Adultos en crisis, jóvenes a la deriva

Adultos en crisis, jóvenes a la deriva



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Una fuerte crisis atraviesa el rol adulto. Crisis que abre las puertas a nuevas posibilidades, crisis que llena de ansiedad. Este libro fue pensado para ayudar a docentes, profesionales de la salud y padres a pensar su lugar como adultos con responsabilidad sobre niños y adolescentes.
El siglo XX sufrió fuertes golpes a sus ideales, al optimismo que arrastraba del siglo XIX, a su ilusión de futuro, a su apuesta al progreso. Mucho se ha escrito y hablado sobre los grandes cambios de la época en la economía, en la política, en la cultura. Aquí se trata de enfocar otros niveles de esos cambios, los que ocurrieron en los adultos y adolescentes. El tema es de particular interés para los docentes. En los Contenidos Básicos Comunes de la Formación Docente de Grado (bloques de Mediación Pedagógica, Institución Escolar, Psicología y Cultura de alumnos y alumnas de los tres niveles), aparecen temas que son considerados aquí como la perspectiva cultural de los estudiantes: los cambios culturales en los roles de la mujer y el varón, los conceptos de infancia y adolescencia, los cambios en la crianza dentro de la familia, la relación de los adultos con cada uno de esos grupos etarios, los cambios históricos de la institución escolar y su relación con otras instituciones comunitarias y sociales.

I. Adultos del S XIX. Los muchachos y las chicas de entonces
Hombres y mujeres del mañana
Una tipología de la vejez
Blancas palomitas
El auge de la represión
Las otras palomitas
II. Adultos del S XX. La crisis
Hombres y mujeres de hoy
Los hijos del siglo XIX. Adultos tradicionales
Los hijos eternos. Adultos - adolescentes
Los hijos de la duda. Adultos inseguros
Señorita maestra
Niños de bolsillo
III. Adultos del S XXI. Los chicos de hoy
Futuros adultos
Parecer o perecer
Poder y autoridad en los jóvenes
¿Quién consume a quién?
Tolerar la frustración en la posmodernidad
¿Cómo los vemos?
Adultos vistos por jóvenes
El poder de la imagen
Ilusiones de ricos, ilusiones de pobres
Profesora, adiós
Summerhill, 70 años después
IV. Zonas de convivencia: familia y escuela
Convivir
Conflictos
Conviviendo con extranjeros
La violencia ¿está en nosotros?
La escuela como sustituto adulto
Si no es papá ¿quién manda?
Democracia en la familia
V. Ser adulto
La gran orfandad del siglo XX
¿Para qué el adulto?
Los adultos posibles
Una red para la escuela
Final que es sólo un comienzo
Manifiesto

Silvia Di Segni Obiols

Doctora en Medicina (UBA). Especialista en Psiquiatría. Docente autorizada del Depto. Humanidades Médicas, Facultad de Medicina (UBA). Jefa del Depto. de Filosofía y Psicología y profesora de Psicología del Colegio Nacional de Buenos Aires (UBA). Asesora de la Secretaría de Educación del GCBA y del Ministerio de Educación de la Nación.

