Culturas juveniles. Disputas entre representaciones hegemónicas y prácticas

Culturas juveniles. Disputas entre representaciones hegemónicas y prácticas

Disputas entre representaciones hegemónicas y prácticas (84)


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¿Cómo se construyen las identidades juveniles y las características que presentan sus diversas culturas? Adentrarse en una respuesta a este interrogante permitiría reconocer el papel activo de los jóvenes y su capacidad de negociación con las instituciones y las estructuras hegemónicas.
- Distintas aristas rodean la situación y se pueden agrupar en un mosaico de temáticas en constante redefinición.
- Las formas en que los jóvenes pueden ser estudiados y abordados en los programas de intervención.
- Las contradicciones y disputas entre representaciones y prácticas.
- Las imágenes que construyen los medios de comunicación.
- Los significados de las herramientas que provee internet y cómo son utilizadas por los jóvenes.
- Las narrativas que construyen en sus prácticas cotidianas acerca de distintas temáticas, entre ellas, la escuela, la familia, el amor.
La atención empática de las prácticas juveniles permite pensar diseños inclusivos de políticas públicas que reconozcan sus aportes culturales, sus saberes y posturas, para generar estrategias que fomenten la participación y el desarrollo de las juventudes.

Introducción
por Alejandro M. Villa, Julieta Infantino y Graciela Castro
Parte I.
Itinerarios y dimensiones analíticas

Capítulo I.
La implicancia de la concepción de sujetos en la investigación y la intervención con jóvenes. Mariana P. Acevedo; Susana S. M. Andrada; Eliana López
Capítulo II. 
Paradojas de la juventud posmoderna. De las categorías teóricas a la realidad. María Clara Formichelli
Parte II.
Los jóvenes en los medios masivos de comunicación
Capítulo III. 
Los jóvenes “sanos” y “enfermos” de la televisión. “Pelito” y “Clave de Sol” (1983 /1989). Mariana Romina Marcaletti
Capítulo IV.
Jóvenes noticiables y jóvenes velados. El discurso de La Voz del Interior sobre los jóvenes. Ana Luisa Cilimbini; Georgina Remondino; Claudia Guadalupe Grzincich; Cristina Petit
Parte III.
Cultura: usos y prácticas juveniles

Capítulo V.
Debates teóricos en torno al vínculo de los jóvenes con las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Sebastián Benítez Larghi; Carolina Aguerre; Marina Calamari; Ariel Fontecoba; Miguel Gaztañaga; Marina Moguillansky; Jimena Orchuela; Jimena Ponce de León
Capítulo VI.
Amores… ¿de novela? Jóvenes en espacios de socio-segregación urbana y prácticas intersticiales. Maria E. Boito; María B. Espoz; Cecilia Michelazzo
Capítulo VII.
TIC, escuelas y jóvenes. La producción de medios de comunicación en los procesos educativos. Verónica Plaza Schaefer

Alejandro Villa

Licenciado y doctorando en Psicología (UBA). Posgrado en Salud Pública. Investigador Asociado del Consejo de Investigación en Salud, Ministerio de Salud/GCBA. Coordinador del Programa de Apoyo y Asistencia a Maternidad y Paternidad Juveniles (PROMAPÁ), del Centro de la Niñez y Adolescencia de Vicente López, 1998-2004. Programa de Salud Reproductiva/Ministerio de Salud/GCBA/CESAC Nº 8/Área Programática del Hospital J. M. Penna, 1990-2003. Investigador visitante del CEDES, 1994-2001: Programa de Becarios Residentes de Investigación Social en Salud Reproductiva y Sexualidad, con el aporte financiero de la Fundación Ford; responsable de proyecto 97106 en la Argentina, Programa Especial de Reproducción Humana, Organización Mundial de la Salud (OMS). Docente nacional e internacional en la temática y autor de numerosas publicaciones sobre sexualidad, reproducción, relaciones de género y masculinidades, en los ámbitos de salud y educación. Actualmente investiga sobre cuerpo, sexualidad y socialización en el ámbito del sistema de educación del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

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Julieta Infantino

Licenciada y profesora en Ciencias Antropológicas (UBA). Becaria Doctoral CONICET (Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, UBA). Docente (UBA). Participa de diversos grupos de investigación e integra la Red de Investigadores en Juventudes. Publicó artículos en revistas académicas y compilaciones, especializándose en el estudio de las relaciones entre juventudes, artes y políticas culturales.

