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Grupos
y dispositivos de formación
Marta Souto y
otros
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El
taller como dispositivo
.
El taller como un tipo de clase escolar
. La lógica del taller y la lógica de la escuela
. Situación de grupo, trabajo individual
¿Qué
se entiende por taller en el ámbito de la escuela?
- A la palabra taller se le asignan distintos significados.
En general, dentro del ámbito de las prácticas,
en el sistema educativo, se piensa en el taller como metodología.
Yo no acuerdo con esta idea.
Desde un punto de vista metodológico o técnico,
el taller es un instrumento más para la enseñanza.
En ese sentido, podemos decir que el taller se puede ubicar dentro
de los medios técnicos para la enseñanza, pero es
algo mucho más complejo que una metodología. Yo
prefiero hablar de dispositivo, donde entran en juego un conjunto
de variables y dimensiones.
Lo metodológico es sólo un aspecto del taller. La
índole de la materia que se enseña, el tipo de trabajo
que se realiza, la lógica social propia de ese trabajo,
más allá del ámbito de la escuela, son aspectos
a tener en cuenta cuando se habla de taller. También es
fundamental considerar el carácter grupal y la especificidad
del desempeño del rol docente.
En un proyecto de investigación que estoy dirigiendo sobre
la clase escolar, nos propusimos construir una tipología
de clases escolares en la enseñanza media. Hemos realizado
alrededor de 300 observaciones y descubrimos siete tipos de clase,
de las cuales sólo hay dos vinculadas con el concepto de
taller. Hemos hecho un análisis de estos tipos de clase
desde tres perspectivas: social, instrumental y psíquica.
El taller es un espacio de enseñanza donde hay una producción
(se hacen cosas) y donde el foco está puesto en el saber-hacer
(y no tanto en aprendizajes intelectuales).
En el sistema educativo ha habido una tendencia a designar a una
diversidad de situaciones y modalidades pedagógicas con
el nombre de taller, pero -aun si se toma sólo
el aspecto metodológico- no siempre es pertinente hablar
de taller.
El taller, para ser tal, tiene que estar centrado en la producción
de un objeto con sentido social; esa producción requiere
aprender un saber-hacer; hay una materia prima con la que se trabaja;
las relaciones grupales se dan de un modo particular. El alumno
va aprendiendo mientras produce. En ese proceso de producción,
va tratando de resolver situaciones que se le presentan y, en
función de éstas, demanda al docente lo que necesita
para poder avanzar. En el taller el docente trabaja a partir de
la demanda del alumno.
La palabra taller designa el lugar en el que trabajan en común
obreros, artistas, etcétera. Así, el taller de automóviles,
de carpintería, de costura, de pintura, etcétera.
La palabra deriva del francés atelier y su
raíz refiere a astilla de madera. Está vinculada
con el lugar para el hacer, tallar, construir barcos, trabajar
sobre la materia prima para lograr un producto o una obra artística.
En la palabra misma está muy claro que hay un trabajo manual.
Ya en el medioevo los artesanos trabajaban en taller y éste
era pensado como una modalidad para la formación en un
oficio.
En el taller medieval, el artesano transmite su oficio como conjunto
de destrezas y habilidades -hoy diríamos de saber
hacer- a los aprendices, y hay un conjunto de reglas por
las cuales en un momento dado se pasa de la categoría de
aprendiz a la de artesano. Hay ya ahí un dispositivo surgido
socialmente para la formación.
Las raíces de la palabra aclaran mucho el significado.
¿Sería posible hablar de taller cuando la
producción es de tipo intelectual?
- La presencia del conocimiento como lo central a transmitir otorga
a la clase ciertas características propias.
Cuando aparece la palabra, el verbo, se generan modalidades de
transmisión y de relación del docente con los alumnos
y de los alumnos entre sí que son cualitativamente distintas
de aquéllas que se dan y observan cuando se enseña
un trabajo con una materia prima, un oficio, un arte. En el taller,
el aprendizaje se refiere tanto a un trabajo creativo como a uno
técnico. No nos olvidemos de que es en las escuelas técnicas
y en las artísticas donde se ve claramente el taller como
un tipo de clase especial.
