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Violencia
en las escuelas
Un
análisis desde la subjetividad
Fernando
Osorio
ISBN:
987-538-155-1
Págs.: 224
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Violencia
en los colegios
¿De qué hablamos cuando hablamos de violencia?
Cada vez con mayor asiduidad los medios de comunicación
dan testimonio de diversas expresiones de violencia en el ámbito
escolar. Un análisis de los motores de este fenómeno
y algunas alternativas para enfrentarlo.
Hace
poco más de dos años un alumno de la escuela Islas
Malvinas de Carmen de Patagones (Río Negro) sacó
un arma en plena aula y empezó a disparar contra sus compañeros.
Tres de ellos murieron y otros cinco resultaron heridos. Acaso
aquella tragedia haya funcionado como el principio del fin: el
supuesto de que los actos de violencia extrema en los colegios
sólo tienen lugar en sociedades anglosajonas quedaba enterrado
para siempre. Las autoridades escolares y las familias exponían
su impotencia para responder a un fenómeno complejo y cada
vez más extendido.
Se trata de un fenómeno que se desarrolla bajo formas de
mayor o menor brutalidad pero siempre altamente nocivas.
Fernando
Osorio es psicoanalista (UBA) y tiene una reconocida formación
en el área de psicología forense y criminología.
Es autor del libro “Violencia en las escuelas. Un análisis
desde la subjetividad”. Desde hace años estudia esta
problemática y, casi como punto de partida, propone una
distinción no negociable. “La violencia escolar no
es lo mismo que la violencia dentro de las escuelas. Violencia
escolar son todos los hechos o acontecimientos antidemocráticos
que genera el sistema educativo, los cuales atraviesan a todos
los actores, no sólo a los alumnos. Violencia en las escuelas,
por su parte, son todos los hechos o acontecimientos que genera
la sociedad o que son generados a partir de un movimiento social
y que ingresan a las organizaciones escolares como hechos de hostilidad
o violencia a través de todos sus actores”, explica.
Lamentablemente
la Argentina no un ámbito fértil en lo que a estadísticas
se refiere. Esta particularidad dificulta mensurar el volumen,
desarrollo y evolución de estos fenómenos. Sin embargo,
más allá de lo cuantitativo, Osorio establece distingue
“nuevas presentaciones” a través de los cuales
la violencia social irrumpe en los colegios. Algunos de ellos
son: violencia callejera extrema, uso y abuso de tóxicos,
portación ilegal de armas, abuso sexual, maltrato físico
y psíquico, abandono material y moral, prácticas
autodestructivas, cortes de calles, rotura de mobiliario y pintadas
en los muros.
Dado
que los chicos que asisten a los colegios están en plena
etapa de formación, su interacción –o la falta
de ella– en su ámbito familiar adquiere una importancia
vital. Osorio lo plantea así: “Las familias están
muy perdidas, muy desconcertadas. Existe mucha gente desocupada,
mucha marginalidad; o gente súper ocupada que no puede
darle tiempo a sus hijos. Estas disfuncionalidades se proyectan
en el ámbito escolar porque –a pesar del deterioro
que está padeciendo desde hace quince o veinte años–
sigue siendo por excelencia el espacio donde los chicos y los
jóvenes siguen mostrando lo que les pasa. Es habitual en
la consulta recibir a una mamá o a un papá que llega
diciendo que en realidad no hubiera consultado por su hijo, pero
que lo mandaron de la escuela. Con lo cual la escuela sigue siendo
–en un porcentaje muy alto– el lugar donde se está
atento a lo que le pasa a un chico”.
Cada vez más conflictos
Para
Osorio se han incrementado los conflictos en los colegios por
más de un motivo. “Está como decíamos
antes, la descomposición social general y la repetida disfuncionalidad
de la familia. Pero por muchos factores la escuela tampoco funciona
como antes. Ya no es un ámbito de promoción y movilidad
social (esto le quita sentido y genera violencia); se ha perdido
el orden democrático interno (en algunos casos nunca existió);
los alumnos no participan activamente de los procesos pedagógicos
(de esta manera se desnaturaliza el compromiso de aprender); se
percibe un deterioro de los vínculos afectivos (la relación
alumno profesor está condicionada por la desconfianza y
falta de tolerancia)”, detalla. ¿Pero cómo
podemos enfrentar estos fenómenos? ¿Cómo
responder a tal grado de complejidad en los factores que generan
la violencia y en las formas en que se manifiesta?
Durante
este año Osorio desarrolló con el auspicio de la
Secretaria de Extensión Universitaria de la Facultad de
Derecho de la UBA un seminario dedicado a la problemática
de la violencia en las escuelas. Dicho espacio se transformó
en un ámbito ideal para comunicar y enriquecer su perspectiva.
Como concepción general Osorio sostiene que cualquier estrategia
para intentar contener la violencia en las escuelas exige acciones
asociadas a los docentes, a los medios y a la implementación
de políticas públicas.
Como
eje central propone la implementación de estrategias de
reducción de daños a través de la creación
de Consejos de aula. Estos deberán: