Colección Ensayos y Experiencias - Tomo 58

Violencia, medios y miedos
El miedo al otro, el miedo a la miseria, el miedo al más
allá, el miedo a las epidemias y el miedo a la violencia
fueron los tópicos a través de los cuales Georges
Duby rastreó la huella de los miedos contemporáneos
durante el pasaje entre milenios, tomando como referencia los
miedos medievales. Una concordancia: lo que infundía miedo
en ambas civilizaciones nos permite pensar en sociedades inquietas,
angustiadas, crispadas; una diferencia: para nuestros antepasados
medievales, gregarios por excelencia, no era desde cada individuo,
de modo aislado, que debían afrontar la inseguridad.
La función del miedo, ese viejo recurso de manipulación,
de producción activa o espontánea que produce exacerbación
y negativización de las diferencias, aislamiento y retroceso
en el orden del despliegue ideativo y subjetivante, es esencial
en los mecanismos sociales contemporáneos
La exploración de “los miedos sociales” es
una puerta de entrada para poder especificar a que nos hemos de
referir cuando hablamos de violencia; no es sin ese trasfondo
de miedo, como algo negativo que puede ocurrir, y que padece el
individuo de nuestras sociedades, que se pueden analizar los sentidos
de las violencias.
Todo abordaje unidimensional de la violencia no agrega más
que confusión a un tema de por sí proclive a la
generalización. Unidimensionalidad y consensos virtuales
adheridos por el miedo, multiplicados por los medios de comunicación
de masas, conducen a acentuar los sistemas de control, de disciplinamiento
y de punición.
Los textos que presentamos buscan, desde ángulos distintos,
desentrañar esa uniformidad que se sanciona bajo la rúbrica
de la violencia y que no hace más que confirmar que el
mal es exclusivamente exterior y sólo nos queda estar alertas
y preparados para enfrentarlo. Que se encarna en ciertos individuos
a quienes, en cada caso, debemos detectar y aislar.
En la escuela, en particular, es habitual que una serie de opuestos
configuren callejones sin salida ante las problemáticas
reunidas bajo el nombre de violencia. La sociedad versus la escuela;
la escuela - la familia; lo social o lo individual; el grupo -el
sujeto; la patología- la normalidad... Atravesar esas oposiciones,
establecer los pasajes, los pliegues y las zonas de intercambio,
permitirá leer los fenómenos en distintos registros.
Una lectura implicada impone el esfuerzo por pensar, determinar
especificidades, observar funcionamientos, diferenciar mecanismos,
precisar características; pretendiendo menos el dominio
absoluto de la cuestión que el construir coordenadas para
seguir sus transformaciones, aprehender sus diferencias y delinear
una cartografía posible que ha de ayudarnos para cada caso
y cada situación. Las formas y sentidos de las violencias
podrán, entonces, encontrar otros nombres, diversas intensidades
y mayores niveles de reflexión e implicación en
las instituciones y por parte de los sujetos.
Daniel Korinfeld