Taller de Ciencias Sociales, El

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La enseñanza de los contenidos procedimentales. Propuesta didáctica para la educación básica


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Uno de los términos "nuevos", frecuentemente utilizado en educación desde la reforma española, y que se presta a mayores confusiones, es "procedimiento" o su adjetivo "procedimental" (aplicado al sustantivo "contenido").
Habitualmente se emplea para denominar una estrategia, o para hacer referencia a un conjunto de acciones que el alumno debe desarrollar, o a algo que se enseña a hacer.
El autor, a través de diecinueve propuestas de aula, que abordan procedimientos y técnicas posibles de ser enseñadas en la EGB, intenta aproximar algunos aportes a la discusión acerca de lo procedimental, porque entiende que, para el caso de las Ciencias Sociales,implica una verdadera reforma en concebir el área, en la forma de abordar los contenidos a enseñar y en la metodología de su enseñanza.

Enseñar procedimientos
La significación de los términos

Los contenidos procedimentales y su relación con los conceptos y los valores.
La enseñanza de las Ciencias Sociales y los contenidos procedimentales.
Ciencia y Ciencias Sociales.
La finalidad de la enseñanza de lo procedimental.
Las diversas formas de lo procedimental.

Los procedimientos "propios"
Procedimientos "propios" y procedimientos comunes a otras disciplinas.
El concepto de investigación.
Tipos de investigación.
El camino que recorre el investigador.

Los procedimientos en el aula
La enseñanza a través de la metodología basada en la investigación.
Los procedimientos y las técnicas en acción.

Esquema de trabajo y propuestas
Técnicas de recopilación de datos y propuestas.
Técnicas para la recopilación de informaciones.
Análisis e interpretación de la información y propuestas.
La elaboración de las conclusiones y propuestas.
La difusión de la investigación y propuestas.

Aprender procedimientos
Pensar las Ciencias Sociales y propuesta de trabajo

José Svarzman

Maestro normal nacional. Profesor de enseñanza secundaria normal y especial en Filosofía (UBA). Profesor de enseñanza secundaria normal y especial en Historia (UBA). Docente de Enseñanza de las Ciencias Sociales en los Profesorados Normal 1 “Roque Sáenz Peña”, Normal 3 “Bernardino Rivadavia” y en el I.E.S. “Juan B. Justo” de la ciudad de Buenos Aires. Supervisor de Educación Primaria en escuelas de gestión oficial de la ciudad de Buenos Aires (Distrito Escolar N° 20). Es autor de materiales publicados por la Escuela de Capacitación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Publicó, en Ediciones Novedades Educativas, La escuela a la que concurro (1996), Del hecho al concepto (1997), El taller de Ciencias Sociales (1998), La escuela que hicimos entre todos (1998), Enseñar historia en el segundo ciclo (1999), Beber en las fuentes. La enseñanza de la historia a través de la vida cotidiana (2000). Escribió también Ser maestro del Segundo Ciclo. Un proyecto integrado de Ciencias Sociales y Formación Ética y Ciudadana (GEEMA, 1998) y es autor de manuales de 4°, 5° y 6° año, Ciencias Sociales (Bonum).

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Desde hace algunos años, más precisamente desde la reforma educativa que se llevó a cabo en España, irrumpe en las escuelas un conjunto de términos que comienzan a formar parte del vocabulario cotidiano de los docentes. Muchos de ellos son incorporados al sancionarse la Ley Federal de Educación en nuestro país. Así comenzamos todos a hablar de educación básica, contenidos básicos, bloques, contenidos conceptuales, procedimentales, actitudinales, etcétera.
Cada una de estas palabras tiene una significación específica. Sin embargo, por ser “nuevas” y tal vez dificultosamente explicadas, comienzan a ser utilizadas de una manera equívoca, ambigua, lo que necesariamente lleva a errores y plantea situaciones a veces no deseadas.
Seguramente, entre ellas, la que más confusiones presenta es “procedimiento” o su adjetivo “procedimental” (que generalmente se aplica al sustantivo “contenido”).
Así, el término procedimiento es empleado indistintamente para denominar una estrategia de enseñanza, o para hacer referencia a un conjunto de acciones que el alumno debe desarrollar, o a algo que se enseña a hacer. Tal es, a veces, la confusión, que en charlas de docentes (hemos sido mudos testigos de ello) se lo emplea al mismo tiempo con diferentes acepciones creyendo, los interlocutores, que se están entendiendo, que están hablando de lo mismo, cuando, en realidad, aluden a cosas diferentes, a ideas diferentes.
Es necesario ponernos de acuerdo, al menos en Ciencias Sociales, que es el área de “nuestros desvelos”. Es importante que hablemos de lo mismo, para entendernos realmente, para enriquecernos unos a los otros, para contribuir al inconcluso y apasionante debate acerca de la didáctica de las Ciencias Sociales (que las nuevas denominaciones necesariamente contribuyen a reinstalar).
Hablemos de lo mismo, de lo contrario correremos un grave riesgo (que ya hemos enfrentado muchas veces a lo largo de nuestra carrera profesional): vaciar al término de su contenido, de su verdadera significación. Y todos sabemos que cuando ello ocurre, cuando en educación una palabra sólo es una moda, algo que “se luce” pero que no se hace carne en la tarea diaria del aula, poco a poco comienza a ser dejada de lado, desvalorizada, hasta caer definitivamente en desuso.
No se trata, desde ya, de salvar un vocablo, un término. Muy por el contrario, se trata de salvar la idea, el concepto que la palabra conlleva y que creemos de alto valor pedagógico, de profundo interés y necesidad educativa.
Este libro hace centro en esta cuestión. Nos interesa aproximar algunos aportes a la discusión acerca de lo procedimental. Creemos que vale la pena porque ello implica, para el caso de las Ciencias Sociales, una verdadera reforma en la manera de concebir el área y sus disciplinas, en la forma de abordar los contenidos a enseñar, en la metodología de su enseñanza.
Incluir el contenido procedimental como objeto de enseñanza y de aprendizaje en las propuestas didácticas es superar (tal vez definitivamente) aquel pesado bagaje que los enfoques positivistas de fines del siglo XIX generaron en cada uno de nosotros y que tan fuertemente prendió en nuestras escuelas.
Tal vez no ha sido feliz el término elegido por los autores de la reforma. (En realidad no se nos ocurre otro en su reemplazo.) Sobre todo porque la palabra ya formaba parte del vocabulario del docente, aunque dotada de otra significación (con lo cual seguramente iba a producir la confusión que en efecto produjo). Nosotros mismos, al pensar en este libro, quisimos “zafar” del término, sustituyéndolo por otro. No lo hemos hecho fundamentalmente porque el vocablo ya está instalado, ya se ha hecho de uso corriente. Sólo se trata, ésa es nuestra intención, de resignificarlo, enriquecerlo, dotarlo, para el caso de las Ciencias Sociales, de su pleno sentido, “completarlo” para hacerlo útil y sobre todo para que sea una verdadera herramienta, efectivamente necesaria para la tarea del docente.

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