Enseñar
a cooperar y aprender cooperando
Siempre nos preocuparon
los distintos enfoques y modalidades del cuerpo de profesores,
una complejidad de “esquemas o estructuras de datos”
desde los cuales se vinculan con el alumno y con los contenidos
de formas tan diversas que constituyen una fuerte barrera a vencer
cuando se desea instrumentar un proyecto pedagógico (Calderhead,
1988).
Desde esta propia experiencia, entendemos que los esquemas docentes
deberían apoyarse básicamente en tres actitudes:
• Respetar el
momento madurativo del alumno.
• Estimular el pensamiento reflexivo o multicausal.
• Estimular los vínculos interpersonales.
Somos conscientes
de que “la enseñanza no se define por el éxito
de un intento sino por el tipo de actividad, por un propósito
y no por un logro”, razón por la cual nos propusimos
concretar este proyecto a partir de actividades que favorecieran
y estimularan la construcción de saberes significativos
en grupos de clase heterogéneos (Feldman, 2003).
En el Capítulo 1 se desarrolla el concepto de “aprendizaje
cooperativo” y algunos criterios básicos para implementar
técnicas grupales cooperativas en el aula. En el Capítulo
2 se fundamenta la enseñanza cooperativa desde la teoría
constructivista, especialmente los aportes de la psicología
genética y los enfoques psicológicos socioculturales.
En el Capítulo 3 se analiza una experiencia de aprendizaje
cooperativo aplicada en niños de 6 y 7 años y en
los cursos superiores del nivel medio, con jóvenes de 17
años de una escuela urbana. Ésta persigue como meta
el desarrollar en un mismo espacio y al mismo tiempo estrategias
que aborden los tres factores que se enumeraron anteriormente.
El Capítulo 4 aborda los problemas que presenta la enseñanza
cooperativa en el momento de evaluar el aprendizaje de los alumnos
y aporta sugerencias prácticas para superarlos.
La presentación de este proyecto didáctico puede
significar un aporte valioso para los colegas e instituciones
educativas que, con una fuerte vocación por integrar a
todos sin excluir a nadie, comparten las mismas búsquedas
y consideran al grupo de clase desde su heterogeneidad social
y cognitiva y el contenido a enseñar como un lugar de encuentro
entre el docente y el alumno.
Además, se explicitan numerosas técnicas de enseñanza
en grupos cooperativos y se ilustran los desarrollos teóricos
con experiencias de clase probadas en las aulas. Se ha efectuado
una selección de ejemplos que guarda un equilibrio entre
los tres primeros niveles de la enseñanza, intentando demostrar
que el aprendizaje cooperativo no es privativo de las humanidades
o las ciencias sociales, sino que constituye una estrategia privilegiada
para el desarrollo humano y cognitivo en todos los dominios del
conocimiento.
Este trabajo reconoce como fuentes principales:
• Los trabajos de Bárbara Rogoff, quien desde una
perspectiva sociohistórica incursiona en las posibilidades
de las comunidades de aprendizaje y la apropiación participativa.
• Los trabajos de Matthew Lipman y Anne Sharp, acerca del
proyecto “Filosofía para niños” y la
técnica de discusión en comunidades de indagación.
• Las experiencias de Carl Rogers acerca del trabajo en
comunidades de encuentro desde una pedagogía centrada en
el alumno y el desarrollo de la libertad responsable.
Como aspecto novedoso,
desarrollamos un análisis que emplea los aportes de la
psicología cognitiva como “filtro”. Este enfoque
reúne y pone en diálogo a la psicogénesis
piagetiana, el enfoque sociocultural vigotskiano y la teoría
norteamericana de la mente.
El conocido trabajo en equipo, actualmente denominado trabajo
en grupos cooperativos, despierta en la mayoría de los
docentes muchos prejuicios que se originan en una supuesta pérdida
de tiempo que impide desarrollar el programa o evaluar los desempeños
individuales.
Estos prejuicios, expresados sin conocimiento de causa y a priori
de protagonizar una experiencia con esta metodología, son
el producto de esos esquemas o estructuras de datos que han construido
durante su carrera docente y su práctica posterior en la
escuela. Los esquemas previos de los docentes son resistentes
al cambio y muchas veces se combinan con un verdadero temor a
lo nuevo, a lo desconocido o con las fantasías que esto
genera…
Para poner al lector en diálogo con sus propios esquemas
internos, al finalizar cada capítulo encontrará
un apartado denominado espacio de reflexión didáctica.
Las actividades de reflexión y de producción que
en ellos se proponen intentan quebrantar creencias y temores infundados.
Los espacios de reflexión pueden aprovecharse para la propia
formación o convertirse en actividades compartidas en reuniones
de personal docente o jornadas pedagógicas institucionales.
Deseamos que quienes lean este trabajo puedan experimentar la
estrategia denominada comunidades de diálogo y encuentro,
y produzcan, a partir de ella, actividades transferibles a sus
grupos de clase.
También esperamos que adquieran los fundamentos teóricos
y prácticos que avalan estas técnicas en orden a
mejorar la motivación y la participación de sus
alumnos en el salón de clase.
El trabajo en grupos cooperativos no es exclusivo de ningún
nivel de la enseñanza. Por este importante motivo, están
invitados a leer este libro maestras jardineras, maestros de enseñanza
elemental o primaria, profesores de enseñanza media y de
la educación superior. De igual modo, las estrategias cooperativas
no son propias de un determinado dominio del conocimiento, de
allí que resultan de utilidad para docentes de todas las
áreas y asignaturas.
Lanzarse a lo nuevo supone sentirse libre de ataduras para indagar,
investigar, pensar y repensar. Desde esta postura personal, los
invitamos a emplear el texto como un puente entre una buena enseñanza
y muchos aprendizajes duraderos.
Esperamos
que la lectura de este texto permita:
• Proponer la estrategia de enseñanza en grupos cooperativos
como facilitadora de diferentes procesos cognitivos y de la maduración
personal (motivación, comprensión, intercambio y
negociación de significados, metacognición, inteligencias
múltiples y emociones).
• Generar un espacio para la reflexión didáctica
a partir de la propia experiencia.
• Transformar los esquemas resistentes, creencias o “saberes
en uso” de los docentes.
• Concientizar acerca de la importancia del vínculo
interpersonal para el desarrollo del pensamiento reflexivo y el
aprendizaje en general.
Daniel
Stigliano y Daniel Gentile