Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 49

Educación
especial
Esas
líneas en las yemas de los dedos con formas de laberintos
y espirales, que forman dibujos enigmáticos y únicos,
sellos de lo singular, señas que pueden representar lo
irrepetible de cada sujeto, son las mismas que se han utilizado
para autentificar, identificar y controlar la circulación
y los intercambios de las personas y las poblaciones. La huella
digital bien puede expresar entonces las tensiones entre distintas
concepciones de lo humano y lo social que, inscriptas en las relaciones
de poder y de saber, definen el tratamiento de la singularidad
y la gestión político - técnica de los grupos
humanos.
La tendencia a moldear los cuerpos y subjetividades y así
reducir lo imprevisible propio de lo humano ha sido y es una constante
de la historia social. La educación especial, objeto de
las reflexiones de esta publicación, se inscribe en esa
historia de nuestras sociedades, en la historia de la educación.
El primer director de la Unesco, en los años cuarenta del
vertiginoso siglo veinte, Julián Huxley, biólogo
y genetista, hermano de Aldous, el autor de la famosa novela Un
mundo feliz, se declaraba un ferviente partidario de la eugenesia,
esa ciencia que postula el mejoramiento de la raza humana a través
de un control de las características de los individuos,
una doctrina que durante decenas de años contó con
el entusiasta apoyo de gran parte de la comunidad científica
de la época -y que en la actualidad tiene un resurgimiento
en las intensas e inquietantes polémicas sobre la biotecnología-.
En esos mismos años, la Alemania nazi, basada en principios
cercanos a la eugenesia, iniciaba los crímenes de enfermos
mentales que continuaría -en un desplazamiento sistemático
como en el famoso poema de Brecht- hacia otras personas portadoras
de enfermedades y diferencias, hasta terminar en el genocidio
que cambió el alma de la humanidad y dejó su impronta
nombrando al siglo del progreso con un nombre sin duda menos esperanzado:
el siglo de las cámaras de gas y los campos de concentración.
Aun cuando el biólogo Huxley dedicó sus esfuerzos
a diferenciar sus teorizaciones e investigaciones de las barbaridades
de los nazis, esta referencia puede describir el clima científico
que reinaba en la Europa de entre-guerras, y de algún modo
nos advierte, hoy, que lo que está en juego en estas reflexiones
no se limita exclusivamente a cuestiones de política educativa
o estrategias pedagógicas.
Dos preguntas, que van a atravesar el conjunto de los escritos,
arroja al ruedo de la discusión Pablo Vain, coordinador
de esta edición. ¿Es posible la atención
a la diversidad en un mundo signado por la exclusión social?
¿Es factible promover, desde nuestras actuales instituciones
educativas, una educación para la diversidad? Dos preguntas
que apuntan al corazón de las cuestiones sociales e institucionales
de hoy e intentan despejar el campo de las retóricas vacías
y nos acercan a la realidad, señalando los máximos
riesgos y las mayores responsabilidades: desterrar las prácticas
desubjetivantes, resituar la problemática de la educación
especial desde una perspectiva de reconstrucción integral
del lazo social.
No es infrecuente que conceptualizaciones y legislaciones circulen
por un carril que no sintoniza con lo que se produce en las instituciones
sociales, no es tanto una cuestión de adelantarse o estar
retrasado -términos muy caros en esta problemática-;
de lo que se trataría es de elucidar cuánto, en
ese desencuentro, encubre y sostiene una política destinada
a la pura reproducción.
Los escritos se proponen desentrañar el funcionamiento
de un campo, desequilibrar la comodidad de las nuevas palabras
que llegaron con la buena intención de quedarse para cambiar
las prácticas, esas mismas expresiones que pueden dejar
de decir aquello por lo que fueron convocadas: instituir nuevas
significaciones, y que, ante los nuevos problemas, corren el riesgo
de operar en una suerte de "como si", sin develar las
formas de exclusión que hacen aparición: el afuera
del adentro.
Una forma de hacer las cosas, por ejemplo educar, no es más
que eso, una convención situada en un determinado contexto
histórico y por tanto pasible de ser pensada y transformada.
Una huella no es un destino, sino una condición relacionada
con la identidad; una especificidad no es un límite, sino
una cualidad que requiere del encuentro con lo diverso, pero bajo
determinadas condiciones que favorezcan su desarrollo.
Daniel
Korinfeld