Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 35

Conflictos
y violencia en los ámbitos educativos
Seguramente
cerca de la desesperación, sobrepasada por la tarea, no le pareció
tan mal exigirles, a los numerosos alumnos con quienes pretendía
preparar el acto escolar para conmemorar la fecha patria, que
se taparan la boca con cinta adhesiva, como parte de un "juego".
La noticia, rapidamente difundida por los medios, produjo sorpresa
e indignación. Datos más, datos menos (no menores para el análisis
específico de lo que allí ocurrió), el hecho nos alcanza para
ver bajo qué forma extrema la relación pedagógica puede presentarse
y expresar las dificultades de conducir a un grupo de niños, el
ejercicio arbitrario del poder, también la impotencia, el desborde;
el hecho nos alcanza como representación de parte de los conflictos
y la violencia que pueden desplegarse en la situación escolar.
Que sea una respuesta fallida, en manos de un adulto, no hace
menos que señalar por dónde empezar.
Una
vez más, el tema nos convoca a pronunciarnos, a explorar un territorio
tan complejo como urgente, tan proclive a las buenas intenciones
y los buenos discursos. Así como en otros escenarios en los que
se desenvuelve la vida social, todo lo referido a violencia lleva
frecuentemente una sobrecarga de generalización, indiscriminación
y conmoción que hace virar las reflexiones y las acciones hacia
posturas extremas. La necesidad del aumento de los castigos y
la "mano dura", la excesiva permisividad, son algunas de las conclusiones
a las que se arriba bajo la vivencia de esos "climas". Nos hacemos
cargo de este tema y de este "clima" bajo la condición de construir
las perspectivas (pedagógicas, institucionales, subjetivas...),
los contextos (históricos, sociales, culturales...); algunas experiencias
y alternativas y ciertas preguntas, muchas de las cuales los autores
de esta edición buscan responder.
¿Qué
lugar ocupa la indiscutible división y ruptura del lazo social
respecto de la multiplicación de la violencia? ¿Violencia social,
violencia escolar?
¿Cuál
es la relación entre las actuales características del vínculo
pedagógico, los conflictos más frecuentes, determinados actos
de violencia y la percepción de indefensión por parte de los docentes?
¿Cuál
es la relación entre ese desplazamiento permanente de los límites,
ese desgaste y erosión constante de la palabra docente, los desafíos
a la autoridad y las transgresiones pasibles de lectura, con aquellos
otros actos cuya característica es la aparente ausencia de sentido?
¿Cuál la relación entre el conflicto inherente a toda situación
institucional y los actos de violencia? ¿La incapacidad de sostener
los distintos órdenes de conflicto en las escuelas deja el paso
libre a mayores niveles de actuación y violencia?
Difícil renunciar a la ilusión de la armonía, como desde estas
páginas decíamos hace un tiempo en torno a este tema; asumir que
la violencia es parte de la experiencia subjetiva y colectiva
y que los conflictos no sólo son inherentes a la condición institucional
sino que el modo de su elaboración y resolución es motor de desarrollo
y potencialidad de transformación.
Preguntas
en común, debates y decisiones participativas, que apunten a la
cohesión de las instituciones, a una mayor interrelación entre
escuela, familia y comunidad, acciones diferenciadas y singulares,
son algunas repuestas. Acaso tengamos que recordarnos que aquello
que viene siendo tenaz y sistemáticamente desatado tenga que volver
a anudarse, una y otra vez, con nudos cada vez más fuertes y más
transversales, entre las personas y todas las formas y dispositivos
que podamos hallar para el encuentro, la expresión y la participación.
Daniel
Korinfeld