Marcas en el cuerpo de niños y adolescentes

Marcas en el cuerpo de niños y adolescentes

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$ 255,00

Diferentes voces y escrituras confluyen en este libro. Tatuajes, cortes, somatizaciones, dificultades en la motricidad, así como otras cuestiones que involucran al cuerpo, son temas que se despliegan. El cuerpo es cada vez más el lugar en el que se manifiesta el sufrimiento, pero también es aquello que se muestra, un lugar de exhibición y escritura.
Algunas cuestiones se presentan habitualmente en la clínica con niños: enuresis, encopresis, patología psicosomática, accidentes a repetición. Diferentes modos en los que el cuerpo queda expuesto. También, en la clínica con adolescentes prevalecen las marcas en el cuerpo. Cortes, tatuajes y agujeros… Algunas imágenes e historias muestran cómo muchas cosas han quedado naturalizadas en esta época.
Signos…, marcas…, representaciones que aluden a ¿pictogramas?, ¿primeros modos de representar…? ¿Líneas que van marcando rumbos? ¿Gritos mudos? ¿Será el modo de decirnos, a través de lo visual, de la imagen, aquello para lo que no tienen palabras…?

Capítulo I.
Somatizaciones en los niños
Beatriz Janin
Capítulo II.
Verito, o una adolescente en busca de su identidad
José Cernadas
Capítulo III.
Implicaciones de la discapacidad motriz en la estructuración del psiquismo
Cinthia Paccini
Comentarios de Alicia Hasson y Mabel Rodríguez Ponte
Capítulo IV.
Psicoanálisis de las manifestaciones somáticas en niños y adolescentes
Felisa Widder
Capítulo V.
Despertar de una larga pesadilla. Acerca de la tramitación psíquica de la enfermedad corporal
Gabriel Donzino
Capítulo VI.
El cuerpo se enferma…
Aída Saks
Capítulo VII.
Los cuerpos marcados. Transformaciones en la subjetividad adolescente
Ona Sujoy
Capítulo VIII.
La utopía de Calígula. De la necesidad de restituir la esperanza
Alicia Gamondi

Beatriz Janin

Beatriz Janin es Licenciada en Psicología (FFyL, UBA). Desde 1971 trabaja como psicoanalista con niños, adolescentes, adultos y familias. Es directora de las Carreras de Especialización en Psicoanálisis con Niños y con Adolescentes de la UCES (convenio con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires). Directora de la revista Cuestiones de Infancia. Profesora de posgrado en la UNC (Universidad Nacional de Córdoba) y en la UNR (Universidad Nacional de Rosario). Profesora invitada en seminarios de diferentes hospitales y centros de salud.
Dicta seminarios sobre psicoanálisis con niños y adolescentes en España, Francia e Italia. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas del país y en revistas internacionales. Es autora de "Intervenciones en la clínica psicoanalítica con niños" (Noveduc, 2013) y "El sufrimiento psíquico en los niños" (Noveduc, 2014), coautora de "Niños desatentos e hiperactivos. ADD/ADHD" (Noveduc, 2004) y co-compiladora y co-autora de "Marcas en el cuerpo de niños y adolescentes" (Noveduc, 2009), entre otros títulos.

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Elsa Kahansky

Licenciada en Psicología (UNLP). Profesora titular de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños (UCES-APBA).

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José A. Cernadas

Especialista en psicología clínica con niños y adolescentes. Docente en la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños (UCES-APBA).

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Aída Chernicoff de Saks

Psicoanalista Infantil, postgrado en París, Francia. Discípula de la Dra. Francoise Dolto. Profesora universitaria (UCES).

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Gabriel Donzino

Licenciado en Psicología. Psicoanalista. Ex docente universitario (UNSAL, UBA; UNLP; Liga Israelita Argentina, Atlántida Argentina; Bar Ilan, UCES). Investigador LUPAA (UCES). Profesor titular en la carrera de Especialización en Psicoanálisis con niños y adolescentes de UCES.

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Alicia Gamondi

Psicóloga. Psicoanalista. Docente titular de la carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes (UCES). Referente LUPAA (UCES). Docente y supervisora en instituciones.

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Cintia Laura Paccini

Prof. de Educación Inicial. Licenciada en Psicología (UAA). Docente de Psicología Forense (UAA).

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Mabel Claudia Rodríguez Ponte

Lic. en Psicología (UBA). Docente y supervisora en la Carrera de Especialización en Psicoanálisis con Niños (APBA /UCES).

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Ona Sujoy

Licenciada en Psicología. Profesora de la carrera de Especialización en Psicoanálisis con adolescentes (UCES). Miembro titular de Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG). Profesora en la diplomatura AAPPG-UCES. Fue presidente, directora de Departamento y del Centro de asistencia de AAPPG.

