“Un
docente mal formado puede hacer fracasar todo el proyecto”
Al
comentar la incorporación obligatoria de la educación sexual en
todas las escuelas del país, el psicoanalista sostiene que la
sexualidad no se aprende como un contenido pedagógico sino que
se incorpora como una construcción social.
|
Títulos
relacionados |

Inteligencia
y subjetividad
Encrucijadas
de la psicopedagogía clínica y del psicoanálisis
Sandra
Yannuzzi y Fernando Osorio (comps.)
ISBN-13:
978-987-538-183-4
112 páginas
|
-¿Qué
opinión le merece la incorporación de la enseñanza de la educación
sexual desde el preescolar hasta el final del secundario y en
todas las carreras de formación docente?
–Más importante que la incorporación de un tema en un diseño curricular
es la modalidad y la dinámica con que se transmitirá. Nadie discute
ya que la incorporación de la educación sexual en las escuelas
es una asignatura pendiente, pero sostengo que esta incorporación
no se ha hecho con la preparación suficiente de los adultos a
cargo y con la formación en contenidos necesaria.
–Entonces, el proyecto puede fracasar...
–Puede peligrar por el fusible más importante del sistema, ya
que un docente mal formado o ineficiente en cuanto a los contenidos
puede hacer fracasar el proyecto. En particular, hablando de sexualidad,
sin preparación adecuada se puede llegar a transmitir una serie
de prejuicios y preconceptos moralistas, retrógrados. Es correcto
que el diseño abarque desde el Nivel Inicial hasta la educación
media, porque la sexualidad tiene una manifestación muy temprana.
–¿Cómo enseñarles educación sexual a los más chicos?
–Considero que los contenidos deben incorporarse en forma transversal,
no como entidades autónomas. No acuerdo con los talleres o las
“clases especiales”. Si de verdad queremos que la sexualidad se
incorpore como una construcción social y no como un aprendizaje
pedagógico moralizante y estructurado, debe darse con naturalidad,
cuando el tema lo requiera. En los espacios de formación docente
sí debe tomarse el tema muy especialmente y con una formación
médica y psicológica. Con los más chiquitos, la cuestión comienza
por el cuidado del propio cuerpo y el respeto por el cuerpo del
otro semejante. Hay que hablar sobre la carga de sensaciones que
genera la temprana manifestación de la sexualidad para que los
niños aprendan que lo que les ocurre es normal pero que requiere
de su parte cierto control para poder convivir con otros y participar
en un grupo, una institución, etc.
–Hablar de sexualidad, ¿hace a la formación de un niño?
–Es fundamental hablar con los niños sobre la evolución de su
sexualidad, porque existen claros riesgos de salud en los que
pueden estar implicados. Para que ellos puedan ser autónomos y
ciudadanos libre pensantes, tienen derecho a recibir toda la información
que esté a su alcance, con la modalidad y en el tiempo en que
estén preparados para recibirla. Es importante que esta enseñanza
no sea moralista ni prejuiciosa. No siempre la primera vez sexual
va acompañada por amor ni por una formalidad “legal”, por lo cual
es importante que los adolescentes tengan todas las herramientas
para poder afrontar con responsabilidad, seguridad, cuidados corporales,
alegría y placer ese momento.
PREJUICIOS
Y ALTERNATIVAS
–¿De
qué manera alcanzar una buena complementación entre lo que se
presente en el aula y lo que se puede hablar en el núcleo familiar?
–Los niños y los jóvenes de hoy hablan de un modo menos prejuicioso
de algunos temas; no obstante, la sexualidad, que parece algo
tan superado en esta época, no lo es tanto. Por esa razón, es
importante que ellos cuenten con lugares alternativos a la propia
familia, como es el caso de la escuela, para poder evacuar todas
las dudas y, sobre todo, los miedos que genera el descubrimiento
de la propia sexualidad.
–¿Por qué sostiene que hay que pensar la sexualidad como construcción
social y no como un aprendizaje pedagógico?
–La sexualidad no es algo que se “aprende” como un contenido pedagógico
sino que se incorpora como una construcción social, porque la
sexualidad humana tiene que ver con una pulsión psíquica, interna
(energía, empuje interno), subjetiva, no con instintos reproductivos
o de ciclos de apareamiento. La mejor prueba de esto son las desviaciones
sexuales que presenta el ser humano y que no se ven, salvo alguna
anomalía genética o de mutación, en animales inferiores. La homosexualidad,
el travestismo, el transexualismo y el fetichismo son identidades
alternativas a la sexualidad humana habitual que se construyen
a lo largo de la vida del sujeto, sobre todo en los primeros años
de vida de relación, con los adultos referentes de la crianza.
No hay animales que gocen sexualmente violando a otro animal ni
que gocen sexualmente con la sangre o con determinada vestimenta,
etc. Los animales sólo se aparean para la reproducción y esto
no es así en los seres humanos.
–¿Un docente puede convertirse en especialista en educación sexual?
¿No cree necesaria una mayor participación de especialistas en
el aula?
–Es fundamental que determinados temas sean tratados por especialistas,
principalmente los vinculados con cuestiones médicas o psicológicas.
Lo ideal es que se invite a profesionales a conversar con los
alumnos sólo cuando el tema surja a partir de otro o de algún
contenido. No es nada bueno imponerles los temas a los jóvenes
cuando no lo demandan. Los niños y los jóvenes sólo preguntan
cuando están preparados para la respuesta, por esa razón no considero
la utilización de dinámicas de taller o clases especiales impuestas
desde el diseño curricular.
