Revista Novedades Educativas


Entrevista a Gustavo Mórtola
Publicada en La Capital de Rosario
Por
Marcela Isaías

 

Para muchos docentes, los medios son la misma encarnación de Satán
El especialista en medios de comunicación y escuela analiza esta relación tan compleja

Mientras para muchísimos docentes los medios de comunicación son algo externo a ellos, para otros son importantes y necesarios de incorporar a sus prácticas. Pero también están los que ven en estas industrias culturales y sus contenidos casi la misma encarnación de Satán. Del otro lado, para los medios la escuela no es un problema, ni siquiera una cuestión a analizar a la hora de producir contenidos. La reflexión la hace un especialista en una relación tan compleja como la de la escuela y los medios, Gustavo Mórtola.

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Estrategias para explorar los medios de comunicación
Gustavo Mórtola

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Mórtola es docente de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), licenciado en ciencias de la educación, además de integrante del programa "La escuela y los medios" de la Secretaría de Educación de Buenos Aires. Es también autor de numerosas publicaciones, entre ellas el libro "Estrategia para explorar los medios de comunicación. Hacia la formación de ciudadanos críticos", de Novedades Educativas; un verdadero manual práctico y teórico para quienes asumen el desafío de no dejar los medios fuera del aula.

Para Gustavo Mórtola, los diarios son los que más llegada han tenido en el aula; sin embargo, aún queda el desafío de superar su uso, limitado sólo a conocer las partes de una noticia, para entender que "leer el diario en la escuela implica pensar quiénes somos en la compra y venta de mercadería informacional".

-¿Cómo definiría la relación entre la escuela y los medios: conflictiva, contradictoria o competitiva?

-Si se piensa la relación entre un binomio con doble dirección, la importancia que le asigna cada una de las partes a la otra es bien diferente. Para las industrias culturales, la escuela no es un problema, ni siquiera una cuestión a analizar a la hora de pensar y producir sus contenidos. En el otro lado del binomio, la escuela, no acontece lo mismo. Sin embargo, no me animaría a definir un tipo único de relación. La escuela es un espacio social fragmentado y sus discursos y sus prácticas no son monolíticos ni homogéneos. Para muchísimos docentes, las industrias culturales y sus contenidos son casi la encarnación de Satán. Otros viven la escuela como una institución con sus lógicas propias donde los medios son algo externo a ella. Otros reconocen su importancia y los incluyen en sus prácticas. Y otros visualizan su enorme poder social y tratan de hacer algo al respecto. Esta tipología no agota los discursos ni las prácticas escolares. Más allá de esto, lo que es indiscutible es que todos; niños, jóvenes y adultos -particularmente urbanos- estamos sumergidos en la fluidez de entornos massmediáticos y no hay un afuera de ellos. Es decir que las industrias culturales son partícipes muy poderosos en la construcción de nuestras subjetividades.

-Algunos docentes afirman que leen el diario en el aula para darle un enfoque de actualidad a lo que se enseña, otros que es para informarse, y también están quienes aseguran que es para entender de qué manera se mira la realidad desde un medio. En su opinión, ¿qué razones justifican que su lectura sea necesaria en la escuela?

-El diario es el medio que la escuela más ha incorporado a sus prácticas. En un segundo plano, está la radio. El resto de los medios ocupan un lejano lugar en las preferencias docentes. Paradójicamente, la prensa gráfica es la más alejada a las prácticas de la juventud y la niñez y me animaría a afirmar que de los propios docentes. Las prácticas dominantes con el diario están vinculadas particularmente en el nivel primario a un reconocimiento topológico de las partes de la noticia, es decir, titular, copete, cuerpo, fotografía, epígrafe, etc. Muchos utilizan noticias para disparar el trabajo en otras áreas como lectura -en su acepción más vinculada a la decodificación- o en ciencias sociales para abordar temáticas diversas. Tengo más preguntas que respuestas en el lugar que ocupa la producción de revistas escolares. Las que analizamos en la universidad están entre un "house organ" escolar y una ritualización gráfica que permite expresar la voz escolarizada y a veces domesticada de los chicos. Pensar la lectura del diario en la actualidad implica alejarnos de la idea del ciudadano nacional que se informaba a través del diario para participar en la esfera pública. Ese tipo de lector está en crisis y hoy aparece un tipo de lector-consumidor de información. Leer el diario en la escuela implica pensar quiénes somos en la compra y venta de "mercadería informacional", quiénes son y cómo producen sus productos las agencias que nos informan y, de ser posible, pensar cómo habitar entornos informacionales diferentes a los dominantes y también cómo construirlos.