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Felisa L. de Widder

Médica pediatra y psicoanalista. Miembro titular en función didáctica y Coord. del Dpto. de Niños y Adolescentes (APA).

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Esta publicación es efecto de la Jornada “Marcas en el cuerpo de niños y adolescentes”, realizada en diciembre de 2007 en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales, como actividad de las carreras de Especialización en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes.
Diferentes voces, diferentes escrituras confluyeron en ese espacio y hoy lo hacen en este libro.
Tatuajes, cortes, somatizaciones, dificultades en la motricidad, así como otras cuestiones que involucran al cuerpo, son temas que se despliegan.
Preguntarse por estos modos particulares en que se pone en juego el cuerpo como cuerpo en sí o como lugar de escrituras y silencios es una tarea a emprender, en un camino en el que este libro intenta ser un aporte.
El cuerpo es cada vez más el lugar en el que se manifiesta el sufrimiento, pero también es aquello que se muestra, un lugar de exhibición y escritura.
Algunas cuestiones se presentan habitualmente en la clínica con niños: enuresis, encopresis, patología psicosomática, accidentes a repetición. Diferentes modos en los que el cuerpo queda expuesto.
También, en la clínica con adolescentes prevalecen las marcas en el cuerpo. Cortes, tatuajes y agujeros…
Algunas imágenes e historias muestran cómo muchas cosas han quedado naturalizadas en esta época.
Signos…, marcas…, representaciones que aluden a ¿pictogramas?, ¿primeros modos de representar…? ¿Líneas que van marcando rumbos? ¿Gritos mudos? ¿Será el modo de decirnos, a través de lo visual, de la imagen, aquello para lo que no tienen palabras…?
Y hay diferencias. Hace varios años, una paciente que en ese momento tenía 17 años, me planteaba que quería hacerse un piercing en la lengua. “Tengo miedo de que me duela, pero a la vez es tan sensual, tan erótico…” Además, tenía que hacerlo antes de decírselo a los padres, porque no la iban a dejar… “Vamos a ir con mi amiga y nos vamos a poner el mismo aro…”
Había temor al dolor, enfrentamiento con los padres a través de un acto vivido como transgresor, actividad grupal, identificatoria.
Hace pocos meses, una adolescente de 15 años me cuenta que a veces se corta: “hasta que me tranquilizo”, dice. Varias amigas lo hacen, pero es una actividad solitaria, son marcas que tienen un destinatario, pero ya no hablan de erotismo, sino de tranquilidad. ¿Prima el principio de constancia y no hay búsqueda de placer…? Son signos, señales ¿de qué? ¿De una angustia a la que no pueden ponerle palabras?
Ni todos los tatuajes significan lo mismo ni siempre se podría pensarlos como patológicos. A veces tienen el valor de una escritura o son el modo de tramitar un duelo, mientras que otras son una marca de un dolor que no puede expresarse de otras formas.
Hans Belting, en Antropología de la imagen, plantea que el cuerpo ha sido siempre, desde los tiempos primitivos, portador de imágenes, ya desde los rostros pintados de las culturas primitivas…
Y que en esto algo de lo social estuvo siempre en juego… Los tatuajes, como lenguaje a través del cuerpo, como marca que dice, son un ejemplo claro. Se eligen, tienen un diseño, son una escritura en el cuerpo…
¿Y los cortes? ¿Y las escoriaciones? ¿Qué de lo social se juega en ellos? ¿Qué violencias no tramitadas se repiten en estas violencias? Los viejos códigos de la cárcel toman un nuevo valor. ¿De qué encierro hablan estos chicos?
En uno de los capítulos de este libro, Alicia Gamondi, ligando estos otros modos de decir a los avatares de la sociedad actual, plantea:
“A la sociedad le corresponde dar al Yo los instrumentos necesarios para que pueda asumir el desafío de no sólo ser humano, sino sentirse tal, preservar esa vivencia y lograr que propicie un efecto esperanzador suficiente para sostenerse con vida y vinculado al socius. Ese efecto esperanzador es el resultante, tanto del trasvasamiento amoroso de los adultos parentales, como de la apuesta de futuro del grupo social y tiene como principal función la de organizar el sentido de la propia vida. La constitución de los ideales vitalizantes es una complejización de la ‘vivencia de confianza básica’ que permite al niño confiar en la continuidad de su existencia, sosteniéndose en un acto de fe ante el adulto que le transmite, de un modo u otro, que va a poder superar el miedo y el dolor”.
Sabemos que la historia deja marcas y que la memoria tiene diferentes caras. Una de ellas son las marcas en el cuerpo. El cuerpo tiene una memoria particular.
Freud se preocupa, en principio, por síntomas que parecen corporales y que son “dramatizaciones de escenas a través del cuerpo”. Los síntomas histéricos.
También Edipo, de otro modo, lleva en su cuerpo la marca del intento de filicidio por parte de Layo (marca en el cuerpo que se hace nombre) y, después, la ceguera como marca del incesto.