–La información que se les pueda brindar a los niños y adolescentes
sobre la sexualidad genera en los adultos miedos y temores. ¿Cómo
trabajar en este aspecto?
–Me parece importante trabajar simultáneamente con los padres
sobre los contenidos que se abordan con los chicos, en lo posible,
previamente, de modo que aquéllos puedan, en el mejor de los casos,
contener las preguntas que pudieran aparecer luego. El saber que
son temas que se están tratando en un ámbito específico, como
es la escuela, alivia la angustia de los padres.
–Una encuesta reciente presentó que el 40% de los adolescentes
no se anima a consultar a sus padres sobre educación sexual. ¿La
incorporación de la educación sexual en la escuela podría abrirles
las puertas para recibir más información sin vergüenza ni temores?
–En general, los adolescentes no hablan de sexualidad con sus
padres. Esto es normal porque es una etapa en la que ellos quieren
encontrar sus propias respuestas y su autonomía de la palabra
adulta. Los padres son los representantes de ese mundo adulto
por excelencia No es bueno que un padre se muestre como un amigo
porque esto rompe la distancia necesaria para poder poner límites
y frenar ciertos impulsos propios de esa edad. Los jóvenes van
a seguir buscando la información que necesiten, tal como lo han
hecho hasta ahora. La incorporación de la educación sexual en
las escuelas es compleja por la sencilla razón de que, por ejemplo,
no se puede enseñar la anatomía de los genitales y decir que sólo
sirven para el cumplimiento de necesidades fisiológicas o que
un coito sólo sirve para la reproducción. Es decir, para que sepan
que la sexualidad es parte de la vida en comunidad en la que ellos
intentan sobrevivir.
–La información sobre sexualidad, ¿puede aumentar el deseo de
los niños de poner en práctica lo que se les transmite en la escuela?
–Este es uno de los típicos prejuicios de los adultos: “Mejor
no hablar de ciertas cosas para que los niños no sólo no pregunten
sino que no quieran saber nada de eso”. Los adultos se niegan
a hablar de ciertos temas para no quedar expuestos en sus falencias
o en sus prejuicios.
–¿Cómo es actualmente el diálogo sobre sexo entre padres e hijos?
–El tema de la sexualidad despierta en los adultos muchas suspicacias
frente a lo que deben responder. Ellos creen que su propia sexualidad
está en juego cuando deben contestar algo. Esto no debiera ser
así de ninguna manera. Los adultos no deben hablar de “su” vida
sexual con los hijos sino de “la sexualidad humana” en general
y punto.
–La falta del tema en la currícula escolar expuso durante mucho
tiempo a los jóvenes, librados a mensajes y modelos de comportamiento
sexual muy riesgosos, sin darles los elementos para que puedan
optar y elegir conociendo riesgos, ventajas y desventajas.
–Los problemas que desarrolla un sujeto respecto de su sexualidad
son independientes de lo que proponga como contenido una currícula
escolar. El vaciamiento de ideas y de información se gesta principalmente
en el seno familiar. Esto hace que el niño o joven no alimente
desde el inicio de su vida un interés por el conocimiento ni de
su cuerpo ni de lo que le pasa en el encuentro con otros. Esta
es la razón por la cual sugiero trabajar juntamente con los padres
y con las familias, porque si no esta inclusión no va a servir
de nada.
PERVERSIONES
Y “NORMALIDAD”
–En
alguna oportunidad dijo que, junto con la globalización económica
impuesta en los ’90, irrumpió una “cruzada normalizadora de las
perversiones”. ¿A qué se refería?
–Este es un tema muy delicado, porque uno puede quedar como un
moralista ante la opinión pública. En la actualidad reina una
apología de la transgresión y del todo vale. A esto yo lo llamo
“cruzada normalizadora de las perversiones”. Los medios de comunicación,
con fines económicos, se prestan a la difusión de una serie de
presentaciones de la sexualidad poco habitual, que puede dar lugar
a tergiversaciones. Es decir: hacer natural algo que no lo es.
Suelo hablar en los colegios de la “naturalización” de ciertos
hechos que, por costumbre, pasan a ser cotidianos pero no por
eso dejan de ser transgresiones o perversiones.
–¿Por ejemplo?
–Estimular el uso de estupefacientes para ser felices y para bailar
toda la noche es una perversión del mundo adulto. Mostrar la intimidad
de un grupo de personas cuando duermen, se bañan o tienen relaciones
sexuales es una perversión del mundo adulto. Además, es un mensaje
errado de lo que debe ser el desarrollo de determinada parte de
la sexualidad: esa parte debe ser siempre privada; si no, caemos
en el riesgo de transformar algo privado en público. La participación
desmedida de otros semejantes en la intimidad de la sexualidad
de un sujeto linda con la perversión, en el sentido de anular
los objetivos humanos que tienen que ver principalmente con el
placer íntimo y privado. La sexualidad es algo que se construye
socialmente pero debe tener un marco regulatorio para que se desarrolle
armónicamente y sea eficaz para proporcionarles al niño y al joven
placer, intimidad, seguridad y felicidad en su vida. No puede
estar asociado al mercado de consumo ni a los dictámenes de las
políticas de turno, que suelen aprovechar a determinadas minorías
sexuales para aumentar la cantidad de votos sin importar lo que
implica naturalizar ciertas prácticas sexuales. De hecho, hay
ciertas prácticas sexuales que están de moda sin importar lo que
se dice ni lo que se espera como mensaje para los jóvenes.