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Filosofía
con los más pequeños
Gustavo Santiago
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¡Atención!
Niños pensando
Desarrollar
el pensamiento crítico, reflexionar, formular hipótesis
y promover el diálogo constituyen ejes fundamentales en
el proceso de aprendizaje. Pero no siempre se genera desde la
escuela un espacio adecuado para que los niños aprendan
a cultivar estas habilidades.
Fundación
Leer dialogó con el profesor de filosofía Gustavo
Santiago, autor de novelas filosóficas y asesor del programa
de Filosofía para niños que, actualmente, se aplica
en muchas escuelas.
¿Cómo
surgió el programa Filosofía para Niños y
cuándo se empezó a trabajar en estos temas en Argentina?
-
El programa surge a fines de los ‘60 en Estados Unidos,
a partir de la experiencia de Matthew Lipman. Él era profesor
de la materia "Introducción a la lógica"
en la Universidad, y les enseñaba a chicos de 18 y 19 años
cosas que descubrió que hubiera sido interesante que las
aprendieran antes. Así empezó a recorrer un camino
para encontrar en qué momento los niños pueden filosofar.
Para esto, comienza desde el punto de vista de la lógica
y, después, incorpora la ética, la metafísica
y la gnoseología. Al mismo tiempo empieza a crear recursos
especiales y novelas filosóficas para trabajar en lo que
después sería el programa de Filosofía para
Niños.
El
programa se extiende a escala mundial muy rápidamente y
llega a la Argentina a principios de los años 90. Recién
hacia 1993 se organizó un poco más el trabajo, cuando
vinieron Ann Sharp y Matthew Lipman a dar cursos y conferencias
al país. Y, finalmente, en 1994 fue tal vez el momento
de mayor impulso porque se institucionalizó el programa
y se lo organizó desde la Universidad de Buenos Aires.
¿En qué consiste el programa? ¿Cuáles
son sus sentidos principales?
- En principio, la filosofía para niños no es un
intento de que los chicos aprendan la historia de la filosofía
sino más bien de que puedan filosofar. La práctica
que se realiza en las clases con los niños es parecida
a la práctica de los filósofos; se trata de que
los niños aprendan estrategias para reflexionar comunitariamente
al estilo de éstos. Se les da pie para trabajar en un sentido
más profundo que espectacular de manera tal que vayan adquiriendo
hábitos de reflexión y no pierdan, en el caso de
los más chiquitos, inquietudes ligadas a la curiosidad
que ya traen consigo y que el trabajo en la escuela tiende a ir
deteriorando.
Quiero
destacar que el programa de filosofía para niños
no es para ser exhibido como un elemento de marketing desde las
escuelas, tampoco es una fábrica de genios, ni de chicos
conflictuados. Es una propuesta de trabajo que apunta a algo profundo
y lento, a componentes que en algún sentido, no sólo
la escuela, sino la vida contemporánea de nuestra sociedad
fue perjudicando, como los elementos de diálogo con una
puesta
a prueba de lo que uno dice. Estamos bastante acostumbrados a
un intercambio formado por un monólogo detrás de
otro, sin que nadie preste atención a lo que dijo la persona
anterior para construir algo.
Por
supuesto, el trabajo del programa apunta a que la clase no sea
un encuentro para charlar y nada más. Se necesita que los
chicos expresen algo propio y, a partir de eso, trabajar juntos
para construir en común.
No es cuestión simplemente de opinar, sino de dar posturas
fundamentadas, ponerlas a prueba, ver que otros, si tienen realmente
en cuenta lo que yo pienso, lo van a cuestionar, y eso ayuda a
pensar mejor.
Esta
es la idea básica en cuanto a objetivos: que los chicos
puedan aprender a desarrollar su pensamiento de una manera propia,
pero a la vez trabajando en comunidad en forma cooperativa, no
competitiva.
¿A
partir de qué edad se puede empezar a trabajar la filosofía
con los niños?
