Escuela Isauro Arancibia, La

Escuela Isauro Arancibia, La

Una experiencia colectiva de educación popular en el sistema formal


$ 420,00

*** DECLARADO DE INTERÉS SOCIAL DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES ***
Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires | Declaración 209/2017

En este libro queremos mostrar que, pese a la rigidez del sistema educativo y su burocracia supuestamente impenetrable, siempre hay un espacio por donde entrar para transformar, para llevar a cabo lo que imaginamos cuando quisimos ser docentes. Esa, la escuela que soñamos, con lugar para la discusión, para la pedagogía crítica, para el amor y para la lucha.
El Isauro existe porque hace 18 años hubo un encuentro entre los pibes que navegan las calles en busca de un destino diferente –los capitanes de la calle... o “de la arena”, como los nombró Jorge Amado– y un espacio con maestros que escucharon y soñaron junto a ellos.
Nos planteamos muchas preguntas y atravesamos los mismos lugares varias veces, con otra mirada, otra perspectiva, obteniendo distintas respuestas en cada etapa. En ese espiral dialéctico, ascendente, volvemos a pasar por el mismo punto, pero, sin embargo, ya no somos los mismos que en la vuelta anterior. Práctica-teoría-práctica, praxis, lo que tantas veces leímos, enseñamos, lo vivimos en lo cotidiano como colectivo.

Mirá ahora en Youtube la presentación de esta obra en la Feria del Libro (Mayo 2017)

Palabras previas por Amanda Toubes

Primera etapa. “¿Vos sos mi señorita?”
En la CTA, 1998 al 2001
Los comienzos: en la CTA
Instantáneas
Plano del edificio correspondiente a la primera etapa de la institución

Segunda etapa. Hacer escuela
En la CTA, 2002 al 2006
El sueño del aula propia
Te invito a mi escuela
“La escuela no es la calle”
Entre bambalinas
¡Fuego!
Proyecto pedagógico
Hay un psicólogo en mi escuela. ¡Socorro!
Del verbo psicologear
El Jardín del Puente
El agujerito sin fin
Primer acto: “¡Entre a mis pagos!”
La escuela sale de viaje
Instantáneas
Plano del edificio correspondiente a la segunda etapa de la institución

Tercera etapa. Un año bisagra: 2006
En la casona del MOI
Marcar territorio
“Siempre hay vacantes en el Isauro”
Propuesta pedagógica
Muy colaboradoras en clase
Proyecto de Jornada Extendida
“Ustedes piensen qué es lo mejor para mí.
Yo quiero terminar la escuela”. Abraham, 18 años
Plano del edificio correspondiente a la tercera etapa de la institución

Cuarta etapa. Proyecto de Escuela de jornada extendida
En la UOCRA, 2007 al 2010
El comedor
El malabarista
En la pecera
Instantánea
Proyecto educativo
Ejes organizadores de los contenidos
Grado de liberación
¿Por qué un Grado de Nivelación?
Yo, maestra común
Para fabricar un aula
¡Un, dos, tres, cigarrillo cuarenta y tres!
El deseo de aprender: la búsqueda del tesoro
“Hoy no voy a hacer nada”
Jardín
Talleres
Taller de Revista La realidad sin chamuyo
Taller de Narración
Muestra de talleres en Constitución
Taller de Video
Pareja pedagógica
Notas tomadas de una reunión de equipo
Su pregunta nos molesta
Los 70
¡Recreo!
Bienvenido a la escuela
A la espera del viernes
Equipo Técnico: ET
Caja de herramientas
Tener una inquietud
Horizonte
“¡Regresé, amigo, regresé!”
Operador

Anexo de la Cuarta etapa
La lucha
Isauro no puede morir dos veces
Educación, igualdad y derechos humanos: un problema político
2010: Palabras en el acto fin de año
Instantáneas
Canción obvia
Planos del edificio correspondientes a la cuarta etapa de la institución

Quinta etapa. Hacer escuela / A ser escuela
De 2010 hasta 2016
La nueva sede del Isauro
El Ministerio de Educación tiene una deuda con el Isauro
1. A pizarrón quitado
2. Pensar en otra cosa
3. Leerle a otro
4. Y se nos cuela el aula en estos tiempos
5. Sobre los Talleres en el Isauro
6. ¡Que vivan los estudiantes!
7. ¡Recreo!
8. Un viaje en calesita
9. Vamos caminando, aquí se respira lucha
10. Siguiendo las huellas de Isauro
Planos del edificio correspondientes a la quinta etapa de la institución

