Disparadores emocionales para la clínica

Disparadores emocionales para la clínica

40 actividades creativas


$ 330,00

La obra es una ayuda para sobrellevar, con el menor costo emocional posible, las situaciones de crisis o conflictivas de la vida mediante anécdotas o metáforas con las que el lector se identifica y puede dar lugar a nuevas soluciones. El libro tiene en cuenta la dimensión emocional de los pacientes, independientemente de que padecieran o no afecciones de tipo orgánico. No reemplaza otras terapias, es un medio más para hacer más viable su resolución. Vivimos frecuentes crisis: el nacimiento, la adolescencia, separaciones, del trabajo, las guerras, de los problemas económicos, de las catástrofes naturales, etcétera. No nos extrañe que, bajo la presión de tales posibilidades de padecimiento, las personas rebajen sus pretensiones de felicidad; no nos asombra que el ser humano ya se estime feliz por el mero hecho de haber escapado a la desgracia, de haber sobrevivido al sufrimiento; que, en general, la finalidad de apaciguar la angustia relegue a segundo plano la de lograr el placer.

Prólogo
Eduardo (Tato) Pavlovsky

Introducción

Parte A. Aportes teóricos básicos
Aportes teóricos

Parte B. Recorridos personales. Textos de lectura con actividades
El momento nodal en una vida
El cumpleaños feliz
El misterioso suicidio de Peter Brown. La comunicación humana
El bastón invisible
La historia de Jack y su sombra
Reunión VIP
El tesoro que cada uno busca
La máquina corporal y la fórmula de la felicidad
Diálogo con mamuschkas
Las llaves de la vida
Con tres heridas viene…
La hormiga solitaria
Los tres caminos
Las arañas y sus telas
El regreso de Robert Hooke
Valor del punto
Nadie está satisfecho con su suerte
El universo dinámico
Mal de amores
El dios Pan
Agujeros negros
Termodinámica y entropía
Los tres anteojos
La receta de la vida: “Hay que buscarse un amante”

Parte C. Vinculación entre teoría y práctica. Propuestas de actividades
Horario semanal de ocupaciones diarias
Virus y priones
Máscaras
Laberinto y tres esferas
La velocidad del viaje y lo que apreciamos visualmente
La piedra
La cajita de cumpleaños
El hombre de madera
El guante
El cordón telefónico
Cuerpo humano al límite
Con palitos chinos
Con dos discos
Con cáscaras de frutas y hortalizas
Atadura y libertad

León Benasayag

Doctor en Medicina, profesor de Neurología (UBA). Especialista en Neurología de Adultos, en Neuropediatría y en Electroencefalografía. Autor de cinco libros y un CD sobre temas médicos. Recibió el premio del Hospital Materno Infantil “Ramón Sardᔠal mejor trabajo sobre “Pronóstico de la anoxia perinatal, a los 6 años de edad”. Dirige el Centro de Neurología Integral.
Ha incursionado en diversas áreas del quehacer humano, como la narrativa, la fotografía y el cine, entre otras expresiones artísticas. Realizó numerosos cortos (Claudia, etcétera) y un videoclip (La batalla por la rosa) que se puede encontrar en Youtube. Este trabajo, Disparadores emocionales para la clínica, abarca diversas áreas del conocimiento que, atravesadas por la imaginación del autor, alcanzan un efecto movilizador y ayudan a profundizar la comprensión del devenir cotidiano.

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Eduardo Pavlovsky

Eduardo Tato Pavlovsky (1933-2015) fue un psiquiatra, actor, dramaturgo y director argentino, orientado al psicodrama. Autor de reconocidas obras teatrales entre las que se encuentran Telarañas, El señor Laforgue, El señor Galíndez, Potestad y Rojos globos rojos.

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Soy médico especialista en neurología de niños y adultos, con innumerables años de actividad profesional. A esto se suma la formación y práctica en PNL (Programación Neurolingüística), en EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares), y en otras técnicas, como la hipnosis ericksoniana.
¿Cómo llego a escribir este libro a partir de esos conocimientos y prácticas?

