Sábado
5 de junio de 2004
Diario La Capital
(Rosario)
Suplemento Educación Pág. 5
Fortalezas
y debilidades de la escuela media. Una educadora dice que para saber
qué pasa en las aulas es mejor mirar hacia su interior que
atender a los medios.
La
escuela está llena de buenas noticias
La
pedagoga Claudia Romero afirma que aunque sean críticos,
los alumnos “quieren a sus escuelas”
“La
verdad es que la escuela está llena de buenas noticias. Yo
recomiendo mirar más a las escuelas que a los medios para
saber qué pasa”, dice segura Claudia Romero, profesora
y licenciada en Ciencias de la Educación para responder a
la imagen negativa con la que muchas veces se muestra a la escuela
secundaria.
Romero, también doctoranda en educación de la Universidad
Complutense de Madrid, disertará la semana que viene en el
II Congreso de Escuela Media. Más allá de la afirmación
inicial, entre otros temas mostró su preocupación
por la impronta selectiva que aún impera en la escuela secundaria.
También que todavía no responda a la heterogeneidad
de alumnos que hoy asisten a sus aulas. “Y si no hay aprendizajes
para todos, ir a la escuela se convierte en una estafa”, dice.
Además de haber ejercido como docente en distintas universidades,
Claudia Romero cuenta con una vasta experiencia en el ámbito
de la educación media. La misma la ha volcado en diversas
publicaciones. “La escuela media en la sociedad del conocimiento”
(Novedades Educativas) es el último de sus libros.
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A propósito de tu libro, ¿qué distingue - o
debería distinguir- a la escuela media en la llamada sociedad
del conocimiento?
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La escuela media, como el sistema educativo en general, responde
en sus mandatos y en sus prácticas a un diseño propio
de la modernidad. Las propuestas son homogéneas, los métodos
únicos, los alumnos se agrupan por edad suponiendo que esto
define competencias similares, se fijan ritmos regulares de aprendizaje,
se cuida que todos reciban lo mismo: la misma explicación,
la misma actividad, la misma cantidad de tiempo para hacer la misma
prueba, etc. En ese diseño, la igualdad es sinónimo
de justicia educativa. La escuela en la sociedad del conocimiento
tiene que poder dar lugar a la diferencia, explorar caminos diversos
para que todos puedan aprender, porque todos están llamados
a producir conocimiento. O al menos, eso es a lo que debemos aspirar
ya que quien quede al margen del conocimiento, queda excluido de
la sociedad. Y no todos aprendemos de la misma manera y al mismo
ritmo, la escuela entonces tiene que aceptar esa diversidad y garantizar
que el conocimiento se produzca. Hay muchos caminos para enseñar
y no son todos iguales. Lo que distingue a la escuela en la sociedad
del conocimiento es que no sanciona la diferencia sino que se define
desde la particularidad y la irregularidad. Esto significa que prevé
la heterogeneidad de los alumnos, la acepta, sabe que algunos chicos
necesitan más apoyo y orientación que otros y se piensa
como escuela desde esa lógica de la diferencia. Es un concepto
totalmente diferente de justicia el que está en juego.
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En cierta ocasión la psicóloga Eva Giberti escribió
un artículo titulado "Los jóvenes tienen mala
prensa", en alusión a una casi única forma de
mostrar a los alumnos secundarios en los medios. ¿Qué
opina al respecto?
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Quienes vivimos las escuelas desde adentro vemos que la mayoría
de los alumnos quieren ir a la escuela, que “quieren”
a su escuela y aunque sean críticos con ella no por eso cometen
actos de vandalismo. La verdad es que la escuela está llena
de buenas noticias. Yo recomiendo mirar más a las escuelas
que a los medios para saber qué pasa. Es cierto que hay nuevas
formas de ser joven hoy. Las generaciones anteriores de jóvenes
admitían el peso normativo del mundo adulto, para acatarlo
o para oponerse. Hoy los modelos de comportamiento son más
abiertos, y esto puede ser muy interesante, pero al mismo tiempo
entre nosotros hay un mensaje de desencanto que transmite mucha
frustración e inseguridad a los jóvenes. Si ser adulto
es difícil, ser joven también lo es.
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El polimodal se presentó con muchas expectativas, al menos
desde la esfera oficial, como superador de la escuela media tradicional.
Sin embargo, sus resultados no parecen ser tan alentadores y menos
convencer su aplicación a los docentes. ¿Cuál
es su visión sobre este ciclo de escolaridad?
