Para muchos docentes, los medios son la misma encarnación
de Satán
El especialista en medios de comunicación y escuela
analiza esta relación tan compleja
Mientras
para muchísimos docentes los medios de comunicación
son algo externo a ellos, para otros son importantes y necesarios
de incorporar a sus prácticas. Pero también están
los que ven en estas industrias culturales y sus contenidos casi
la misma encarnación de Satán. Del otro lado, para
los medios la escuela no es un problema, ni siquiera una cuestión
a analizar a la hora de producir contenidos. La reflexión
la hace un especialista en una relación tan compleja como
la de la escuela y los medios, Gustavo Mórtola.
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Estrategias
para explorar los medios de comunicación
Gustavo Mórtola
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Mórtola
es docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), licenciado
en ciencias de la educación, además de integrante
del programa "La escuela y los medios" de la Secretaría
de Educación de Buenos Aires. Es también autor de
numerosas publicaciones, entre ellas el libro "Estrategia
para explorar los medios de comunicación. Hacia la formación
de ciudadanos críticos", de Novedades Educativas;
un verdadero manual práctico y teórico para quienes
asumen el desafío de no dejar los medios fuera del aula.
Para
Gustavo Mórtola, los diarios son los que más llegada
han tenido en el aula; sin embargo, aún queda el desafío
de superar su uso, limitado sólo a conocer las partes de
una noticia, para entender que "leer el diario en la escuela
implica pensar quiénes somos en la compra y venta de mercadería
informacional".
-¿Cómo
definiría la relación entre la escuela y los medios:
conflictiva, contradictoria o competitiva?
-Si
se piensa la relación entre un binomio con doble dirección,
la importancia que le asigna cada una de las partes a la otra
es bien diferente. Para las industrias culturales, la escuela
no es un problema, ni siquiera una cuestión a analizar
a la hora de pensar y producir sus contenidos. En el otro lado
del binomio, la escuela, no acontece lo mismo. Sin embargo, no
me animaría a definir un tipo único de relación.
La escuela es un espacio social fragmentado y sus discursos y
sus prácticas no son monolíticos ni homogéneos.
Para muchísimos docentes, las industrias culturales y sus
contenidos son casi la encarnación de Satán. Otros
viven la escuela como una institución con sus lógicas
propias donde los medios son algo externo a ella. Otros reconocen
su importancia y los incluyen en sus prácticas. Y otros
visualizan su enorme poder social y tratan de hacer algo al respecto.
Esta tipología no agota los discursos ni las prácticas
escolares. Más allá de esto, lo que es indiscutible
es que todos; niños, jóvenes y adultos -particularmente
urbanos- estamos sumergidos en la fluidez de entornos massmediáticos
y no hay un afuera de ellos. Es decir que las industrias culturales
son partícipes muy poderosos en la construcción
de nuestras subjetividades.
-Algunos
docentes afirman que leen el diario en el aula para darle un enfoque
de actualidad a lo que se enseña, otros que es para informarse,
y también están quienes aseguran que es para entender
de qué manera se mira la realidad desde un medio. En su
opinión, ¿qué razones justifican que su lectura
sea necesaria en la escuela?
-El
diario es el medio que la escuela más ha incorporado a
sus prácticas. En un segundo plano, está la radio.
El resto de los medios ocupan un lejano lugar en las preferencias
docentes. Paradójicamente, la prensa gráfica es
la más alejada a las prácticas de la juventud y
la niñez y me animaría a afirmar que de los propios
docentes. Las prácticas dominantes con el diario están
vinculadas particularmente en el nivel primario a un reconocimiento
topológico de las partes de la noticia, es decir, titular,
copete, cuerpo, fotografía, epígrafe, etc. Muchos
utilizan noticias para disparar el trabajo en otras áreas
como lectura -en su acepción más vinculada a la
decodificación- o en ciencias sociales para abordar temáticas
diversas. Tengo más preguntas que respuestas en el lugar
que ocupa la producción de revistas escolares. Las que
analizamos en la universidad están entre un "house
organ" escolar y una ritualización gráfica
que permite expresar la voz escolarizada y a veces domesticada
de los chicos. Pensar la lectura del diario en la actualidad implica
alejarnos de la idea del ciudadano nacional que se informaba a
través del diario para participar en la esfera pública.
Ese tipo de lector está en crisis y hoy aparece un tipo
de lector-consumidor de información. Leer el diario en
la escuela implica pensar quiénes somos en la compra y
venta de "mercadería informacional", quiénes
son y cómo producen sus productos las agencias que nos
informan y, de ser posible, pensar cómo habitar entornos
informacionales diferentes a los dominantes y también cómo
construirlos.
