
CRÓNICA
DE UNA MUERTE ANUNCIADA
El tango canta "veinte años no es nada", sin embargo para los
argentinos las dos décadas de cavallo-dependencia han sido nefastas.
Padecemos las consecuencias de la lenta implosión comenzada con
la estatización de la deuda externa privada (1982) y continuada
con la instauración del patrón dólar articulada con la venta del
patrimonio público (1991 en adelante). Dos décadas en la que se
fueron extinguiendo la producción, el trabajo y la conciencia,
adormecidos por trucos y artimañas de magos sin magia. Al final,
la agonía se transformó en furia y la ciudadanía comenzó a emerger
para intentar un freno a la perversidad del fascismo de mercado.
En un proceso atípico, centrífugo, el país fue presidido sucesivamente
por los tres candidatos presidenciales que obtuvieron los tres
primeros puestos en las elecciones de 1999. La debilidad del esquema
representativo no radica en el fracaso de las formalidades constitucionales
sino en la distancia que separa a los representados y sus necesidades
e intereses del poder real consolidado a martillazos por una retrógrada
distribución del ingreso . El país argentino no es tal. Perdió
la propiedad de sus recursos y ahora es muy difícil ponerle el
cascabel al gato... De todos modos, a pesar de los nubarrones
que ocultan el horizonte, la educación transita por un grandioso
desafío pocas veces recorrido. No se trata de nacionalizar alfabetizando
como a fines del siglo XIX y principios del XX o de educar integrando
socialmente como cincuenta años después. Ahora hay que reconstruir
identidad, autoestima, autonomía y espíritu crítico para que los
profetas del apocalipsis se bajen del "cavallo". Una tarea que
será individual y colectiva y que podría potenciarse desde políticas
de estado pero que, seguramente, comenzará desde el salón de clase.
Los
editores