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ISBN: 978-987-538-234-3
Págs.: 312
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Notas
Recensión
de esta obra
por Teresa Sancho-Vinuesa (Universitat Oberta de Catalunya, España)
Revista Iberoamericana de Educación Nº56 (2011)
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Las tecnologías de la información y la comunicación en las prácticas pedagógicas
Manual para organizar proyectos
Herminia Azinian

Prólogo
por Marta Libedinsky
El libro que el lector tiene entre sus manos es producto de la experiencia, la reflexión y la manifiesta intención de hacer docencia, esta vez ya no en forma presencial, ya no en forma virtual, sino a través de un libro.
Un libro que es exactamente el que muchos estábamos necesitando y que Herminia Azinian con labor y rigor escribió -a mi entender- con la secreta intención de hablarles a todos los docentes. Herminia -que como especialista y docente conoce bien el territorio- nos lleva de la mano por el camino que ella misma ya ha recorrido una y otra vez y nos muestra a nosotros -los lectores- cómo recorrerlo.
A lo largo de cuatro capítulos conceptualiza, orienta, problematiza e identifica cuáles son aquellos puntos críticos que merecen toda nuestra atención. Los tres primeros capítulos son capítulos signados por la intersección: tecnología y sociedad, TIC y conocimiento, TIC y disciplinas. El cuarto y último nos enfrenta directamente con cuestiones ligadas a la práctica educativa de todos los días y da respuesta a muchas de las preguntas que muchos se hacen -abiertamente y a viva voz o en secreto y en silencio- y para las cuales no resulta sencillo todavía encontrar respuestas claras ni convincentes. Este capítulo y sus respuestas nos dejan a los lectores en las mejores condiciones para empezar a tomar decisiones, para encarar la práctica, para abandonar por un tiempo la reflexión e iniciar -sin prisa, pero sin pausa- la acción.
El capítulo 1 nos pone frente a frente con el pasado, el presente y el futuro de nuestras sociedades, con inventos e inventores, con innovaciones e innovadores, con ideas y artefactos y con la necesidad de reinventar con creatividad la educación y contribuir -como educadores- al desarrollo de lo que se denomina hoy múltiples alfabetizaciones.
El capítulo 2 aborda diferentes y numerosas aristas del conocimiento, los procesos de conceptualización y de representación (por medio de textos, imágenes, sonidos…) unidos a las contribuciones que las TIC potencialmente pueden realizar en tanto medios y herramientas cognitivas que apoyan la indagación, la exploración, la comunicación, la expresión.
El capítulo 3 recorre áreas curriculares y disciplinas, focalizándose con precisión en aquellos aspectos que más preocupan hoy a especialistas y docentes: la lectura y la escritura, la experimentación, la resolución de problemas, la capacidad tanto para interpretar y operar como para crear imágenes, la expresión en todas sus formas, la comprensión profunda, entre tantas otras.
El capítulo 4 dará respuestas a los escépticos y a los inseguros que se preguntan hoy cómo poner planes de acción efectivos y cómo gestionar los recursos estructurantes y desafortunadamente siempre escasos de las instituciones educativas: tiempos, espacios, equipamientos, materiales didácticos y hoy: conectividad.
En el anexo, los lectores encontrarán una herramienta de evaluación que -según demuestran tanto la investigación como la práctica- resulta ser la más válida y confiable disponible hasta el momento para encarar la evaluación de procesos y productos complejos: las matrices de valoración o rúbricas. Se trata de una herramienta que ha logrado amalgamar lo cualitativo con lo cuantitativo, lo general y lo particular de la evaluación de cada proceso o cada producción particular, herramienta sencilla de utilizar, aunque exigente para los docentes en relación con el proceso de elaboración que ésta requiere. Aun cuando su construcción exija tiempo y esfuerzo, ya son muchos los educadores de diferentes niveles del sistema escolar que la han hecho propia, la utilizan con éxito y la han incluido a su propia “caja de herramientas pedagógicas”. Una herramienta que, al decir de docentes, estudiantes y familias, orienta y retroalimenta, permite que los criterios que guían las evaluaciones sean públicos, compartidos, específicos y claros.
Impacta especialmente en este libro la increíble destreza con la que la autora, a lo largo de toda su extensión, ha articulado fuentes diversas, actualizadas, pertinentes, confiables y ricas: libros, artículos, informes técnicos, proyectos y propuestas, acuerdos y convenios, entrevistas formales y testimonios espontáneos, frases “célebres”; productos todos de las mentes de individuos y organizaciones residentes en diferentes lugares del mundo unidas por la intención de encontrar los caminos que nos lleven a mejorar la educación. Cada una de estas fuentes conduce a quienes quieran “saber aún más” a colecciones, revistas especializadas, instituciones, sitios y páginas Web, weblogs donde el intercambio, la reflexión y el debate “continúan”.
Agradezco a Herminia Azinian, la autora, la invitación a escribir este prólogo y confieso que me siento sumamente emocionada y orgullosa porque me ha dado el privilegio de ser una de sus primeras lectoras. El libro queda a partir de ahora en las manos y las mentes de muchos otros que habrán de disfrutarlo y podrán decir -como sólo es posible decirlo de pocos libros- que estamos ante una obra actualizada, rigurosa y, por sobre todas las cosas, sumamente útil.
Gracias, Herminia.
Marta Libedinsky
Ciudad de Buenos Aires, 2008
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