Portada Invención de enfermedades. Traiciones a la salud y a la educación
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ISBN:
978-987-538-296-1

Págs.: 160
Tomo 23

Colección:
Conjunciones



Argentina:
$ 153.00
Resto del Mundo:
U$D 21.00

El sujeto y la subjetividad en la psicología social
Un enfoque histórico-cultural

Fernando Luis González Rey

Introducción


El presente libro se propone presentar al lector la evolución del concepto de lo social en la psicología y su incorporación definitiva en una definición ontológica de la subjetividad, comprendida como producción psicológica de base histórico-cultural y social. La psicología como ciencia se apoyó, en la primera parte del siglo XX, en dos modelos dominantes del pensamiento moderno: la ciencia objetiva de base positivista y el modelo biomédico, este último epistemológicamente compatible con los principios de la ciencia moderna y que destacaba la patología sobre la salud, buscando en el “individuo biológico” las causas de la enfermedad. Ese “individuo biológico”, representación que encajaba muy bien en la epistemología positivista, también tuvo un impacto en los orígenes de la clínica psicológica, que se desarrolló apoyada en una concepción de mente individual e intra-psíquica.

Desde esa representación dominante, la psicología se mantuvo distanciada de las ciencias sociales de su época, dada su pretensión metodológica de ser una ciencia natural. Las discusiones de la filosofía y de las otras ciencias sociales —las que mantenían una estrecha relación con los rumbos del pensamiento filosófico— entraron tardíamente a la psicología. Sociólogos como Weber y Durkheim tuvieron un fuerte impacto en las discusiones filosóficas de su época, así como antropólogos como Boas y Levi-Strauss, lo que no ocurrió con las figuras más representativas del pensamiento psicológico moderno, con excepción de Freud.

La ausencia de la psicología del debate inter-disciplinar y filosófico marcó profundamente su desarrollo en el período moderno. En el campo de la investigación, la psicología se mantuvo bajo la égida de la hegemonía epistemológica positivista, responsable por la representación de ciencia orientada por objetos específicos que se definían por leyes específicas. Este fue uno de los principios de la división de lo psíquico y lo social, sustentada por la división establecida por Durkheim entre la psicología, como ciencia orientada al estudio de las leyes del psiquismo, y la sociología, dedicada al estudio de las leyes de la sociedad. La psicología aparecía dividida en diferentes áreas sin la existencia de temas teóricos más generales, capaces de alimentar esas áreas y de desarrollarse en el diálogo con ellas. Esa situación se caracterizó por la ausencia de debate teórico sobre las propias categorías psicológicas y por la naturalización a-teórica del uso de los términos psicológicos, por detrás de lo cual se ocultaban la riqueza, complejidad y movilidad del sujeto psicológico.

La fenomenología y el existencialismo, con los trabajos de Jaspers y de Sartre, representaron buenas oportunidades para la apertura de una psicología diferente; sin embargo, ambos autores tuvieron más eco en la filosofía que en la psicología, donde la fenomenología apareció más como un nuevo rótulo de utilidad metodológica que como un campo teórico susceptible a una pluralidad de nuevos problemas teóricos, como los que fueron dejados abiertos por M. Ponty, Heidegger, Sartre y el propio Jaspers.

El estudio de la psique –fuera de una discusión filosófica sobre el ser, la persona, la cultura y la sociedad– no podía dejar de tener un carácter reduccionista y metafísico. Es por eso que la idea de lo social aparece esencialmente asociada a la idea de lo externo, de lo grupal, como dominio diferente de lo individual. Esa dicotomía se extiende hasta nuestros tiempos.

El impacto del lenguaje y el estructuralismo tuvo un eco fuerte en el desarrollo del psicoanálisis a través de Lacan. Sin embargo, el propio Lacan se institucionalizó en un lenguaje hermético que se erigió nuevamente en sistema cerrado, a pesar de que su obra fue una expresión del modelo teórico de Levi-Strauss en la antropología. La mística del lenguaje y el impacto del desarrollo de la lingüística en el estructuralismo, lejos de crear una nueva sensibilidad para el estudio del carácter social de la psique humana, llevó a la reificación del lenguaje; el lenguaje terminó sustituyendo a la psique. El lenguaje, siendo un espacio privilegiado de producción de la subjetividad, fue desubjetivado por algunas de las tendencias críticas más importantes al pensamiento moderno.

En este libro intento la integración de lo social a la psicología, en un proceso que tiene dos direcciones: primero, el carácter social de la subjetividad humana en la perspectiva en que se defiende el uso de ese término en este libro y, segundo, la propia organización subjetiva de la sociedad. La sociedad no representa un conjunto de procesos y formas de organización despersonalizadas que actúan sobre las personas desde un locus exterior a ellas; los procesos y formas de organización social tienen una dimensión subjetiva que se perdió al reducir la mente a una estructura intra-psíquica individual. Un concepto muy importante, pero poco trabajado de forma general por la psicología, es el de imaginario social de Castoriadis, quien por primera vez puso en un primer plano la cuestión de la organización subjetiva de la sociedad, sin reducirla a los procesos de la estructura psíquica individual.

En el texto se analizan algunas de las posiciones esenciales en el desarrollo de la psicología social. Un recorte de ese análisis lo representa la crítica al pensamiento de G. Mead, quien pasó de ser un excluido de la psicología a constituirse en un referente de moda para las tendencias críticas de la psicología social que emergieron en la crítica a la psicología social positivista de carácter individualista. El valor de la expresión simbólica del otro en la constitución de la persona, destacado por Mead, reivindica el lugar del otro y de las relaciones en el desarrollo personal. Sin embargo, a partir de esas posiciones —que marcan el desarrollo de lo que algunos autores (Farr, Moscovici, entre otros) llaman de psicología social sociológica—, se produce un desinterés por el estudio del sujeto individual y sus procesos psicológicos en la psicología social (González Rey, 1991).

