Consumo problemático de drogas

Consumo problemático de drogas

Bases para una clínica ambulatoria de inclusión sociosanitaria


$ 360,00

Para conocer la problemática y romper con la línea predominante, que indica que la única alternativa posible para la denominada “clínica de las adicciones” es la internación, esta obra parte del desarrollo histórico del consumo de sustancias, su clasificación y formas de abordaje, los aspectos bioéticos y la influencia del discurso jurídico como herramienta de control social. A la vez, el autor, con una experiencia de casi tres décadas en el tema, profundiza el modelo de abordaje ambulatorio de inclusión sociosanitaria basado en normas éticas y científicas, en contraposición al de la lógica del encierro y el disciplinamiento.
En la clínica diaria, llama la atención cómo el imaginario construido por ciertos discursos (en particular, el moral, el jurídico y el religioso) influye en el de los profesionales. Esto da como resultado la puesta en marcha de abordajes basados fundamentalmente en el aislamiento y el autoritarismo, así como las prácticas (sin fundamento científico) de cuestionables normas éticas, que en la mayoría de los casos violan los derechos humanos más elementales.

Introducción
Breve descripción del problema

Capítulo I
El consumo de sustancias según la época

Las plantas psicoactivas y sus usos
Algunas plantas psicoactivas
De lo natural a lo químico
Usos médicos
La prescripción de drogas: la psicofarmacología
Nacimiento de la industria farmacéutica. De la botica a la farmacia

Capítulo II
Categorías sociales intervinientes en el proceso de exclusión

Las representaciones sociales
La desviación social
Usos sociales
Costumbres
Ley consuetudinaria
Ley promulgada
Prejuicio
Estereotipo
Estigma
La medicalización como control de la desviación

Capítulo III
Términos asociados al consumo de sustancias

Definiciones de droga
Clasificaciones de las drogas
Niveles de consumo

Capítulo IV
Drogas y modernidad

Capítulo V
Bioética, subjetividad y ley

Drogas y prohibición
Marco legal en América y el mundo
Marco legal en la Argentina
Ley y consumo de drogas
Las medidas de seguridad curativa
Bioética, ley y subjetividad

Capítulo VI
Abordajes asistenciales

Abordajes terapéuticos para la enfermedad mental. Antecedentes
Los tratamientos en Argentina en el área de Salud Mental
Modelos de abordaje en el tratamiento de los consumos problemáticos
Los tratamientos para los consumos problemáticos en la Argentina
Más consideraciones acerca del tratamiento para usuarios de drogas
Los profesionales de la salud mental, prejuicio y exclusión

Capítulo VII
Hospital de día de inclusión sociosanitaria como modelo de intervención para el abordaje del consumo

problemático de sustancias
Un cambio de paradigma
Objetivos del hospital de día
Modalidad de tratamiento del hospital de día
Cronograma de actividades terapéuticas del dispositivo de hospital de día

Alberto Trimboli

Doctor en Psicología, psicólogo clínico y psicoanalista. Coordina el sector de Adicciones del Hospital General de Agudos “Dr. Teodoro Álvarez”; fundó, presidió y es miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM). Entre 2013 y 2015 fue vicepresidente regional para América Latina de la Word Federation for Mental Health (WFMH) y desde 2017 es miembro vitalicio de esa institución. En 2013 presidió el único Congreso Mundial de Salud Mental desarrollado en Argentina organizado por la AASM y la WFMH. Desde 2014 forma parte del Órgano de Revisión de la Ley Nacional de Salud Mental. Tiene actividad docente universitaria tanto a nivel nacional como internacional. Es docente y tutor de la Facultad de Psicología de la Università della Sapienza (Roma, Italia), Profesor Honorario de la Facultad de Psicología de la Universidad de Chiclayo (Perú), profesor adjunto del departamento de Psicología Clínica de la Universidad Argentina J. F. Kennedy. Docente de la Facultad de Psicología y de la de Medicina de la Universidad de Buenos Aires UBA. Es compilador y coautor de numerosos libros y artículos relacionados con la temática.

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Breve descripción del problema

Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al finalizar, para tener un morir agradable.
Fiedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra


