Investigacion educativa, La

Investigacion educativa, La

Una herramienta de conocimiento y de accion


$ 255,00

Los textos que componen el libro son apasionados. Hay un "yo" como sujeto de pensamiento, de palabra y de la acción de investigar "con" otros y otras y no meramente "a" otros y otras. Y, al mismo tiempo, son producciones que retoman y resignifican las preocupaciones más clásicas y legítimas de la investigación social: la validez y la confiabilidad, los procedimientos técnicos más clásicos y más innovadores en el campo, la construcción de datos, de estrategias de análisis y de sistemas de categorías, la apelación a la teoría como herramienta de interpretación y de contrastación, y la creación teórica como sentido necesario.
El libro es un aporte en nuestro menguado campo académico educativo local, tan subordinado en los últimos años a la producción internacional y, en cierta medida, también dependiente de los desarrollos en otras ciencias sociales más "tradicionalmente" volcadas a la investigación, como la antropología y la sociología.
En un mundo violento y excluyente, un grupo de obstinados/as investigadores/as sostiene el desafío de abonar a la intersubjetividad democrática en y a través de la investigación educativa.

Prólogo por Graciela Morgade
Capítulo 1
La investigación educativa como instrumento de acción, de formación y de cambio
Ingrid Sverdlick
Capítulo 2
El docente-investigador: la investigación-acción como una forma válida de generación de conocimientos
Gary L. Anderson y Kathryn Herr
Capítulo 3
Docentes, narrativa e investigación educativa. La documentación narrativa de las prácticas docentes y la indagación pedagógica del mundo y las experiencias escolares
Daniel H. Suárez
Capítulo 4
Vida, experiencia y educación: la biografía como estrategia de conocimiento
Ignacio Rivas Flores
Capítulo 5
El registro fotográfico en la investigación educativa
Gabriela Augustowsky
Epílogo. Ingrid Sverdlick

Ingrid Sverdlick

Doctora en Pedagogía por la Universidad de Málaga, España. Coordina el Foro Latinoamericano de Políticas Educativas (FLAPE) en Argentina. Es coordinadora de proyectos en el Laboratorio de Políticas Públicas, sede Buenos Aires, y Profesora de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