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Una fuerte crisis atraviesa el rol adulto. Crisis que abre las puertas a nuevas posibilidades, crisis que nos llena de ansiedad. Este libro fue pensado para ayudar a docentes, profesionales de la salud y padres a pensar su lugar como adultos con responsabilidad sobre niños y adolescentes. No pretende dar respuestas probadas ni recetas de fácil aplicación. Espera plantear el tema para el debate y lograr que cada una/o tenga un poco más de elementos para comprender dónde estamos parados y encontrar desde allí sus propias soluciones. Quizás pueda interesar a algún adolescente para conocer mejor a esta heterogénea y compleja generación adulta con la que le toca convivir.
El siglo XX sufrió fuertes golpes a sus ideales, al optimismo que arrastraba del siglo XIX, a su ilusión de futuro, a su apuesta al progreso. Mucho se ha escrito y hablado sobre los grandes cambios de la época en la economía, en la política, en la cultura. Aquí se trata de enfocar otros niveles de esos cambios, los que ocurrieron en los adultos y adolescentes. Cambios que se evidencian fácilmente comparando fotografías familiares de las décadas del cincuenta y del sesenta: en las primeras, los niños y jóvenes vestían todavía como pequeños adultos; en las siguientes, los jóvenes comenzaron a adoptar sus propias formas de vestir y fueron los adultos los que progresivamente se vistieron como ellos. Cambios que afectaron profundamente la concepción de la autoridad y el derecho a ejercer cierto poder sobre los menores a nuestro cargo. Cambios que nos hicieron dudar sobre todo lo que habíamos recibido de nuestros propios padres y nos dejaron sin modelos a imitar.
De todos ellos se habla en lo que sigue. Sobre todo de las dificultades que aún hoy, a comienzos del siglo XXI, nos crean en la convivencia. En particular, en esas dos zonas de convivencia entre generaciones que son la familia y la escuela, en las cuales constantemente nos enfrentamos a nuevos desafíos y donde ensayamos con mayor o menor éxito nuevas respuestas.
Para comprender el proceso me ha parecido indispensable retratar, de algún modo, a tres generaciones: en primer lugar, quienes crecieron con el modelo del siglo XIX, esos “adultos mayores” a quienes nadie llama cómodamente “viejos”, porque la palabra tiene connotaciones peyorativas; llamarlos “ancianos” resulta una antigüedad; los especialistas los agrupan como “gerontes” y algunas instituciones los catalogan como “tercera edad”. En la calle y en algunos medios masivos pueden ser llamados de manera paternalista “abuelos”, a la hora de subir a un colectivo o reclamar su jubilación. Son la generación de nuestros padres. En segundo lugar, no casualmente en el medio, estamos nosotros, los adultos actuales. Los que vivimos y transmitimos la crisis, los que a menudo no sabemos qué hacer con nuestros hijos y tampoco con nosotros mismos. Somos los «Sres.» y las «Sras.» de los sobres; los “don” y “doña” de los vendedores ambulantes; los “maestros” de los choferes de colectivo; las “damas” y “caballeros” de los baños públicos. Somos los “viejos” de nuestros hijos y los “profes” de nuestros estudiantes. Nos cuesta reconocernos en esos términos y también en el de “adultos”. La tercera generación son los actuales jóvenes, los que durante este siglo XXI serán adultos, siempre que esa etapa de la vida no termine por desaparecer aplastada definitivamente entre una adolescencia eterna y una desgastada vejez. Hace tiempo que los llamamos “chicos”, término que también usan entre sí, no importa si tienen 3 o 18 años. Son los “adolescentes” de la multitud de páginas que se escriben sobre ellos, los “jóvenes dorados” de las «disco», los teens de las series norteamericanas.
Una vez retratadas las tres generaciones, analizaré algunos aspectos de su convivencia en las dos zonas mencionadas: la familia y la escuela. Finalmente, intento aportar algo al desafío de construir un nuevo rol adulto a la luz de todos estos cambios.
Considero que el tema es de particular interés para los docentes, por lo que puede ser útil señalar que, en los Contenidos Básicos Comunes de la Formación Docente de Grado, aparecen temas que son considerados aquí: la perspectiva cultural de los estudiantes; los cambios culturales en los roles de la mujer y el varón; los conceptos de infancia y adolescencia; los cambios en la crianza dentro de la familia; la relación de los adultos con cada uno de esos grupos etarios; los cambios históricos de la institución escolar y su relación con otras instituciones comunitarias y sociales. Estos contenidos forman parte de los bloques de Mediación Pedagógica, Institución Escolar, Psicología y Cultura de los alumnos y alumnas de los tres niveles.
He tenido oportunidad de tratar todo lo reunido aquí con estudiantes, padres, docentes, directivos, psicólogos, médicos, psicopedagogos y agentes comunitarios en diferentes instituciones; a todas ellas deseo agradecerles la posibilidad de intercambio que me brindaron. Son: Facultad de Filosofía y Letras, UBA; Instituto de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UBA; Universidad Nacional de Salta (sedes Salta y Tartagal); Colegio de Psicólogos y Facultad de Humanidades de Jujuy; Instituto Superior del Profesorado Olga Cosettini e Instituto Superior del Magisterio Docente Nº 14 de Rosario; Instituto de los Aprendizajes de Santa Fe; Hospital Zubizarreta, Servicio de Psiquiatría del Hospital Rivadavia; Residencia en Prevención del Hospital Tornú; Casa Cuna; Unidad Adolescencia del Hospital Dr. Pedro de Elizalde; Colegio Nacional de Buenos Aires; Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini; Departamento de Orientación Escolar de la Universidad Nacional del Sur; EMEM Nº 2 “Reconquista»; Colegio Nacional de Merlo; Escuela Media 12 de Morón; Escuela Normal Nº 6 de la ciudad de Buenos Aires; Escuela Normal de Avellaneda; Escuelas Sholem Aleijem, San Nicolás, San Esteban, Cardenal Newman, Santa Cruz, Mater Ter Admirabilis, Mallinckrodt, Sagrada Familia; Escuelas ORT; Escuela Cangallo; Santa María de los Angeles; Belgrano Day School; Godspell; Wellspring; Asociación de Psiquiatras Argentinos, Fundación Prosam; Asociación Escuela de Psicoterapia; Fundación Banco de Crédito Argentino; Municipalidad de Vicente López; Asociación Guías Argentinas; Encuentro Nacional Docente organizado por Novedades Educativas, Jornadas sobre educación organizadas por la Fundación El Libro. En todos los casos, tengo especial agradecimiento hacia los directivos, docentes, médicos, psicólogos, psicopedagogos, padres y estudiantes que participaron de esos intercambios por ayudarme a seguir pensando.

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