Sabemos que hay diferentes cuerpos (el cuerpo-soma, el cuerpo erógeno, el cuerpo como sensaciones, el cuerpo como movimientos, el cuerpo como imagen, el cuerpo-agujeros) y que las marcas que fueron quedando inscriptas tienen efectos muy diversos.
Con relación al cuerpo como motricidad, nos encontramos con la torpeza motriz, la hiperactividad y los accidentes, que a su vez dejan marcas.
Está el cuerpo de la sensorialidad, tan importante en los primeros años. Los chicos se dibujan, se pintan, se escriben, construyendo un cuerpo. Las sensaciones son un primer modo de registro y cuando un nene se pinta con cola plástica y después se saca esa especie de piel que se armó, está reconociendo un cuerpo, sintiendo, provocándose un sentir. Es llamativa en ese sentido la conexión de los niños autistas con ciertos elementos, como por ejemplo el agua, la posibilidad de estar mucho tiempo sintiendo el agua que les pasa por las manos.
También nos encontramos, en todos los niños, con la fascinación de la escritura en el cuerpo. Así, una nena psicótica pudo dibujar en la panza de su papá una figura humana que nunca había dibujado en el papel.
El ensuciarse, embadurnándose con pintura, cola plástica o arena, aparece como placentero, pero también como señal de existencia, como aquella situación en la que se combinan la marca, la sensación y el registro de ambas.
Sabemos que en los niños psicosomáticos el cuerpo es un cuerpo sufriente, formación asimbólica en la que se vuelve al primer modo de expresión del afecto. Mientras que, en las sintomatologías histéricas, el cuerpo “dice”, expresa fantasías.
Encopresis, enuresis, son manifestaciones que, generalmente, no son patologías psicosomáticas ni síntomas histéricos. Implican un modo particular de uso del cuerpo, un modo de representar con un cuerpo-agujero, cuerpo-acción..., porque es en el límite del intercambio con el otro que se dan estos trastornos. Intercambio con otro que aparece aquí dañado en el punto mismo en que el orificio es lugar de pasaje.
Y Felisa Widder aclara:
“En el síntoma se presenta el hecho aparente, la historia relatada o mito familiar que da cuenta de esa otra que creemos develar y que contiene lo ‘no discernible’”.
El cuerpo de los niños que se accidentan, que se golpean contra el mundo, se engarza con la pulsión de dominio y la motricidad y, sobre todo, con un movimiento que convoca a otro, que demanda la construcción de un yo-piel que unifique y proteja. Los moretones, los raspones, las cicatrices, son evidencias de esa búsqueda de una envoltura. Son marcas en el cuerpo.
Hay marcas del dolor, marcas de la violencia, marcas del abandono y también marcas de identificaciones.
Los niños golpeados, abusados, muestran las marcas de la violencia del mundo adulto…
También hay marcas del placer. ¿Qué adolescente no ha mostrado orgulloso las marcas de un beso prolongado, las huellas de la pasión amorosa?
Pero en cada caso, en cada historia, esto se irá jugando de un modo especial. Y es por eso que a lo largo del libro se encontrarán con muchos casos de niños y adolescentes cuyo cuerpo nos dice sobre afectos que no pudieron manifestarse de otro modo.
Así, José Cernadas habla de una paciente adolescente que
"se ha quedado sin palabras (.) Surge entonces otro modo de inscripción desde su propia piel superficie".
Ona Sujoy se centra en:
“La marca que porta permanencia y pareciera asegurar una fantasía de congelamiento del tiempo, una cultura del borramiento de la materialidad, la negación del origen y la fantasía de autoengendramiento”.
Aída Saks diferencia esquema corporal de matriz inconsciente del cuerpo.
Y Gabriel Donzino relata un caso clínico en el que el análisis permitió la elaboración psíquica de vivencias de dolor tempranas y constantes y de malestares físicos que no hallaron consuelo.
Otro caso clínico expuesto por Cinthia Paccini, egresada de la Carrera de Especialización, y comentado por dos docentes de ésta, permite ahondar más en algunos de los trastornos en los que el cuerpo está en juego. Así, Mabel Rodríguez Ponte liga las dificultades del niño para caminar a la representación familiar de la “actividad”, ligada al sadismo. Y Alicia Hasson afirma que la discapacidad implica una situación potencialmente traumática, entendiendo a lo traumático como un conjunto de incitaciones improcesables para un yo que carece de apronte angustiado, por lo cual queda en estado de indefensión. Es decir, aparece en el niño un estado de cierto aletargamiento que denota las marcas de las invasiones sufridas.
De todas estas cuestiones intenta hablar este libro, para abrir preguntas y reflejar reflexiones compartidas. Reflexiones a partir de la clínica, de la escucha de un niño o un adolescente que dice como puede su sufrimiento.
Beatriz Janin

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