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Juega
y aprende matemática
Irma Fuenlabrada y otros
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Conocimiento
matemático: de lo concreto a lo funcional
.
¿Qué concepciones subyacen en las propuestas tradicionales
de enseñanza?
. ¿Qué estrategias es posible diseñar para
modificar la forma de enseñar?
. ¿Cómo enseñar para que los niños
aprendan?
¿Cómo
entiende usted la diferencia entre enseñar y aprender matemática?
- En principio, dentro de la didáctica, separo procesos
de aprendizaje de procesos de enseñanza. A fines de los
años ´70, hubo una fuerte tendencia a pensar en términos
de procesos de enseñanza-aprendizaje, como si estos dos
términos constituyeran uno solo. Pero no es lo mismo lo
que enseña el maestro que lo que el niño aprende,
aunque la tendencia debería ser que aquello que el maestro
enseña, sea lo que el niño aprenda.
En el inicio de nuestras investigaciones en didáctica de
la matemática, separamos estos términos porque consideramos
que era importante analizar los mecanismos a través de
los cuales los niños aprendían esta disciplina.
Desde nuestra perspectiva, el problema no estaba centrado en el
aprendizaje sino que estaba en la enseñanza. Por ello,
nos planteamos modificar nuestra estrategia de enseñanza,
pero observando muy directamente cómo se producía
el aprendizaje en los niños.
¿Cómo
implementaron el proyecto de investigación centrado en
la enseñanza?
- Nos comprometimos a realizar un seguimiento de los niños
de dos escuelas desde que estaban en primer grado hasta séptimo,
incluyendo el trabajo con el maestro que estuviera dispuesto a
seguir la experiencia. Por otra parte, aceptamos seguir el programa
oficial, para no hacer demasiados problemas con las familias y
con el sistema educativo. Nuestra intención fue intervenir
muy fuertemente en la manera de enseñar. Teníamos
mucho control sobre ciertos aspectos, diseñábamos
la secuencia, hablábamos y analizábamos con el maestro
antes y después de la clase lo que había sucedido
y, por otro lado, dejábamos libre la reacción de
los niños frente a la secuencia.
Desde una perspectiva constructivista, también siempre
estuvimos interesados en ver cómo evolucionaban las ideas
en los niños. Entonces, cuando íbamos tanteando
estas problemáticas, analizábamos muy directamente
si la estrategia que utilizaban los niños cambiaba o no
frente a una nueva problemática y si ese cambio se orientaba
hacia las estrategias convencionales.
Uno
de los libros de su autoría propone como base de los juegos
de matemática el desafío, el reto. ¿Qué
rol cumple el desafío dentro del enfoque constructivista
de didáctica?
- El desafío se contrapone a una práctica de la
escuela tradicional que es la motivación. La motivación
se entendía -y se sigue entendiendo- como el espacio que
permite capturar la atención de los niños e interesarlos
en lo que viene después. Para nosotros, la manera de comprometer
a los niños con el conocimiento es desafiarlos intelectualmente.
Si comienzas desafiando al niño, eso hace que se comprometa
en la búsqueda de solución. En algunos de los materiales
que produjimos, intentamos que el niño, en esa búsqueda,
generara una estrategia que tuviera que ser socializada, primero
en un grupo de trabajo.
Luego, en el grupo de la clase, cada equipo tenía que mostrarle
a sus compañeros qué había hecho para resolver
el problema.
¿Qué
sucede en el salón de clases cuando se plantea este tipo
de propuestas?
- Por lo menos, surgen dos o tres estrategias distintas y comienza
un diálogo entre los chicos. En principio, conocen que
existen otras maneras de resolver los problemas, lo cual es una
parte muy importante del aprendizaje de la matemática.
Porque esta disciplina no es rígida, sino sujeta a experimentación
y a cuestionamiento y esto ha quedado fuera de la enseñanza
y consecuentemente del aprendizaje.
El conocimiento matemático ha surgido de resolver problemáticas
particulares y, luego, esas maneras particulares de resolver los
problemas han seguido un proceso que los ha llevado al instrumental
matemático que conocemos actualmente.
La idea es que en el salón de clases se propicie una evolución
de estrategias personales de los niños hacia las estrategias
convencionales.
Cambios en el enfoque
¿Cuáles
han sido los resultados de la investigación en términos
de producción de nuevo conocimiento desde la didáctica?
- La experiencia de seguimiento de grupos de 1º a 6º
grado nos permitió modificar el marco teórico. Porque,
cuando comenzamos, creíamos que éramos constructivistas,
pero la verdad es que no lo éramos. Tomando como referencia
a Dienes, considerábamos que los niños de la escuela
primaria estaban en la etapa de las operaciones concretas, por
lo cual había que materializar el conocimiento
matemático. Entonces, el esfuerzo inicial estuvo centrado
en esta concretización de la matemática,
desde las dos perspectivas que manejaba el autor, desde la variabilidad
perceptual y la variabilidad matemática.
