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El
sapo y el escorpión
Una
fábula sobre el racismo y otros males
Eduardo Wolovelsky
Ilustrado por Pablo Bolaños
El
sapo le manifestó al escorpión su acuerdo, tras lo
cual se dispuso, escuchando el nervioso latir de su propio corazón,
a que se subiera sobre su lomo. Pasaron unos segundos y luego fueron
algunos breves minutos. El corazón comenzó a bombear
más lentamente, con mayor tranquilidad. Nada había
ocurrido. El escorpión estaba allí sobre su cuerpo
y no había hecho el más mínimo intento de aproximar
el aguijón a su rugosa piel. Permitió entonces que
el escorpión apoyara sus patas sobre su cabeza para poder
sumergir el resto del cuerpo en el agua y sentir el placer de nadar
en aquel cristalino río. Desplazó sus miembros con
agilidad una y otra vez. Estaba tranquilo, ya casi se había
olvidado de que un peligroso escorpión estaba posado sobre
su cabeza. Casi sin sentir el esfuerzo, se dio cuenta de que ya
estaba en la mitad del río, tan lejos de una orilla como
cerca de la otra, en la que finalmente dejaría al temido
escorpión.
A lo largo de la historia muchos pueblos y personas debieron sufrir
por las ideas racistas que otros defendían. ¿Pueden
un sapo y un escorpión que cruzan un río ayudarnos
a reflexionar sobre esta cuestión para que ningún
ser humano tenga que sufrir por esta causa?
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Eduardo Wolovelsky es un biólogo
interesado en que los más jóvenes puedan conducir
la máquina del tiempo. Por ello coordina en el Centro
Cultural Rector Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires
el Proyecto Nautilus de comunicación y reflexión
sobre la ciencia. Investiga, enseña y escribe sobre diferentes
momentos de esa apasionante aventura que es la ciencia moderna.
Lápices y pinceles, de las más
variadas formas y tamaños, son las herramientas con las
que Pablo Bolaños dibuja los retratos
posibles de nuestro mundo.
Hace un tiempo, se embarcó en la máquina del tiempo
para pintar, con la misma pasión, bellas, inquietantes
y conmovedoras imágenes de la ciencia y su historia.
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