El denominado “problema de las drogas” es, sin lugar a dudas, uno de los temas más discutidos de las últimas décadas. En la actualidad suele ser abordado desde diferentes discursos y lugares de poder, principalmente desde el político, el jurídico, el religioso y el de la seguridad, dejando de lado uno de los principales: el de la salud.
En este libro se detallarán una serie de conceptos relacionados con el denominado “problema de las drogas”, especialmente aquellos que han dado como resultado que las personas que las consumen sean estigmatizadas y excluidas del sistema de salud.
Abordaremos el proceso de elaboración y construcción del “sujeto adicto” por parte de la sociedad y cómo se producen procesos estigmatizadores a través de estereotipos que desencadenan prejuicios y discriminación por desconocimiento e ignorancia, contra las personas que consumen sustancias psicoactivas, así como por la acción de diferentes discursos y la puesta en marcha de acciones concretas de control social por parte de ciertos sectores de poder.
Es indudable que el siglo XX nos ha presentado una serie de contradicciones socioeconómicas, políticas y culturales únicamente comparables con las que se produjeron en el continente europeo hace aproximadamente tres siglos, con la denominada Revolución Industrial. En esa instancia, la tecnología recién aparecida impactó de lleno en la estructura social existente hasta entonces y la vida no volvió a ser la misma. Los individuos debieron adaptarse a los cambios de maneras muy diferentes.
En medio de este panorama, en el periodo de posguerra de la Segunda Guerra Mundial, algunos sectores comienzan a colocar en primer plano lo que hasta el momento era algo desconocido para la sociedad: el denominado flagelo o epidemia de las drogas.
Estas designaciones le otorgan a la problemática dos tipos de connotaciones: una moral y otra médica, que generan la idea de que es necesario proteger a la sociedad de ese “mal”.
Este fenómeno fue construyéndose en el transcurso del siglo veinte, sobre la base de la transmisión de una multiplicidad de discursos ideológicos, políticos, médicos, jurídicos y morales, que dieron como resultado la estigmatización (y penalización) de las personas que consumían ciertas sustancias.
En este contexto, si consideramos que la intervención del Estado como respuesta a la problemática no provino del sistema de salud sino del legislativo, jurídico y moral, debemos decir que la situación no solo no desapareció, sino que se agravó aún más. En efecto, la promulgación de leyes que incluyeron la sanción penal y las denominadas medidas curativas en nombre de la defensa de la sociedad, contribuyeron a que se asignara al usuario de drogas una doble condición: de enfermo, por un lado, y de delincuente, por otro.
Sabemos que el sistema de creencias determina el funcionamiento de una sociedad. En este sentido, podemos decir que el sujeto actúa en tanto que es actuado por el sistema (Althusser, 1968).
Es llamativo cómo ciertos sectores, entre ellos el de los profesionales de la salud, muestran visiones tan particulares sobre este tema e incluso, en la mayoría de los casos, dejan de lado a la persona y sus derechos, centrándose casi exclusivamente en el objeto droga y en el peligro que significa para la sociedad la sustancia ingerida.
Como ejemplo de ello podemos citar a Vélaz de Medrano (2009) que plantea que esta problemática afecta gravemente a la comunidad en su conjunto por la magnitud que alcanza en lo individual y social, no solo en lo atinente a la salud pública, sino también al bienestar y al adecuado desarrollo comunitario.
La misma postura sostiene Mannaioni (1980); este autor afirma que, si la adicción fuera el único factor importante en el problema de la toxicomanía, la solución sería muy sencilla, permitiendo que cada persona pudiera consumir la sustancia de la que depende y controlando la aparición de trastornos físicos y psíquicos. En cambio, agrega, la adicción a las drogas no solo es un problema porque las sustancias producen dependencia, sino porque sus constituyen un peligro para el individuo y para la sociedad.
Es evidente que tanto Vélaz de Medrano como Mannaioni son un ejemplo claro de cómo muchos especialistas en el tema ponen el acento en la sustancia, en el peligro para la sociedad y no en la subjetividad. De esta manera, estos autores estarían dando por sentado que son las sustancias por sí mismas las que provocan el problema; les atribuyen peligrosidad, dejando de lado los mecanismos internos por los cuales cada sujeto o grupo elige consumir una determinada.
Este tipo de planteo es el más sostenido por los sectores políticos y de la prensa y también por el sistema de salud pública estatal. Esto da como resultado la ausencia de dispositivos de salud ofrecidos por el Estado y la proliferación de centros privados, autodenominados de asistencia, la mayoría de ellos con prácticas que violan el marco ético y legal y que no dan respuesta adecuada a las personas con consumo problemático de sustancias.
En este sentido, es indispensable preguntarnos cuáles son los motivos que impiden que el Estado arbitre los medios necesarios para implementar una cantidad necesaria de centros de salud destinados a personas con consumos problemáticos. Los tratamientos existentes, especialmente los pertenecientes al ámbito privado, ¿son inclusivos? ¿O en realidad favorecen la estigmatización?
Parte de la respuesta reside en la construcción del sistema de representaciones. En efecto, uno de los puntos intervinientes en la construcción de un cierto tema dentro de una sociedad determinada son las representaciones sociales. Estas, en el caso del consumo de sustancias, actúan como barrera de acceso al sistema de salud por parte de las personas que padecen esta problemática, pero también actúan negativamente en aquellas que, si bien consumen alguna droga, no constituyen un problema.
Hoy las personas consumidoras de ciertas sustancias psicoactivas son víctimas del sistema de representaciones dominante y habitualmente se las relaciona con el delito y la pobreza. En ese sentido, no sorprende que el abordaje para el tratamiento de ellas sea la internación prolongada, el encierro y muchas veces la aplicación de métodos de castigo sin fundamentación científica alguna.
Como resultado de la puesta en juego de estos mecanismos, ni la sociedad en general, los profesionales de la salud ni el Estado parecen preocupados por poner en marcha modalidades ambulatorias acordes con los criterios científicos y éticos aceptados. La experiencia indica que las internaciones breves son menos costosas, no solo en términos económicos, sino también en términos psíquicos y sociales.

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