¿Qué
fue lo que sucedió en la realidad?
- Al término de segundo grado, fue muy evidente que -si
bien los niños lo pasaban maravillosamente en la clase,
iban evolucionando y lo que habían aprendido, lo habían
aprendido bien- faltaba algo importante: no sabían para
qué aprendían. La funcionalidad del conocimiento
estaba ausente. Entonces, intentando abordar el tema del sentido,
comenzamos a revisar los planteamientos didácticos de Guy
Brousseau y a modificar las estrategias de enseñanza desde
una perspectiva de funcionalización del conocimiento. Nosotros
pasamos de la concretización del conocimiento a la funcionalización
del conocimiento. Que el niño supiera desde el principio
qué era lo que estaba buscando y para qué servía
eso que estaba buscando.
¿Cuáles fueron los cambios más importantes?
- Actualmente, consideramos que lo central es el trabajo sobre
el significado, lo cual generó un fuerte movimiento del
marco teórico en el que nos basábamos.
Hacia el cuarto año de nuestra experiencia, comenzamos
a trabajar sistemáticamente con secuencias de situaciones
problemáticas.
Como siempre hemos experimentado en el aula y con el maestro como
intermediario (no en un laboratorio), registramos cosas que sucedían
en el salón de clases de las que no podíamos hacer
caso omiso. Por ejemplo, no obstante el convenio hecho con la
escuela en el sentido de que todos los días iba a haber
una hora de clases de cuarenta y cinco minutos en cada grupo de
matemática, al revisar cuántas horas de clases se
habían dado en el año, resultó que no llegamos
a tener más de ciento veinte en cada grupo, mucho menos
de lo esperable.
Esto ocurre por distintos motivos que tienen que ver con la rutina
escolar y son cuestiones que hay que tomar en cuenta cuando se
realizan propuestas para el aula. La realidad es que el tiempo
dedicado a la enseñanza y al aprendizaje es mucho menor
del que se dice.
¿Qué
modificaciones propiciaron a partir de sus producciones?
- Una de las cuestiones que propusimos fue quitar multiplicación
y división de fracciones de la educación primaria.
Nuestra idea fue que pasara a la secundaria (7º, 8º
y 9º). Esto coincidió en la propuesta nacional y,
actualmente, multiplicación y división de fracciones
está en secundaria a escala oficial.
En la primaria, se les da mayor espacio a los distintos significados
de la fracción, porque, en el currículo anterior,
el único significado que se trabajaba el fraccionamiento
de la unidad.
Desde nuestras investigaciones en didáctica observamos
que los niños no accedían al conocimiento claro
de la multiplicación y división de fracciones y
que no era un problema didáctico, sino de aprendizaje.
Otro tipo de estudios empezó a mostrar que los niños,
para acceder a este tipo de conocimientos, requieren un pensamiento
de operaciones formales, lo cual es propio de la secundaria. Entre
esas dos vías, finalmente, quienes diseñaron planes
y programas coincidieron en proponer la multiplicación
y división de fracciones en la secundaria.
Una preocupación de quienes elaboraron los últimos
planes era qué proponer a cambio en ese gran espacio curricular
desde cuarto hasta sexto grado. Entonces, se dio la alternativa,
por resultados de la investigación en didáctica,
de trabajar sobre los significados de las fracciones.
¿Qué
es lo que propone particularmente este nuevo enfoque?
- Entre la escuela tradicional y esta nueva corriente, está
en juego un problema de concepción de aprendizaje. Si se
entiende que el niño aprende a través de recibir
información, la estrategia de enseñanza deberá
estar centrada en cómo se le transfiere el conocimiento,
cómo se le informa acerca de este conocimiento y, en el
caso particular de la matemática, lo único que se
deja comunicar son los símbolos y las reglas. Pero está
alterado el sentido, la temática de este lenguaje matemático
queda ausente. Y el problema se centra en la enseñanza,
porque esta enseñanza tradicional está diseñada
y articulada desde una concepción de aprendizaje equivocada.
En cambio, la teoría psicogenética dice que el sujeto
aprende interactuando con el objeto de conocimiento. Entonces,
de lo que se trata es de diseñar este objeto para que el
niño pueda interactuar con él. Y puede interactuar
desde tres niveles: desde el nivel intelectual, el material y
desde el nivel social.
¿Podría
ampliar sus consideraciones respecto del problema del sentido
en matemática?