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La escuela media tiene un problema de identidad y eso no se resuelve
sólo cambiando estructuras. Se trata de aceptar, en primer
lugar, que todos los alumnos tienen derecho y deben asistir y completar
sus estudios secundarios, que hoy ya forman parte de lo que se entiende
por educación básica. Es un imperativo cultural. Parece
increíble pero muchos profesores y directores no están
aún convencidos de esto. La impronta selectiva de la escuela
secundaria, la idea de que “la escuela secundaria no es para
todos”, sigue vigente también para amplios sectores
de la comunidad. Aún no hemos entendido como sociedad que
todos los chicos tienen que terminar la escuela media o el polimodal
o como quiera llamarse a la escuela de los jóvenes. Creo
que en muchos lugares la reforma educativa se hizo sin los docentes,
lo que significa haberla hecho “contra” ellos. Y eso
ha sido un gran error. No hay estructura, por buena que sea, que
resista al descuido del factor docente.
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Si tuviera que resaltar tres fortalezas de la escuela media tal
como existe hoy ¿cuáles serían? ¿y si
se tratara de debilidades?
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Una fortaleza es que los jóvenes están “más
despiertos”, como dirían las abuelas. A mí me
parece mucho más interesante como docente tener un grupo
de alumnos más críticos, más rápidos,
más exigentes. Esto puede resultar extraño porque
en general existe otra visión sobre los alumnos: que no saben,
que todo los aburre, que nada les importa...En mi experiencia, he
visto que cuando se dan las condiciones favorables como una actividad
convocante, un estímulo sincero a la participación,
emerge en todos los chicos una actitud muy positiva respecto del
aprendizaje y una visión muy clara respecto de la escuela.
Si se hiciera a los alumnos esta misma pregunta sobre fortalezas
y debilidades, y si se la hiciera con la actitud de tomar en serio
sus respuestas, te aseguro que obtendrías respuestas muy
certeras. Otra fortaleza son los buenos profesores que sienten que
su trabajo es valioso, a los que les preocupa seguir aprendiendo
todos los días y que están entusiasmados con su materia.
Y otra, los buenos directores que saben generar climas de equipo,
que más que a hablar se dedican a escuchar, que respetan
a sus docentes. También es una fortaleza el cambio de enfoque
curricular de muchas materias.
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¿Y las debilidades?
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Las debilidades están a la vista: escuelas fragmentadas,
condiciones de trabajo que favorecen el aislamiento y el individualismo,
falta de incentivos para los docentes y, sobre todo, una gran desconsideración
por parte de la comunidad ¿o quién quiere vivir cerca
de una escuela media?, en otros países vivir cerca de una
escuela cotiza mejor tu vivienda en el mercado, increíble
¿no?.
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Los datos estadísticos indican que a pesar de la deserción
y abandono hay más alumnos en la escuela media que hace 20
años. Es decir, se avanzó en el camino de la extensión
de este nivel. ¿Qué plan se debe dar la escuela como
institución para seguir avanzado en esta línea - recuperar
a los que no están en el sistema- pero además garantizar
un piso de calidad educativa?
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Efectivamente la expansión de la escuela media ha sido extraordinaria.
Pero al crecimiento cuantitativo no le correspondió uno cualitativo
similar. Justamente, al expandirse, creció en heterogeneidad
y la escuela no ha sabido responder a esa diversidad. No puede garantizar
que todos aprendan. Y si no hay aprendizaje, ir a la escuela se
convierte en una estafa. En ese caso, la expansión es una
democratización aparente del conocimiento. De hecho en Argentina,
sólo la mitad de los jóvenes que comienzan la escuela
media logran terminarla. Hoy llegan a las escuelas medias alumnos
que no corresponden al estereotipo del chico de clase media urbana,
que porta un conjunto de aprendizajes básicos que se suponen
que deben traer de la casa o de ciclos anteriores de escolaridad.
Y aquí los senderos se bifurcan, o nos quedamos con la queja:
“estos chicos no tienen la menor idea de lo que significa
ser un alumno”, “no saben ni sentarse correctamente”,
etc. etc. o nos hacemos cargo de esta realidad y buscamos nuevas
formas para atender estos requerimientos de educación. No
es posible lograr calidad desde la queja.
La escuela media tiene un lugar muy incómodo en el sistema
educativo, está en el “medio” con todo lo que
representa ese lugar. Padece la crisis que también existe
en el nivel primario y recibe las “malas notas” que
se sacan los alumnos en la universidad. Yo no creo que sea el nivel
más crítico del sistema educativo, en realidad la
educación superior está en una situación muy
complicada. Pero sí estoy convencida de que la escuela media
está en el lugar que más padece la desarticulación
del sistema.
Esto quiere decir que si bien la escuela, cada escuela, es responsable
por los aprendizajes que genera o que no genera, la escuela media
no puede sola. Tenemos que establecer un verdadero sistema educativo
que actúe solidariamente entre sus partes. Pero además,
tenemos que tejer una nueva solidaridad social con las escuelas,
porque todos necesitamos cuidarlas más.
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