Isauro Arancibia

Nació en Montero, provincia de Tucumán, el 25 de marzo de 1926. Maestro rural desde muy joven, llegó a dirigir la Agremiación de Trabajadores de la Educación Provincial (ATEP) y desde allí impulsó la unidad de todos los gremios, principalmente con la FOTIA de Atilio Santillán. Fue protagonista del proceso que llevaría a la fundación de CTERA, de la que fue su Secretario General Adjunto. Llegó a la Agremiación Tucumana de Educadores Provinciales en momentos difíciles. Recibió un gremio empobrecido, con docentes sumergidos económicamente y menospreciados socialmente. Se dio la tarea de canalizar la rebeldía latente en el gremio y orientó la acción hacia conquistas ciertas y verdaderas. Su accionar estuvo dirigido a mejorar la legislación en educación. Y lo logró: se crearon las juntas de clasificación con representación docente, un régimen de licencias, bonificación por zona y por antigüedad. Arancibia se lanzó de lleno a consolidar la ATEP, convirtiéndola en una de las organizaciones gremiales más sólidas del país, ganándose el respeto y la admiración de muchos otros gremios. No se limitó a ser solo gremialista, fue un luchador social y, como tal, trabajó junto a los obreros tucumanos del azúcar por sus reivindicaciones. La defensa de los derechos humanos también lo tuvo como protagonista. En junio de 1975 contribuyó activamente a la formación de una Comisión de Derechos Humanos, que luego se plasmaría en la Asamblea permanente por los derechos humanos, cuya mesa integró. Tenía gran fe en la educación como formadora de valores esenciales. Pensaba que era imprescindible darle un impulso renovador, transformador y creador. La escuela pública argentina tuvo en él un defensor inclaudicable, que luchó contra la injusticia y el privilegio. Y los docentes, un ejemplo permanente de coraje y consecuencia en la organización de los trabajadores. Fue maestro y, como tal, una expresión cabal de reciedumbre moral, de aguda percepción del tiempo que nos toca vivir, de coraje cívico, de una inquebrantable voluntad para luchar y de una gran sensibilidad para comprender los problemas sociales. Fue asesinado el 24 de marzo de 1976 por la dictadura cívico-militar. En su homenaje, una decena de escuelas argentinas llevan su nombre, al igual que el auditorio de la Central de los Trabajadores Argentinos y diversas agrupaciones sindicales docentes.
Fuente: http://www.ctera.org.ar/index.php/prensa/item/557-francisco-isauro-arancibia

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Susana Reyes

Primera maestra y actual coordinadora del Centro Educativo Isauro Arancibia. Su experiencia laboral se desarrolla principalmente en el Área del Adulto y Adolescente donde pone en juego su incansable lucha por los Derechos Humanos, su pasión por enseñar y su compromiso por un conocimiento crítico y solidario. Participa en los más variados eventos para compartir la experiencia de construcción colectiva del Isauro, desafiando las prácticas establecidas que obturan el cumplimiento del Derecho a la educación. Concurre de forma periódica a universidades, institutos de formación, gremios, organizaciones sociales, organizaciones políticas, escuelas. Es Profesora para la Enseñanza Primaria (Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta), realizó las especializaciones en Educación Popular y el Magisterio especializado en Adultos y Adolescentes (ISFD N°34). También obtuvo el título de Psicóloga Social (A. Moffat, 1999). Trabajó como capacitadora del CePA (CABA) en los cursos con temáticas referidas a adultos y adolescentes. Actualmente, también es profesora del Instituto de Formación Técnica Superior Nº 28, donde dicta las materias Educación Popular y Seminario de Alfabetización de Adultos en la Tecnicatura Superior en Pedagogía y Educación Social con Orientación en Derechos Humanos. Es sobreviviente del ex CCD “Vesubio”, trabaja en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.

