Evaluación de los aprendizajes

Evaluación de los aprendizajes

Manual para docentes


$ 365,00

Desde la perspectiva de las autoras, el principal valor que se articula con los procesos evaluativos es el de la justicia y equidad. La realidad ofrece múltiples ejemplos de alumnos aprobados y no aprobados arbitrariamente y/o sin los fundamentos suficientes. Esto desvirtúa el sentimiento de honestidad y justicia que los docentes deben desarrollar. El uso del sistema de calificación como instrumento de poder provoca sentimientos de impotencia y reales frustraciones.
Este manual es un documento de apoyo didáctico que ofrece al docente recursos posibles a partir de los cuales podrá tomar decisiones que, a su vez, le permitirán poner en práctica un proceso evaluativo con mayor rigor científico que el que venía aplicando. Ofrece las cuestiones que deberían estar presentes para ejercer la función evaluadora e incluye la descripción de todas las fases del proceso evaluador. Se propone como meta el abordaje integral de las auto y coevaluación de los alumnos.
Los educadores pueden encontrar excelentes libros que informan sobre la teoría o que tratan temas puntuales. Sin embargo, la característica de esta obra es que los ayudará a realizar la derivación didáctica de las teorías para resolver las cuestiones concretas y complejas que deben enfrentar cada día. La información se encuentra montada en una estrategia de enseñanza y de aprendizaje que conduce a un cambio de actitudes para que lo aprendido se inserte en la realidad del aula. Los destinatarios son todos los docentes, desde los que se desempeñan en los primeros años hasta los niveles superiores, pues las bases teóricas son las mismas; las diferencias se encuentran en la derivación didáctica que debe realizarse en cada caso.
La propuesta metodológica -o apoyo didáctico- sugiere reflexiones incorporadas al texto y un repertorio de actividades para que el lector:
* se apropie de la información en diálogo consigo mismo o con algunos colegas;
* organice la autoevaluación de las propias prácticas evaluativas generando una metaevaluación;
* realice microexperiencias para poner en práctica las nuevas propuestas.

Presentación
¿Por qué un manual sobre evaluación de los aprendizajes?

Primera Parte
Revisemos el actual concepto de evaluación
Capítulo I: ¿Qué sé sobre evaluación de los aprendizajes y qué hago al respecto?
1. Acercamiento al tema
2. Algunos problemas de nuestra realidad
3. Algunos indicadores para descubrir las bases teóricas de nuestras prácticas
Capítulo II: ¿Cuál será nuestro marco conceptual?
1. ¿Qué es el aprendizaje según el cognitivismo? Consecuencias en la evaluación
2. Precisiones terminológicas
Tipos de evaluación según los propósitos: diagnóstica, procesual, de resultados
Tipos de evaluación según el sujeto evaluador: hétero, co y autoevaluación
3. Otras precisiones terminológicas: falsas dicotomías
4. Requisitos generales de un sistema de evaluación
5. Funciones de la evaluación
Segunda Parte
Cómo incorporar en el aula ese nuevo concepto de evaluación
Capítulo III: La evaluación es un sistema. La evaluación es un proceso: fases, esquema y presentación general
Capítulo IV: Primera fase: planificación
Paso a) Descripción de la información necesaria
Paso b) Localización de la información ya disponible
Paso c) Contrato pedagógico
Paso d) Cronograma
Paso e) Selección de los instrumentos para recoger información: clasificación, descripción
Criterios para la selección
Capítulo V: Segunda fase: recogida de información
Paso a) ¿Cómo se obtiene información?
1. Criterios para la elaboración de técnicas e instrumentos de evaluación
2. Instrumentos adecuados para diferentes tipos de contenidos curriculares:
2.1. Contenidos conceptuales y procedimentales cognitivos
A. Pertinencia
B. Elaboración
C. Administración
D. Corrección
E. Devolución
2.2. Contenidos procedimentales psicomotores y actitudinales
A. Pertinencia
B. Elaboración
C. Cumplimentación
D. Devolución
Paso b) Registro de la información
Capítulo VI: Función pedagógica de la evaluación
Tercera fase: evaluación propiamente dicha
Paso a) Análisis y evaluación de los aprendizajes. Referentes.
Juicios estimativos y predictivos
Paso b) Análisis y evaluación de la evaluación: metaevaluación y paraevaluación
Cuarta fase: toma de decisiones
Capítulo VII: Quinta fase: La función administrativa de la evaluación
Paso a) Cómo llegar a la calificación
Paso b) Para qué llegar a la calificación
Tercera Parte
Cómo construir el protagonismo del alumno desde la evaluación
Capítulo VIII: La autoevaluación del alumno como estrategia para la metacognición
1. Presentación
2. Testimonios
2.1. Trabajos de los alumnos
2.2. Informes de los docentes
3. Conclusiones generales y sugerencias
4. Otros testimonios
Capítulo IX: La coevaluación: una estrategia para la construcción social del conocimiento
1. Presentación
2. Testimonios
2.1. Trabajos de los alumnos
2.2. Informes de los docentes
3. Conclusiones generales y sugerencias
4. Otros testimonios
Epílogo
Consecuencias en el rol docente y en la institución
Registro de seguimiento pedagógico