En este libro se presenta una psicología social que se define por la inseparabilidad de lo individual y lo social a partir de la organización subjetiva de ambos. La separación de lo social y de la psique en buena parte se debió a la división de los campos en los que se organizó la ciencia moderna, lo cual, ante el camino que asumió la metodología positivista de hacer de la correlación de variables la piedra angular de un conocimiento controlable, objetivo y susceptible de medición, reforzó la idea de lo social como conjunto de variables externas a lo psicológico.

Las bases teóricas y epistemológicas sobre las cuales se rescata lo social en su aspecto subjetivo y en su significación para la subjetividad individual, integran lo individual y lo social como momentos de un nuevo sistema que emerge del desarrollo de la condición social del hombre, la que se organiza, a diferencia del resto de los animales, dentro de definiciones culturales específicas. Lo social y lo individual se instituyen como momentos de un nuevo sistema: la subjetividad. La subjetividad aparece en nuestros trabajos no como un capricho teórico en busca de originalidad, sino como la expresión de una necesidad teórica de construir sistemas en movimiento capaces de integrar la diversidad de lo histórico y lo actual en una nueva cualidad que escapa a las deducciones y las inducciones lógicas.

La psicología social es presentada en estas páginas como un área específica de conocimientos sobre un tema teóricamente abarcador, el de la subjetividad, a través del cual se relacionan entre sí las diversas áreas del pensamiento psicológico como formas de expresión diferentes de la subjetividad en los distintos campos de la actividad humana. Esa multiplicidad de expresiones de la subjetividad en las diferentes formas de actividad humana demanda niveles diferentes y simultáneos en su estudio, manteniendo cada uno de ellos relaciones necesarias con los otros, en las que emergen nuevos elementos que enriquecen la propia definición de subjetividad sobre las que esas investigaciones se desarrollan; la subjetividad existe en procesos y formas diferenciadas de organización psíquica en todas las actividades humanas. Al igual que la subjetividad individual, cuya inteligibilidad es posible solo a través de categorías no estandarizadas que aparecen como construcciones que ganan significación en el curso de la producción de conocimientos sobre los sujetos estudiados en contextos y momentos diferentes, la subjetividad social se define por configuraciones subjetivas en movimiento, capaces de captar cómo los procesos de la vida social toman carácter subjetivo. Esos procesos subjetivos de la vida social constituyen una nueva dimensión en la definición de lo social. El concepto de subjetividad social permite estudiar la sociedad también como sistema subjetivo.

La subjetividad social no opera a priori de la acción de los protagonistas implicados en múltiples espacios sociales de forma simultánea; ella aparece en las acciones y prácticas de esos protagonistas quienes, en sus relaciones contradictorias, son productores de sentido subjetivo en el interior de cada espacio particular de subjetividad social. El sujeto, tanto social como individual, trae a cada espacio social donde aparece una producción subjetiva que expresa las tramas sociales de otros espacios de la subjetividad social. Por esa razón es imposible separar taxonomías de estados o problemas individuales como si fueran inherentes a un sistema particular de relaciones, como se expresa en conceptos como estrés laboral o familiar. Las experiencias pasadas y actuales no se encuentran en la representación consciente del hombre, sino en la condición simbólico-emocional de los sentidos subjetivos en los que se integra la multiplicidad de las experiencias vividas en un tiempo presente.

Las generalizaciones en la producción del conocimiento desde la perspectiva constructiva–interpretativa de hacer ciencia (Bourdieu, 2003; González Rey, 2005) no son afirmaciones universales de carácter inductivo, sino contribuciones que aportan nuevas posibilidades de inteligibilidad a un modelo teórico en desarrollo, permitiendo organizar, en el nivel conceptual, un conjunto de aspectos que antes de esas contribuciones no tenían visibilidad para el conocimiento; las generalizaciones son de carácter teórico y se relacionan con la ampliación de la capacidad explicativa del modelo teórico. Esos modelos teóricos, al no estar orientados a la búsqueda de leyes, como fue el caso de la ciencia positivista, tienen una infinita sensibilidad y maleabilidad para la producción de inteligibilidad sobre el universo complejo de procesos que afectan un sistema complejo en su desarrollo. Es por eso que las configuraciones subjetivas de la subjetividad social no excluyen ni al sujeto individual, ni al sistema de condiciones objetivas más diversas que afectan cualquier acontecimiento social.

No existe ningún problema excluido por principio de la psicología social; la psicología social, tal como es presentada en este texto, es un espacio particular de producir significación sobre procesos y formas de organización presentes en todos los fenómenos y organizaciones humanas. La ruptura con la idea de objeto que restringe a priori las cuestiones que forman parte de un campo, y la entrada del concepto de modelo teórico, como conjunto de hipótesis e ideas que generan inteligibilidades múltiples y simultáneas sobre un sistema complejo con muchas formas diferentes de expresión, permite la convergencia del estudio de esas formas diferentes de expresión en una representación cada vez más compleja de ese sistema en estudio. Los aspectos subjetivos de la vida social son una parte esencial del propio conocimiento del desarrollo de la subjetividad en la perspectiva histórico-cultural de su estudio.

La psicología social aquí discutida es parte del campo complejo del estudio de la subjetividad en la psicología, y en ese sentido le son comunes los problemas epistemológicos y metodológicos que este nuevo saber exige.

 

 


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