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Graciela Castro

Licenciada en Psicología. Magister en Sociedad e Instituciones; candidata a doctor en Psicología. Profesora titular. Directora Maestría; editora responsable de KAIROS, revista de temas sociales. Investigadora en temas de Culturas Juveniles. Integra la Red de Investigadores en Juventudes. Ha publicado artículos en revistas nacionales e internacionales y capítulos en libros.

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Mariana P. Acevedo

Licenciada en Trabajo Social y Mgter. en Ciencias Sociales. Docente de Grado y Posgrado (Universidad Nacional de Córdoba). Dirige la Escuela de Trabajo Social (Universidad Nacional de Córdoba). Indaga temáticas ligadas a juventud, participación, identidad territorial y ciudadanía. Dirige el Proyecto Acción colectiva y participación juvenil. Ha publicado diversos artículos en la temática en revistas académicas.

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Susana Andrada

Licenciada en Trabajo Social. Profesora en la Carrera de Licenciatura en Trabajo Social (Universidad Nacional de Córdoba). Co-coordinadora de Programa Interinstitucional de Niñez, Juventud, Derechos y Políticas Públicas de la Secretaría de Extensión (Universidad Nacional de Córdoba). Miembro de diversos equipos de investigación (Universidad Nacional de Córdoba). Ha publicado artículos especializados en trabajo infantil y participación socio-política juvenil.

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Eliana López

Licenciada en Trabajo Social. Adscripta a la investigación en el marco del Proyecto Acción Colectiva y participación juvenil. Coordinadora de la Dirección de Inclusión Social (Secretaria de Asuntos Estudiantiles, Universidad Nacional de Córdoba). Ha publicado capítulos de libros en co-autoría y presentó trabajos en reuniones científicas en temas de Participación política juvenil: Juventud, memoria y transmisión (comp., en edición).

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María Clara Formichelli

Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Docente (Universidad Católica de Santa Fe y Universidad de Concepción del Uruguay, sede Santa Fe). Secretaría de Gestión (Facultad de Humanidades, UCSF). Profesional Becada para proyectos de investigación – Ciencia y Técnica UCSF.

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Mariana Marcaletti

Licenciada en Ciencias de la comunicación (UBA) y periodista. Trabaja actualmente en Contenidos Digitales de TN, Grupo Clarín. Ganó dos premios como ensayista, otorgados por AINCRIT (Asociación Argentina de Investigación y Crítica Teatral) y por el Observatorio de industrias creativas de la CABA, 2011.

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Ana Luisa Cilimbini

Profesora Adjunta de la cátedra de Psicología de las masas y medios de comunicación, Facultad de Psicología, UNC. Co-directora del “Observatorio de Jóvenes, Medios de Comunicación y Tics” radicado en la Facultad de Psicología, UNC. Publicaciones: Medios y Tecnologías de la Información y la Comunicación. Socialización y Nuevas apropiaciones (2009); Subjetividad, memoria y miedo: El testimonio de María (2006).

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Georgina Remondino

Docente investigadora (Universidad Nacional de Córdoba). Becaria doctoral CONICET en el Centro de Investigaciones y Estudios de Sociedad y Cultura (CIECS). Aborda problemáticas ligadas a los jóvenes y sus modos de socialización mediados por las tecnologías informáticas de la comunicación. Ha publicado artículos en libros y revistas académicas y ponencias en esa temática. Miembro del comité editorial de la Revista Argentina de Estudios en Juventud (Universidad Nacional de La Plata).

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Claudia G. Grzincich

Licenciada en Comunicación Social. Magister en Sociosemiótica. Doctoranda en Semiótica (Centro de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Córdoba). Docente en la carrera de Ciencias de la Información (UNC). Participó en publicaciones referidas a la problemática de la semiótica y al análisis de las identidades juveniles e infantiles.

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Cristina Petit

Vicedecana de la Facultad de Psicología (Universidad Nacional de Córdoba). Profesora titular de la cátedra de Psicología de las masas y medios de comunicación (Facultad de Psicología, UNC). Directora del “Observatorio de Jóvenes, Medios de Comunicación y Tics” (Facultad de Psicología, UNC). Tecnologías de la Información y la Comunicación. Socialización y Nuevas apropiaciones (2009); La Generación Tecnocultural (2006); Televisión, la caja que socializa (2004).

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Carolina Aguerre

Master in Communication, Culture and Society (Goldsmiths College, Universidad de Londres). Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (Universidad Católica del Uruguay). Becaria doctoral del CONICET (Centro de Tecnología y Sociedad, UDESA). Doctoranda en Ciencias Sociales (UBA).

