
Carta de los editores
La
estupidización masiva siempre tuvo impulsores. Desde el pan y circo
de los romanos hasta el "miente, miente, algo quedará" de los nazis,
la humanidad ha padecido inquisiciones, maccartismos, "autocríticas",
banalizaciones y otros intentos para instalar un único prisma, para
que la subjetividad de las víctimas estuviese atada a un lastre
de miedo, confusión y escamoteo de la realidad.
Ahora hemos arribado a nuevas formas de producción de mediocridad.
Ni circo, ni juzgamientos espectaculares, ni investigaciones, ni
películas grotescas. Sin ceremonias, sin protcolo, sin ritos, la
nada se cuela por los poros del sistema televisivo para homenajear
al vacío.
Nada y vacío son gemelos por definición y, generalmente, no han
sido considerados como muy valiosos. Pero el ingenio perverso de
los mercaderes de la Orden del tiempo "rating" han potenciado la
posibilidades de nada y vacío para transformarlas en negocios globalizados.
Gran Hermano, El Bar, Expedición Robinson aceleran la degradación
de la belleza, el espíritu, la solidaridad, el idealismo y la libertad,
para mencionar sólo algunos de los valores que recordamos al compás
de la indignación.
¿Usted considera que podemos luchar? Pues comencemos a dar batalla
desde los salones de clase, discutamos con los niños y jóvenes para
enfrentar la inundación de nada y vacío (algunos nos lo agradecerán
toda su vida).
¿Y si fracasamos? En ese caso, desde este lugar de debate de ideas,
de propuesta de acciones, no nos quedará otro recurso: solicitaremos
un minuto de silencio por la muerte del sentido común, el menos
común de los sentidos.
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