Carta de los editores

Volver a la edición Nº 125La estupidización masiva siempre tuvo impulsores. Desde el pan y circo de los romanos hasta el "miente, miente, algo quedará" de los nazis, la humanidad ha padecido inquisiciones, maccartismos, "autocríticas", banalizaciones y otros intentos para instalar un único prisma, para que la subjetividad de las víctimas estuviese atada a un lastre de miedo, confusión y escamoteo de la realidad.
Ahora hemos arribado a nuevas formas de producción de mediocridad. Ni circo, ni juzgamientos espectaculares, ni investigaciones, ni películas grotescas. Sin ceremonias, sin protcolo, sin ritos, la nada se cuela por los poros del sistema televisivo para homenajear al vacío.
Nada y vacío son gemelos por definición y, generalmente, no han sido considerados como muy valiosos. Pero el ingenio perverso de los mercaderes de la Orden del tiempo "rating" han potenciado la posibilidades de nada y vacío para transformarlas en negocios globalizados.
Gran Hermano, El Bar, Expedición Robinson aceleran la degradación de la belleza, el espíritu, la solidaridad, el idealismo y la libertad, para mencionar sólo algunos de los valores que recordamos al compás de la indignación.
¿Usted considera que podemos luchar? Pues comencemos a dar batalla desde los salones de clase, discutamos con los niños y jóvenes para enfrentar la inundación de nada y vacío (algunos nos lo agradecerán toda su vida).
¿Y si fracasamos? En ese caso, desde este lugar de debate de ideas, de propuesta de acciones, no nos quedará otro recurso: solicitaremos un minuto de silencio por la muerte del sentido común, el menos común de los sentidos.

 

 


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