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Cuberes y otros
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Talleres:
sentimiento, pensamiento y acción
.
Un buen taller promueve salud mental al generar el cambio y la
adaptación activa y transformadora a una realidad
. Los pseudotalleres desatan el puro activismo, la demagogia
¿Cómo
se puede enseñar de manera participativa?
- La participación deriva del juego intersubjetivo, y esto
se logra cuando la docencia tolera que los liderazgos circulen
dentro del grupo. El magisterio convencido de que no se trata
de «manejar» o «dominar» al grupo puede
capacitarse para coordinarlo, dejar de manipularlo. Aprendiendo
a «leer» lo que acontece podrá «co-pensar»
y provocar desafíos en una situación placentera
en la que todos se sientan incluidos. De ese modo se facilita
la comunicación y el aprendizaje, se moviliza al grupo
ante estancamientos, se favorece el intercambio de roles entre
los participantes. Es aconsejable, además, registrar el
proceso a fin de decidir el momento y el tipo de intervenciones
más oportunas y, naturalmente, monitorearlo, evaluar y
auto-evaluarse de manera constante. Para que la participación
sea efectiva vale la pena intentar la co-coordinación y
atreverse a pedir otras miradas y comunicaciones a alguien que
sea consistente y tenga más experiencia.
¿Cuál
fue el contexto en el que usted escribió El taller de los
talleres?
- En 1980, después de tres años de residir fuera
del país, elegí vivir en Mar del Plata, recuperar
la provincialidad -soy cordobesa-. Allá por 1970 había
comenzado a explorar las técnicas grupales, el ejercicio
de la coordinación -de un equipo interdisciplinario y de
grandes encuentros interprovinciales de salud y educación-.
En Londres había confirmado que la participación,
las relaciones democráticas, el tiempo y el espacio grupal
y su dinámica correspondían al encuadre de los llamados
workshops o atelieres (talleres), las «oficinas» para
Brasil. En la ciudad adoptiva, tímidamente, comencé
a realizar experiencias, algunas aplaudidas, muchas resistidas,
otras tantas «copiadas». El país comenzaba
a salir de su obligado letargo.
¿Cómo
se enseñaba entonces?
- Bien en unos pocos espacios, mal en la mayoría. Bloom
y Gagné forzaban todo intento educativo. La teoría
psicogenética barnizaba las aulas, que debían convertirse
en el lugar para «aprender a aprender», silenciando
el error. Aún circula, lleno de equívocos, algún
sobre-entendido y malentendido de aquellas épocas.
¿Cuál
es la esencia de la propuesta de trabajo en taller?
- Sería totalitario responder sólo ésta o
aquélla, sin embargo creo que favorece el libre flujo de
las subjetividades, nos humaniza y hace más honestos intelectualmente,
da entrada al sentimiento, al pensamiento y a la acción
tanto en el enseñar como en el aprender. Me opongo a la
idea del taller como el lugar del aprender haciendo, nada se puede
hacer sin sentir ni pensar al mismo tiempo.
¿Cuáles
son sus características y cuáles sus ventajas?
- En el taller -modalidad operativa, jamás un método-
se pueden aplicar criteriosamente diferentes estrategias, técnicas,
metodologías, incluida la clase magistral. Esto facilita
que docente y grupo atraviesen cuatro momentos insoslayables en
términos de aprendizaje: vivencia, reflexión, conceptualización
y sistematización. No importa en qué orden se desarrollen,
estos momentos siempre han de ser vividos y trabajados. Las ventajas
del taller están íntimamente relacionadas con su
esencia, una instancia ideal para trabajar los vínculos
interpersonales, con los conocimientos, las actitudes y las prácticas.
¿Qué
implicancias tuvo en las aulas?
- Las mejores... y las peores. Un sólido encuadre propicia
el respeto mutuo, la apropiación, circulación y
producción de saberes y conocimientos, sólo así
se coordina seriamente -no solemne, ni burocráticamente-.
Lamentablemente, los pseudotalleres desatan el puro activismo,
la demagogia y el desborde de algunos miembros; así el
taller se bastardeó, se instaló como moda, la improvisación
hizo estragos. Un taller patológico, mercantilizado, perverso
puede provocar desde desinterés hasta severos daños.
Un buen taller, en cambio, promueve salud mental al generar el
cambio y la adaptación activa y transformadora a una realidad
que, de otra manera, lleva a repetir y a hacer síntoma.
La experiencia generalizada no ha sido demasiado fecunda; difícilmente
lo sea, dado el totalitarismo de nuestros países; en unas
circunstancias histórico-sociales que se sustraen a los
cambios sustanciales el taller se instala por decreto y queda
en el «como si». La educación, el sistema educativo
y su aparato tecnoburocrático no son democráticos;
los saberes, los conocimientos y la cultura sí lo son;
allí reside el taller como posibilidad y como esperanza.
¿Podría
señalar algunos referentes teóricos?
- El pronunciamiento de los chicos de Barbiana (Italia), Freire,
Freinet y la producción de Pichon-Rivière serían
algunos de los trabajos que conservan vigencia. Por mi parte,
y luego de revisar múltiples experiencias realizadas en
diferentes pueblos y ciudades, publiqué Hacia el aprendizaje
grupal que reúne propuestas para los distintos niveles-,
Dicho y hecho: atreverse con el taller y el grupo de reflexión
-experiencias realizadas en la universidad- y un trabajo sobre
aula-taller que no alcanzó a circular. No descarto la idea
de volver a escribir sobre el tema, nuevas teorizaciones lo demandan.
Respecto del taller con los más chicos rescato a Tavernier,
quien ofrece múltiples ejemplos, adhiero fervientemente
al trabajo comunitario y al atelier tal como se concreta en Reggio
Emilia (Italia), aunque existe poca información en nuestra
lengua. Me parecen objetables, en cambio, algunas publicaciones
en las que se prescriben programaciones -guías didácticas
predigeridas-, muchas de las cuales son desacertadas; no dejo
de asombrarme frente a algunos plagios. Cabe recordar aquel libro
fundacional de Moccio, El taller de terapias expresivas. Foucault,
Mannoni, Dolto, Winnicott, son autores en los que habrá
que abrevar para ejercitar la función intelectual que,
como señala Eco, consiste en excavar las ambigüedades
y sacarlas a la luz... No es que la función intelectual
esté separada de la moral. Es elección moral decidir
ejercerla.