"Infancias en la filosofía:
experimentar el pensar; pensar la experiencia"

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--Balance


Problematizar prácticas y pensamientos

Entre el 19 y 21 de agosto pasado, tuvieron lugar, en Buenos Aires, las II Jornadas internacionales de Filosofía: “Infancias en la filosofía: experimentar el pensar; pensar la experiencia", organizadas por Ediciones Novedades Educativas. Las Jornadas fueron una prolongación de las primeras, realizadas en julio del año pasado y requeridas insistentemente después de esa primera iniciativa. En cierta forma, esta edición de las Jornadas superó a la anterior; con un día más de duración, fueron presentados más trabajos y de formas más diversas: comunicaciones teóricas, relatos de experiencias, talleres y sesiones especiales teórico-prácticas, además de las mesas y conferencias de apertura y cierre, a cargo de Ann Sharp y Giuseppe Ferraro, respectivamente.
Considerando las evaluaciones del encuentro anterior, se hizo hincapié en las formas más participativas de presentación y se redujo el número de participantes en las mesas para favorecer el espacio de diálogo. Las Jornadas tuvieron los exponentes más relevantes en el nivel internacional y una amplia participación de personas de todo el país y América Latina, con énfasis para las delegaciones de Brasil y Chile. El altísimo compromiso de los participantes contribuyó para lograr un encuentro altamente significativo.
Además de un gran número de trabajos en el área de enseñanza de la filosofía, en sus distintos niveles -educación básica, media y superior–, fue presentado un número no menos significativo de experiencias y trabajos teóricos en las áreas de filosofía de la educación, historia de las ideas, formación docente, educación infantil, especial y varias otras. También merece destacarse la presentación del libro Teoría y práctica en filosofía con niños y jóvenes, que incluye una importante selección de ponencias de las Jornadas del año anterior (ver retiro de contratapa de esta edición).
La sensación dominante entre los participantes fue de gran satisfacción por la calidad de las Jornadas, destacándose el pedido de una reiteración, en una tercera edición, de un encuentro que, poco a poco, se consolida como un espacio de renovación del pensamiento para todos aquellos interesados en las interfaces entre filosofía y educación. Más allá de las filiaciones institucionales, teóricas y prácticas, lo que parece reunir a los participantes de estos encuentros es su disposición a repensar y problematizar su práctica y su propio pensamiento, como un modo de disponerse a pensar y actuar de otra manera. Así se realiza, entonces, lo que es el lema de las Jornadas: "experimentar el pensar y pensar la experiencia", un movimiento doble, plural, que apuesta, siempre, a la transformación de lo que somos.

Walter Omar Kohan
Presidente del Comité Académico

--Experiencia personal


Crónica de una experiencia personal

A una semana de la finalización de las Jornadas me dispuse a redactar una crónica personal de mi participación. Subrayo lo de personal dado que, a la visión lógicamente subjetiva que de su desarrollo pude haber tenido, se sumó el hecho de participar, además de las sesiones plenarias, sólo en un reducido número de “relatos de experiencias”, “sesiones especiales teórico-prácticas” y “talleres”, en el marco de una riquísima oferta de más de 30 grupos de trabajos. La riqueza de su contenido y la gratificación que tuve por el conocimiento de personas expertas en el ámbito de la didáctica de la filosofía, me llevó a sentir la necesidad de narrar esta experiencia.
[…]
Mis primeras reflexiones críticas se dieron principalmente en el ámbito metodológico o de la didáctica. El desarrollo del pensamiento cuidadoso, aquel que consigue que las personas empaticen, se relacionen en un clima de confianza y tolerancia parece ser la condición indispensable para el diálogo y la investigación filosófica. Por otra parte, una intervención docente de tipo “quirúrgica” o excesivamente correctiva, que pretenda de manera rigurosa el desenmascaramiento de todos los artificios, y la cruda conciencia de la nada o del vacío que es condición del pensar –que no el conocer–, suele tener por efecto la obturación expresiva del alumno. Y si se reconoce el hecho de que sin expresión no hay pensamiento o, al menos, no es posible la investigación sobre el pensamiento, puede darse la curiosa paradoja de que la preocupación por el rigor y la criticidad en el pensamiento puede provocar su inhibición definitiva.
Cabe ahora recorrer el camino inverso: poner la posición del rigor, la violencia, el dolor o la muerte en el extremo positivo de la tensión. Recordé entonces las figuras asociadas al personaje de Sócrates: el incómodo tábano; aquel rostro que hacía recordar a una raya (el pez), no sólo por su fisonomía sino también por el efecto que producían sus palabras a la manera de una descarga eléctrica; también la asociación entre la mayéutica, el nombre de su método, con el oficio de ayudar a parir que tenía su madre. Sócrates como modelo de la subjetividad que se niega o muere, como se niega la palabra a ser escrita o, incluso, en extremo, el cuerpo físico que se niega a continuar escribiendo una vida que de últimas no le pertenece.
Es cierto que sin el cuidado, la empatía o la tolerancia difícilmente puede haber diálogo o investigación de ideas. Sin embargo, en el recorrido de la investigación filosófica necesariamente debe llegar el momento del límite, de la confrontación, de la resistencia. Aquel momento en que la escucha deja de ser agradable acogida para convertirse en devolución crítica, límite articulador del deseo, espejo identificador y también incómodo o doloroso.
[…]
Han sido unas jornadas sumamente enriquecedoras, a las que pude participar de manera fortuita e inesperada –la lectura de un anuncio en un importante diario, una semana antes, modificó gratamente el programa de la visita que desde Barcelona realizo anualmente a mi familia de Venado Tuerto- y que, como la mayoría de los hechos que componen nuestra vida docente en las aulas, tuvieron lugar por la combinación del imprevisto y de las condiciones de posibilidad que las acciones intencionales provocan. Esta vez las condiciones estuvieron puestas por los organizadores, a quienes por ello les estoy sumamente agradecido.