-Un
especialista en educación, Roberto Follari, sostiene que
los contenidos que no están "socialmente convalidados"
son difíciles de llevar a la escuela. Por eso se explica
que no se discuta que hay que aprender lengua o matemática,
pero sí otras enseñanzas: educación sexual,
por ejemplo. ¿Ocurre algo parecido cuando se trata de incorporar
los medios a la educación?
-El
currículum es un campo de disputas pero a la vez el resultado
de esas disputas. Si pensamos el currículum desde el libro
curricular se puede afirmar que los últimos diseños,
particularmente desde los CBC en adelante, han incorporado bastante
a los medios. Pero sabemos que no hay correlación entre
lo que expresa un diseño curricular y las prácticas
escolares. Las industrias culturales, es decir el mercado a través
de los libros de textos, se han convertido en los traductores
e intérpretes privilegiados de la aridez del texto curricular.
En relación con los medios, el abordaje de los manuales
da cuenta de posturas muy diferentes. La mayoría hace su
centro en el diario y la noticia tomándola como un recurso
para reflexiones gramaticales o sintácticas. Ahora, otros
textos escolares muestran abordajes en sintonía con discursos
académicos más recientes. Si bien el diario es casi
el único medio "estudiado", estos manuales transforman
a la información en un objeto de estudio más complejo
que lo aleja del recurso para trabajar, por ejemplo, sujeto y
predicado. Y por último la escuela, desde ese lugar casi
aplicacionista que aún pervive, hace lo que puede. Y volvemos
a la fragmentación que mencionaba al principio. Existen
desde las prácticas más ritualizadas hasta la innovación
más creativa o fundamentada en los avances en otros campos.
-¿Cuál
es el mayor desafío que deben enfrentar los docentes: ser
lectores de diarios, no caer en la tentación de escolarizarlos
o recibir una mayor formación respecto de lo que la lectura
de los medios de comunicación demanda?
-Creo
que el mayor desafío que tienen es qué hacer con
las subjetividades massmediáticas de las jóvenes
generaciones. Los niños y los jóvenes actuales,
más allá de sus diferencias de clase o género,
han sido socializados en entornos donde los discursos mediáticos
ocupan un lugar central. Y este tipo de subjetividades pone en
jaque a la relación pedagógica de la modernidad.
El alumno moderno hoy casi no existe -si es que alguna vez existió-
en términos de un sujeto que ya entra en la escuela con
una subjetividad conformada por el paso por instituciones de relativa
solidez moderna tales como la familia. Hoy podemos ver niños
y jóvenes que se constituyen en el consumo, particularmente
de imágenes, música popular, juegos en red, DVD,
video, radio en FM, entre otros. Y esto entra en la escuela aunque
se trate de poner muros y rejas. Y algo hay que hacer con esto,
no sólo para enseñar medios de comunicación,
sino para construir algún tipo de relación pedagógica
eficaz tanto sea desde sus formas más técnicas hasta
los que pensamos a la educación como un medio de emancipación
social.
La
tentación del discurso y los sermones moralistas
-Hablamos
de la escuela ¿y los padres, o adultos que acompañan
a los niños, cuánto pueden aportar a poner palabras
a una información que muchas veces se vuelve contradictoria
a la mirada de chicos y adolescentes?
-Personalmente
pondría en cuestión la afirmación que trae
la pregunta. Es más probable que en la actualidad la contradicción
sea para los adultos y no para los niños y jóvenes.
Para los niños y jóvenes que se mueven en un hábitat
de fluidez mediática la información que consumen
es lo más "natural" del mundo. Si surge alguna
contradicción, es más fácil para ellos buscar
alguna respuesta en el mismo fluido informacional, o a lo sumo
en pares, que buscarla en adultos o en instituciones. La respuesta
más fácil a la pregunta sería levantar el
dedo moral que portamos y decir cosas lindas del estilo "los
padres y las madres deben compartir el visionado de televisión
con sus hijos". Sin embargo, este deber ser se derrumba cuando
se observa el cotidiano de las familias en el capitalismo tardío.
Pensemos en los dibujitos animados. Para algunos adultos, compartir
diez minutos de visionado luego de una agobiante jornada de trabajo
-si lo tienen- es una tortura china. Para otros, ver dibujitos
es un espacio de disfrute que no los diferencia de los niños.
Cuando veo Dexter o Los Simpsons con mis hijas los disfruto igual
o más que ellas. Que surja la "contradicción"
implica que ésta se haga explícita en una pregunta,
en un gesto, en una exclamación y no tiene que venir sólo
del mundo adulto. Y esto debería habilitar a pensar juntos
porque cuando los adultos sermoneamos desde el púlpito,
tanto sea un discurso moralista, un análisis políticamente
correcto o la más radical de las frases libertarias y emancipadoras,
a los niños y a los jóvenes tiende a entrarles por
un oído y salirles por el otro.