No estoy de acuerdo en hablar de taller cuando la producción
es de tipo intelectual. Podría hablarse, por ejemplo, de
seminario, donde hay una producción conjunta de conocimiento,
pero no una producción de tipo material. La materia prima
impone su materialidad.
Una
lógica particular
¿Qué
quiere decir que la materia prima impone su materialidad?
- Por ejemplo, en un taller de cerámica, la arcilla misma
va imponiendo los tiempos. Tiene que tener cierto grado de humedad,
hay que prepararla con anticipación, cubrirla, etcétera.
Puede haber un horario escolar para un taller de cerámica,
pero si la arcilla no está en condiciones y si la obra que
se comenzó a trabajar no fue preparada para continuar, no
se puede avanzar en el trabajo.
Yo reservaría la palabra taller para un tipo de dispositivo
en el que el material a trabajar impone condiciones distintas de
las del conocimiento. En el taller hemos encontrado una lógica
propia que es distinta de la escolar, que se vincula a la materialidad
que impone aquello con lo que se trabaja y a la lógica social
de la producción, del trabajo.
¿Qué
ocurre con las relaciones grupales dentro del taller?
- La situación de taller es de grupo, es en común
aunque el trabajo sea individual. Por ejemplo, en un taller de cerámica
cada uno trabaja con su propia obra, cada uno tiene una idea, la
va implementando y, al mismo tiempo, resuelve problemas, por ejemplo,
de equilibrio o de perspectiva. Los docentes tienden a generar que
los puntos de vista de las distintas personas que forman parte del
taller puedan ponerse en contacto para que cada uno pueda ver su
producción desde los ojos de los otros y, en ese sentido,
aprender de ellos. Este intercambio puede plantearse en términos
de problema, o como sugerencia de posibles soluciones o hipótesis
respecto de cómo salir de una situación determinada.
El alumno va progresando en su trabajo y el docente está
a disposición del alumno para brindar información
cuando la necesita o para mostrarle de qué modo solucionar
cierto problema o, en los talleres más logrados, para ayudar
al alumno a cuestionarse sobre su obra y a plantear soluciones creativas.
Pareciera
que no es factible transformar cualquier área del currículo
en un taller, pero dentro de un área determinada, por ejemplo,
ciencias sociales, ¿se podría pensar en un espacio
de taller cuando, por ejemplo, se trabaja en las construcción
de maquetas?
- En ese caso se estaría saliendo del campo de las ciencias
sociales. Podríamos pensar en un taller integrado, dado que,
para la construcción de maquetas, hay que poner en juego
saberes técnicos que no son propios de las ciencias sociales.
En una época se habló de los talleres de integración,
también ahora se habla de distintos tipos de espacios curriculares,
pero, para ser rigurosos, se hace bastante difícil conservar
la lógica de un taller en el interior de las diferentes áreas
o disciplinas. Puede haber espacios de taller pensados desde el
punto de vista metodológico, pero siempre habrá un
componente inter.
El tema es que, en pedagogía, en los usos curriculares y
hasta políticos que a veces se hacen de los términos,
se terminan diciendo muchas cosas distintas con una misma palabra.
En este sentido prefiero mantener un uso específico de la
palabra taller.
¿Qué
importancia tiene el espacio físico y los recursos materiales
para el desarrollo de un taller?
- En nuestra investigación hemos observado que hay distintos
niveles de sofisticación tecnológica, vinculados directamente
a las posibilidades económicas de las escuelas. Hay algunos
talleres equipados con tecnología de punta y otros que utilizan
material vetusto. Sin embargo, no hemos encontrado diferencias en
cuanto a las características específicas de un taller:
la relación alumno-material-instrumento, el trabajo centrado
en un saber hacer, el docente experto en el oficio. Hay una lógica
propia del trabajo que se impone a la lógica escolar y esto
se da tanto con recursos de avanzada como otros más sencillos
y antiguos. Ambos tienen valor de herramienta para el trabajo.
¿Se
puede pensar en la modalidad de taller para trabajar en plástica
o tecnología cuando una escuela no dispone de un espacio
físico específico?
- Si la escuela está equipada con pupitres atornillados al
piso, no va a ser posible armar una mesa donde los alumnos puedan
trabajar con arcilla u otro material.
