, este libro es un libro impuro.
No guarda en él pureza ideológica ni la pretensión
de quedar bajo el amparo de ninguna corriente teórica o
académica. Es un libro que prefiere la intemperie al dogmatismo
y la tranquilidad.
Entonces…
¿a qué lectores se dirige este libro? ¿Cuáles
son los interlocutores imaginarios de este texto?
En principio, todos aquellos que (parafraseando famosas palabras
de Sigmund Freud) sienten e intentan pensar el malestar en la
cultura pedagógica.
Aquellos que se preguntan por vastas zonas no exploradas suficientemente
aún.
Aquellos que educan y enseñan día tras día
y sienten que algo no cierra, que algo falta en las respuestas
ya dadas corrientemente y de manera imperante.
Aquellos que, a pesar de las inmensas dificultades de educar en
el presente, no han sido ganados por la inmovilidad y la apatía,
sino que siguen buscando herramientas para hacer mejor su tarea.
Pero también quizás se dirija a aquellos que no
compartirán mucho de lo que dice este libro, pero que secretamente,
y aun desde veredas opuestas, guardan en su interior un resquicio
de interrogantes que buscan exasperadamente otras respuestas.
He imaginado y escrito este libro como una suerte de diálogo
reflexivo con todos ellos.
Aspiro y confío plenamente en los sentidos nuevos y en
las lecturas y respuestas posibles que cada lector forje en su
recorrido.
Confío en la re-escritura que haga el lector en su lectura.
También
creo que este libro, aun siendo breve, requiere de una lectura
tranquila, no apresurada. Quizás así el lector descubra
en las entrelíneas, entre los intersticios de las palabras,
mucho más de lo que he logrado decir.
Jorge Medina