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Marina Calamari

Licenciada en Ciencia Política (USAL). Profesora asistente del Departamento Académico de Administración (Universidad de San Andrés). Maestranda en Estudios Organizacionales (UDESA).

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Ariel Fontecoba

Licenciado en Ciencia Política y Doctorando en Ciencias Sociales (UBA). Docente en la Carrera de Relaciones del Trabajo (UBA). Becario doctoral del CONICET (IdIHCS-CCT, La Plata).

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Miguel Gaztañaga

Estudiante de la carrera de Sociología (Facultad de Ciencias Sociales, UBA).

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Marina Moguillansky

Doctora en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires). Magister en Sociología de la Cultura (Instituto de Altos Estudios Sociales, Universidad Nacional de San Martín). Docente de Sociología (Universidad Nacional de San Martín). Becaria posdoctoral del CONICET.

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Jimena Orchuela

Licenciada en Sociología (FaHCE, UNLP). Maestranda en Ciencias Sociales (FLACSO).

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Jimena Ponce de León

Estudiante avanzada de Licenciatura y Profesorado en Ciencias Antropológicas (Facultad de Filosofía y Letras, UBA). Recibió la Beca Estímulo (FFyL - UBA) y la Beca LIPAC (C.C.R.Rojas - UBA). Docente en el Colegio Nacional de Buenos Aires (UBA).

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María Belén Espoz

Licenciada en Comunicación Social (Universidad Nacional de Córdoba). Doctora en Semiótica (Universidad Nacional de Córdoba). Becaria de posdoctorado del CONICET; profesora de pregrado (Escuelas de Ciencias de la Información de la Universidad Nacional de Córdoba). Integra el programa de “Estudios sobre acción colectiva y conflicto social” (CIECS-Unidad Ejecutora CONICET). Publicaciones recientes: Crear umbrales para explotar los límites de las ‘ciudades-barrio’: sensaciones y vivencias de jóvenes que habitan “Ciudad de mis Sueños” (2010); Negros de Mierda. Geometrías corporales y situación colonial (en coautoría con Scribano, 2011).

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Cecilia Michelazzo

Licenciada en Comunicación Social (Universidad Nacional de Córdoba). Becaria de posgrado del CONICET. Integra el programa de “Estudios sobre acción colectiva y conflicto social” (CIECS-Unidad Ejecutora CONICET). Publicaciones
recientes: Narrativas en conflicto sobre una ciudad socio-segregada. Una descripción de las mediaciones que las visibilizan (en coautoría con Espoz y Sorribas, 2010); De la ciudad espectacular a la ciudad laberinto. La expropiación del espacio y la experiencia urbana (2011).

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Verónica Plaza Schaefer

Comunicadora Social. Especialista en Medios y PrácticasEducativas. Doctoranda en Ciencias de la Educación. Becaria CONICET, Centro de Estudios Avanzados (Universidad Nacional de Córdoba). Integra un equipo interdisciplinario que trabaja para el Ministerio de Educación de la provincia de Córdoba, asesorando y capacitando a docentes del nivel medio.

