Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 52

La habilitación
de la oportunidad
Libertad de movimientos “es la clave que permite salir del
sitio donde uno se encuentra para ir a terreno libre, y no la
llave que abre un campo considerado cerrado”, se aclara,
evitando la tentadora idea de la “llave maestra”.
Esta antigua expresión francesa que le permite a Lourau
metaforizar las implicaciones e interferencias en la vida de/en
las instituciones y la búsqueda de vías para atravesar
los campos y cercos conceptuales que hemos instituido, bien puede
representar el espíritu de estos textos. Dado que reflexionar
sobre el trabajo pedagógico, terapéutico y social
con niños y adolescentes, en particular cuando ellos se
encuentran en condiciones de vida extremas, implica explorar múltiples
registros en el intento de estar a la altura de la complejidad
que plantea, la interferencia intensiva entre los campos, sociales,
políticos, sexuales, existenciales.
Resistir, enuncia Graciela Frigerio -quien desde el cem batalla
en estos temas y problemas con una insistencia que también
es la nuestra-, no expresa menos que el desafío permanente
de habilitar nuevas oportunidades para los sujetos, los grupos
y sus instituciones. Resistir y oponerse a perpetuar la categoría
de los sacrificables, agrega. Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada; con palabras de Galeano, Livia García
Lavandal y Liliana Zacañino nos invitan a un difícil
recorrido por territorios escolares en lo que llama nuevas geografías
urbanas.
Víctima: aquel sacrificado o destinado al sacrificio, o
esa persona expuesta a un grave riesgo en obsequio de otra o aquella
persona que padece daño por culpa ajena; estas definiciones
de víctima arrojan una serie de significantes: destino,
sacrificio, exposición al riesgo, intercambio de lugares,
daño y culpa. Tal vez estén allí condensadas
las claves que pueden permitir un primer descentramiento hacia
la construcción de una ética en el trabajo con niños
y adolescentes en condiciones complejas de existencia. Si como
afirma Badiou la política comienza cuando uno se propone
no representar a la víctima, la habilitación de
la oportunidad: ¿no comenzará por allí, una
política de / para habilitar las oportunidades?, ¿no
debería partir de allí? -y el plural es algo implícito
en el título de este seminario y en esta publicación-.
Es la identidad de víctima la que está puesta en
cuestión -no el hecho indiscutible de niños y adolescentes,
grupos enteros, que son victimizados de diversos modos- y están
puestos en cuestión los riesgos que se corren al hablar
en su nombre, y en nombre de la protección; lo que nos
conduce a las preguntas sobre la posición que va asumiendo
cada sujeto.
El estado de víctima es una producción subjetiva,
y se construye con relación al otro; un efecto de subjetivación,
en el que también podemos disputar un lugar a las determinaciones
sociales. Pero es necesario, simultáneamente, admitir que
el estado de víctima es también una solicitación
de ciertas políticas. Por ello el lugar cristalizado de
víctima, de asistido, de tutelado, es una posición
de llegada, de defensa, pero de protección débil
si no se articula a una demanda política y subjetiva y
es, a la vez, un punto de partida que precede al sujeto concreto
en el marco de ciertas propuestas asistencialistas, tutelares
o benéficas (aun cuando muy a menudo queden encubiertos
dichos posicionamientos bajo el título de políticas
sociales).
Será necesario pensar la infancia en nuevos términos,
con nuevas miradas. desde Colombia, Humberto Quiceno transita
ese camino cuando señala: el que sabe de niños sabe
cruzar saberes, establecer planos, planes, dimensiones que pueden
llevar a escapar de algunos planos que nos han trazados y que
nos llevan a cierto fin.
Las coordenadas imaginarias, simbólicas y reales de la
infancia y la adolescencia convocan con facilidad a diversos efectos
de normalización y patologización. Promueven un
conjunto de operaciones, políticas, programas, estrategias,
dispositivos e intervenciones puntuales, campos argumentales cuyos
efectos ubican en determinados lugares a quienes son su objeto
y a quienes objetalizan.
Será preciso volver a estudiar el modo en que la pobreza
y su relación con la educación son construidas discursivamente,
tarea que emprende Evangelina Canciano cuando discute la noción
de déficit en la educación del “otro”
pobre.
Representaciones del niño- pobre, términos que han
mutado hacia otras significaciones y sentidos, como sostiene Mariano
Narodowski cuando propone a la cumbia villera como una de las
construcciones más eficaces y más representativas
de la construcción de una estética vinculada a ellos,
a sus vidas, sus hijos, su sexo, su cuerpo, sus adicciones.
