
En
la perspectiva de lo planteado por Jesús Martín
Barbero, para Heidegger la esencia de la técnica no es
algo técnico, esto es, no pertenece al orden del instrumento.
Al recoger la línea proveniente de Husserl, Heidegger admite
que en la técnica hay una razón, una racionalidad
propia, que reside en que “En cuanto producción,
la técnica es un modo de develamiento, es un modo de desocultación”;
por lo tanto la esencia de la técnica no está en
el hacer ni en el manipular, porque la técnica no es mera
fabricación sino producción. Dicha esencia nos plantea
tanto la cuestión del develar como la del ocultar y el
olvidar. También es necesario tener en cuenta que la verdad
de la existencia humana no se agota en el saber ligado a la técnica,
pues hay otro saber que es el saber-del-ser.
¿No resulta entonces profundamente extraño que los
grandes pensadores de la Escuela de Frankfurt no entendieran el
sentido de la propuesta de Heidegger, y se encerraran –de
Adorno a Habermas– en el empeño de reducir la técnica
a su dimensión de instrumento de dominio?
Aunque la técnica se produce a partir de relaciones de
poder, y en parte ejerce dominio, no se reduce a esta dimensión.
La razón técnica ha permeado el mundo de hoy especialmente
a través de las tecnologías de la comunicación,
en los distintos escenarios en los que transcurre la vida humana
y en relación con los diferentes actores. Las condiciones
y las percepciones del espacio y del tiempo han variado, dentro
de este mundo intercomunicado. Los niños, las niñas,
los y las jóvenes que asisten a la institución escolar
están en relación constante con los medios de comunicación,
especialmente la televisión, y para muchos de ellos y ellas
su vida transcurre en el ciberespacio. En el marco de este mundo
intercomunicado, las nuevas tecnologías configuran sus
sensibilidades e identidades.
La nueva razón técnica, constituida a partir de
la comunicación y de la red, ha contribuido a conformar
nuevos sujetos, los cuales también llegan a la escuela.
Por lo tanto, se puede afirmar que la razón técnica
desafía a la razón escolar. A pesar de las grandes
revoluciones técnicas provenientes de la comunicación
y la virtualidad, la institución escolar continúa
anclada al pasado: escolarizando, disciplinando, homogeneizando.
Desconoce las sensibilidades, las identidades, y las subjetividades
de niños, niñas y jóvenes y los uniforma
como estudiantes; y utiliza el libro de texto como la base de
los procesos escolares.
Surge entonces la pregunta por el papel de la escuela y por los
desafíos que tendrá que enfrentar para estar a la
altura de las demandas del actual momento histórico, en
un contexto de globalización, posmodernidad y nuevas tecnologías
que plantea rupturas para el escenario escolar. En esa medida,
la razón técnica propone desplazamientos sobre la
función social de la razón escolar, orientada a
la construcción de la sociedad considerada deseable, y
a la formación de los individuos que puedan insertarse
en ella activa y productivamente. Es en este marco que el espacio
escolar es un espacio de democratización que, según
lo plantea José Gimeno Sacristán, contribuye a la
construcción del sujeto político como parte de formar
ciudadanos y ciudadanas, resolviendo las tensiones en la base
del mismo proyecto: homogeneidad-heterogeneidad, lo local-lo mundial,
lo común-lo diverso, el individuo-la comunidad, los límites
de la disciplina-su integración.
Así, sigue siendo válido pensar la educación
como uno de los dispositivos mediante los cuales se contribuye
a la constitución del sujeto político en el marco
de una opción por la democracia, considerada deseable.
En cuanto “hijos del tiempo que les toca vivir”, los
sujetos, a través de la socialización escolar, se
ven abocados a aprender a convivir, lo que significa apropiar
y hacer suya la cultura, adaptarse a ella, resignificarla y convertirse
en miembros de una comunidad cultural y social. Es así
como desarrollan sus potencialidades en ese espíritu que
porta los ideales de la sociedad que queremos, porque la escuela
es una de aquellas instituciones del orden de las relaciones cotidianas
que, junto con la familia y los grupos de pares, apunta a la democratización.
Héctor
Fabio Ospina Serna
Coordinador Compilación
Manizales, Colombia, septiembre de 2006