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Resulta pertinente comenzar esta presentación dando cuenta del proceso colectivo de producción de los contenidos que se presentan en este libro. El volumen agrupa material incluido en la II Reunión Nacional de Investigadores/as en Juventudes Argentina (RENIJA), encuentro realizado por la Red de Investigadores/as en Juventudes Argentinas (ReIJA) en conjunto con la Universidad Nacional de Salta en Octubre de 2010.
Culturas Juveniles. Disputas entre representaciones hegemónicas y prácticas es el primer ejemplar de una serie de compilaciones que publicará Noveduc, sobre la base de material seleccionado de la Reunión y agrupado en torno a diversas temáticas.
Para comprender a qué nos referimos cuando hablamos de producción colectiva, resulta central relatar el surgimiento y funcionamiento de la ReIJA, así como la génesis de este libro. Esta red de intercambio virtual nació en el año 2004, durante el VII Congreso Argentino de Antropología Social, en el Simposio “Antropología y Juventud”.
La ReIJA cuenta hoy con más de cuatrocientos miembros, distribuidos en casi la totalidad de las provincias de nuestro país y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Incluye representantes de diversas universidades nacionales, así como de variadas pertenencias disciplinares que trabajan con la temática juvenil en la Argentina.
La ReIJA mantiene como propósitos fundamentales “las acciones de incidencia en el debate público dando relevancia al papel de la producción científica en la conformación de la agenda pública, el diseño de políticas públicas, la colaboración con organizaciones no gubernamentales y movimientos sociales, y la construcción de una realidad donde prime el cumplimiento igualitario de los derechos para niños, adolescentes y jóvenes” (Chaves et. al., 2009, 10). Para ello, a lo largo de sus años de existencia ha impulsado diversas actividades, entre las que cabe destacar la organización de Reuniones Nacionales presenciales (ReNIJA), habiéndose realizado las dos primeras en 2007 y 2010, en La Plata y Salta, respectivamente, y prevista la tercera, que se llevará a cabo en Viedma, en octubre de 2012.
La II ReNIJA contó con trece Grupos de Trabajo que se conformaron temáticamente.(*1) De las ponencias presentadas se seleccionaron algunas que fueron transformadas en artículos para esta publicación. Se intentó ponderar en la selección la calidad, la pertenencia a los ejes temáticos que pretendíamos recorrer así como la representatividad relativa a la distribución geográfica de los autores.
Juventud y ciencias sociales: aportes para las políticas públicas
La noción moderna de acumulación y desarrollo unilineal tendiente al progreso ha influenciado notoriamente la representación de un ciclo de vida humana dividido en etapas, con una fuerte impronta de naturalización de ellas. Desde una legitimación cientificista, se ha definido y clasificado a la sociedad desde el dato biológico, la edad, hecho que condujo a la conceptualización de “la juventud” como un período fijo, marcado por un límite temporal, un momento universalizable por el que todos vamos a pasar, para arribar al mundo adulto (Groppo, 2000; Chaves, 2005). Ese mundo adulto se vislumbró ampliamente como “completo”, “estable”, “ideal” hacia el cual hay que formar y guiar al joven. La adultez fue entendida como el tiempo de la autonomía que implicaba la finalización de la etapa de formación (estudios, carrera) y la consolidación del empleo, la familia y la vivienda. A su vez, las etapas del ciclo vital se cargaron valorativamente colocando a la “adultez” en la cima de una curva ascendente, previo a la cual se ubicarían la niñez y la adolescencia/juventud como etapas “inferiores de desarrollo”.
Estas representaciones (*2) de “los estadios evolutivos de la vida”, tan ancladas en el sentido común, tienen sus orígenes en teorías psicológicas. Al brindar una base biológica a la “turbulencia emocional” propia de la adolescencia (Hall, 1904, en Feixa, 1998), la convirtieron en un estadio supuestamente inevitable y, por ende, universal del desarrollo humano. Se justificó, así, la necesidad de un período de preparación entre la niñez y la adultez (Feixa, ob. cit.). A lo largo del siglo XX, distintas teorías académicas, desde la psicología, la sociología, la biología, la medicina, etc., han aportado modos de conceptualizar a los jóvenes, frecuentemente homogeneizándolos y universalizando características propias de las sociedades occidentales.
Estas conceptualizaciones de la juventud en el siglo XX se contrastan con dos procesos socioeconómicos y políticos que serán discutidos progresivamente en las ciencias sociales. Por un lado, la vinculación estrecha de la categoría juventud con las pautas de consumo transnacionales que irá desarrollando el mercado capitalista. Por otro lado, la progresiva modificación de las relaciones entre las generaciones y las condiciones de socialización de lo que se define como juventud. Según Carles Feixa (2000), allí asistimos a dos fenómenos: un desdibujamiento de la juventud como categoría de edad evolutiva, y la transformación de dicha categoría en un modo de producción de subjetividad y consumo cultural, regulado por la producción capitalista transnacional.
