Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 51

Grupos e instituciones
"¿Por qué escribo?", se pregunta una maestra
que ha tomado la palabra, y a ese porqué se responde escribiendo
"testimonios de acontecimientos" de trabajos cotidianos,
que en el relato adquieren una dimensión diferente de la
habitual, que tantas veces cerca y agota.
"¿Y la literatura? Me abruma... Estoy cercada, escribo
lo que he vivido... Escribir es dar nuestro calor... Escribir
es empapar la pluma en agua de mar el primer día de vacaciones.
Todo el mundo ve el cielo, todo el mundo es escritor. Lo demás
son juegos de espejos... ¿Escribir o callarse? Escribir
la palabra imposible en la curva del arco iris. Todo estaría
dicho", testimonia, a su vez, Violette Leduc en su libro
La locura ante todo.
Con palabras posibles y abriendo espacios para que también
otros puedan decir, en estos testimonios de acontecimientos, crónicas
y reflexiones, inevitablemente se producen saberes que "enlazan
el afuera y el adentro". Es ésa una primera característica
que los artículos que se presentan en esta edición
comparten: de su lectura se desprenden diferentes trayectos que
hacen difícil sostener la idea de un "adentro"
-institucional, grupal, hasta psíquico diremos- separado
de un "afuera" social que lo acompañaría
al modo de un marco.
En la diversidad de las prácticas que se recrean en la
escritura, es posible realizar lecturas de singulares modos de
trabajo institucional y comunitario que introducen espacios de
demora, allí donde la vida cotidiana se torna vertiginosa
y tantas veces "se agota en la pura inmediatez" -tal
como se caracteriza en el último artículo.
Importa el modo de esta introducción de demoras en épocas
difíciles para tantos sectores sociales, en las que los
tránsitos "facilitados" serían aquellos
que van al ritmo de la producción de vulnerabilidades y
desafiliaciones.
Se pueden leer y "escuchar", en varios de los escritos,
los ecos del vendaval social que recorrió la Argentina
de diciembre de 2001, una sucesión de acontecimientos,
hitos, cuyas marcas no podemos dejar de reconocer en el espacio
social, institucional, comunitario y subjetivo. Sobre el fondo-figura
de una crisis que muchos no dudaron en caracterizar como una verdadera
catástrofe social, se narran estas experiencias puntuales
que vienen a dar cuenta tanto de las consecuencias de determinadas
políticas, como de los esfuerzos y búsquedas de
nuevas "configuraciones" entramadas de manera necesariamente
colectiva.
Maestros, alumnos y sus familias, jóvenes pobres, jóvenes
marginados, estudiantes universitarios y sus docentes, hombres
y mujeres que ya son adultos mayores, vecinos de un barrio de
Buenos Aires, adolescentes discapacitados, personas que están
internadas en hospitales psiquiátricos, profesionales de
la salud y de la educación que desde cierta mirada podrían
tener algo en común... ¿qué los reúne
y entrelaza a su vez en estos textos?
Probablemente su cualidad de actores, su potencialidad de actores
-que incluye las dificultades para desplegarla-, en algunos casos
su condición de autores, o inventores. Y es que los modos
que aquí se relatan articulan con la invención de
dispositivos de trabajo que favorecen la producción de
tránsitos alternativos, ligados implícita o explícitamente
a lo comunitario. Más allá de la heterogeneidad
de poblaciones con las que se trabaje, cada espacio propuesto
apuesta a la producción de lazos sociales en trayectos
en los que lo grupal-institucional-comunitario alimenta -y se
alimenta de- prácticas que promueven autonomías,
tanto en quienes proponen estos espacios de demora como en quienes
participan de ellos.
Así, maestras y maestros devienen escritores que testimonian
y desnaturalizan sus tareas cotidianas; hombres y mujeres adultos
mayores se tornan promotores comunitarios y se reapropian de su
lugar en la sociedad; profesionales y funcionarios del Estado,
junto con jóvenes marginados, buscan las formas de hacerse
con sus derechos... humanos, inventando modos de resistencia frente
al autoritarismo policial, señalando a su vez cuánto
cuesta que estos derechos sean respetados..., al igual que los
derechos de una ley de Salud Mental que profesionales y pacientes
apenas conocen y redescubren a través de una intervención
donde la participación y la producción de ciudadanía
no es pensada como algo ajeno a la salud.
Como decíamos, estas experiencias proponen tránsitos
hacia el despliegue de potencias; tránsitos no sin obstáculos:
cuesta reconocer y hacerle un lugar a la sexualidad de niños
y adolescentes y, si alguna discapacidad los diferencia, ese reconocimiento
se demora, en ocasiones por una mirada parental-pedagógica
o terapéutica saturada de buenas intenciones.
El contraste, choque, entrevero o alquimia que se produce en cada
experiencia, en lo que se relata o se deja relatar -aun en lo
que suponemos que se omite- de la implicación de los investigadores,
operadores, maestros, "talleristas" o profesores que
lanzan su escritura, señala que no se trata de recorridos
lineales.
