"No
todos los usuarios de sustancias tóxicas son drogadictos"
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Usos
y abuso de drogas
Adicción,
disciplinamiento y control. Sustancias tóxicas
legales e ilegales
Fernando
Osorio
ISBN-13:
978-987-538-175-6
128 páginas
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Conversamos
con el Lic.
Fernando Osorio sobre los condicionamientos sociales y culturales
del consumidor de sustancias tóxicas, de su lugar frente al narcotráfico
y del avance de la epidemiología neoliberal. También hace un repaso
crítico sobre la ideología que impera en Latinoamérica sobre el
consumo de drogas y de por qué es necesario pensar el tema drogas
en términos de "usos y abusos"; incluyendo, también,
a los fármacos legales.
Florencia
Real Cardozo. He leído, en algún trabajo suyo, que usted prefiere
desestimar la categorización de drogadicto o de toxicómano, cuando
se refiere a un individuo que consume drogas.
Fernando
Osorio. La categoría de drogadicto es muy específica. Es sólo
para determinados sujetos y no se puede generalizar. Por esa razón
yo prefiero hablar de sujetos usuarios, sujetos abusadores y en
algunas ocasiones de sujetos adictos. Esta categorización responde
a la posición subjetiva que se tiene respecto al objeto tóxico
y la acción de intoxicarse. Considero más relevante pensar al
sujeto, que consulta, respecto a la sustancia que consume, cuándo
la consume, bajo que circunstancia lo hace y cuál es la historicidad
que se puede hacer de ese acto tóxico.
FRC.
¿A qué apunta con la idea de historicidad del acto tóxico?
FO.
Un sujeto no consume por casualidad o por moda. Puede llegar a
usar algún tóxico en una situación puntual pero el efecto que
va a producir, en su cuerpo, dependerá de su posición subjetiva.
Y eso definirá que lo siga consumiendo, o no. Me refiero a que
ese tóxico va a funcionar, en su vida, como un complemento que
le permita una sensación de placer extra o de satisfacción inmediata,
o como una suplencia frente a una carencia o déficit personal.
FRC.
¿Las personas siempre consumen por estas dos razones? ¿Porque
no logran una satisfacción o porque tapan con el tóxico algo que
no tienen o no van a tener nunca?
FO.
Exactamente así. Y en estas dos posiciones aparecen los usuarios
ocasionales o eventuales, que consumen sólo en situaciones sociales
con un fin recreativo o de pertenencia; los abusadores que aprovechan
la situaciones sociales para liberar ciertas represiones y se
desenfrenan riesgosamente, y los adictos que lo hacen compulsivamente
todos los días, preferentemente a solas. En esta última categoría,
los adictos, encontramos sujetos que pueden estar en una marginalidad
y pobreza extrema o son sujetos que viven en el más lujoso de
los abandonos o de la indiferencia afectiva familiar.
FRC.
¿O sea que usted piensa que el consumo de drogas no siempre es
una enfermedad?
FO.
Exactamente. Depende de la edad, de su estructura aníminca y de
las motivaciones personales que lo lleven al consumo; que en definitiva
delinearán el camino futuro. No se puede tratar a todos los consumidores
del mismo modo.
FRC.
¿Pero si no se trata de una enfermedad, para qué hay que poner
en tratamiento a los consumidores de drogas?
FO.
No todos los usuarios deciden ponerse en tratamiento. Y esto es
así, porque el consumo de sustancias no siempre ocasiona padecimiento.
En mi experiencia clínica los usuarios ocasionales o eventuales
no consultan por el consumo sino por otras razones sociales o
íntimas, en las que puede o no estar asociado su consumo. En el
caso de los abusadores en general son llevados por un familiar
y lleva mucho tiempo acompañarlos para que comprendan su posición
frente a las drogas. Y en el caso de los adictos son arrastrados
compulsivamente por un juzgado o por la policía porque su acto
tóxico ha llegado a cobrar una dimensión mortífera o delictiva,
con el consecuente abandono o deterioro de su vida cotidiana familiar
y socio-laboral-académica. Estos últimos son casi intratables
y con pronósticos muy reservados.
FRC.
En estos días, a partir de algunas publicaciones científicas y
otras de divulgación, se cuestiona el planteo que el psicoanálisis
tiene respecto a las toxicomanías.
FO.
El debate pasa por si la toxicomanía tiene base orgánica o no
y si los tratamientos farmacológicos son eficaces o no.
FRC.
¿Estos abordajes no son eficaces?
FO.
Sí, son eficaces, pero tienen altos índices de reincidencia porque
no resuelven la problemática de fondo. Se reemplaza una droga
ilegal por una legal. Bajo esas circunstancias el que pierde es
el usuario, no el productor.
