Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 38

Sexualidad y educación
Es
un hecho que las modalidades de relación de las personas con su
intimidad se están transformando, y un dato no azaroso es la saga
de productos televisivos globalizados, que se ofrecen desde las
pantallas, basados en la exhibición de lo que hasta ayer se consideraba
íntimo y privado. Sin duda, estas nociones de intimidad y privacidad
están mutando en un proceso socio cultural complejo, así como
la familia, la pareja, las representaciones y comportamientos
de lo masculino y lo femenino, las prácticas y costumbres que
van planteando nuevas configuraciones del vínculo social, y de
producción de subjetividad.
Si
la educación es ese conjunto de doctrinas y prácticas que cada
época y sociedad encuentra para transmitir el conocimiento y formar
a sus sujetos, del mismo modo la sexualidad es un constructo social,
que anuda la identidad y el cuerpo de los sujetos; lo privado
y lo público muestran aquí sus particulares formas de articulación.
La escuela, en general, ha guardado silencio respecto de la sexualidad,
generando una marcada diferencia con el tratamiento y circulación
que tiene, por ejemplo, en el ámbito de los medios de comunicación.
Ese silencio formal de la escuela contrasta con la puesta en acto
de un conjunto de ideales, expectativas, comportamientos, prohibiciones,
prescripciones para las niñas, los niños, los hombres y las mujeres.
La
sexualidad en la escuela es una suerte de secreto abierto, circula
en distintos tipos de intercambios. ¿Es que la educación sexual
pretende regularlo? ¿Acaso la educación para la salud busca normativizar
saberes y prácticas? Desde posiciones conservadoras se aboga por
mantener el silencio formal y dejar exclusivamente a las instituciones
tradicionales, como la familia y las iglesias, el tratamiento
del tema; desde posiciones ideológicas opuestas, temiendo el riesgo
del disciplinamiento, se objeta toda función que se plantee como
de prevención y promoción de la salud. ¿Es acaso intrascendente
un lugar para la palabra de niños y niñas, adolescentes y jóvenes
en los espacios y tiempos que la sociedad dispone para su formación:
la escuela? Por otra parte, ¿es seguro que en esos espacios se
pueda hacer circular la información y las opiniones disponibles
en dispositivos adecuados para tratar temas concebidos como socialmente
controvertidos, es decir, caracterizados por la diversidad de
posiciones e ideologías en juego?
Sin duda, estas experiencias, como todas las acciones, corren
riesgos: los de prescribir, programar y educar una sexualidad
moderna, efectos moralizantes o "liberadores"; riesgo menor cuando
se trata de tomar posiciones ante situaciones en las que salud
y sexualidad se anudan, poniendo en juego el destino de las personas
y los grupos, sujetos a las desigualdades de disponibilidad de
información, de recursos, de interlocución.
Allí
la escuela pone nuevamente en juego su opción reproductora o transformadora
de la realidad.
Daniel
Korinfeld