El malestar en la pedagogía
El acto de educar desde otra identidad docente

Jorge Medina


“¿Para quién canto yo entonces…?”
Charly García. Sui Generis

Este libro es una invitación a hacer un viaje.
Y digo viaje pues visualizo un panorama y un camino posibles.
El libro, así, extiende el mapa, estudia su topografía, delinea el sendero y lo recorre.
Es importante aclarar que este libro es un viaje posible al seno del acto pedagógico.
No es el viaje.
En este sentido, asumo su condición de exploración personal, y como tal, es una invitación a compartir con el lector algo de la experiencia de ese viaje. Y digo algo pues mucho ha quedado afuera: borradores, apuntes y también pensamientos en curso que aún no han llegado a adquirir palabra.
Me he apoyado para este viaje en grandes pensadores y también en varios maestros, con los que tuve la suerte y el placer de aprender de sus enseñanzas.
Pero no hago responsable a ninguno de ellos de lo que diga aquí.
Pues no sería justo decir que he “aplicado” su filosofía y sus enseñanzas a mis elaboraciones. Más bien he tomado elementos de su pensamiento de manera infiel y libre.
He tomado, sí, la que es para mí la enseñanza que se desprende del subtexto de sus textos, palabras y acciones: forjar mi propio pensamiento y mi propia acción.
He incluido pensamientos e ideas provenientes de la filosofía, de la estética, de la crítica literaria y aun de la literatura. He viajado más allá de las fronteras de la comúnmente llamada “pedagogía”, para volver a reencontrarme más acabadamente como pedagogo.
Esos campos diversos me han ayudado a pensar lo ínfimo de la cotidianidad, eso que sucede día tras día en el acto de educar.
En este sentido, mi formación como psicodramatista y como coordinador de juegos expresivos y creativos también me ha ayudado a forjar una mirada del cuerpo, de las escenas pedagógicas y de todo aquello que está más allá de la razón.
Pero quizá lo más importante sea que todas estas líneas de formación me han ayudado a desarrollar una mirada independiente, más integrada y abarcadora, de los problemas pedagógicos.
Así, este libro es un libro impuro.
No guarda en él pureza ideológica ni la pretensión de quedar bajo el amparo de ninguna corriente teórica o académica. Es un libro que prefiere la intemperie al dogmatismo y la tranquilidad.

Entonces… ¿a qué lectores se dirige este libro? ¿Cuáles son los interlocutores imaginarios de este texto?
En principio, todos aquellos que (parafraseando famosas palabras de Sigmund Freud) sienten e intentan pensar el malestar en la cultura pedagógica.
Aquellos que se preguntan por vastas zonas no exploradas suficientemente aún.
Aquellos que educan y enseñan día tras día y sienten que algo no cierra, que algo falta en las respuestas ya dadas corrientemente y de manera imperante.
Aquellos que, a pesar de las inmensas dificultades de educar en el presente, no han sido ganados por la inmovilidad y la apatía, sino que siguen buscando herramientas para hacer mejor su tarea.
Pero también quizás se dirija a aquellos que no compartirán mucho de lo que dice este libro, pero que secretamente, y aun desde veredas opuestas, guardan en su interior un resquicio de interrogantes que buscan exasperadamente otras respuestas.
He imaginado y escrito este libro como una suerte de diálogo reflexivo con todos ellos.
Aspiro y confío plenamente en los sentidos nuevos y en las lecturas y respuestas posibles que cada lector forje en su recorrido.
Confío en la re-escritura que haga el lector en su lectura.

También creo que este libro, aun siendo breve, requiere de una lectura tranquila, no apresurada. Quizás así el lector descubra en las entrelíneas, entre los intersticios de las palabras, mucho más de lo que he logrado decir.

Jorge Medina

 



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