- El
programa está pensando para trabajar desde los cuatro años
hasta, por lo menos, toda la EGB. Es un programa muy a largo plazo
que mantiene la misma estructura con chicos de cuatro años
y con adolescentes, aunque lo que va avanzando es la profundidad
de los temas.
Con un nene de un año que maneja el lenguaje se puede mantener
un diálogo filosófico, pero individual. Si bien
hay gente que propone trabajar desde sala de tres, yo defiendo
el trabajo desde sala de cuatro porque me parece que en esta etapa
es más frecuente que pueda haber un intercambio entre los
chicos. Lo que plantea el programa es un trabajo en comunidad
que con chicos chiquitos es difícil lograr porque cuesta
mucho que se queden sentados, que hagan una ronda y que escuchen
a uno sólo mientras habla. En las salas de cuatro y cinco,
en cambio, empiezan a pasar cosas maravillosas debido al lenguaje,
los hábitos comunitarios y la percepción de la realidad
que se desarrolla de una manera impresionante. Todos estos elementos
son importantes para tener en cuenta lo que dijo el otro, para
desarrollar el diálogo y poder pensar mejor.
¿De
qué manera se trabaja en el aula y cuál es el material
que usan?
-
La estructura es muy similar en sala de cuatro hasta noveno año:
los chicos se sientan en círculo y se lee un texto especialmente
preparado, generalmente una novela filosófica. En este
trabajo se respetan cosas que en el jardín de infantes
se cuidan mucho como por ejemplo, el trabajo en ronda, el escuchar
al otro, el darle tiempo de
hablar. En este sentido, me parece que las maestras jardineras
tienen una atención especial para ello, así como
con el tema afectivo, que después la escolarización
va descuidando un poco.
El
material para las clases son las novelas filosóficas que
están protagonizadas por chicos comunes, sin poderes, sin
sucesos fantásticos. Los protagonistas tampoco están
estereotipados moralmente, cosa que no es frecuente en los textos
para chicos. Actualmente, hay muchos textos en los que abundan
moralejas implícitas y explícitas que dificultan
que el chico pueda pensar por sí mismo.
En
las novelas filosóficas, en cambio, hay problemas y situaciones
cotidianas. El personaje que en algún momento hace algo
que se considera acción solidaria, en otro momento mete
la pata y es egoísta como cualquier chico. Además,
aparecen una serie de conceptos como la libertad, la amistad,
la verdad, la justicia, la felicidad, qué es la
realidad, cómo conocemos, entre otras cosas. Todos estos
son temas clásicos.
Entonces,
sobre la base del texto lo que se hace es discutir a partir de
problematizaciones que hacen los chicos. Son ellos los que, de
cada texto, eligen sobre lo que quieren hablar, con lo cual puede
pasar que lo que el docente crea que es el tema de un episodio
no coincida con lo que resaltaron los chicos. Eso pasa muchas
veces y es parte de la riqueza del trabajo. El docente planifica
la clase y si los chicos
quieren tratar otra cuestión, la planificación servirá
de apoyo para una especie de improvisación.
Además
de las novelas filosóficas y los materiales especialmente
preparados, ¿con qué otro material se puede trabajar?
-
Uno puede preguntarse por qué no hablar de la realidad,
de las cosas que les pasan a los chicos en vez de utilizar las
novelas. ¿Por qué no trabajar un taller de ética,
de conflictos o mediación para resolver las cosas que les
suceden? El asunto es que, mediante la ficción, los chicos
pueden tener mayor protección de sí mismos y pueden
reflexionar los temas con más libertad. Están más
cómodos hablando de
los personajes, así se evitan una toma de partido que lleva
a peleas cuando hay ciertos conflictos que se presentan en el
aula. La idea de este trabajo es que redunde en una mejora de
las relaciones entre los chicos, en un crecimiento no sólo
individual, sino grupal. Pero para hacerlo se necesita que los
chicos reflexionen, y en esto la protección de la ficción
es importante.
