Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 36

Familias y escuelas
Las
relaciones que se establecen entre las familias y las escuelas
son, al menos, complejas. La cotidianidad de esta temática suele
ser, muy frecuentemente, fuente de interrogantes y cuestionamientos,
fuente de tensiones para los educadores, más que situaciones que
integran y potencian la tarea institucional. Raras veces las interacciones
pasan de los momentos pautados para el intercambio y, muy a menudo,
se despliegan demandas cruzadas referidas a un sinnúmero de problemas.
Reclamos, valoraciones negativas, prejuicios, supuestos y sospechas,
amenazas, atribuciones de culpa o responsabilidad respecto del
destino escolar o personal de los alumnos, son moneda corriente.
Indiferencia o abandono por parte de los padres, actitudes querellantes
o violentas, nostalgias por viejos tiempos en los que la autoridad
del docente se ejercía; agreguemos- confundida con el ejercicio
de un poder. Más allá de la legitimidad de los reclamos, este
estado de cosas merece una reflexión que alcance a dilucidar las
razones que regulan esta dinámica y desde allí vislumbrar sus
alternativas.
Transformación y desarticulación son dos fenómenos distintos,
aunque vinculados, que pueden definir bien el proceso de las dos
instituciones sociales que, a su vez, encarnan a una tercera:
la educación. Transformación en el sentido de la existencia de
nuevos modos de estructuración familiar -según nos dicen las estadísticas
y podemos comprobar todos los días-; transformación y búsqueda
-en menor medida- de modalidades diferentes para la escuela. Desarticulación,
como el resultado de políticas cuyos efectos son la fragilización
y la neutralización de sus funciones centrales; y pérdida, a su
vez, de ambas instituciones educativas tradicionales, en su capacidad
para la transmisión cultural.
Familia
y escuela: el singular en el que solemos nombrar a estas instituciones
confunde y nos impide pensar la heterogeneidad que oculta cada
una de ellas, escribe en estas páginas María Rosa Neufeld. Y nos
pone en la necesidad de explorar estas relaciones en diversos
territorios y desde diversas perspectivas, en las que lo singular
y lo social, lo subjetivo y lo institucional, lo imaginario y
la realidad tengan su lugar; en el que saber y poder se encuentren
en los contextos específicos y generales que los condicionan.
Las escuelas tienen la posibilidad de regenerar ese espacio siempre
por definir de la participación de las familias. Las formas que
adquieren la comunicación y la cooperación son efecto de la construcción
de acuerdos y consensos -sean éstos en torno a problemáticas específicas
de un alumno o a situaciones institucionales o comunitarias- y
forman parte de un proceso discontinuo y dinámico, no exento de
dificultades y de toda la gama de emociones que conllevan las
relaciones entre las personas.
Daniel
Korinfeld