FRC.
Pero también se le cuestiona al psicoanálisis su poca eficacia
respecto a la cura de sujetos toxicómanos. ¿Cuáles son los parámetros
que usted propone para pensar el tema del consumo de drogas?
FO.
La categoría de toxicómano no le pertenece al psicoanálisis. En
todo caso el psicoanálisis interviene sobre sujetos que consumen
determinadas sustancias y propone escuchar, en ese contexto, cuál
es su padecimiento. Interviene para desandar un camino que lleva
al sujeto a un lugar a dónde verdaderamente no quiere ir. El psicoanálisis
trabaja, con el paciente, sobre la construcción de un síntoma
o sobre un proceso inhibitorio o sobre el desencadenamiento de
la angustia. Es decir, trabaja sobre aquella idea inconsciente
que le hace "creer", al paciente, que no puede evitar
la compulsión al consumo. Y si por alguna razón llega a la consulta
alguien que tiene un déficit orgánico, mi criterio es derivarlo
para que se estudie si ese "déficit orgánico" puede
tener, o no, alguna incidencia en su compulsión al consumo. A
partir de ese dato armo la estrategia de trabajo clínico.
FRC.
¿Y qué piensa de los tratamientos farmacológicos?
FO.
Me parece importante no hacer una apología de los fármacos. Estamos
en una época en qué prácticamente todos somos usuarios de sustancias
que modifican la química de nuestro organismo con el único objetivo
de paliar el padecimiento de nuestra existencia; malestar en la
cultura decía Freud. Hay que ser muy cautelosos con esto; sobre
todo en el abuso que se comete al medicar a los niños. Está comprobado
científicamente que algunas medicaciones tales como el metilfenidato
, que se indica para los problemas atencionales, provoca más adversidades
que equilibrios. En el próximo mes de Junio, aquí en la argentina,
se inaugura un simposio internacional sobre la problemática de
los niños desatentos e hiperactivos con la intención de cuestionar
este diagnóstico y sobre los riesgos de patologizar la infancia
con un objetivo capitalista de los laboratorios que se enriquecen,
en base a investigaciones que ellos mismos financian y produciendo
este tipo de drogas legales. Prácticamente hay una patologizaciòn
generalizada de toda la población. Para todos hay una sustancia
indicada, que puede milagrosamente equilibrarnos. Todos podemos
presentar algunas de las características descriptas en exhaustivas
clasificaciones internacionales de salud mental.
FRC.
¿Este avance hacia la patologización general de la población se
da en otros lugares? ¿Latinoamérica, está inmersa en un escenario
común que nos permita generalizar cuestiones referidas al fenómeno
de la droga?
FO:
El escenario común es la corrupción que genera el narcotráfico
y el avance perverso de la epidemiología neoliberal. Y eso no
es sólo patrimonio de esta región.
FRC.
¿Cómo piensa usted la problemática del consumo de drogas en Latinoamérica?
FO.
Latinoamérica no es uniforme ni en cuanto a los índices de consumo,
ni en cuanto al tráfico, ni siquiera en sus legislaciones y mucho
menos desde el punto de vista cultural. Dentro del mismo país
y bajo las mismas reglamentaciones hay zonas que se manejan con
parámetros socio-culturales opuestos. Estas disparidades normativas
e ideológico-culturales generan un antagonismo del que también
se aprovecha el narcotráfico.
FRC.
¿A que se refiere?
FO.
En ese escenario "común" se nombran a los países como
proveedores o consumidores, como si fuera una característica regional.
Además de producir alfajores, los turistas se enteran que tales
o cuales países son productores de una droga ilegal. Esto es muy
grave porque, lo que debe quedar bien en claro es que, no se trata
de una región, o de un pueblo determinado, sino de los modos en
que opera el narcotráfico en cada lugar. Esta red criminal, busca
los territorios y las circunstancias que le permitan desarrollarse
sin importar dónde lo haga.
FRC.
¿Esto está asociado a lo que ud. ha llamado, en algunas conferencias,
antagonismo regional?
FO.
