Jugar
con los bebés, los ayuda luego en el colegio
Lo reveló una investigación hecha por
un grupo de psicopedagogas
Las
madres que juegan con sus bebés, les leen cuentos y los arrullan
contribuyen a que sus hijos desarrollen un psiquismo más
enriquecido y se inserten mejor en el sistema escolar, según
comprobó un grupo de psicopedagogas que presentó una
investigación al respecto.
El libro 'El placer de criar, la riqueza de pensar' es el resultado
de un estudio de campo con las mamás de algunos de los barrios
más pobres de la Ciudad de Buenos Aires, como la villas 31
de Retiro, Bajo Flores, Soldati y Mataderos.
Durante dos años, un grupo de profesionales coordinado por
Silvia Schlemenson, profesora titular de la Facultad de Psicología
de la Universidad de Buenos Aires (UBA), trabajó con alrededor
de 80 mujeres, madres de bebés y niños muy pequeños,
en prácticas de crianza como la alimentación y la
estimulación a través del juego y las palabras.
Madres y psicopedagogas se reunieron en forma semanal en comedores
comunitarios, guarderías y centros de salud para recuperar,
en cada encuentro, aspectos de su propia infancia para transmitírselos
a sus bebés.
"La asistencia temprana deja huellas indelebles y es condición
necesaria para una inserción social y escolar satifactoria",
dijo la psicopedagoga Marcela Pereira, integrante del equipo de
investigación.
Pereira explicó que las mujeres no sólo asisten a
sus hijos en cuestiones de autoconservadón como la alimentación,
la higiene y los aspectos que hacen a la salud orgánica.
"También les transmiten aspectos simbólicos a
través de las miradas,
los cantos y los mimos", destacó y dijo que estos aportes
mejoran las condiciones de los niños que comienzan a desenvolverse.
Este tipo de asistencia incluye juegos, mimos, arrullos, canciones,
cuentos y demás estímulos, tan necesarios a la hora
de garantizar un desarrollo integral de los niños come el
alimento. "Apostamos a que las mamás recuperen aspectos
placenteros de su propia crianza y cultura y se los transmitan a
sus bebés". La hipótesis que guió la investigación
partió de la idea de que el deterioro material de las familias
más pobres, fuertemente afectadas por la crisis económica,
podría poner en riesgo la calidad de la asistencia temprana.
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