Mirta Bonvecchio de Aruani

Maestra y profesora universitaria. Ejerció la docencia sucesivamente en los niveles primario, secundario, terciario y universitario. Orientada hacia la formación docente abordó con estudios en el país y el extranjero la problemática de la enseñanza y la evaluación de los aprendizajes. La obra "Evaluación de los aprendizajes. Manual para docentes" es producto de los estudios realizados pero también de la experiencia obtenida a través del dictado de clases, cursos y talleres para docentes de diferentes niveles. Por ello, su carácter de manual, como herramienta para acercar la producción académica de los especialistas a los docentes urgidos por las exigencias del cotidiano ejercicio de la profesión.

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¿Por qué un manual de evaluación para docentes?
Vamos a presentar en forma muy sintética las razones concretas que tuvimos en cuenta al momento de organizar un curso de perfeccionamiento docente sobre evaluación de los aprendizajes y, también, al convertir ese curso en un manual. Al leerlas, reflexione, ante cada una, si para usted son reales o no.
• En las instituciones de formación docente, en general, sigue siendo el último tema de un espacio curricular, razón por la que casi nunca se alcanza a desarrollar, por lo menos en la medida que su importancia requiere.
• En las ofertas de cursos o seminarios de perfeccionamiento o de capacitación es un tema muy poco frecuente.
• También fue el último tema planteado en los documentos oficiales de la transformación educativa.
Sin embargo,
• la mala praxis evaluativa es posiblemente la razón de la mayoría de los conflictos entre los diferentes actores de la comunidad educativa y de la sociedad en general;
• la evolución de la teoría pedagógica respecto de la evaluación ha ido exigiendo cambios de metodología y actitudes;
• la confusión entre los varios factores que integran un sistema de evaluación da lugar a:
- que exista entre los docentes imprecisión conceptual al respecto,
- que reduzcan la evaluación a la función calificadora,
- que interpreten la evaluación como una cuestión política o administrativa más que didáctica;
- las estrategias evaluativas aplicadas por los docentes inciden tanto en la formación y desarrollo del pensamiento y las actitudes como en la autoestima positiva o negativa;
• todo alumno tuvo desde siempre el derecho de ser evaluado con idoneidad y con respeto a su dignidad de persona. Ahora, además, lo respalda la legislación vigente: la Ley Federal de Educación (1993) establece: art. 43: Derechos de los educandos, inc. c): Ser evaluados en sus desempeños y logros, conforme con criterios rigurosa y científicamente fundados, en todos los niveles, ciclos y regímenes especiales del sistema, e informados al respecto;
• la misma ley reconoce el derecho de los docentes de contar con posibilidades de perfeccionamiento: art. 46: Derechos de los docentes, inc. i): La capacitación, actualización y nueva formación en servicio, para adaptarse a los cambios curriculares requeridos.
¿Para qué este manual?
El origen de esta propuesta se halla en los cursos de perfeccionamiento docente que, sobre la evaluación de los aprendizajes, empezamos a dictar en 1997.
A su vez, el origen del curso fue una inquietud que venía de muy lejos cuando, en el ejercicio de la profesión, surgieron dudas y hasta angustias en torno a la necesidad de calificar sin tener la seguridad de que esas calificaciones, por lo menos en algunas ocasiones, tuvieran un fundamento válido.
Consideramos que es en la evaluación donde se ponen de manifiesto dos facetas propias de casi todas las acciones humanas: la técnica que consiste en saber hacer, y la ética que reside en hacer de acuerdo con valores. En el tema que nos ocupa, el principal valor es el de la justicia y equidad. El análisis de la realidad nos ofrece múltiples ejemplos de alumnos aprobados y no aprobados arbitrariamente o sin los fundamentos suficientes. Esto desvirtúa el sentimiento de honestidad y justicia que los docentes debemos ayudar a internalizar. Por otra parte, el uso del sistema de calificación como instrumento de poder del docente lleva a sentimientos de impotencia y a reales frustraciones. Por presentar un ejemplo extremo, podemos recordar los suicidios de adolescentes japoneses provocados por los niveles de exigencias del sistema.
Nuestra preocupación por este tema es lo que explica que lo abordemos con exclusividad. De algunos de los otros “objetos” evaluables en el campo de la educación, haremos apenas alguna mención. Esta problemática es tan extensa y profunda que necesariamente hay que decidirse por un recorte. Al finalizar abordamos muy sucintamente las consecuencias que el nuevo concepto de evaluación tiene en el rol docente y en la institución.