Será preciso volver a cuestionar el modo de representación
del sujeto que implica la noción hegemónica de diagnóstico
con Aurora Ayciriex y Victoria Moretti.
Otro legajo del sujeto: el informe social es objeto de indagación
en su relación con las prácticos y los acontecimientos,
nombrado como “historia mínima”. Sandra Gárnica,
desde el sur de la Argentina, explora ese instrumento capaz de
minimizar historias de personas en un texto burocrático
y funcional, pero que también podría constituirse
en una nueva narración, construida junto a otros, que cuente
y alcance a dar cuenta de algunas de las vicisitudes y circunstancias
de una vida propiciando otras posibilidades (posibilidades dependientes
de cuánta habilitación sea habilitada).
Es a propósito de la convivencia escolar y de la nueva
ley para las escuelas medias de la Ciudad de Buenos Aires -que
propone la conformación de un sistema de convivencia escolar
democrático- que María Beatriz Greco nos advierte
que la casa nueva también puede ser habitada con viejas
formas de relacionarse.
Como señala con claridad Gabriela Diker al indagar las
relaciones entre experiencia, teorías, saberes y prácticas,
es en las prácticas -discursivas y no discursivas- que
se definen las posibilidades de utilización y apropiación
de nuestros saberes, su puesta en juego.
Sin dudas, abordar este tema es bien espinoso no sólo por
sus múltiples dimensiones de análisis sino porque
está estrechamente ligado a nuestras concepciones y arraigado
en nuestras prácticas; en nuestras concepciones desde los
lugares menos pensados justamente, imbricados en las prácticas
terapéuticas, pedagógicas y sociales. El obstáculo
que estos textos buscan hacer visible. Lo que se piensa y proyecta
sobre la infancia, lo que la infancia metaforiza, sus condiciones
de existencia múltiples y las constantes que propugnamos
a partir de sus derechos fundamentales.
La matriz médica de las prácticas asistenciales
y terapéuticas es analizada por Daniel de Michele, desmontando
las características del modelo médico hegemónico
y sus consecuencias en la medicalización de la vida; como
anunciaba Foucault la medicina parece no tener un campo exterior
a sí misma cuando la definía como estrategia biopolítica
y precisaba la noción de medicalización indefinida.
La concepción de salud en juego también divide aguas
a la hora de la acción y alcanza en sus efectos y consecuencias
a la circulación de la infancia por las instituciones.
En la transmisión como proceso y como un acto fundante
posibilitador de la constitución subjetiva que Mariana
Karol despliega sus reflexiones a sabiendas que esa coordenada
es fecunda para la construcción de una posición
en el trabajo con niños y adolescentes.
En en esa línea de transmisión intergeneracional
Violeta Núñez, desde tierra catalana, sitúa
la tarea educativa y entre otros aportes escribe que la educación
social, si trabaja bien, sostiene al sujeto en sus búsquedas
dándole el tiempo, los tiempos, que requiera.
La cuestión del tiempo y la educación también
es abordada por Flavia Terigi quien afirma, después de
relatar el desarrollo de un programa público de aceleración
cuyo objetivo es la retención de alumnos en la escuela
primaria, logrando cambios en la relación de los alumnos
con la escuela y en los aprendizajes, que la enseñanza
es un problema didáctico; pero la didáctica es un
problema político.
Aportando el panorama regional de la educación de la infancia,
desde Chile, Beatriz Macedo describe algunos logros y deja señalada
la enorme deuda pendiente centrada en el indisociable e indisoluble
binomio calidad / equidad.
Las palabras de Laurence Cornu nos llevan a pensar sobre una ética
de la oportunidad. Ella escribe se trata de algo más que
de ética: de ética política y de una humanización
que lleve en sí la condición política de
libertad. Hacerse garante de lo posible es proteger el porvenir
y el lugar de lo desconocido.
Las oportunidades se generan, se refractan, se regeneran... se
trata de actos mayores y menores según las percepciones
habituales e instituidas, no necesariamente nuevos, al menos diferentes
por la posición desde la cual es posible construirlos.
Se trata de multiplicar las oportunidades y de que en ese juego
que se proyecta para todos, indefectiblemente se trate de uno
por uno.
Es que cuando las sobredeterminaciones son percibidas como consistentes
e inamovibles, una política de la oportunidad y una reflexión
sobre la ética de una tarea pueden permitir instituir diferencias.
Parafraseando una canción, diremos que hay textos que ayudan
a vivir... y en este caso a relanzar nuestras prácticas,
es ésa la clase de textos que hoy presentamos. Será
necesario salir del sitio donde uno se encuentra para ir a “terreno
libre”, allí donde algo, al decir de Frigerio, pueda
inaugurarse.
Daniel Korinfeld