Filomeno y Sofía

Filomeno y Sofía

5 a 7 años - historias para filosofar con los más chiquitos


$ 140,00

Filomeno y Sofía cuenta la historia de dos niños (¿de cinco años?, ¿de seis?) que comparten una misma pasión por los relatos. Sólo que Filomeno prefiere oírlos y Sofía, contarlos. En lo que coinciden sí, es en que una historia se disfruta más si se la comparte con otros y en que la historia no termina cuando acaba su narración, sino que se prolonga en los diálogos que pueden derivar de ella. Jugando a "las historias" y dialogando acerca de las cosas que les pasan, Filomeno y Sofía recrean -sin saberlo- algo que caracteriza a la práctica filosófica desde hace milenios: la reflexión en torno a relatos portadores de sentido y a la propia experiencia. Si bien Filomeno y Sofía puede leerse "de corrido", como cualquier relato para niños, está pensado especialmente como texto para suscitar la reflexión y el diálogo. Una sugerencia de lectura es hacer con la novela lo mismo que los personajes hacen con las historias que comparten: narrar un episodio y detenerse a pensar acerca de lo escuchado o leído.

Gustavo Santiago

Profesor de filosofía (UBA) y trabaja, desde 1994, en Filosofía para Niños, coordinando talleres con niños de nivel inicial y educación básica, dictando seminarios para docentes y directivos y asesorando a instituciones que aplican el programa.

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La relación entre la filosofía y los niños puede verse desde distintos puntos de vista. Hay quienes no perciben ninguna relación, pues entienden que la filosofía es una construcción racional de un nivel de abstracción ajeno a los niños. Otros afirman que los niños son filósofos "naturales": la filosofía se presentaría como una suerte de disposición, de actitud que se da a cierta edad y luego se abandona. En otro sentido, algunos sostienen que la filosofía debe aprenderse como una historia de lo que pensaron los grandes filósofos a lo largo del tiempo a la que los niños nada tendrían para agregar. Pero también es posible entender la relación entre la filosofía y los más pequeños como una actividad e incluso como un juego, un juego que tiene lugar pensando y dialogando con otros. Filomeno y Sofía invita a participar en ese juego, que es el que juegan sus personajes a través de historias que inventan y que se cuentan mutuamente.
Filomeno y Sofía es la historia de dos amigos que buscan preguntar e indagar acerca de aquello que les resulta problemático, curioso. ¿Cuál es la diferencia entre imaginar y recordar? ¿Qué quiere decir 'portarse bien'? ¿Qué es la verdad? son sólo algunas de las muchas preguntas que surgen durante la lectura. La historia de Filomeno y Sofía tiene estrecha relación en su planteo y en su estilo con los materiales del Programa de Filosofía para Niños de Matthew Lipman. Los chicos discuten en un contexto que el lector puede reconocer como familiar y que opera como modelo del trabajo en el aula. Pero el texto de Gustavo Santiago supera el marco del modelo y juega en el terreno mismo de la historia de la filosofía. Sofía sueña con "Las tres transformaciones" de Nietzsche; Filomeno cuenta la historia de Renato (Descartes), a quien no le gusta que le mientan y que desconfía de sus sentidos; una amiga de Filomeno y Sofía narra la "alegoría de la caverna" platónica en clave de fábula con hormigas, por mencionar algunos de los hitos de la filosofía occidental que aparecen en el relato. ¿Se trata de instruir a los niños en la historia de la filosofía? No lo creo. Los chicos no necesitan saber que existen obras llamadas Así habló Zaratustra y La república, porque la invitación es a jugar a la filosofía, a pensar en los problemas y discutirlos. Pero tomar estos episodios de la filosofía no resulta de ninguna manera inocente por parte del autor: no pone reverencialmente la filosofía a disposición de los niños, sino que juega él también con la vieja disciplina, quitándole ese halo de veneración que suele rodearla. El pasaje de las Meditaciones metafísicas de Descartes se pone al alcance de los niños porque queda planteado el problema, no porque el protagonista sea Renato. Y es que hacer filosofía en la escuela exige a quien está frente a un grupo, entre otras cosas, ser capaz de acceder a los problemas de los que se ocupa la filosofía por el propio cuestionamiento, por la propia curiosidad. "No es momento de hacer preguntas", dice la maestra de Filomeno, pero Filomeno vuelve a preguntarse cómo es que hay momentos en que está bien y momentos en que está mal preguntar. La práctica de la filosofía en la escuela encuentra su sentido cuando genera una actitud de indagación, una actitud que no se detiene en la regla que señala lo que está bien y lo que está mal, sino que lleva a preguntar y cuestionar por qué algo está bien o está mal.
Filomeno y Sofía constituye un material apropiado para emplear en nivel inicial o en primer año de la escolaridad básica y es el fruto de la experiencia de su autor en el trabajo con niños de esas edades. La novela fue escrita pensando en ellos y poniendo a su alcance no sólo algunos de los problemas de la filosofía que pueden relacionarse con la experiencia de los chicos, sino también las disposiciones y herramientas necesarias para la discusión filosófica o, dicho de otro modo, para jugar el juego de la filosofía: sentarse en ronda, verse las caras, dar ejemplos, hacer preguntas, hablar frente a los demás, decir lo que cada uno piensa, escucharse, respetarse.
La enseñanza de la filosofía, la práctica de la filosofía en la escuela, no puede conformarse con programas preestablecidos, sino que requiere de la búsqueda y la creación de nuevas formas de promover la discusión, formas que respondan a las necesidades encontradas en las aulas y que problematicen algunas de las inquietudes manifestadas por los chicos. Filomeno y Sofía es un buen ejemplo de ello.
Vera Waksman

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