Pero, por suerte, hoy la mayoría de las escuelas disponen
de un mobiliario móvil, donde las posibilidades de cambio
en el espacio están dadas. Se puede adecuar un espacio para
un uso o para otro.
Aunque es obvio que para el desarrollo de un taller, por ejemplo
de computación, hace falta un equipamiento específico.
Clase
tipo taller y taller escolarizado
¿Podría
dar ejemplos de los dos tipos de clase escolar registrados en la
investigación que responden a la idea de taller?
- A uno de esos tipos de clase lo hemos llamado justamente taller.
Desde la perspectiva social, lo que identifica al tipo taller es
el predominio del sentido social del trabajo. Predomina la lógica
de la producción social, no la escolar.
Por ejemplo, hemos presenciado talleres de óptica en escuelas
técnicas. La modalidad que se utiliza tiene que ver totalmente
con la lógica del trabajo. Lo que interesa tanto al docente
como a los alumnos es aprender los medios para -por ejemplo- poder
tallar una lente para anteojos. No hay un como si. La lente se produce
efectivamente. Está la materia prima: el cristal, hay una
graduación que se le tiene que dar y para ello se requiere
de una transformación del cristal, hay instrumentos, un artefacto
técnico específico que permite hacer el tallado de
la lente, la medición, etcétera. Dentro de la escuela,
se reproduce en el taller algo que es muy similar a lo se puede
dar en cualquier taller de óptica. Me estoy refiriendo en
este caso a una escuela pública sin avance tecnológico,
donde utilizan artefactos vetustos, pero que permiten realizar este
tipo de trabajo. El predominio del sentido social del trabajo es
un punto central en el tipo taller.
Dentro de la perspectiva social, el poder es otro aspecto importante.
Se dan relaciones docente-alumnos muy horizontalizadas. La asimetría
es propia de la diferencia dada por la experiencia, por la pericia.
El docente que coordina un taller tiene que conocer muy bien el
oficio y ahí está la fuente de poder, no hay otros
agregados. No hemos encontrado en nuestra investigación que
un docente de taller recurra a amenazas de sanciones, por ejemplo.
Son grupos pequeños, en los que todos están involucrados
en el trabajo. Las relaciones no son enajenantes, hay un interés
por aprender a producir algo útil socialmente. Los liderazgos
tienden al estilo democrático. Hay mucho autocontrol por
parte de los alumnos. Las normas son compartidas, muchas se refieren
al cuidado del instrumental y de las personas. Los circuitos de
interacción no son docente-alumno, ni alumno-conocimiento,
como se dan en los tipos de clase centrados en el conocimiento,
sino que se da un circuito donde el alumno utiliza un instrumento
técnico o artefacto con una materia prima determinada para
producir algo y llegar a su meta: el producto. El docente está
fuera de ese circuito central y en un papel de tercero que es solicitado
cuando la resolución de la situación le genera algún
tipo de obstáculo al alumno. El docente también suele
transitar entre los alumnos, va observando el trabajo, hace algún
señalamiento. No todos los alumnos están haciendo
lo mismo al mismo tiempo. Los climas son de cordialidad, se pueden
mantener diálogos espontáneos entre alumnos y con
el profesor ajenos a lo que se está haciendo, y eso no interfiere
la tarea. Hay pocos elementos de resistencia a la tarea.
Hay una lógica del trabajo que organiza más que una
lógica escolar. Es cierto que el taller funciona dentro del
horario escolar. Pero eso tiene que estar en función de las
condiciones que los materiales plantean. Se puede hablar de una
pedagogía de la producción.
Los talleres artísticos funcionan de un modo similar, pero
hay un predominio de la creatividad y lo técnico está
presente pero al servicio de la obra, su concepción y creación.
Desde el punto de vista de la perspectiva psíquica, hay un
predominio de lo racional. Se trata de un grupo humano centrado
en el trabajo. Hay libertad. Se puede salir del taller cuando se
ha finalizado un trabajo. Hay una autonomía y responsabilidad
importante del sujeto que aprende, las relaciones de ayuda mutua
y cooperación están presentes aunque las tareas sean
diversas. Esta descripción no es de un ideal, surge de los
datos observados en la investigación.
