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Juegos
y problemas para construir ideas matemáticas
Stella Ricotti
ISBN:
987-538-116-0
Pags.: 144
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El
fracaso escolar en matemática está socialmente aceptado
La especialista del área Stella Ricotti dice que
los tropiezos en la disciplina no son un mal hereditario
Según
Stella Ricotti, una especialista en la enseñanza de la
matemática, para muchos padres saber o no resolver problemas
y cálculos es casi una cuestión hereditaria. Una
idea que explican con frases como esta: "Yo no era bueno
en matemática, en eso mi hijo sale a mí" Y
eso, dice Ricotti, consecuentemente hace "aceptable"
que no les vaya tan bien en la materia.
Pero
la educadora entiende que de esta forma se cree que "sólo
los muy inteligentes son buenos para esta disciplina". Stella
Ricotti es profesora de matemática, trabaja en programas
de perfeccionamiento docente y también en las olimpíadas,
además de autora de diversas publicaciones.
Su
libro "Juegos y problemas para construir ideas matemáticas.
Interconexiones entre los contenidos curriculares y soluciones
para la clase de matemática" (Novedades Educativas)
fue reeditado en febrero de este año. En la publicación,
la profesora habla de los desafíos que se le plantean a
los docentes a partir de las nuevas tendencias en materia de enseñanza.
-
Usted señala en este libro que las actuales tendencias
en educación matemática se centran en la resolución
de problemas y que eso genera nuevas necesidades a los docentes
¿Por ejemplo, cuáles?
-
Todo maestro que tenga conciencia de que está formando
los ciudadanos del siglo XXI, se enfrenta ante el compromiso de
ejercer con libertad y, por qué no, con valentía
su profesión. Sin este compromiso, cualquier reforma corre
el peligro de quedar sólo en los papeles. Tanto maestros
como alumnos deben entender el "por qué" y el
"para qué" de lo que se enseña y aprende
para llegar al "cómo" y al "cuándo"
usarlo. A mi humilde entender, todo maestro debe recuperar la
pasión por saber, generar en su ámbito de trabajo
y con sus colegas no sólo acuerdos en el abordaje didáctico
sino mayor y mejor comprensión de los contenidos. De esta
manera se facilita la posibilidad de provocar situaciones que
lleven a problemas interesantes, con los pies en la tierra, en
un marco preciso de tiempo y espacios social y geográfico.
La educación matemática que estos tiempos exige
debe tender a fomentar más preguntas, evitar la monotonía,
apartarse de los mecanismos y generar más ideas, ofrecer
más dinamismo, posibilitar la profundización, apuntar
más al conocimiento y menos a la memorización, arribar
a la abstracción después de una verdadera experimentación,
con menos ejercicios y más "verdaderos problemas".
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¿Por qué sigue siendo tan difícil aprender
matemática en la escuela?
-
Los factores pueden ser variados y los docentes -me incluyo como
primera en la lista- no estamos exentos de responsabilidad. Es
probable que estemos demasiado preocupados por cumplir el programa,
sin permitirnos el tiempo necesario para la comprensión.
Un alumno que no entiende, apela a la memorización o a
los mecanismos en el mejor de los casos; la indiferencia, el "esto
no es para mí" y el desinterés se van instalando
lenta y definitivamente. Es fundamental plantear las cosas de
manera que sea el alumno el que piense, haga las relaciones y
las exprese; el maestro no debe caer en la tentación de
"ahorrar tiempos" y dar él las soluciones; la
falta de confianza en las propias posibilidades a menudo conduce
al fracaso. Tampoco debemos caer en la suposición de que
una respuesta rápida es lo óptimo; toda reflexión
lleva tiempo. Las respuestas impulsivas, sin diálogos,
alejan de la riqueza que significa compartir o discutir puntos
de vista. Muchas veces, el rigor con que son expuestos los temas
muestra una matemática acabada, dogmática, sin historia?
¿Por qué no apelar a las curiosidades, los juegos,
los trabajos experimentales, la visualización y otras cuestiones
que hagan apagar los bostezos y la indiferencia? Debemos estar
atentos a las dificultades que frecuentemente tienen los alumnos
por limitaciones en la comprensión lectora y en el uso
del lenguaje.
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Muchos consideran que el "fracaso" escolar en matemática
es un mal hereditario.
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El fracaso escolar en matemática es socialmente aceptado.
Es verdad que a veces se generan cuestiones de marcas familiares
hereditarias, con resignación: "Yo no era bueno en
matemática, en eso mi hijo sale a mí" En contraposición
a esta complicidad con el fracaso escolar matemático se
supone erróneamente que sólo los muy inteligentes
son buenos para esta materia. En muchas disciplinas hay independencia
de los temas, en matemática hay un encadenamiento tal de
los contenidos que cada paso incluye los anteriores; una deficiencia
en un aspecto puede anular logros posteriores. La presión
oficial o institucional para "terminar los programas"
genera aceleraciones que sólo tranquilizan la conciencia
del que enseñó. Haber "dado" determinados
contenidos sin permitirse los necesarios recorridos cíclicos
hace que no sirva el esfuerzo.