Alejandro Sarbach
Asistente

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--Opinión
 


    Las jornadas ofrecieron momentos de gran valor académico y profunda sensibilidad humana

    Las Segundas Jornadas Internacionales de Filosofía confirmaron la vitalidad y creatividad de los actores educativos de distintos países, regiones, niveles y especialidades. La canción dice "¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón". La imagen poética de Fito Páez no estaría directamente anclada en la racionalidad filosófica tradicional. Sin embargo, nos permitimos una licencia romántica para describir el alma del evento, como muy bien lo hizo Giuseppe Ferraro durante su conferencia de cierre.
    Las jornadas tuvieron un alma, un eje. Con gran preocupación por los temas centrales y enorme responsabilidad para lograr un desarrollo armonioso de un programa ambicioso con más de 120 ponencias, los diálogos, los paneles, las conferencias y talleres ofrecieron momentos de gran valor académico y profunda sensibilidad humana. Se crearon y recrearon vínculos, se armaron y consolidaron proyectos horizontales entre colegas, camaradas, compañeros de una misma época que ni siquiera el correo electrónico había relacionado antes. La red que comenzó a tejerse en las primeras jornadas de julio de 2005 se consolidó y aumentó en su cobertura y diversidad. Distintos cruces multiplicaron las particularidades de estas jornadas: por un lado, la asistencia de referentes y actores de la filosofía en la educación de países de Europa y América Latina promovió un intercambio de enriquecimiento cultural; también fue notable la multiplicidad de niveles educativos representados, docentes que desarrollan sus proyectos en la educación infantil con niños de cuatro años compartieron las actividades con académicos de prestigiosas universidades. Otro encuentro se plasmó armoniosamente: los científicos dialogaban con filósofos y artistas sobre la experiencia del pensar, distintas formaciones profesionales enriquecieron las instancias de producción y debate.
    La organización de las jornadas tuvo un desarrollo espléndido y el sano orgullo de los comités Académico y Organizador -a cargo de Walter Kohan y Andrea y David Kaplan, respectivamente- fue ratificado por los diálogos que embellecieron la despedida de los asistentes el lunes por la tarde.
    Sin vanidad, queremos expresar que para Ediciones Novedades Educativas ésta no es una excepción. Las Segundas Jornadas Internacionales de Filosofía se suman a una larga lista de eventos, encuentros, seminarios y congresos que hemos impulsado, además de los trescientos títulos que forman el fondo editorial de este sello. A través de esta tarea hemos construido, durante dos décadas, un espacio que ponemos a disposición de los interlocutores del debate educativo. Una ratificación de la confluencia de las actividades presenciales y las herramientas editoriales ha sido el lanzamiento del libro Teoría y práctica en filosofía con niños y jóvenes. Esta obra, coordinada por Walter Kohan, plasma las ideas que representan los aspectos sobresalientes de las Primeras Jornadas y multiplicará, gracias a su circulación por Iberoamérica, las energías volcadas en la organización y desarrollado de los encuentros.
    Regresando a Fito Páez, no todo está perdido, juntos seguimos construyendo.

    Daniel Kaplan
    Director Ed. Novedades Educativas

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--Informes


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