Con el nombre de taller escolarizado, nos referimos a un tipo de
clase que se observa en muchas escuelas. Los talleres escolarizados
aparecen en el cruce de dos lógicas: la de la producción
y el trabajo por un lado y la escolar por otro.
La propuesta de producir algo no es propia del trabajo. Se crea
un espacio de simulación dentro de la escuela. Hay mucha
artificiosidad puesta en el armado de la situación de enseñanza.
Los alumnos no lo viven como algo vinculado directamente a lo que
a ellos les interesa hacer.
Dentro de estos talleres escolarizados, hemos incluido a los laboratorios
de idioma con un alto desarrollo tecnológico, donde los alumnos
trabajan en un espacio con sectores diferenciados en su interior,
similar a los rincones del jardín de infantes. En el aula
hay distintos lugares con los aparatos de audio, las computadoras,
los materiales gráficos, etcétera. En un sector, los
alumnos pueden estar haciendo una publicidad de un producto determinado,
en otro una traducción, etcétera. Es cierto que hay
algo que se produce, pero la producción se da como una práctica
simulada. Uso la palabra simulada en un buen sentido, de creación
de espacios parecidos a los externos a la escuela, pero con diferencias
claras de aquéllos. Se realizan estas simulaciones para que
el alumno pueda luego resolver situaciones afuera. Hay un saber
hacer, hay un aprendizaje que los alumnos realizan, pero la situación
en sí misma dista mucho de aquélla que respondía
a esa lógica del trabajo.
Desde lo social aparece una menor horizontalidad. Aunque la clase
no sea muy vertical, el lugar del docente y el lugar del alumno
están más demarcados jerárquicamente.
Desde lo instrumental aparece la sofisticación en grados
diversos de los recursos tecnológicos. También este
tipo de clase se centra en el saber-hacer, pero la transmisión
de conocimiento ocupa también un lugar importante y centraliza
las relaciones docente-alumno.
Desde lo psíquico, hemos encontrado que en esta modalidad
también hay un predominio de lo racional sobre lo emocional,
pero es más común encontrar modalidades disruptivas
de la tarea (chicos que no se interesan por la propuesta, que la
toman en broma, que hacen como si trabajaran, mientras
están en otra cosa).
Seminario
no es taller
¿Cómo
se encuadra, desde los tipos encontrados en la investigación,
una clase de matemática en la que se propone que los alumnos
resuelvan problemas con autonomía y donde el docente no transmite
las reglas, propiedades o definiciones a aplicar? ¿O una
clase donde los chicos tienen que construir algo, por ejemplo, un
rompecabezas, para poner en juego conocimientos matemáticos?
- Si en una clase de matemática es el alumno fundamentalmente
el que se pone en situación de resolución de un problema
determinado, si el docente propone trabajar en pequeños grupos
para que surja el conflicto socio-cognitivo, y esto predomina, podríamos
hablar de un tipo de clase al que en la investigación hemos
denominado seminario.
En este tipo de clase, el conocimiento es construido socialmente,
en común, con la ayuda del docente, que no es quien resuelve,
sino que al observar cómo se resuelve, va reformulando el
problema, preguntando, contra-argumentando o indicando una fuente,
para que el alumno pueda avanzar. En el seminario, el conocimiento
es compartido, el docente controla su rol de informante permanente
para dar lugar a la búsqueda y la construcción conjunta
de los alumnos. Si la clase está organizada para que el alumno
produzca algo, siempre que esto lleve a una formulación del
conocimiento matemático, es sólo un medio para el
conocimiento y por eso no sería, desde mi punto de vista,
un taller escolarizado sino un seminario. Depende dónde está
puesto el acento: si en el saber o en el saber-hacer.
Dentro de disciplinas en las que lo que interesa es el conocimiento
y donde la clase se encuadra mayoritariamente en los tipos cátedra
o seminario, se pueden plantear metodologías de taller que
se alternan con otras, pero desde nuestra tipología no se
trataría del tipo taller.
Es importante advertir sobre un uso poco riguroso de las palabras
donde se llama taller a toda situación de intercambio. No
toda enseñanza grupal, ni de integración de materias,
responde a las características del taller.
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