"Filosofía
e infancia"
Coordina: Laura Agratti
-
De Kant a Benjamin: ilustración e Infancia. Alejandro Ruidrejo,
Universidad Nacional de Salta
Cuando
Kant intentó reflexionar sobre su presente histórico y lo definió
bajo la noción de Aufkläung, cobijó bajo esa expresión una multiplicidad
de sentidos: uno moral, ya que se procura que los hombres
tengan el coraje de salir de su estado de minoridad (UnmÜndigkeit);
uno histórico dado que la Ilustración representa un estadio
de la Humanidad misma y otro filosófico, que asocia el
sapere aude con el conceptus cosmicus de la filosofía.
La Ilustración estaba vinculada al coraje de pensar por uno mismo,
que es a la vez un "pensar con otros", pues no se trata de un
delirio solipsista, sino de buscar juntos la libertad prometida
por la razón. Este pensar por uno mismo se lograría con la mayoría
de edad. Pero ¿cómo entender esa mayoría de edad y cómo es posible
vincularla con las formas de aprendizaje del pensar filosófico
que expone en la Arquitectónica de la Razón Pura? En este punto
entendemos que la emancipación está vinculada a una Infancia
del pensar, a un retomar la tradición filosófica evitando
los esquematismos escolásticos, procurando renovar la experiencia
del pensar filosófico.
Pero ¿cómo tener la experiencia del pensar, sin pensar a la vez
nuestra experiencia? El empobrecimiento de la experiencia es un
tópico central en el pensamiento de Walter Benjamin quien también
se ha detenido en el tema de la infancia, y ha vuelto sobre la
Ilustración a partir de la literatura infantil del siglo XVIII,
es en Benjamin donde creemos que aparece otra forma de entender
la infancia, vinculada a la niñez efectiva y al análisis de los
mecanismos de domesticación que le han sido destinados, para que
el componente emancipatorio de la imaginación renuncie a su función
de crear una "promesa de felicidad". El presente trabajo intentará
avanzar sobre las cuestiones planteadas anteriormente, para replantear
su actualidad.
- La pesadilla infantil en lo social: ¿cómo educar para lo
que no se sabe? Cecilia Lazzari, Fundación Catalina, San
Martín de los Andes
¿Cómo
educar hoy?¿Cómo pueden las instituciones actuales dar un salto
en las concepciones que forjaron su destino y le dieron su sentido
en la modernidad?. Me gusta definir la educación, como la capacidad
de entusiasmar y su transmisión efectiva es en acto, esto es bordear
los límites de la angustia como en la creación. Sostener una posición
ética frente al desempeño de una función, posición que ¿podrá
de transferirse a las generaciones futuras? La educación lleva
implícita la idea de hombre que tiene una sociedad.¿Qué futuro
consideramos hoy? ¿Cómo despojarse de lo sabido para que los nuevos
niños, puedan estar formados en una apertura al cambio como modos
de vínculo y lazo social?
1- La política del mercado ha desplazado la idea de ciudadanos
por la de consumidores, los niños no están exentos de esta lógica
lo cual ha promovido como premisa el sacrificio a la infancia,
las instituciones dedicadas a ella han perdido el valor de referencia.
Si no hay infancia, en el sentido de la caída actual de los ideales
que acuñaron el concepto de infans ¿ Qué sentido tienen las instituciones
que la albergan dado que ellas fueron creadas por la existencia
misma de la infancia como valor?
2- Hay dos cambios nuevos: Uno referido a la subjetividad producto
del desarrollo tecnológico. Dos, la modificación sustancial de
los lazos sociales. Frente a la globalización estamos perplejos
y desolados. ¿Acaso esta no es la pesadilla en la infancia?. El
dolor de la existencia hoy y su correlato, el ataque al pensamiento.
3-
La solución tal vez esté de la mano de la creación como premisa,
sostenida en la posibilidad de la transmisión más de el valor
de la función y de una posición ética .Desde ya investigación
y la articulación de recursos humanos y económicos como posibilidad.
-
La infancia de una ética. Rodrigo Pelloso Gelamo, FATEB,
Brasil y Alonso Bezerra de Carvalho, Universidade Estadual Paulista,
Brasil
Espinosa
propone que la ética no es algo que ocurre de forma trascendental
como pretendía Descartes. La ética sería, entonces, producida
por el encuentro de cuerpos. Estos encuentros son capaces de producir
dos tipos de afecciones: tristes y alegres. En este sentido, los
encuentros que produjeron buenos afectos (alegres) son encuentros
éticos, mientras que aquéllos que produjeron malos afectos (tristes)
son anti-éticos. Siguiendo esa misma propuesta, de no atribuir
a un carácter trascendental el poder decisorio hacia la ética,
Nietzsche entiende que a ética es la producción humana que potencia
al hombre: aquella producción que aleja al hombre del resentimiento
causado por la moral (tradición o religión). Nietzsche critica
a Kant haciendo oposición al modo trascendental de entendimiento.
Entendemos que estos filósofos produjeron una ética de la infancia
del pensamiento. El concepto de infancia que usamos aquí no es
aquél relativo a la primera edad sino aquél que busca la afirmación
de sí, como potencia del encuentro, como potencia de escoja, sin
detenerse en un punto fijo. Infancia que posibilita la invención
de uno mismo y del mundo. Ética que se produce a sí misma en un
encuentro siempre nuevo, en un tiempo siempre presente, es decir,
como lo dice Foucault, en una ontología del presente.
- La infancia creadora en un retrato de Kafka, y el juego de
la palabra como "teatro del mundo". Liliana J. Guzmán,
Universidad Nacional de San Luis
Desde
la perspectiva hermenéutica y tomando como punto de partida un
escrito de Walter Benjamin sobre la obra de Kafka, sugiero la
relación entre palabra y pensamiento en el despliegue poético
de la obra como construcción de un “teatro del mundo”. Realizo
esta sugerencia a fines de señalar hacia el ejercicio del filosofar
como búsqueda de otros modos del decirse, o del desplegarse de
la palabra, y como encuentro fragmentario pero quizás fecundo,
o generador, entre pensar y poetizar, entre palabra e imagen,
entre enigma y encuentro. Acaso para señalar otros ejercicios
del pensamiento como modo de reunión consigo mismo y con esa alteridad
que, como nuestra existencia, también nos constituye.