El ser joven en el siglo XX se asocia a la necesidad de una modalidad de socialización diferenciada de aquella ofrecida por el grupo familiar, y a un papel cada vez más relevante del Estado en la socialización de los sujetos (Abramo, 1999; Calazans, 2000).
Feixa (2000) señala cinco factores sociales que serán objetos de investigación en los denominados Estudios de Juventud. Ellos consolidarán a la juventud como una categoría social y económica privilegiada a partir de la década del ‘60 del siglo XX. La primera observación hace referencia a que la base social de la juventud se consolida como grupo dependiente protegido, en la medida en que usufructúa el producto de las condiciones económicas creadas por el Estado de Bienestar. Ello iría acompañado de una ampliación de las esferas de libertad juvenil, debida a la crisis de la autoridad patriarcal. Crisis que se asoma en el contexto sociohistórico del creciente aumento de las mujeres en la vida pública y en el mercado laboral en el período de la segunda postguerra y que se hace evidente con la revolución sexual de los años ‘60. En tercer lugar, en este mismo contexto histórico se descubren las potencialidades de un mercado de consumo específicamente juvenil, a partir del impacto sociocultural que provoca el rock (particularmente Los Beatles) y de la rápida transnacionalización de este fenómeno. Mercado de consumo juvenil y transnacionalización, que se complejizará progresivamente y abarcará otros grupos de edades, diferentes a los jóvenes. Este espacio de consumo específico supone, además, la emergencia de una verdadera cultura juvenil, con la articulación de un lenguaje universal difundido por los medios de comunicación de masas, el que privilegia la música y la estética corporal. Y finalmente, ello también iría acompañado del surgimiento de una moral consumista, más laxa en oposición a la moral puritana dominante.
Con la implementación de las políticas económicas neoliberales en nuestras sociedades latinoamericanas a partir de los años ‘80, podemos señalar dos procesos para caracterizar las prácticas juveniles. Por un lado, una tensión entre las pautas culturales de consumo transnacionales y las pautas culturales locales en las que se socializan los jóvenes. Por otro lado, un creciente proceso de exclusión social de los jóvenes mediante mecanismos de discriminación que se ponen en juego en las mismas prácticas juveniles, fundamentalmente vinculadas a las condiciones de clase social, étnicas y de género. En un trabajo previo, uno de nosotros se preguntaba ¿cuánto de las culturas que los sujetos juveniles producen por su cuenta entra en ruptura y conflicto con la sociedad de la que forman parte o cuánto aquéllos contribuyen a reproducir y mantener la continuidad de dicha sociedad? (Villa, 2007, 27). Ello nos remite a pensar la vinculación de la producción de juventud con las desigualdades sociales. También nos conduce a pensar los modos en que se estructuran las relaciones de poder que producen dichas desigualdades con las prácticas de los sujetos juveniles.
Es importante destacar que existe un campo difuso, en el área de las prácticas de profesionales de los ámbitos de salud, educación y desarrollo social, en el que se confunden las nociones de la adolescencia y la juventud como objeto de los discursos médico y psicológico y las prácticas vinculadas a estos. A menudo, dichos discursos y prácticas naturalizan la adolescencia y la condición juvenil en explicaciones de orden psicológico y biológico, haciendo abstracción de los procesos sociales e históricos que podrían constituir o afectar el desarrollo biológico y psicológico de los sujetos. No obstante ello, en la coyuntura actual de las ciencias sociales, nos encontramos con ciertos acuerdos en pensar a la juventud como una construcción sociocultural. Hace ya décadas que existe consenso por considerar a “la juventud” como categoría analítica construida (Bourdieu, 1990). Asimismo, hay una fuerte tendencia hacia la investigación cualitativa que involucre los sentidos que atribuyen personas jóvenes y no jóvenes a sus prácticas (Feixa, 1998). Otra línea central de abordajes es la opción por pluralizar el concepto de juventud para dar cuenta de la heterogeneidad de formas de ser joven que pueden “coexistir” en distintas sociedades o hasta dentro de una misma sociedad (Margulis y Urresti, 1996; Pérez Islas, 2000). Dar visibilidad a la heterogeneidad de prácticas juveniles no significa confundir la diversidad con las desiguales maneras de “producir” juventud (Martín Criado, 1998). Situar al sujeto juvenil en un contexto histórico y sociopolítico resulta insuficiente si no damos cuenta de los criterios de clasificación y los principios de diferenciación social que las distintas sociedades establecen para sus miembros y clases de edad. Esta mirada permite reconocer la heterogeneidad de lo juvenil desde las diversas realidades cotidianas en las que se desenvuelven las distintas juventudes (Reguillo Cruz, 2000).