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Un libro oportuno…
Graciela Morgade
Un libro que nace siempre es motivo de alegría y de festejo.
Un libro que abona a los debates acerca de la subjetivación del objeto de estudio y de quien investiga –es decir, de las subjetividades que se “escriben” en una investigación– merece un festejo aún mayor.
Un libro que ubica sin eufemismos a la investigación educativa como una cuestión política protagonizada por actores sociales que disputan sentidos y recursos, es un verdadero acontecimiento.
Los artículos que componen La investigación educativa. Una herramienta de conocimiento y de acción son textos apasionados en los que hay un “yo” como sujeto de pensamiento, de palabra y de la acción de investigar “con” otros y otras y no meramente “a” otros y otras. Y, al mismo tiempo, son producciones que retoman y resignifican las preocupaciones más clásicas y legítimas de la investigación social: la validez y la confiabilidad, los procedimientos técnicos más clásicos y más innovadores en el campo (como la fotografía), la construcción de datos, de estrategias de análisis y de sistemas de categorías, la apelación a la teoría como herramienta de interpretación y de contrastación, y la creación teórica como sentido necesario.
La construcción social del trabajo docente en nuestros países deparó, sin duda, una contradictoria relación de los sujetos de la enseñanza con la producción de conocimiento sobre su propia labor; con la investigación y la escritura… Sujeta de/a la palabra de otro, la docencia tardó décadas en hablar con una voz propia –y todavía no lo ha logrado del todo–. Los inacabables debates acerca de su carácter de “profesión” no son más que una expresión de esa alienación… Se han vertido ríos de tinta en intentar “encajar” la labor y el trabajo docentes en la definición clásica de “profesión”, y los esfuerzos han sido vanos: el concepto no corresponde a la tradición ni a las categorías con las cuales los/las docentes se piensan a sí mismos/as. El concepto de “trabajador/a” parece más cercano a la identificación del colectivo; sin embargo, también es claro que resulta escaso (Oliveira, 2006)1. Algunas de las pistas que los artículos del libro esbozan tienden a marcar un modo de investigación que puede acercarnos a alternativas diferentes. ¿Por qué insistir en deducir definiciones de la identidad si podemos establecer interlocuciones directas y trabajos en colaboración con los/las docentes que aproximen a la construcción de conceptos más pertinentes? ¿Será que la docencia es “eso” que hacen los/las maestros y maestras, profesores y profesoras? ¿Será que en nuestros contextos los sujetos de la enseñanza se nombran como “docentes” y ésa es la categoría que los define laboral y culturalmente?
Ahora bien, si de subjetivación se trata no podemos no reparar en que, en realidad, estamos hablando, sobre todo, de “las” docentes… Me animo a plantear y celebro que, aun sin nombrarlos, estos trabajos revelen algunos puentes con las discusiones que el feminismo y los movimientos políticos que rechazan una designación externa a sus propias construcciones culturales vienen planteando a la investigación social. Y creo que no es casual.
Por una parte, porque si bien los debates académicos transcurren, fundamentalmente, en sus “campos de lucha”, también hay una arena más amplia de discusiones en la que los desarrollos de los campos suelen emparentarse; en general, a partir de la incomodidad con las categorías y los métodos tradicionales. La crítica epistemológica y metodológica al pensamiento positivista son producciones y antecedentes en los que tanto la pedagogía crítica como el movimiento social de mujeres han tenido una voz potente en la denuncia y en la producción de alternativas. Tal como afirman Bolívar y Domingo (2006), “hay una revisión en profundidad de nuestros saberes sociales (no sólo sociológicos) ante el conjunto de fenómenos de ruptura de códigos culturales e ideológicos de los sistemas de referencia convencionales. [...] Así se compone un escenario que, desde diversos focos y con distintas influencias y trayectorias (unas locales y otras claramente internacionales), empieza a desarrollarse un movimiento de los parámetros de la investigación social que se vehicula principalmente desde la historia oral, la reivindicación política de vencidos y minorías mayoritarias (mujer, campesinos o pueblo llano) y el auge de la investigación sociológica de corte cualitativo”.
Pero no es casual tampoco porque la crítica del feminismo apuntó a los modos de construcción del conocimiento académico de la pedagogía que ignoraron sistemáticamente la producción continua y situada de saberes educacionales de las docentes: saberes subyugados (Mignot et alii, 2000), no “publicados” ni “publicitados”… escasamente “públicos” por la definición organizativa que el trabajo docente ha asumido. Las relaciones de género le dieron al trabajo docente, en particular en la educación básica, una impronta en la que la relación con el conocimiento y con la afectividad tendió más a “sujetar” a las sujetas que a emanciparlas. Ignorarlo es perder una perspectiva constitutiva de la identidad contradictoria del trabajo… el lugar social de lo femenino que en la escuela tuvo una prolongación considerada y estimulada como “natural”…
Pero las subjetividades que (se) escriben, ligadas por la lucha alrededor de un proyecto democratizador para la investigación, en los trabajos de este libro parecen estar unidas alrededor de una cuestión aún más compleja: la transformación de la escuela, entendiendo que ésta no va a ser posible sin que los y las docentes se involucren en modos alternativos de trabajo institucional y de participación en la construcción de conocimiento pedagógico.
La relación entre investigación y transformación educativas tiene también una rica tradición de crítica y de producción de alternativas. En este tema, los artículos transmiten una cierta confianza en la premisa, pero también algo de desazón vinculada con las condiciones de producción dada la configuración material y cultural del trabajo. Es evidente que la cuestión del “tiempo” en un empleo que se precarizó e intensificó en los últimos años, sobre todo en la Argentina, es un problema nodal. Sin embargo, creo que también lo es, y no menor, el todavía escaso trabajo “entre colegas”, en el cual circulen experiencias e interrogantes, diferencias y acuerdos de manera fluida. La estructura del trabajo (tiempos frente a estudiantes y tiempos de preparación, estudio y producción) se vincula con el primer problema. Probablemente la estructura burocrática, piramidal y con escasas oportunidades de carrera no ascendente tengan que ver con el segundo. Ambos órdenes de obstáculos, para nada insalvables por otra parte, impiden que el optimismo sea exagerado…
Por último, y sin enfatizar la necesidad de una anacrónica determinación de fronteras, creo que el libro es un aporte en nuestro menguado campo académico educativo local, tan subordinado en los últimos años a la producción internacional y, en cierta medida, también dependiente de los desarrollos en otras ciencias sociales más “tradicionalmente” volcadas a la investigación como la antropología y la sociología… En la Argentina, es evidente que la intensificación y precarización laboral, sumadas a una crisis económica descomunal que redujo al mínimo las posibilidades de investigación y publicación, también alcanzaron a la producción académica.
En un mundo violento y excluyente, un grupo de obstinados/as investigadores/as sostiene el desafío de abonar a la intersujetividad democrática en y a través de la investigación educativa… Está bueno, me parece.
Nota
1. Dalila Andrade Oliveira (2006) sostiene que “en la realidad brasileña, habiendo pasado treinta años desde que hubo las grandes manifestaciones que dieron origen a los sindicatos del magisterio público, es posible constatar que los sindicatos no tuvieron éxito en forjar la identidad de trabajadores de la educación, perseguida en las luchas clasistas de los tiempos de dictadura”. En la Argentina, es posible reconocer procesos similares sobre todo en el nivel medio; asimismo, aun en los casos de mayor aceptación del concepto de “trabajador/a de la educación” se encuentra en desarrollo un modelo de sindicalismo con investigación y publicaciones académicas propias.
Bibliografía citada
Bolívar, Antonio & Domingo, Jesús, La investigación biográfica y narrativa en Iberoamérica: campos de desarrollo y estado actual, Septiembre 2006, Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative Social Research [On-line Journal], 7(4), Art. 12. Disponible en: http://www.qualitative-research.net/fqs-texte/4-06/06-4-12-s.htm
Mignot, Ana Chrystina Venancio, Bastos, Maria Helena Camara y Cunha, Maria Teresa Santos, Refúgios do eu. Educaçao, história, escrita autobiográfica. Florianópolis, Mulheres, 2000.
Oliveira, Dalila Andrade, “El trabajo docente y la nueva regulación educativa en América Latina”. En Feldfeber, Myriam y Oliveira, Dalila Andrade, Políticas educativas y trabajo docente. Nuevas regulaciones,¿nuevos sujetos?, Buenos Aires, Noveduc, 2006.

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