Yo suelo hablar de antagonismo regional porque en algunos lugares
el consumo de ciertas sustancias está asociado a una práctica
mortífera e hipócritamente criminalizada. Al mismo tiempo que
rigen legislaciones represivas, determinadas poblaciones piensan
el uso de drogas como una experiencia socio-cultural. Tal es el
caso de Bolivia o parte del norte argentino, en dónde la hoja
de coca, que no es cocaína, se consume desde tiempo inmemorial
sin ningún tipo de cuestionamiento. Otro ejemplo es Perú. En el
2005 cuatro gobiernos regionales andinos designaron a la coca
como patrimonio regional, natural, biológico, cultural e histórico;
declarándola hoja sagrada de los Incas . Mientras tanto el gobierno
central peruano, en contradicción con esto, desarrolla políticas
absolutamente persecutorias. Otro paradigma interesante es Brasil
que, si bien no es un productor de cocaína, el narcotráfico de
ese país provee a sus contactos en países como Australia y Nueva
Zelanda, a los cuales vende la producción que le llegaría supuestamente
desde los operadores de Bolivia, Perú o Colombia. La ley dice
una cosa pero el poder económico del narcotráfico impone otra
muy diferente. Imagínese que, al ser todo el operativo clandestino,
la información que se tiene es absolutamente parcial.
FRC:
También he leído en su libro: "Usos
y abuso de drogas. Adicción, disciplinamiento y control"
que usted sostiene que el antagonismo regional que pesa sobre
el tráfico y el consumo de drogas tiene que ver con las políticas
que se implementan desde los gobiernos… la famosa desición política
que nunca llega y que se promete en las campañas electorales.
FO.
Efectivamente. Ese es otro ejemplo del antagonismo regional. Uno
de los tantos ejemplos que podemos nombrar es el caso del llamado
Plan Colombia de lucha contra las drogas y que tiene todo el apoyo
de los EE.UU. El gobierno estadounidense les ha aportado desde
el año 2000 unos 35.000 millones de dólares. Paradójicamente el
narcotráfico en Colombia sería, según las noticias internacionales,
uno de los principales proveedores de sustancias ilegales, justamente
para el consumo interno de los ciudadanos norteamericanos.
FRC.
¿Venezuela tiene otra postura?
FO.
Venezuela expulsó a los representantes de la DEA en el 2005. Se
sospechó que realizaban en ese país maniobras de inteligencia
interna. Con lo cual, la información que algunas de estas agencias
emiten, en sus informes, no puede ser ni objetiva ni fidedigna
porque, en su intervención, es otra cuestión lo que las motiva.
Una de las denuncias fue, que las agencias nunca informan sobre
las bandas desmanteladas ni sobre los decomisos efectivamente
realizados.
FRC:
De todos modos, creo que a nadie le queda ninguna duda que las
políticas propuestas por la DEA (Drug Enforcement Administration)
para Latinoamérica han fracasado por la ideología de control regional
que oculta.
FO.
Es claro que desde que Richard Nixon, a final de la década del
sesenta, le declaró la guerra a las drogas, cuestión reforzada
luego durante el gobierno de Ronald Reagan, en realidad le declaró
una guerra a la gente común, a los usuarios. Desde esa época,
por una cuestión de seguridad interna, la teoría política impulsada
por los EE.UU; que además sería el principal país consumidor de
sustancia toxicas ilegales según lo que podemos leer todos los
días en la prensa especializada, ha fracasado con estrépito porque
lo que ocultan es un plan económico de control social sobre la
región.
FRC.
¿Qué motivaría el interés de los EE.UU. en esta región? ¿Ud. cree
que el tema de la droga es sólo una pantalla?
FO.
No creo ser el único que lo estima así. Los norteamericanos, a
diferencia de los latinoamericanos piensan con una proyección
de aquí a cien o ciento cincuenta años. Ellos ya están pensando
qué territorio ocuparán para reemplazar las zonas propias que
desaparecerán por las catástrofes naturales, las inundaciones
futuras, los cambios climáticos, la falta de agua dulce y la insuficiencia
de otros recursos naturales. Tal como lo hacen actualmente por
las reservas de petróleo, en otras partes del mundo. Por esa razón,
para ellos, siempre es mejor que el enemigo sea una legión de
borrachos, drogados y analfabetos que no piensen, y no una legión
de cuestionadores y revolucionarios que puedan llegar a ser una
amenaza para sus proyectos. Someter Latinoamérica, o a cualquier
otra región, a sus imperativos tiene un fundamento para su propia
supervivencia… salvo que antes de eso, encuentran agua en Marte.
FRC.
¿Podría decirnos cuál es, a grandes rasgos, la situación actual
de ese antagonismo regional, que resulta tan difícil de abarcar?
FO.
El principal rasgo inabarcable es la contradicción entre el intento
de prevención y el estimulo al consumo. Le voy a dar un ejemplo.