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El huracán neoliberal de los años 90 dejó a mucha gente sin trabajo y sin vivienda. Las calles de la Ciudad de Buenos Aires como las grandes urbes de América Latina se poblaron de trabajadores informales, jóvenes, niños y familias enteras viviendo a la intemperie o en lugares transitorios, durmiendo en el subterráneo, pidiendo en las estaciones “una monedita” para subsistir. Ante esta situación de desamparo estatal, librado a la lógica del mercado del “sálvese quien pueda”, el pueblo respondió organizándose. Se armaron cooperativas de vivienda, de trabajo, sindicatos. Los jóvenes en situación de calle también desarrollaron estrategias para sobrevivir allí, estableciendo la convivencia agrupados en “ranchadas”.
El Isauro existe porque hace 18 años hubo un encuentro entre estos pibes que navegan las calles en busca de un destino distinto los “capitanes de la calle” o “capitanes de la arena”, como los llamó Jorge Amado y un espacio con maestros que escucharon y soñaron junto a ellos.
Esto es lo que venimos a contar: una propuesta educativa que se gestó en ese encuentro y que siguió creciendo y transformándose colectivamente hasta ahora.
Intentar sistematizar esta experiencia constituyó un gran desafío; a lo largo de 18 años de existencia hemos atesorado momentos, proyectos, palabras y sueños; a veces, por escrito; otras, filmando o con voces grabadas. Hay imágenes y mucha memoria que fuimos recopilando.
Para llevar esta tarea adelante armamos el equipo de trabajo entre seis docentes de la escuela, con algunos que siguen allí actualmente y otros que ya no. Comenzamos la escritura sin pensar que el material se convertiría en un libro, de la misma manera en que se construyó el Isauro.
Porque, en realidad, si hay algo que caracteriza a esta escuela es que no fue pensada con antelación ni planificada; parafraseando a Antonio Machado, se hizo “camino al andar”, fue siendo. Por lo tanto, en simultáneo con su construcción vamos cayendo en cuenta de lo que hacemos, de lo que hicimos. Es imposible atraparlo, porque el Isauro late, respira, crece permanentemente. Es una escuela viva, construida por los trabajadores y los estudiantes, en constante transformación, que emplea como herramientas la escucha, la palabra, la experiencia cotidiana y la organización consensuada.
Mediante este libro intentamos abrirles las puertas de la escuela a todos, para que la transiten, la vivan, la sientan.
Johnny, un estudiante del Isauro, describió así la biblioteca:

A la biblioteca, yo la llamo el cuarto de los libros perdidos, porque entrás buscando uno y salís con otro en la mano; no sólo con el que estás buscando específicamente, sino con otro que te llama la atención, que te interesa, y hacés la tarea también, por eso le digo el salón de los libros perdidos…