Este trabajo tiene su génesis en la decisión de considerar la dimensión emocional de mis pacientes, independientemente de que padecieran o no afecciones de tipo orgánico.

Aquí, como en toda creación humana, intervinieron muchas personas que lo hicieron posible; en este caso, durante todo el proceso de escritura, un buen número de colegas y amigos aportó críticas, revisiones y sugerencias.

La práctica médica es, para mí, una pasión. Me permite ver un panorama inacabable de situaciones humanas extraordinarias, conocer el otro lado de las vidas, con sus facetas más claras y más oscuras. Es una práctica gratificante, una experiencia fantástica en la que la realidad supera la fantasía.

He conocido a médicos que destinaban buena parte de su sueldo a ayudar al enfermo carenciado y he visto el trabajo emocionante e incansable de las enfermeras, dando su vida durante interminables horas.

Después de cincuenta años de práctica de la medicina, como neurólogo de niños y adultos, viví una infinita variedad de situaciones emocionales y sociales, relacionadas entre sí, y ocultas detrás de la fachada de las más diversas afecciones orgánicas.

Recuerdo algunas anécdotas de mi práctica hospitalaria, como el caso de un niño que ingresó en el hospital con un severo cuadro de convulsiones de difícil control. A medida que pasaban los días se hacía más oscuro el diagnóstico y, como consecuencia, el tratamiento. Comenzó a llamar la atención de quienes lo atendíamos, el hecho de que la madre viniera sumamente arreglada, “como de fiesta”, para estar junto a la cama de su hijo. Esta disociación entre el dolor y su apariencia festiva nos llevó a investigar, y así se reveló que la madre intentaba envenenar a su hijo con un plaguicida que se usa en jardines. Ella y su amante habían planeado el asesinato. En la Facultad de Medicina no me habían enseñado a pensar en madres asesinas, ¡pero las hay!

También recuerdo el extraño caso de un adulto que consultaba por dolor de cabeza crónico. Una simple radiografía mostró que tenía insertada una pequeña aguja de coser en su cerebro. El objeto metálico debió haber entrado mientras era un lactante y tenía la fontanela anterior abierta. ¿Habrá sido por accidente? Si así fue, tuvo mucha suerte, pues una hemorragia pudo haberlo matado.

Vivimos frecuentes crisis: el nacimiento, la adolescencia, las laborales, las separaciones, las guerras, los problemas económicos, las catástrofes naturales, etcétera. El hecho real es que siempre vivimos en crisis.

Este libro intenta proporcionar una ayuda para sobrellevar o superar, con el menor costo emocional posible, las situaciones de crisis o conflictos de la vida mediante anécdotas o metáforas con las que el lector se identifica, lo que puede dar lugar a nuevas soluciones. No reemplaza otras terapias, es un medio más para hacer más viable su resolución. No adhiere a ninguna teoría en particular para el desarrollo del texto, pero no descarta los aportes que todas las escuelas y prácticas pueden brindar.

Tomamos como base lo desarrollado sobre los orígenes del sufrimiento, donde Freud expone la insatisfacción del hombre en la cultura:

El sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que, condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia; del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables; por fin, de las relaciones con otros seres humanos. El sufrimiento que emana de esta última fuente quizá nos sea más doloroso que cualquier otro; tendemos a considerarlo como una adición más o menos gratuita, pese a que bien podría ser un destino tan ineludible como el sufrimiento de distinto origen.
No nos extrañe, pues, que bajo la presión de tales posibilidades de sufrimiento, el hombre suele rebajar sus pretensiones de felicidad (como, por otra parte, también el principio del placer se transforma, por influencia del mundo exterior, en el más modesto principio de la realidad); no nos asombra que el ser humano ya se estime feliz por el mero hecho de haber escapado a la desgracia, de haber sobrevivido al sufrimiento; que, en general, la finalidad de evitar el sufrimiento relegue a segundo plano la de lograr el placer. La reflexión demuestra que las tentativas destinadas a alcanzarlo pueden llevarnos por caminos muy distintos, aprendidos alguna vez por el ser humano (Freud, 1929, *1).