Todo lo que se intenta controlar en una región, como podría ser
el caso de la disminución de áreas de cultivo del cannabis (marihuana),
aumenta proporcionalmente en otras regiones. Es decir, cuando
un país disminuye sus plantaciones otro las aumenta. Otra contradicción,
por ejemplo, la encontramos en los consejos nacionales, de distintos
países, que trabajan para el control del consumo de estupefacientes
y para controlar el narcotráfico. Difunden programas de prevención
pero, a veces, son los principales compradores de drogas ilegales
a un país vecino. Es decir que vemos en forma reiterada que no
se apunta a la persecución del narcotraficante sino que se criminaliza
al usuario. Las políticas que se implementan se diluyen frente
a la magnitud de la realidad y por eso es imposible detener el
narcotráfico. En algunos países se ha iniciado una supuesta lucha
contra el consumo de pasta base. Se ha institucionalizado esa
lucha y se ha dispuesto un presupuesto para que esa lucha se lleve
adelante. La gran contradicción es que, en esos mismos lugares,
no se aumente el presupuesto para educación y salud que son los
dos pilares fundamentales de prevención en el uso y abuso de sustancias
tóxicas.
FRC.
¿Qué valor tienen los operativos antinarcóticos? ¿Esta, sería
una manera de luchar contra el narcotráfico?
FO.
Obviamente los gobiernos tienen que justificar la existencia de
sus agencias antidrogas y cada tanto tienen que mostrar algún
dispositivo con final feliz. Pero eso sólo es la punta del iceberg.
La droga está en otras rutas que son, créame, intocables. Esta
acción es parecida a ciertos operativos que la policía suele hacer
en muchos países de Latinoamérica. Por ejemplo, a la salida de
los recitales, tiene que detener a una cantidad de menores de
edad para justificar, ante la opinión pública, su existencia y
su eficacia en la lucha contra el crimen.
FRC:
¿Por qué resulta tan difícil resolver el fenómeno de la droga?
¿Es sólo una cuestión económica o hay factores culturales que
lo hacen inviable?
FO.
A mi juicio no existe tal fenómeno; lo que no quiere decir que
desde determinadas corporaciones se intente instalarlo como fenómeno.
Creo entender que lo que sí existen son hechos. Por un lado el
narcotráfico y por el otro determinadas sustancias que producen
algunos efectos y que por razones político-económicas, claramente
de vigilancia y control social, se comercializan de modo legal
o ilegal y que los gobiernos no están muy dispuestos a intervenir
responsablemente. Las sustancias legales, tales como los medicamentos,
también están cuestionadas en su eficacia y en su utilización.
Es probable que también participen de un proyecto de control social…
sobre todo las sustancias que afectan el sistema nervioso y que
actúan sobre la conducta, la personalidad o los estados de ánimo.
FRC.
En los últimos años la industria farmacéutica ha recibido múltiples
cuestionamientos, como nunca antes.
FO.
Es probable que una pastilla de metilendioximetanfetamina, conocida
en el ambiente de los usuarios como "éxtasis", no se
logre comercializar legalmente dados los evidentes efectos adversos
para la salud física y psíquica que provoca en un sujeto. Pero
pensemos: ¿a quién se podría llegar a demandar en caso que esa
sustancia mate a alguien? Si no se la puede vender en el circuito
legal, porque lloverían los juicios y las demandas indemnizatorias,
se la vende en el circuito ilegal y nadie puede hacer nada. Entonces,
el usuario es el que comete el delito por consumo y tenencia;
el productor no paga impuestos, ni patentes y por sobre todas
las cosas no es responsable de los efectos adversos o mortíferos
que pudiera ocasionar lo que vende; el narcotraficante se enriquece
y alimenta su ambición de poder y los gobiernos no intervienen
eficazmente con el único objetivo de tener una población cautiva:
intoxicada, mal alimentada y deseducada.
FRC.
¿Usted considera que la despenalización o las políticas de reducción
de daños son criterios para terminar con el problema de la droga?
FO.
La despenalización es sólo un aspecto del problema. Algunos países
latinoamericanos trabajan sobre una posible norma que fije dosis
mínimas para la tenencia de sustancias toxicas. Esto es, claramente,
un intento de avanzar hacia la despenalización de la tenencia
de sustancias para uso personal. Es probable que la despenalización
permita la llegada de muchos usuarios al sistema de salud pública
que requieren ayuda, pero que no la piden porque son considerados,
socialmente, criminales y temen ser denunciados. Creo que hay
que avanzar y profundizar mucho más esta línea de despenalizar
al usuario. No obstante tengo serias dudas que la despenalización
termine con el narcotráfico. De hecho existe tráfico de fármacos,
aún siendo legales. Un modo de avanzar, en la despenalización,
son las campañas que sostienen las agencias de reducción de daños
provocados por el uso indebido de sustancias tóxicas. Pero para
que esto se consolide se necesita del apoyo incondicional de los
gobiernos.
FRC.
Muchas Gracias