Los cambios ocurridos en la sociedad contemporánea influyen en la vida cotidiana de los jóvenes, entre ellos: superación de los espacios geográficos y temporales en las comunicaciones, desconfianza hacia el espacio público y sus representantes, precarización y desocupación laboral, crisis familiares, predominio del consumo, desvalorización del conocimiento como elemento sustancial del desarrollo humano y social. Tales circunstancias ocasionan incertidumbres, desencantos y un afán de ser parte de la sociedad de consumo. Los jóvenes, como colectivo sociogeneracional, determinan los modos de responder ante la crisis, al mismo tiempo que buscan estrategias de involucramiento social y elaboran sus propios lenguajes de comunicación. Estos cambios introducen modificaciones en la elaboración de los significantes del mundo social y los jóvenes se ven expuestos a crisis que determinan sus elementos identitarios y el modo de construir su subjetividad.
Es importante destacar que, aun cuando los discursos naturalizadores sobre la juventud y las etapas de la vida han perdido su posición hegemónica, encontraremos distintos ámbitos en los que continúan vigentes. Es por ello que consideramos imprescindible desestructurar las naturalizaciones. Sobre la base de esos discursos suelen tomarse decisiones, por ejemplo en el plano de las políticas públicas, o se elaboran los mensajes de los medios masivos de comunicación.
Culturas juveniles
El estudio de la grupalidad que construyen los jóvenes entre sí ha merecido la atención de los investigadores, quienes en ciertos casos han puesto énfasis en el análisis de la constitución grupal juvenil, tanto como la societal. En este enfoque, la identidad grupal se convierte en el vínculo central para comprender la interacción de los jóvenes con el mundo social. Otra perspectiva teórica muestra la relación con los ámbitos sociales. Este enfoque procura entender a los jóvenes en sus múltiples papeles e interacciones sociales. Desde este punto de vista se han construido categorías teóricas tales como la de “culturas juveniles”.
Por lo tanto, cuando se habla de “culturas juveniles” resulta apropiado tener en cuenta la diversidad que incluye la categoría juventud/jóvenes y también el contexto en el cual habitan dichos jóvenes. En el primer aspecto es preciso tener en cuenta si se trata de jóvenes que estudian, que trabajan, que son desempleados, si integran agrupamientos con características e intereses particulares, etcétera. Mientras que, en cuanto al contexto, es necesario no dejar a un lado las situaciones sociales, culturales, económicas y políticas que influyen en la construcción de la subjetividad juvenil: aspectos tales como la presencia de la tecnología en la vida cotidiana que supera las fronteras geográficas; así como nuevos encantamientos políticos e involucramientos sociales, entre otros aspectos que se advierten en el complejo mundo del nuevo siglo. En este marco, las juventudes adquieren un papel importante como actores sociales en la construcción de la ciudadanía, entendida ya no sólo como el ejercicio de los derechos civiles y políticos, sino también como la lucha por aquellos denominados “derechos de segunda generación” (derecho a la educación, a la salud, al trabajo, a la vivienda, a la protección social, a una alimentación adecuada, a la identidad cultural y étnica). Por estas cuestiones es que, al referirse tanto a las juventudes como a la cultura del mismo colectivo, es preciso pluralizar los términos. No es posible pensar en aspectos homogéneos que identifican a las juventudes, sino incluir la diversidad en la construcción de sus identidades.
Desde esta perspectiva, podemos caracterizar las culturas juveniles como las formas mediante las cuales los jóvenes participan en los procesos de creación y circulación culturales. Dichas formas podrían ser pensadas en relación/tensión con la construcción cultural de la juventud. Es decir, las formas mediante las cuales cada sociedad modela las maneras de ser joven (Feixa, 1998). Así, las mediaciones desde las cuales los jóvenes se construyen identitariamente deben ser estudiadas también desde los espacios estructurales que se les asignan.
Asimismo, un abordaje que atienda a las apropiaciones y construcciones culturales que los jóvenes protagonizan debe ser necesariamente puesto en relación con el modo en que los jóvenes son producidos y representados. Esta estrategia puede permitirnos problematizar tanto las impugnaciones y disputas que los jóvenes producen en torno a los discursos y prácticas hegemónicas como sus reproducciones. Esto es, frente a las representaciones sociales de peligrosidad, victimización, apoliticidad, individualismo e improductividad que han estigmatizado a los jóvenes, debemos atender a la heterogeneidad de jóvenes concretos que habitan un tiempo histórico particular. Es decir, los jóvenes son producidos y moldeados por los espacios hegemónicos que se les asignan, pero a su vez se construyen a sí mismos, disputando, reproduciendo o negociando —según el caso— el orden social establecido.
Pensamos que una lectura atenta de este juego entre representaciones y modos desiguales de producción de los sujetos, en vínculo con los posicionamientos de dichos sujetos juveniles, permite no caer en ponderar “románticamente” a las “culturas juveniles” por su carácter “alternativo”.(*3) Esta perspectiva posibilita reconocer el papel activo de los jóvenes en su capacidad de negociación con las instituciones y estructuras hegemónicas.