Docentes universitarios exploran alternativas en la formación
de los futuros profesionales y junto a los estudiantes aprenden,
conocen, indagan eso que llamamos lo grupal a través de
un dispositivo pedagógico específico relatado desde
"la cocina" de su preparación, desde las emociones
que despierta cada vez de manera distinta, desde la experiencia
que parece despabilarlos y desperezarlos de las inercias y las
repeticiones.
Estos espacios a contramano de lo instituido, que buscan atravesar,
sortear, "driblear" la encerrona trágica que
los encausa, y los pretende destinar convocan diversos interrogantes:
¿De qué se trata hoy lo comunitario?; ¿cuándo
"hay" comunidad?, ¿se hace referencia a lo comunitario
allí donde un camino en común se emprende y entrelaza
en una apuesta siempre difícil? ¿Existe una dimensión
pedagógica en toda experiencia colectiva? ¿Qué
de educativo tiene un proyecto comunitario?
Según de qué experiencia se trate, la transmisión
de conocimientos, la diversidad de perspectivas, el aprendizaje
de la gestión de las dificultades y los beneficios de una
tarea en común producen una multiplicidad de nuevos saberes
y potencias.
Saber sobre el poder hacer, construir y producir con otros, saber
sobre ejercicios de poder..., entre estos saberes y poderes, algo
cura la soledad no buscada, el aislamiento indeseado, el anonimato
asfixiante, la desesperanza obligada, transformando subjetividades
en la institución de otros lazos sociales.
Sandra
Borakievich y Daniel Korinfeld
Información
de los autores:
Ana
María Fernández es psicóloga clínica,
U.N.L.P., profesora titular ordinaria, Cátedra I de Teoría
y Técnica de Grupos, Facultad de Psicología, UBA,
investigadora UBA.
Sandra
Borakievich es licenciada en psicología, UBA. Jefa
de Trabajos Prácticos, Cátedra I de Teoría
y Técnica de Grupos, Facultad de Psicología, UBA,
investigadora UBA.
Enrique
Ojám es licenciado en psicología, UBA. Ayudante
de Trabajos Prácticos de Primera, Cátedra I de Teoría
y Técnica de Grupos, Facultad de Psicología, UBA,
investigador UBA.
Xabier
Imaz es licenciado en psicología, UBA. Ayudante
de Trabajos Prácticos de Primera, Cátedra I de Teoría
y Técnica de Grupos, Facultad de Psicología, UBA,
investigador UBA.
Rita
Torchio
es educadora y se especializa en temas institucionales. Trabaja
en el Programa ZAP, Secretaría de Educación (GCBA)
y es miembro del equipo docente del Centro de Estudios Multidisciplinarios
(cem).
Susana
de la Sovera
es licenciada en psicología, UBA. Psicoanalista, analista
institucional. Jefa de trabajos prácticos de la Cátedra
I de Teoría y Técnica de Grupos e investigadora
Ubacyt, Facultad de Psicología, UBA.
Cristina
Puccetti es licenciada en psicología, UBA. Jefa
de trabajos prácticos de la Cátedra I de Teoría
y Técnica de Grupos e investigadora Ubacyt, Facultad de
Psicología, UBA. Coordinadora del equipo de grupos del
Hospital Interzonal de Agudos Evita, de Lanús Oeste, Gran
Buenos Aires.
Liliana
R. Farruggio
es Psicóloga UBA, jefa de Trabajos Prácticos, Teoría
y Técnica de Grupos I, Facultad de Psicología, UBA.
Laura
B. Rivera
es Licenciada en Ciencias de la Educación. Especialista
en Formación de Formadores.
Alba
Pereyra.
Área de Capacitación. Dirección General de
Derechos Humanos. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Silvia Ester Molina es Médica psicoanalista,
gerontóloga. Docente del Área de Salud Comunitaria
de la Universidad Nacional de Lanús. Directora del Programa
Centros Comunitarios de la Secretaría de Desarrollo Social
del GCBA. Coordinadora de la Comisión de Adultos Mayores
de la Universidad Nacional de Lanús.
Mónica
Lupani
es Licenciada en Psicología. Educadora sexual. Coordinadora
del Comité de familia de FENDIM.
Mercedes
López
es Doctora en psicología (UBA). Profesora e investigadora
UBA. Profesora adjunta Cátedra Teoría y Técnica
de Grupos "I" , Fac. Psicología, UBA. Master
en Ciencias Sociales (FLACSO). Investigadora Principal Investigación
"Grupos de vulnerabilidad Social: transformaciones en los
imaginarios sociales y en las prácticas comunitarias. Un
estudio en el barrio de Balvanera", UBACyT P047.
Roberto
Montenegro es Licenciado y profesor de sociología.
Magister Scientiarum en Administración Pública (Mgr).
Profesor asociado regular en la Universidad Nacional de Quilmes.
Profesor titular interino en Facultad de Ciencias Sociales, Universidad
Nacional de Lomas de Zamora. Docente regular JTP en la Facultad
de Psicología. Codirector del Proyecto de Investigación
La Crisis en la Justicia. Organización del Trabajo y competencias
del personal, convocatoria 2003, UNQ.