Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 23

El maestro que aprende
"La institución escolar está, como todos los lugares en que se
ejerce la palabra, penetrada por los deseos de todos los participantes
y también por sus proyecciones, sus identificaciones y sus mecanismos
de defensa. El educador en modo alguno queda fuera de la dinámica
del deseo. Aun cuando no se lo confiese, no es insensible a los
beneficios secundarios que le aporta su condición de enseñante
en lo tocante a la seducción y al poder."
Pierre Ducros
¿Hay
alguna relación entre lo que un alumno puede saber y lo que su
maestro ignora? ¿Qué lugar ocupa lo que ignora? ¿Cuál es la función
de lo que sabe que ignora e ignora que sabe?
Cada una de estas preguntas componen una condición en el proceso
de enseñanza-aprendizaje, y seguramente intervienen facilitando
u obstaculizándolo.
La posición singular de aprender del docente, de saber, conocer;
las vicisitudes de su propia curiosidad, sin duda fortalecen o
debilitan la tarea educativa.
La formación, otra vez; que no logra desembarazarse del aprendizaje
de modelos deseables, que tiende a capacitar para representar
las cualidades de un docente y por tanto obliga a trabajar para
esa imagen; que impulsa al maestro a la posición de siempre responder,
que le es tan natural. La formación, que amenaza el descubrimiento
de lo singular o personal en la práctica docente, en tanto puede
conspirar con los aspectos representativos y artificiales de su
conducta.
Idealizaciones y máscara del buen docente producen el efecto paradójico
de congelarlo en el sometimiento a todas las miradas.
Las motivaciones de cada docente para la experiencia de enseñar
se articulan en ciertas condiciones en las que desarrolla su práctica.
Una práctica que anuda lo subjetivo al entramado de las relaciones
sociales e institucionales en las que se desenvuelve.
Analizar la formación, como práctica social, en sus vertientes
de menor visibilidad, más difíciles de objetivar, es un proyecto
tan fecundo como complejo. Transformarla implica incluir, por
ejemplo, la biografía escolar de los futuros maestros, la dimensión
formativa de la experiencia, el conjunto de representaciones,
valores y creencias que configuran el modo de pensar y actuar
la enseñanza.
"El maestro que aprende", o lo que en estas páginas se hablará
sobre ello, no implica precisamente tomar al docente como alumno;
no se trata de hacer pasivo lo activo, para luego invertirlo.
Es más bien pensar la formación como una compleja construcción
que en absoluto se agota en conocimientos y metodologías y, por
el contrario se enriquece con otras preguntas, otros recorridos
en los cuales el maestro habrá aprendido, estará aprendiendo.
Posibilidad de interrogación que implica un riesgo, el de poner
en cuestión algo que le concierne. Hacerle lugar a la necesaria
ignorancia del maestro va más allá, entonces, de lo que se conoce
como capacitación, como formación; es disponerlo a una posición
que al mismo tiempo lo ubica, lo habilita y también lo resguarda
de los efectos de su práctica.
Allí donde se cree que se enseña y se comprende únicamente a partir
de conocimientos adquiridos en el "exterior"; donde predomina
cierto discurso racionalizante sobre la enseñanza, que se concentra
en métodos y técnicas; revisar la posición de aprender del maestro,
a través de la búsqueda de dispositivos de formación que propicien
estas líneas de indagación y reflexión, es desplegar un camino
necesario que, por definición, nunca se termina de recorrer.