Atender empáticamente a las prácticas juveniles, tanto en sus sentidos críticos como reproductivos, posibilita pensar diseños inclusivos de políticas públicas. Políticas que no nieguen los aportes culturales de los jóvenes, sus saberes y sus posturas, generando estrategias inclusivas que fomenten la participación y el desarrollo de las juventudes.
Planteamientos del libro
Siguiendo con estas discusiones acerca del concepto de culturas juveniles como un campo de disputas entre representaciones y prácticas, nuestro libro está estructurado en tres partes.
En la primera de ellas nos proponemos introducir una discusión sobre la mirada de los investigadores y la necesidad de exponer los marcos teóricos que ellos utilizan. También queremos destacar los modos en que se da visibilidad a los jóvenes y cuál es el concepto de juventud que se utiliza allí. Además, es necesario vincular este concepto de juventud con tres dimensiones fundamentales: el proceso metodológico elegido, las acciones de investigación y las intervenciones en los programas y en los servicios dirigidos a jóvenes. El trabajo de Mariana Patricia Acevedo, Susana Silvia Andrada y Eliana López pone énfasis en estas cuestiones, al discutir la implicancia de las conceptualizaciones teóricas con las que, como investigadores, nos acercamos a los sujetos juveniles. El propósito de su trabajo es justamente, reflexionar críticamente sobre las aproximaciones teóricas y metodológicas en el terreno de los estudios de juventudes. De este modo, brindan una propuesta para desarrollar investigaciones y proyectos de intervención social que identifiquen y promuevan las potencialidades de los jóvenes y los agrupamientos juveniles, reconociéndolos como sujetos agentes y, de esta manera, quitándoles peso a los discursos negativos que los caracterizan.
Los estudios con jóvenes podrían estar aportando visiones críticas y propuestas para acercarnos a ellos, incluyéndolos como actores activos. Frecuentemente, las formas de estudiar y representar a los jóvenes no han tenido o no tienen correlato con las prácticas y posicionamientos reales de los sujetos con los que se investiga. Pueden coexistir, por un lado, valoraciones positivas de la familia como institución socializadora, junto con una crítica al consumo de bienes materiales y, por otro lado, el ejercicio de prácticas juveniles vinculadas a los consumos culturales. Estas contradicciones podrían explicarse por una tensión entre la vigencia de pautas locales de socialización vinculadas con una moral familiar y un acceso a medios de comunicación masiva como parte de pautas culturales de la globalización. Esto es lo que estudia María Clara Formichelli al investigar representaciones de jóvenes universitarios de la ciudad de Santa Fe.
En la segunda parte del libro, se analizan las representaciones de los jóvenes que transmiten los medios masivos de comunicación.
En primer lugar, se destacan las representaciones que utilizan los programas de televisión dirigidos a los y las jóvenes en el período de la postdictadura. Ello, además, nos abre preguntas sobre la posible vigencia de dichas representaciones en la televisión actual. Se discute allí la “normalización” que presentan las imágenes de lo joven, bajo la categorización de “lo sano” y “lo enfermo”, la búsqueda de una homogeneización de los jóvenes en contraste con una alteridad amenazante; así como sus vinculaciones con una tipología de familias correspondientes a cada una de estas categorías. También se señala allí la importancia de la construcción de un metadiscurso de lo transmitido en los medios, acerca de lo que se habla o se “charla” en la vida cotidiana y en las redes sociales de los jóvenes. Estas discusiones son presentadas en el trabajo de Mariana Romina Marcaletti.
En segundo lugar, nos interesa poner es discusión las condiciones de producción de los discursos sobre lo joven a través de la prensa escrita en la actualidad. ¿Cuál es el lugar de los jóvenes en la noticia? Allí los sujetos juveniles pueden ser presentados por su relación con el conflicto, su vínculo con un modelo de vida considerado “ejemplar”. También pueden ser considerados como sujetos ideológicos, vulnerables a las influencias de otros, en contraste con la ligazón de los jóvenes con diferentes instituciones: educación, deporte o discusión de casos judiciales. También es necesario analizar una asociación del joven con el delito en el medio social. Todo esto es lo que se proponen discutir Ana Luisa Cilimbini, Georgina Remondino, Claudia Guadalupe Grzincich y Cristina Petit, en una investigación sobre el lugar de los jóvenes en un diario de la provincia de Córdoba.
La tercera parte de nuestro libro está dedicada al uso y las prácticas juveniles en torno de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), así como a la producción de narraciones juveniles en diferentes ámbitos sociales e institucionales. Allí queremos poner énfasis en varios aspectos que discuten los artículos presentados.
• Las características del acceso y el tipo de demanda que pone en juego la población juvenil en torno a las TIC.