- El problema del sentido se gesta desde la primaria. Porque,
frente a un problema aditivo, la escuela no brinda oportunidades
a los niños de mostrar qué harían para resolverlo.
El maestro muestra en el pizarrón cómo él
resolvería el problema a través de la formalización;
de esta manera, él decide qué hacer con los datos
y qué operación utilizar. Los niños, en el
mejor de los casos, aprenden a mecanizar. Nuestra idea es que
cuando se le proponen al niño problemas de suma o de resta,
él recurra a su conocimiento de conteo para resolverlos.
En paralelo, habrá que trabajar el sistema de numeración
para que llegue un momento en que cuando el niño ve, por
ejemplo, un 13 y un 29, se dé cuenta de que hay un diez
en el 13 y dos dieces en el 29, o sea que tiene, por un lado,
tres 10 y, además, con el 9 y el 3 llega a un 12, y con
el 12, tiene otro 10
Entonces, finalmente, el resultado
es cuarenta y dos y, si bien de esta manera, el niño está
contando, no lo está haciendo de uno en uno
Cuando empieza a resolver de esa manera, está muy próximo
a que se le enseñe la suma como algoritmo.
El planteamiento actual va en la siguiente línea: los niños
comienzan a resolver, con sus propios recursos, problemas aditivos,
y después multiplicativos. Luego, los vamos orientando
a que se vayan aproximando a la estrategia convencional. En el
camino ¿qué sucede? Que el niño adquiere
una relación totalmente distinta con conocimiento matemático,
porque interactúa con él, lo cual no sucedía
en el planteamiento anterior. Cuando se le propone un problema
a un niño y él contesta que no lo sabe resolver
porque su maestra no se lo ha enseñado, eso está
diciendo mucho. Significa que el mensaje que le estaba dando la
escuela al niño era que es incapaz de pensar por sí
mismo, si no hay alguien que le diga cómo, lo cual es gravísimo
y trasciende al conocimiento matemático. Es una actitud
frente a los problemas de la vida. ¿Cómo es que
yo necesito, frente a un problema, que alguien me lo haya enseñado?
En este planteamiento actual, el niño, frente a un problema,
hecha mano a sus recursos. Y luego discute con otros y, efectivamente,
aparece el recurso convencional.
Las concepciones
de los maestros
¿Cómo
se ubican, en general, los maestros frente a estos enfoques?
- Creo que muchos maestros tienen que reconceptualizar sus ideas
acerca del aprendizaje, consecuentemente también acerca
de la enseñanza. Por otro lado, también tienen que
resolver problemas de orden disciplinar. Muchas veces sus ideas
sobre el conocimiento matemático están equivocadas
y otras, aunque no estén equivocadas, son una parte muy
mínima del concepto que está en juego.
Por ejemplo, han llegado a pensar, por su práctica, por
la manera en que les han llegado las propuestas, por su formación,
que un cuadrado apoyado en su vértice es un rombo, cuando
lo que diferencia un cuadrado de un rombo es si tiene o no ángulos
rectos y lo que se conserva tanto en uno como en el otro son los
cuatro lados iguales.
También piensan que una figura es un triángulo si
está orientado con un lado en paralelo a alguna referencia.
Muchos creen que un triángulo solamente tiene una base
y una altura. No saben que cualquier lado puede funcionar como
base.
Son algunas de sus concepciones erróneas.
¿Cuáles
son las estrategias de trabajo con los maestros orientadas a la
reconceptualización de sus conocimientos matemáticos?
- Nosotros proponemos trabajar a partir de una secuencia con situaciones
problemáticas, como con los niños. La diferencia
entre ambas formas está en el conflicto inicial. En el
caso de los maestros comenzamos proponiendo problemas para que
pongan en juego conceptos equivocados y se den cuenta de que no
funcionan. Cuando se logra esto, brindamos otra secuencia para
que esa idea comience a aclararse. Porque al maestro no se le
puede decir que no sabe matemática. O que no sabe enseñar
o que no sabe qué es el aprendizaje. Es interesante notar
que si alguien acude a un curso de física cuántica,
es porque asume que no sabe física cuántica y que
va a aprender. Para un maestro, no. Si estamos hablando, además,
de contenidos de matemática de la primaria -suma, resta,
sistemas de numeración, medición-, por empezar,
se supone que lo sabe porque es un sujeto escolarizado. Para seguir,
es un maestro que enseña. Es un terreno muy álgido.
Por eso, nosotros le proponemos una situación para que
se dé cuenta de que esa idea que tiene no funciona. ¿Y
ahora qué hago? Entonces, proponemos otro problemita para
que pueda continuar. La secuencia debe ir modificando esa idea
hacia el conocimiento constituido.