Cuando comenzamos a organizar el curso tuvimos siempre presente que lo que debíamos ofrecer no era una dosis de información teórica acompañada por ciertas prescripciones prácticas -lo que se puede concretar en unas pocas horas-, sino un proceso en el que la información estuviera montada en una estrategia de enseñanza y de aprendizaje que condujera a un cambio de actitudes, condición fundamental para que lo aprendido se inserte en la realidad del aula. Esta preocupación tiene su razón de ser. Estábamos, y seguimos estando, en la convicción de que, dado que los sistemas de enseñanza, de aprendizaje y de evaluación son interdependientes, sin una renovación en las prácticas evaluativas se invalidan los cambios en las estrategias de enseñanza y, sobre todo, en las de aprendizaje, y es ese punto el que, junto con una nueva oferta curricular, constituye la base de una transformación educativa.
Eso es lo que tan ingeniosamente expone Jesús Mari Goñi en “Los injertos y el sistema inmunológico”, en el que hace un paralelo entre un organismo humano y el sistema educativo. El organismo humano está dotado de un sistema inmunológico que expulsa los injertos. En el sistema educativo: “Mi opinión es que la evaluación es el componente más potente del sistema y en consecuencia el modelo que se sigue para realizarla expulsa a los demás y se hace dueño del sistema”.
Como dice la parábola, no tiene sentido volcar vino nuevo en odres viejos.
Y es, justamente, lo que ha sucedido en este proceso de “transformación” de la educación que venimos viviendo. Se ha atendido a los cambios de estructura del sistema, de los contenidos curriculares y de las estrategias de enseñanza, pero se ha descuidado totalmente la formación necesaria para promover una práctica evaluadora coherente con las nuevas propuestas. Los alumnos estudian otros contenidos en un nivel que se denomina de diferente manera, pero siguen estudiando para “zafar”.
En el dictado de los cursos, atendemos ese propósito a través de las “estrategias de enseñanza” constructivista que promueven una “estrategia de aprendizaje” significativo. Pero, ¿cómo lograr eso mismo a través de un libro? No debíamos perder la función dialógica que instalábamos en los cursos entre nosotras y los asistentes y entre los asistentes mismos.
Por ello lo pensamos como “manual”. No tanto en el concepto corriente de compendio de saberes expuestos en forma accesible a los efectos de que sus destinatarios se apropien de ellos de la manera más fácil posible, sino como un documento de apoyo didáctico útil al docente. Docente que debe trabajar con alumnos cada día y al que le viene bien “tener a la mano” una fuente de recursos posibles, a partir de los cuales, y utilizando su saber, su experiencia, su conocimiento del contexto en el que trabaja, su juicio crítico, tome decisiones que le permitan poner en práctica un proceso evaluativo algo más científico que el que venía aplicando.
Vemos justamente a nuestro destinatario como ese profesional de la educación, joven o maduro, que no tuvo la posibilidad de profundizar el tema, por lo menos en su planteo actual, y por lo tanto sale del paso haciendo lo que hicieron con él sus profesores. Que tampoco en este presente encuentra ni ocasiones ni tiempo, y a veces ni recursos, para estudiarlo en forma sistemática, pero tiene inquietudes y aspiraciones. Ese docente puede encontrar, casi con seguridad, un repertorio de libros muy buenos que le informan sobre la teoría o que tratan temas puntuales, pero aún no cuenta con uno que, además de abordar la temática en forma integral, lo ayude a hacer la derivación didáctica de esas teorías para resolver las cuestiones concretas y complejas que debe enfrentar cada día y, por lo tanto, lo ayude también a superar la ansiedad que provoca tener noticias de avances teóricos y no saber cómo llevarlos a la práctica. Así hemos visto llamar “evaluación” a una prueba y cómo el concepto de “evaluación continua” se tradujo en una toma más continuada de pruebas, con la consiguiente sobrecarga de trabajo propio y de reacciones negativas en los alumnos.
Como la tarea de evaluar es propia de la tarea docente, nuestros destinatarios son todos los docentes, desde los que se desempeñan en los primeros años hasta los niveles superiores, pues las bases teóricas son las mismas, las diferencias se encuentran en la derivación didáctica que se debe hacer en cada caso. Por ejemplo, la metodología para elaborar una prueba es la misma para todos, pero ésta variará, por supuesto, según diversos factores, tales como contenidos, nivel de madurez de los alumnos, etcétera.