-Un especialista en educación, Roberto Follari, sostiene que los contenidos que no están "socialmente convalidados" son difíciles de llevar a la escuela. Por eso se explica que no se discuta que hay que aprender lengua o matemática, pero sí otras enseñanzas: educación sexual, por ejemplo. ¿Ocurre algo parecido cuando se trata de incorporar los medios a la educación?

-El currículum es un campo de disputas pero a la vez el resultado de esas disputas. Si pensamos el currículum desde el libro curricular se puede afirmar que los últimos diseños, particularmente desde los CBC en adelante, han incorporado bastante a los medios. Pero sabemos que no hay correlación entre lo que expresa un diseño curricular y las prácticas escolares. Las industrias culturales, es decir el mercado a través de los libros de textos, se han convertido en los traductores e intérpretes privilegiados de la aridez del texto curricular. En relación con los medios, el abordaje de los manuales da cuenta de posturas muy diferentes. La mayoría hace su centro en el diario y la noticia tomándola como un recurso para reflexiones gramaticales o sintácticas. Ahora, otros textos escolares muestran abordajes en sintonía con discursos académicos más recientes. Si bien el diario es casi el único medio "estudiado", estos manuales transforman a la información en un objeto de estudio más complejo que lo aleja del recurso para trabajar, por ejemplo, sujeto y predicado. Y por último la escuela, desde ese lugar casi aplicacionista que aún pervive, hace lo que puede. Y volvemos a la fragmentación que mencionaba al principio. Existen desde las prácticas más ritualizadas hasta la innovación más creativa o fundamentada en los avances en otros campos.

-¿Cuál es el mayor desafío que deben enfrentar los docentes: ser lectores de diarios, no caer en la tentación de escolarizarlos o recibir una mayor formación respecto de lo que la lectura de los medios de comunicación demanda?

-Creo que el mayor desafío que tienen es qué hacer con las subjetividades massmediáticas de las jóvenes generaciones. Los niños y los jóvenes actuales, más allá de sus diferencias de clase o género, han sido socializados en entornos donde los discursos mediáticos ocupan un lugar central. Y este tipo de subjetividades pone en jaque a la relación pedagógica de la modernidad. El alumno moderno hoy casi no existe -si es que alguna vez existió- en términos de un sujeto que ya entra en la escuela con una subjetividad conformada por el paso por instituciones de relativa solidez moderna tales como la familia. Hoy podemos ver niños y jóvenes que se constituyen en el consumo, particularmente de imágenes, música popular, juegos en red, DVD, video, radio en FM, entre otros. Y esto entra en la escuela aunque se trate de poner muros y rejas. Y algo hay que hacer con esto, no sólo para enseñar medios de comunicación, sino para construir algún tipo de relación pedagógica eficaz tanto sea desde sus formas más técnicas hasta los que pensamos a la educación como un medio de emancipación social.

La tentación del discurso y los sermones moralistas

-Hablamos de la escuela ¿y los padres, o adultos que acompañan a los niños, cuánto pueden aportar a poner palabras a una información que muchas veces se vuelve contradictoria a la mirada de chicos y adolescentes?

-Personalmente pondría en cuestión la afirmación que trae la pregunta. Es más probable que en la actualidad la contradicción sea para los adultos y no para los niños y jóvenes. Para los niños y jóvenes que se mueven en un hábitat de fluidez mediática la información que consumen es lo más "natural" del mundo. Si surge alguna contradicción, es más fácil para ellos buscar alguna respuesta en el mismo fluido informacional, o a lo sumo en pares, que buscarla en adultos o en instituciones. La respuesta más fácil a la pregunta sería levantar el dedo moral que portamos y decir cosas lindas del estilo "los padres y las madres deben compartir el visionado de televisión con sus hijos". Sin embargo, este deber ser se derrumba cuando se observa el cotidiano de las familias en el capitalismo tardío. Pensemos en los dibujitos animados. Para algunos adultos, compartir diez minutos de visionado luego de una agobiante jornada de trabajo -si lo tienen- es una tortura china. Para otros, ver dibujitos es un espacio de disfrute que no los diferencia de los niños. Cuando veo Dexter o Los Simpsons con mis hijas los disfruto igual o más que ellas. Que surja la "contradicción" implica que ésta se haga explícita en una pregunta, en un gesto, en una exclamación y no tiene que venir sólo del mundo adulto. Y esto debería habilitar a pensar juntos porque cuando los adultos sermoneamos desde el púlpito, tanto sea un discurso moralista, un análisis políticamente correcto o la más radical de las frases libertarias y emancipadoras, a los niños y a los jóvenes tiende a entrarles por un oído y salirles por el otro.

 

 


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