La aspiración de ser feliz, según la valoración propia, no siempre se logra, y constituye una lucha permanente entre la cultura, que intenta desarrollar la civilización, y el hombre primitivo, agresivo e irracional. Freud señala tres fuentes del sufrimiento humano:

Las alteraciones corporales y las enfermedades. La caducidad de nuestro cuerpo constituye una realidad de la que no podemos escapar, pero sí prevenir o atenuar con múltiples medidas para mejorar nuestro bienestar y ayudarnos a soportar o aliviar el sufrimiento. Existen personas que a pesar de sus problemas logran mantener el espíritu creativo y aportan sus enseñanzas. Un ejemplo es Stephen Hawking, un genio que se sobrepone a su enfermedad y sigue creando.
Viktor Frankl fue un neurólogo y psiquiatra austríaco, fundador de la Logoterapia. Sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. Fue capaz de elaborar una teoría de vida y sacar enseñanzas de sus sufrimientos. A ambos dedicamos capítulos en este libro. Más allá de estos ejemplos dignos de conocerse, existen muchos otros más. Citemos por ejemplo a Beethoven, que logró superar sus angustias a través de la creación musical. En una nota periodística, el músico Daniel Baremboim (*2) afirma que una parte de la obra de Beethoven refleja que el sufrimiento es inevitable, pero que “el coraje de combatirlo hace que la vida valga la pena”.

Los problemas de la naturaleza. Son situaciones que el hombre no puede controlar (inundaciones, tornados, etcétera): catástrofes naturales que van en aumento. A partir de situaciones negativas o fracasos hay quienes encuentran la posibilidad de superarlas y aportan soluciones ingeniosas. En Canadá, por ejemplo, el problema de los bloqueos de nieve condujo a la creación de un vehículo anfibio llamado “la rana” que puede operar en tierra y lagos con nieve. Los problemas son desafíos de los que pueden surgir soluciones superadoras.

Los conflictos derivados de las relaciones interpersonales se deben a nuestras distintas percepciones de la realidad y a nuestras dificultades para expresarlas. Tenemos que rescatar también que las relaciones humanas constituyen una gran fuente de placer, afecto y energía a través del amor y la solidaridad.

La época actual presenta un nuevo marco que comprende todas las categorías previas y las maximiza: la globalización, donde las reglas y valores de los grupos han variado en su dimensión, en intensidad y en sus relaciones entre sí. A ello se agrega el problema de la superpoblación que crece de manera exponencial. El mundo va quedando chico.

Por ejemplo, internet es un instrumento que posibilita la comunicación, con el cual se construye solidaridad, progreso y que permite el acceso gratuito a miles de textos, estudios, etcétera. Es el equivalente actual de la imprenta de Gutenberg. Facilita la creación de redes sociales que posibilitan revoluciones y soluciones en forma inimaginable. En medicina hay respuestas a distancia que permiten salvar muchas vidas. Las leyes y agrupaciones que organizan la sociedad progresan apoyadas a través de internet. Pero ella también posibilita que se organicen la delincuencia y la mafia, el narcotráfico, el comercio de armas, las guerras globales, mundiales o regionales, la pornografía, etcétera.

[…]

Este libro intenta reafirmar la capacidad creadora del ser humano, como una vía de alivio para los malestares de la vida cotidiana, que nos obligan a seguir luchando para darle un sentido positivo por medio del arte, la ciencia y la solidaridad entre otros.

León Benasayag


Notas
1. Freud, S. (1929). “El porvenir de una ilusión”. “El malestar en la cultura”. En Obras Completas, Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu (1986).
2. https://www.clarin.com/sociedad/beethoven-coraje-combatir-sufrimiento-obra_0_HJKvIxsvmx.html

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