Ese carácter de manual debía apoyarse, entonces, en la oferta de una información y de una estrategia para llevar a la práctica esa información, y ello en un formato todo lo coloquial que permite la comunicación a través de la letra escrita.
En cuanto a la información, no nos hemos extendido en la exposición de la teoría que, como dijimos, viene siendo muy bien expuesta por numerosos autores desde la década del 90 y que incluimos en nuestra bibliografía en castellano. Apenas la presentamos en forma muy sintética por la necesidad de explicitar nuestro marco teórico. Justamente por ser abordada de esta manera, consideramos que nuestros lectores se beneficiarían consultando algunas de esas obras.
Por la misma razón, tampoco profundizamos los planteos críticos a las prácticas vigentes. Sólo los mencionamos como estrategia para la metaevaluación de los lectores.
En cambio creímos necesario, por ser temas fundamentales y muy poco tratados, hacer un abordaje más integral en lo atinente a la auto y a la coevaluación de los alumnos.
Sí ofrecemos las cuestiones que debería tener presente todo docente para ejercer la función evaluadora que le es inherente, la que incluye la descripción de todas las fases del proceso evaluador, todo ello como respuesta a una determinada concepción pedagógica.
En función de ese mismo propósito, y pensando en la posibilidad de que el libro llegue a manos de quien ejerce la docencia sin la formación psicopedagógica básica, hemos evitado el uso de un lenguaje altamente especializado y, para la necesaria terminología técnica, hemos previsto su aclaración. Este aspecto nos ha preocupado puntualmente para hacer de este “instrumento de consulta” algo decididamente accesible, sin renunciar a la calidad de la propuesta. Que la comprensión del mensaje no se vea interferida por la utilización de un vocabulario de lujo vivido como ajeno.
En cuanto a la propuesta metodológica, o apoyo didáctico, tanto sugerimos reflexiones incorporadas al texto, como un repertorio de actividades, con tres propósitos elementales:
• conducir al lector a la puesta en marcha de los procedimientos cognitivos que le permitan apropiarse críticamente de la información, en diálogo consigo mismo o con algunos colegas;
• promover su autoevaluación respecto de las propias prácticas evaluativas o sea, una metaevaluación;
• suscitar la realización de microexperiencias en sus aulas para comenzar a romper las barreras que tantas veces impiden poner en práctica las nuevas propuestas.
De esta manera aspiramos a suplir en cierta medida, incluso, las deficiencias de ciertos cursos de perfeccionamiento que se reducen a ofrecer casi exclusivamente contenidos conceptuales a un auditorio pasivo, y tampoco prevén su continuidad a partir de un proceso de seguimiento. Este hecho se explica por la permanente escasez de recursos que lleva a acortar los tiempos necesarios para que en un curso puedan tener cabida contenidos procedimentales y actitudinales.
Evidentemente, tanto por los asuntos que trata como por su lenguaje más bien sintético, no es un libro para la lectura veloz. Convendría irlo leyendo por etapas tratando de reflexionar y ensayar las sugerencias durante un ciclo lectivo.
Es nuestra ilusión que promueva la formación de pequeños grupos que decidan estudiarlo e ir aplicando la propuesta apoyándose mutuamente en la realización de microexperiencias. Y aún mejor, que esos grupos sean promovidos y apoyados desde la institución.
Para decirlo gráficamente, aspiramos a ayudarlo a demoler un antiguo edificio en el que todos hemos vivido durante algún tiempo. Pero no por explosión o implosión sino pieza por pieza, porque en cada casa siempre se puede encontrar algo que valga la pena conservar. Limpiado el terreno, y quizás con algún escombro, aportamos nuestra colaboración para ir construyendo uno nuevo.
Lamentablemente, o por suerte, lo dejamos sólo con los cimientos y algunas paredes. Lo demás lo tendrá que ir construyendo usted, con paciencia, dispuesto a hacer, deshacer y volver a hacer. Creemos que el último adornito lo va a colocar el día que se jubile, pues siempre se puede hacer algo más o algo mejor.
Al servicio de esto hemos puesto nuestros estudios, nuestra experiencia, nuestro compromiso. Lo hicimos pensando en usted, al amparo de nuestra inconmovible vocación docente y convencidas de que en la raíz de una sociedad mejor está una mejor educación.