Entrar a la biblioteca en actitud de vagabundo, en actitud errante, sin planes fijos ni cerrados para poder inventar, para crear otra historia; esto es lo que les proponemos ahora a ustedes: transitar estas páginas de ese modo.
Desde la estructura misma de este libro, quisimos dar idea de la construcción de estos 18 años; para eso, tomamos al espacio como un indicador. Las sucesivas mudanzas fueron marcando los cambios en la institución. Atravesamos cinco etapas, cada una con sus propias características, con sus sueños y sus luchas, pero todas traspasadas al igual por esa magia que nos acompaña, con confianza en el colectivo, sin necesidad de tener todo controlado y no sabiendo exactamente qué estábamos construyendo.
Este proyecto educativo se desarrolla en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio histórico de San Telmo. Los reiterados cambios de domicilio se fueron dando en los alrededores de ese barrio. Los distintos espacios que habitamos están graficados en planos. Van a notar las diferentes calidades de las fotos que incluimos: en las primeras épocas, registrábamos con cámaras analógicas. También verán que varía la extensión de cada etapa: a partir de la cuarta, la escuela da un salto en su organización y se incorporan múltiples talleres y cursos. La quinta etapa, la actual, está narrada de forma muy distinta de las anteriores: elegimos que hablen directamente los protagonistas, agrupados en nueve ejes temáticos.
Hemos procurado transmitir la trama que fuimos entrelazando con hilos de afectos, amores, sinsabores… Los alumnos, los maestros y demás trabajadores que pasaron y no están, cada persona que estuvo en el Isauro dejó su urdimbre. Los abrazos, las miradas y las manos formaron tejidos inquebrantables que laten, que perduran y se extienden. Son tramas atravesadas por conceptos fundamentales de los maestros que nos marcan el rumbo, a quienes nos referimos siempre que necesitamos respuestas: nuestros modelos pedagógicos, cuyos ideales pretendemos mantener vivos llevándolos a la práctica.
Es el “Inventamos o erramos”, de Simón Rodríguez; se trata de inventar un camino propio para los latinoamericanos, como decía el maestro de Bolívar. Inventar es crear y el Isauro creó una estructura escolar, una forma colectiva, una identidad propia, maneras de resistir. Erramos y reinventamos.
De Paulo Freire, su Pedagogía de la liberación, la transformación y la esperanza.
La escuela viva, potenciando la libertad, la creatividad y la responsabilidad de las hermanas Cosettini.
Nuestro maestro, Isauro Arancibia, un constructor de sueños, de vida, de coherencia que nos marcó el rumbo en el respeto por el otro. Sobre todo, él nos enseñó a amar y a salvaguardar la escuela pública. Isauro, como parte de una generación que quisieron callar y que sigue tan presente y viva en nuestras prácticas y nuestras luchas. Los organismos de DDHH que mantienen viva la memoria por la verdad y la justicia.
Con todos estos hilos construimos nuestra trama.
Y con nuestros estudiantes. Ellos son los que nos hacen mejores maestros cada día. Son ejemplo de resistencia y transformación. En este recorrido, los invitamos a conocerlos: héroes desconocidos que luchan por encontrar su lugar, que enfrentan cotidianamente situaciones atroces con todos sus derechos vulnerados, sobreviviendo en la calle en espera de que llegue el día para ir a la escuela a estudiar, a sentirse amados y respetados. Son niños, adolescentes, jóvenes y adultos; algunos vienen con sus hijos. Viven en situación de calle, llegan al Isauro porque de boca a boca se lo van contando. Esos pibes, estigmatizados por la sociedad como los chorros peligrosos de los que hay que alejarse, ¿quiénes son? Estos pibes consumen paco, no han tenido infancia, asustan a transeúntes desprevenidos… Pero también son los que después de una noche en la calle, desgarradora e interminable, se levantan de la vereda para venir a estudiar; los que piden colores para subrayar los títulos; los que saben cosas que nos sorprenden: los malabares, el cuerpo humano, los animales, poemas de amor. Los que sueñan su futuro no más allá de los 30 años. Los que conviven con la muerte, los despreciados por la sociedad.
Cuando llegan al Isauro se los recibe y respeta como son, se los ama como son y se habilitan sus potencialidades para que puedan reescribir su historia. Son esas potencialidades las que quisimos desplegar en el libro, para que no sea sólo un privilegio de los maestros de esta escuela conocerlos y trabajar con ellos. En las fotos están sus imágenes, momentos eternizados de este sujeto pedagógico tan singular.
En este libro abrimos también las puertas de nuestras reuniones semanales, el espacio más formativo para los docentes. Allí aprendemos a respetarnos, intentando superar las diferencias de enfoque pedagógico e ideológico. Nos escuchamos, discutimos, consensuamos para ir forjando una pedagogía, un formato escolar, un colectivo que trascienda a cada uno de los trabajadores.
Tuvimos que aprender que nada “es”: todo “va siendo”. Y que si hoy establecemos una norma, quizás mañana no nos sirva y entonces habrá que volver a discutirla y a crear una nueva.
En El Eternauta la gran historia escrita por Héctor Oesterheld, el grupo humano descubre que la única forma de sobrevivir a la nevada mortal es afianzar los lazos de solidaridad y saber que uno es con los otros; así también concebimos los trabajadores del Isauro al maestro “isaurino”, como aquel que trabaja en equipo y sostiene la escuela.
En estos 18 años nos hemos hecho las mismas preguntas y hemos pasado por los mismos lugares muchas veces, con otra mirada, otra perspectiva, obteniendo diferentes respuestas en cada etapa. En ese espiral dialéctico ascendente, volvemos a transitar el mismo punto, pero ya no somos los mismos a los que dieron la vuelta anterior. Práctica-teoría-práctica, praxis: lo que tantas veces leímos y enseñamos, lo vivimos cotidianamente como colectivo.
En nuestro día a día, los desafíos asumidos son constantes y también estructurales. El Isauro es una escuela de hecho, no por derecho. Al igual que muchos de nuestros estudiantes, no tiene DNI, no tiene acreditada su identidad; esta situación genera vulnerabilidad e inestabilidad tanto para el proyecto como para los trabajadores y alumnos.
Es necesario por ello obtener un marco legal que contemple las características y la estructura de esta escuela de adolescentes y adultos de jornada extendida, que desarrolla un proyecto educativo integral respondiendo a las necesidades de la población a partir de la cual se fue construyendo.
Principalmente, queremos dar cuenta en este libro de que no todo es lo que parece: la rigidez del sistema educativo, su burocracia y la lentitud aparentemente impenetrable. Siempre hay un espacio por donde entrar para transformar, para llevar a cabo los proyectos que imaginamos cuando elegimos ser docentes. Esa escuela ideal, la escuela que soñamos, con espacio para la discusión, para la pedagogía crítica, para el amor y para la lucha.
Esperamos que este libro sirva para inspirar otras experiencias en distintos lugares. Y los invitamos a que sean parte de nuestra escuela.

Susana Reyes

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