• Las desigualdades sociales que suponen dicho acceso y demanda, así como las posibilidades de cuestionamiento o reproducción de dichas desigualdades.
• Los posibles modos de mediatización de las culturas de masas y de apropiación subjetiva que construyen los jóvenes.
• El uso de las TIC como un espacio social de legitimación de culturas y relaciones sociales juveniles que pueden permanecer en la invisibilidad social y en la subordinación a las culturas escolares.
• Las producciones de narrativas juveniles que podrían cuestionar las desigualdades sociales y los saberes legítimos de la institución escolar y familiar.
Asimismo, queremos destacar una serie de tópicos específicos que desarrollan los estudios incluidos en esta tercera parte.
Es necesario analizar el impacto del acceso público a las TIC en jóvenes de sectores populares urbanos, pero también los modos en que estos espacios pueden contribuir a la sociabilidad, educación, empleo y participación ciudadana, así como la adquisición de capacidades y destrezas. Tampoco debemos dejar de prestar atención al valor comunicativo del uso de Internet, en tanto espacio de encuentro y socialización entre pares. Esto es discutido por el estudio de Sebastián Benítez Larghi y su equipo de trabajo, quienes investigaron con jóvenes de sectores populares del Municipio de La Matanza de la provincia de Buenos Aires.
Las experiencias de jóvenes que se apropian de las TIC para producir medios de comunicación escolares (productos gráficos, audiovisuales, sonoros y multimediales) pueden habilitar en las escuelas procesos educativos centrados en prácticas de comunicación y cultura. Ello puede producir un doble movimiento. Por un lado, se recuperan aspectos de las culturas juveniles que pueden interpelar a los jóvenes como sujetos sociales y no sólo como alumnos. Pero, por otro lado, aquel proceso puede poner en juego en la escuela otros espacios de socialización múltiples de los jóvenes, cuestionando a la escuela y la familia como fuentes de saberes homogéneos y legítimos en la producción de sentido. La visibilización de las producciones juveniles vinculadas a sus contextos socioculturales en el proceso pedagógico puede generar un diálogo de las problemáticas que presentan las culturas juveniles en la escuela. Estas discusiones son analizadas por Verónica Plaza Schaefer, a partir de un estudio con producciones juveniles en escuelas secundarias de la ciudad de Córdoba.
En un contexto social de “mercantilización de la afectividad”, las narraciones producidas por jóvenes en torno al amor y las experiencias sentimentales pueden ser analizadas desde los estudios de la sociología de los cuerpos y las emociones, así como desde la crítica ideológica. La reproducción del mundo social de los jóvenes y sus mediatizaciones culturales pueden ser discutidas considerando su anclaje en las vivencias y prácticas juveniles. Es posible identificar “intersticios” y “pliegues” en las narraciones juveniles, donde el amor y el cuidado pueden constituirse en una “potencialidad de goce” no mercantilizada, opuesta al individualismo. Esto es lo que se proponen discutir María Eugenia Boito, María Belén Espoz y Cecilia Michelazzo, en un estudio sobre narrativas de historias amorosas, en un taller de escritura con jóvenes en espacios de socio-segregación urbana en la ciudad de Córdoba.
Esperamos que todos estos trabajos puedan ser útiles para reflexionar sobre la construcción de las identidades juveniles y los aportes de las juventudes a la dinámica sociocultural, así como para fomentar prácticas docentes y profesionales inclusivas en los campos institucionales de educación, salud, desarrollo social, cultura y justicia, que intervienen con diferentes poblaciones juveniles.
Alejandro M. Villa
Julieta Infantino
Graciela Castro

 
Notas
Se presentaron 246 ponencias, provenientes de cuarenta universidades públicas del país, organismos gubernamentales y no gubernamentales, así como de organizaciones de la comunidad.
“El concepto de representación social designa una forma de conocimiento específico, el saber de sentido común, cuyos contenidos manifiestan la operación de procesos generativos y funcionales socialmente caracterizados. En sentido más amplio, designa una forma de pensamiento social. Las representaciones sociales constituyen modalidades de pensamiento práctico orientados hacia la comunicación, la comprensión y el dominio del entorno social, material e ideal” (Jodelet, 1986, 474).
Recordemos que una de las críticas más difundidas en cuanto al concepto de “culturas juveniles” ha sido su tendencia a resaltar prácticas culturales juveniles por su carácter “contestatario”. Esto es, ver en las prácticas como el lenguaje, los rituales de consumo cultural, las marcas de vestuario, “evidencias” incuestionables del contenido liberador a priori de las culturas juveniles, sin ponerlas en contexto (deshistorizadas) o sin problematizarlas con la mediación de instrumentos de análisis que posibiliten trascender la dimensión descriptiva y empíricamente observable en los estudios sobre jóvenes (Reguillo Cruz, 2000).
Bibliografía
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