También
nos podríamos preguntar por qué no trabajar con
temas de la actualidad. Pero me parece que hay un error en la
idea de considerar que los medios muestran la realidad y que el
docente tiene que estar corriendo detrás de la noticia
de la semana para que los chicos charlen sobre eso. No hay que
olvidar que los medios construyen esas noticias, las producen,
en algunos casos, casi ficcionalmente y con ciertas
intenciones. En efecto, la educación puede tener objetivos
distintos de los que tienen los medios de comunicación.
Es posible armar un temario que a los chicos les interese realmente
y que les resulten más productivo para sus vidas que lo
que los medios quieren que esta semana piensen.
Sobre
todo en filosofía con chicos grandes, existe esta idea
de que hay que trabajar con los temas de actualidad y entonces
rápidamente cae en usar el diario y la TV. Pero esto es
un error, según mi experiencia a los chicos les interesa
más lo que pasa en una novela que lo que pasa en los medios.
Por otro lado, también se realizaron trabajos con obras
literarias como "Alicia en el país de las maravillas",
"El principito" o libros de mitología que resultaron
interesantes. Pero las novelas filosóficas están
especialmente preparadas para trabajar el programa, y como recurso
pedagógico funcionan mejor. Por un lado, tienen un estilo
de escritura oral, son episodios cortos. Por otro, a los chicos
les interesa, se entusiasman con los personajes y con las escenas
de la vida cotidiana.
¿Cuál
es el rol específico del docente en este programa?
- En
principio, lo que el docente hace es ofrecer el texto. Los chicos,
a partir de ahí, buscan problemas, algunos aspectos que
les interesen para discutir. En general, los expresan a través
de preguntas y después ellos deciden qué pregunta
discutir y la discuten. La tarea del docente es la de coordinar
la discusión tratando de que sea una
discusión y no una expresión de opiniones sueltas.
Es decir, que haya posturas fundamentadas, que tengan en cuenta
lo que dijeron los compañeros antes, que vayan construyendo
algo.
Hay
una serie de herramientas detalladas que utiliza el docente a
través de preguntas. La idea es que tengan más recursos
que la pregunta por qué. Algunos de los elementos son las
categorías lógicas que permiten detectar supuestos,
evaluar razones, hacer inferencias, prever consecuencias y una
cantidad de preguntas que ayudan a argumentar bien para que puedan
pasar de una opinión a una postura. De esta manera saben
qué es lo que están diciendo y los alcances de lo
que dicen. Esto está en relación con una especie
de sensibilidad ética que tiene que ver con ponerse en
el lugar de otro. Por ejemplo: si afirmo algo, ver cómo
me sentiría si en lugar de ser el que lo afirma fuera el
que lo escuchase, pensar si lo que afirmo me gustaría sostenerlo
siempre, si me gustaría vivir en un mundo en el que pasara
esto o aquello, cuidar la relación entre discurso y acción;
esto es, si lo que digo es lo que hago o no.
Todo esto introduce la discusión y ayuda a pensar desde
un punto de vista lógico y argumentativo pero también
tener en cuenta el lugar del otro.
Si
un docente tiene que dar una clase de biología, él
sabe qué respuesta quiere transmitir y aunque plantee el
trabajo desde una postura constructivista, sabe a dónde
va a llegar. En cambio en filosofía, si el docente es honesto
consigo mismo, sabe que no sabe qué es la verdad, qué
es la libertad, qué es la felicidad, aunque para poder
vivir adhiera a alguna postura de alguna clase, ya sea ética,
religiosa, política, o se
mantenga en un cierto sentido común. Sabe que si se pone
a reflexionar en serio sobre estas cuestiones no tiene una solución.
Justamente, los problemas filosóficos son planteados para
que uno crezca al pensarlos sin cerrar las discusiones.
Volviendo
al rol del docente, entonces, la ventaja con la filosofía
es que éste no está expuesto. Coordina la discusión
desde lo procedimental y lo actitudinal pero no aporta conceptualmente.
Aún cuando los temas sean espinosos para el docente, él
sabe que su tarea es tratar de que los chicos lleguen a las conclusiones
más ricas y más auténticas para ellos.
Entrevista:
María Eugenia Di Luca